1. Repetidas veces ha trado este Sagrado Concilio a la memoria de todos la excelencia del Orden de los presbteros en la Iglesia[1]. Y como se asignan a este Orden en la renovacin de la Iglesia influjos de suma trascendencia y ms difciles cada da, ha parecido muy til tratar ms amplia y profundamente de los presbteros. Lo que aqu se dice se aplica a todos los presbteros, en especial a los que se dedican a la cura de almas, haciendo las salvedades debidas con relacin a los presbteros religiosos. Pues los presbteros, por la ordenacin sagrada y por la misin que reciben de los obispos, son promovidos para servir a Cristo Maestro, Sacerdote y Rey, de cuyo ministerio participan, por el que la Iglesia se constituye constantemente en este mundo Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espritu Santo. Por lo cual este Sagrado Concilio declara y ordena lo siguiente para que el ministerio de los presbteros se mantenga con ms eficacia en las circunstancias pastorales y humanas, tan radicalmente cambiadas muchas veces, y se atienda mejor a su vida.
2. El Seor Jess, "a quien el Padre santific y envi al mundo" (Jn., 10, 36), hace partcipe a todo su Cuerpo mstico de la uncin del Espritu con que El est ungido[2]: puesto que en El todos los fieles se constituyen en sacerdocio santo y real, ofrecen a Dios, por medio de Jesucristo, sacrificios espirituales, y anuncian el poder de quien los llam de las tinieblas a su luz admirable[3]. No hay, pues, miembro alguno que no tenga su cometido en la misin de todo el Cuerpo, sino que cada uno debe glorificar a Jess en su corazn[4] y dar testimonio de El con espritu de profeca[5].
Mas el mismo Seor, para que los fieles se fundieran en un solo cuerpo, en que "no todos los miembros tienen la misma funcin" (Rom., 12, 4), entre ellos constituy a algunos ministros que, ostentando la potestad sagrada en la sociedad de los fieles, tuvieran el poder sagrado del Orden, para ofrecer el sacrificio y perdonar los pecados[6], y desempear pblicamente, en nombre de Cristo, la funcin sacerdotal en favor de los hombres. As, pues, enviados los apstoles, como El haba sido enviado por el Padre[7], Cristo hizo partcipes de su consagracin y de su misin, por medio de los mismos apstoles, a los sucesores de stos, los obispos[8], cuya funcin ministerial fue confiada a los presbteros[9], en grado subordinado, con el fin de que, constituidos en el Orden del presbiterado, fueran cooperadores del Orden episcopal, para el puntual cumplimiento de la misin apostlica que Cristo les confi[10].
El ministerio de los presbteros, por estar unido al Orden episcopal, participa de la autoridad con que Cristo mismo forma, santifica y rige su Cuerpo. Por lo cual, el sacerdocio de los presbteros supone, ciertamente, los sacramentos de la iniciacin cristiana, pero se confiere por un sacramento peculiar por el que los presbteros, por la uncin del Espritu Santo, quedan marcados con un carcter especial que los configura con Cristo Sacerdote, de tal forma, que pueden obrar en nombre de Cristo Cabeza[11].
Por participar en su grado del ministerio de los apstoles, Dios concede a los presbteros la gracia de ser entre las gentes ministros de Jesucristo, desempeando el sagrado ministerio del Evangelio, para que sea grata la oblacin de los pueblos, santificada por el Espritu Santo[12]. Pues por el mensaje apostlico del Evangelio se convoca y congrega el Pueblo de Dios, de forma que, santificados por el Espritu Santo todos los que pertenecen a este Pueblo, se ofrecen a s mismos "como hostia viva, santa; agradable a Dios" (Rom., 12, 1). Por el ministerio de los presbteros se consuma el sacrificio espiritual de los fieles en unin del sacrificio de Cristo, Mediador nico, que se ofrece por sus manos, en nombre de toda la Iglesia, incruenta y sacramentalmente en la Eucarista, hasta que venga el mismo Seor[13]. A este sacrificio se ordena y en l culmina el ministerio de los presbteros. Porque su servicio, que surge del mensaje evanglico, toma su naturaleza y eficacia del sacrificio de Cristo y pretende que "todo el pueblo redimido, es decir, la congregacin y sociedad de los santos ofrezca a Dios un sacrificio universal por medio del Gran Sacerdote, que se ofreci a s mismo por nosotros en la pasin, para que furamos el cuerpo de tan sublime cabeza"[14].
Por consiguiente, el fin que buscan los presbteros con su ministerio y con su vida es el procurar la gloria de Dios Padre en Cristo. Esta gloria consiste en que los hombres reciben consciente, libremente y con gratitud la obra divina realizada en Cristo, y la manifiestan en toda su vida. En consecuencia, los presbteros, ya se entreguen a la oracin y a la adoracin, ya prediquen la palabra, ya ofrezcan el sacrificio eucarstico, ya administren los dems sacramentos, ya se dediquen a otros ministerios para el bien de los hombres, contribuyen a un tiempo al incremento de la gloria de Dios y a la direccin de los hombres en la vida divina. Todo ello, procediendo de la Pascua de Cristo, se consumar en la venida gloriosa del mismo Seor, cuando El haya entregado el Reino a Dios Padre[15].
3. Los presbteros, tomados de entre los hombres y constituidos en favor de los mismos en las cosas que miran a Dios para ofrecer ofrendas y sacrificios por los pecados[16], moran con los dems hombres como con hermanos. As tambin el Seor Jess, Hijo de Dios, hombre enviado a los hombres por el Padre, vivi entre nosotros y quiso asemejarse en todo a sus hermanos, fuera del pecado[17]. Ya le imitaron los santos apstoles; y el bienaventurado Pablo, doctor de las gentes, "elegido para predicar el Evangelio de Dios" (Rom., 1, 1), atestigua que se hizo a s mismo todo para todos, para salvarlos a todos[18]. Los presbteros del Nuevo Testamento, por su vocacin y por su ordenacin, son segregados en cierta manera en el seno del pueblo de Dios, no de forma que se separen de l, ni de hombre alguno, sino a fin de que se consagren totalmente a la obra para la que el Seor los llama[19]. No podran ser ministros de Cristo si no fueran testigos y dispensadores de otra vida distinta de la terrena, pero tampoco podran servir a los hombres, si permanecieran extraos a su vida y a su condicin[20]. Su mismo ministerio les exige de una forma especial que no se conformen a este mundo[21]; pero, al mismo tiempo, requiere que vivan en este mundo entre los hombres, y, como buenos pastores, conozcan a sus ovejas, y busquen incluso atraer a las que no pertenecen todava a este redil, para que tambin ellas oigan la voz de Cristo y se forme un solo rebao y un solo Pastor[22]. Mucho ayudan para conseguir esto las virtudes que con razn se aprecian en el trato social, como son la bondad de corazn, la sinceridad, la fortaleza de alma y la constancia, la asidua preocupacin de la justicia, la urbanidad y otras cualidades que recomienda el apstol Pablo cuando escribe: "Pensad en cuanto hay de verdadero, de puro, de justo, de santo, de amable, de laudable, de virtuoso, de digno de alabanza" (Fil., 4, 8)[23].
4. El Pueblo de Dios se rene, ante todo, por la palabra de Dios vivo[24], que con todo derecho hay que esperar de la boca de los sacerdotes[25]. Pues como nadie puede salvarse, si antes no cree[26], los presbteros, como cooperadores de los obispos, tienen como obligacin principal el anunciar a todos el Evangelio de Cristo[27], para constituir e incrementar el Pueblo de Dios, cumpliendo el mandato del Seor: "Id por todo el mundo y predicar el Evangelio a toda criatura" (Mc., 16, 15)[28]. Porque con la palabra de salvacin se suscita la fe en el corazn de los no creyentes y se robustece en el de los creyentes, y con la fe empieza y se desarrolla la congregacin de los fieles, segn la sentencia del Apstol: "La fe viene por la predicacin, y la predicacin por la palabra de Cristo" (Rom., 10, 17). Los presbteros, pues, se deben a todos, en cuanto a todos deben comunicar la verdad del Evangelio[29] que poseen en el Seor. Por tanto, ya lleven a las gentes a glorificar a Dios, observando entre ellos una conducta ejemplar[30], ya anuncien a los no creyentes el misterio de Cristo, predicndoles abiertamente, ya enseen el catecismo cristiano o expongan la doctrina de la Iglesia, ya procuren tratar los problemas actuales a la luz de Cristo, es siempre su deber ensear, no su propia sabidura, sino la palabra de Dios, e invitar indistintamente a todos a la conversin y a la santidad[31]. Pero la predicacin sacerdotal, muy difcil con frecuencia en las actuales circunstancias del mundo, para mover mejor a las almas de los oyentes, debe exponer la palabra de Dios, no slo de una forma general y abstracta, sino aplicando a circunstancias concretas de la vida la verdad perenne del Evangelio.
Con ello se desarrolla el ministerio de la palabra de muchos modos, segn las diversas necesidades de los oyentes y los carismas de los predicadores. En las regiones o ncleos no cristianos, los hombres son atrados a la fe y a los sacramentos de la salvacin por el mensaje evanglico[32]; pero en la comunidad cristiana, atendiendo, sobre todo, a aquellos que comprenden o creen poco lo que celebran, se requiere la predicacin de la palabra para el ministerio de los sacramentos, puesto que son sacramentos de fe, que procede de la palabra y de ella se nutre[33]. Esto se aplica especialmente a la liturgia de la palabra en la celebracin de la misa, en que el anuncio de la muerte y de la resurreccin del Seor y la respuesta del pueblo que escucha se unen inseparablemente con la oblacin misma con la que Cristo confirm en su sangre la Nueva Alianza, oblacin a la que se unen los fieles o con el deseo o con la recepcin del sacramento[34].
5. Dios, que es el solo Santo y Santificador, quiso tener a los hombres como socios y colaboradores suyos, a fin de que le sirvan humildemente en la obra de la santificacin. Por esto congrega Dios a los presbteros, por ministerio de los obispos, para que, participando de una forma especial del Sacerdocio de Cristo, en la celebracin de las cosas sagradas, obren como ministros de Quien por medio de su Espritu efecta continuamente por nosotros su oficio sacerdotal en la liturgia[35]. Por el Bautismo introducen a los hombres en el pueblo de Dios; por el Sacramento de la Penitencia reconcilian a los pecadores con Dios y con la Iglesia; con la uncin alivian a los enfermos; con la celebracin, sobre todo, de la misa ofrecen sacramentalmente el Sacrificio de Cristo. En la administracin de todos los sacramentos, como atestigua San Ignacio Mrtir[36], ya en los primeros tiempos de la Iglesia, los presbteros se unen jerrquicamente con el obispo, y as lo hacen presente en cierto modo en cada una de las asambleas de los fieles[37].
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