Mi sobrina mayor, Susana, estaba a punto de terminar el instituto y
se encontraba excitadísima por la fiesta que preparaba con todos sus
compañeros del colegio, fiesta que tendría lugar después de la graduación
en una discoteca muy de moda en nuestra ciudad.
Una tarde vino a mi casa para consultar con mi mujer qué vestido
podría llevar esa noche ya que quería estar "súper", dado que todas las
chicas ansiaban ser la más elegante de la noche en cuestión. Había traído
una pila inmensa de revistas de moda y las dos las hojeaban discutiendo
que este es bonito, pero le falta algo, no mejor este otro... Yo le dije
a mi mujer que iría a dar una vuelta por el centro para dejarlas
tranquilas eligiendo el modelo para Susana.
Cuando regresé, mi sobrina, que estaba a punto de irse, me pidió que
la llevara a su casa. Llamé por teléfono a mi hermana y le dije que en
una media hora estaríamos por allí.
Una vez en el coche el tema de conversación fue su fiesta, su ropa,
qué tipo de maquillaje llevaría, etc, etc... Yo le dije que había una
boutique en el centro que tenía unos modelos muy bonitos y que debería
ver. Mi sobrina es de estatura mediana, piernas algo flacas, pero de
senos muy abultados, ojos verdes y cabellos negros, como mi hermana. Me
dijo que iría y me preguntó si quería acompañarla. Quedamos de acuerdo
en encontrarnos a la salida de su colegio el jueves a las tres de la
tarde. Dado los comercios aquí cierran a las ocho de la tarde
disponíamos de seis horas para recorrer algunas boutiques.
El jueves la recogí en la entrada del colegio. Es una escuela
privada en la que los alumnos no llevan uniforme. Mi sobrina estaba
vestida con una minifalda y una blusa blanca cortita, tan a la moda entre
las adolescentes el año pasado.
Debo decir que estaba muy linda, no provocativa, aunque sí sensual,
con esa sensualidad tan típica en una adolescente. En la primera boutique
no encontró nada que la gustara así que recorrimos... cuatro mas. Le dije
si quería ir a tomar un refresco y así podríamos discutir sobre que
quería llevar esa noche.
Eran ya las cinco y media y yo estaba cansado de entrar y salir de
galerías comerciales. Le di un hoja de papel y le dije que me dibujara el
modelo que buscaba. Le comenté que yo conocía otra boutique donde tal vez
podría encontrar algo interesante. Llegamos y la vendedora le mostró
muchos modelos hasta que uno encendió los ojos de Susana. Era un vestido
negro ajustado, con un corte hasta la cadera y bastante escotado, cosa
que resaltaría sus senos. Era en una tela tipo lycra. La ventaja, nos
dijo la vendedora, es que no debería llevar sujetador; el único problema
era que, con cualquier braga que se pusiera, las costuras se marcarían
dado lo ajustado del vestido y el tipo de material.
Mi sobrina dijo que no era de importancia, que ya encontraría una
solución. Salimos de la boutique y le dije:
- "Compraste el vestido sin probártelo, ¿Crees que te quedará bien?"
- "Sí, debería habérmelo probado antes. ¿Y si me cambio en el baño
el café en que estuvimos hace un rato?".
- "Me parece que no es un lugar muy apropiado", le contesté.
- "Encima, falta comprar tu ropa interior. Vamos a una boutique de
prendas íntimas y elige algo".
En realidad, fui yo quien le sugirió las bragas, un tanga en seda
negra, muy delicada, con unas costuras imperceptibles. Pagué la prenda y
le dije: "Sólo faltan tus zapatos", cosa que también le regalé, unos
zapatos de tacón alto que realzarían su figura.
Mientras nos dirigíamos a su casa le dije:
- "Me pregunto cómo te quedará todo lo que compramos".
- "¿Qué te parece si vamos a mi casa y te pruebas todo y si hay
algo que arreglar, tu tía (mi esposa) podría hacerlo?".
- "Vale, vamos enseguida, son las seis y media, voy a llamar a mamá,
para avisarle de que voy a tu casa. Si se hace tarde me llevas".
En diez minutos estuvimos en mi casa y, para mi sorpresa, mi mujer
no estaba, había dejado una nota sobre la mesa del salón informándome de
que llegaría como a las once de la noche y que la cena estaba en la
nevera lista para calentar. Le dije a mi sobrina:
- "Si quieres te llevo ahora y vuelves mañana. Marta (mi mujer)
puede ayudarte por la tarde, cuando salgas del colegio".
- "Me muero de ganas de probarme la ropa. Déjame cambiarme y dime
qué te parece".
Sin darme tiempo a responder se fue hacia nuestro cuarto y cerró la
puerta. Al cabo de una buena media hora me llamó. Cuando entré la vi de
pie delante del tocador de mi mujer. No podía creer que esa mujer delante
de mí era mi sobrina. ¡Estaba espectacular!
Me acerqué y le dije que no necesitaría peinarse, sólo el pelo
suelto, tal vez una hebilla en un lado. Abrí una de las cajas de mi
esposa y elegí una de nácar. Se la puse en la parte izquierda de su cabeza
y se la levante para ver cómo le quedaba. Al levantar los hombros, pude
ver que sus senos casi se escapaban de los tirantes del vestido. La hice
girar y me puse detrás de ella delante del espejo y le dije: "Levanta un
poco los hombros, así". Le cogí los senos con las dos manos y se los
levanté para que los tirantes realzaran su figura. La había tocado muchas
veces y nunca sentí nada en especial dado que es la hija de mi hermana,
pero era la primera vez que le tocaba una parte tan delicada. Al hacerlo,
noté que sus pezones se erguían. Le toqué las puntas y le dije que podría
ser un problema que se le marcaran así. No retiré las manos y ella me
dijo: "No es nada, al contrario, es más sexy". Bajé las manos y palpé
sus caderas, y apenas pude descubrir su tanga. Ni por delante se le
marcaba. Cuando le pasé una mano por detrás, dio un respingo y le dije:
"Ponte de espaldas al espejo, quiero ver si se marca el tanga". Lo hizo
y pude comprobar que nada se veía, tan solo un culito redondo y duro
(cosa que mis manos ya habían comprobado).
- "La verdad es que estás de primera", fue lo único que atiné a
decirle y me alejé para que no se diera cuenta de que estaba empalmado.
- "El único problema que tengo es que debo depilarme casi toda, es
muy chiquitito el tanga y el vello se me sale por los lados".
- "Vete a un instituto de belleza y que te depilen. Yo te lo pago".
Ella continuaba de pie y yo me había acostado en mi cama con los
brazos cruzados detrás de la nuca, y mi bulto era imposible de ocultar.
Ella me miró y, acercándose, me dijo: "¿Y si me ayudas a depilarme?". Yo
no podía creer lo que me estaba diciendo. "Bueno, a tu tía yo la depilo,
así que no tendría inconveniente".
Fui al baño a buscar la maquinilla, unas toallas, una tijera, un
bolsa de agua y la crema de afeitar de mi esposa. Cuando entré a la
habitación, estaba sentada en el borde de la cama con el vestido subido
hasta sus caderas. Y tenía razón, una cantidad enorme de vello le salía
de los costados.
- "Acuéstate y abre un poco las piernas, que te voy a recortar con
la tijera bordeando el tanga, no es necesario que te lo quites".
Le puse una toalla debajo de sus caderas y empecé a recortarle los
pelitos que sobresalían. Busqué una aspiradora manual y recogí todo lo
que había cortado. Le pasé un poquito de crema y comencé a afeitarla.
Cuando terminé, le dije: "Vete a lavarte y dime qué tal te queda".
Se fue al baño mientras yo guardaba las cosas que había utilizado.
Salió y me preguntó: "¿qué te parece?". Yo estaba de espaldas, metiendo
las tijeras en un cajón, y, cuando me di la vuelta, estaba sin tanga con
el vestido levantado.
- "Me parece que deberías quitarme un poco más".
- "Vale", le dije, "acuéstate boca abajo". Me acerqué y comencé a
recortar y mis ojos no podían salirse de sus labios vaginales, de un
color rosado y algo brillantes. Sin querer, le rocé los labios y saltó
en la cama.
- "Quédate quieta, te puedo cortar", le dije. Y dos o tres veces más
mis dedos acariciaron al descuido su vagina. Me acerqué para ver mi obra
de peluquería y no pude resistir la tentación de sacar mi lengua y
pasársela sobre esos labios. No dijo ni hizo nada, así que continué. Mi
lengua empezó a introducirse y descubrí su clítoris, que metí golosamente
en mi boca. En ese momento me olvidé de todo. Le levanté las piernas
sobre mis hombros y, de rodillas al borde de la cama, le empecé a chupar la
vagina como un desesperado. Le fui metiendo un dedo y, con la otra mano,
me bajé la cremallera y empecé a masturbarme, alcanzando mi verga un
tamaño increíble.
Las piernas de mi sobrina me tenían como una prensa y me empujó
hacia arriba. Le bajé los tirantes del vestido y le chupé los pezones
rosados y duros como dos pequeñas frutillas. Me quité la ropa y me quedé
en calzoncillos con la verga colgando de un costado. Ella se sentó y me
lo bajó. Mi pene apuntaba directamente a su boca y se lo acerqué. Abrió
sus labios y, con la punta de la lengua, me acarició la puntita y, de
repente, se lo metió todo hasta el fondo. Cerré los ojos y me empezó a
mamar de una manera exquisita. Ni mi mujer me lo había hecho nunca así.
La miré y sus ojos verdes se clavaron en los míos mientras me seguía
chupando, dándome mucho placer.
Le quité el vestido y ahí tenía a mi sobrina completamente desnuda,
chupándome la verga como nadie lo había hecho. Me volví a arrodillar y le
di una sesión de chupada de vagina y culo inolvidable. Hasta ese momento
había estado silenciosa, pero empezó a gemir y a decirme "¡Chúpame toda!
Eso, así, no pares, méteme la lengua y los dedos". No me hice rogar y
empezó a levantar las caderas rítmicamente mientras mis dos dedos de la
mano derecha se hundían en su sexo.
La hice subirse más en la cama y le empecé a frotar la cabeza de mi
sexo en sus labios. Ella se mordía para no gritar. La calenté durante
muchos minutos. Al fin me atrajo hacia ella cerrando las piernas en mi
cintura y la penetré centímetro a centímetro, sintiendo cómo su vagina se
apretaba en mi verga.
Cuando la tuvo toda adentro, se la saqué y se la metí de un golpe.
Sus ojos se pusieron en blanco y empezó a temblar. Se aferró a mí como si
fuera un náufrago. Su orgasmo fue violento, largo. Lloraba y reía al mismo
tiempo. Encontramos rápidamente el ritmo y acabamos juntos después de
otros tres orgasmos por parte de ella. Me dejé caer de costado y le
acaricié los pechos, la di vuelta y le seguí el contorno de su culo con la
punta de los dedos. Eso me hizo calentar otra vez.
Ella, siempre boca abajo. Le deslicé una mano en su vagina y le metí
los dedos, mientras le introducía suavemente un dedo en su culito virgen.
Me chupé el dedo para llenarlo de saliva y pude sentir cómo su esfínter se
dilataba. Me incorporé y me puse encima de ella, le levanté las caderas y
empujé en su ano delicadamente. Me costó mucho trabajo, pero cuando la
cabeza ya le había entrado, empecé a bombearla. Poco a poco le fue
entrando la verga mientras le acariciaba el clítoris con la mano.
No pude aguantar mucho y ella tampoco. Se la saqué y se la puse por
delante. Le hundí mi pene hasta su base y acabé hasta la última gota de
semen. Me cogió la cabeza entre las manos, me besó, entrelazamos nuestras
lenguas y me dijo: "Gracias, tío".
EL RETO DE PEPSI ES QUE TE LEVANTES AHORA MISMO Y LE PIDAS
ALGO A QUIEN ESTE A TU LADO SIN TAPARTE LA TIENDECITA DE
CAMPAÑA O LA CARPITA DE CIRCO QUE LLEVAS EN EL PANTALON