Las elecciones presidenciales han dado paso a una nueva etapa política en Colombia. Como ocurre con cada cambio de gobierno, surgen expectativas sobre el rumbo que tomarán las políticas públicas y sobre la continuidad o transformación de los programas impulsados durante la administración anterior. En el ámbito cultural, este momento representa mucho más que un relevo institucional: es una oportunidad para que artistas, gestores, organizaciones y comunidades presenten una visión de futuro construida desde el diálogo y la experiencia acumulada.
Durante las últimas semanas, buena parte de la discusión se ha concentrado en las diferencias entre dos maneras de entender la política cultural. De un lado, un modelo que fortaleció la intervención del Estado mediante convocatorias públicas, procesos comunitarios, gobernanza cultural y ampliación de la institucionalidad. Del otro, una propuesta que plantea una mayor participación de la inversión privada y un énfasis en la sostenibilidad económica de los proyectos.
Sin embargo, reducir el debate a una confrontación entre estos dos enfoques puede impedir que el país avance hacia soluciones más integrales. La cultura necesita construir puentes, no trincheras.
El primer reto consiste en reconocer que Colombia requiere una verdadera política cultural de Estado. Los procesos culturales no pueden depender exclusivamente de las prioridades de cada administración. Una escuela de formación artística, una biblioteca comunitaria, un museo, un proceso de memoria histórica o una organización cultural necesitan estabilidad para consolidar su trabajo y generar impactos duraderos en la sociedad. La continuidad de estas iniciativas debería convertirse en un compromiso nacional, independientemente del color político del gobierno de turno.
También resulta indispensable fortalecer el Sistema Nacional de Cultura. Durante años se ha construido una estructura de participación integrada por consejos de cultura, organizaciones sociales, entidades territoriales e instituciones públicas. No obstante, aún persisten dificultades para que estos espacios tengan una incidencia efectiva en la formulación de políticas públicas. Más que crear nuevas instancias, el desafío consiste en consolidar las existentes y garantizar que las decisiones culturales se construyan mediante procesos participativos y transparentes.
Otro tema que merece atención es la actualización del marco legal. El archivo del proyecto de Ley General de Cultura no debería interpretarse como un fracaso definitivo, sino como una oportunidad para abrir una discusión más amplia y representativa. El país necesita una legislación que responda a los desafíos actuales, incorporando aspectos como la transformación digital, la inteligencia artificial aplicada a la creación, la protección de los derechos culturales, la economía creativa y las nuevas formas de circulación artística.
La descentralización constituye otro de los grandes desafíos. Colombia posee una enorme diversidad cultural y, por tanto, resulta difícil responder a las necesidades de todos los territorios mediante políticas diseñadas exclusivamente desde el nivel central. Fortalecer las capacidades de departamentos y municipios para planificar, financiar y gestionar sus propios procesos culturales permitirá que las decisiones respondan mejor a las realidades locales.
En este escenario, también es necesario reconocer que la profesionalización del sector cultural continúa siendo una tarea pendiente. La creación artística requiere talento, pero la sostenibilidad de los proyectos demanda además capacidades en gestión, formulación de iniciativas, administración de recursos, evaluación de resultados y construcción de alianzas. Invertir en formación para artistas y gestores contribuirá a fortalecer el conjunto del ecosistema cultural.
El desarrollo económico de la cultura tampoco debe entenderse como una amenaza. Por el contrario, el crecimiento de las industrias creativas puede generar empleo, ampliar mercados y mejorar las condiciones de vida de quienes trabajan en el sector. El desafío consiste en lograr que ese crecimiento sea incluyente y beneficie no solo a los grandes proyectos, sino también a colectivos comunitarios, artistas independientes, organizaciones de base y emprendimientos culturales emergentes.
En ciudades como Cali, esta reflexión adquiere una dimensión especial. La capital del Valle del Cauca posee un enorme potencial para consolidarse como un referente cultural de América Latina. Sin embargo, ello requiere fortalecer la articulación entre las artes plásticas, la música, el teatro, el cine, la danza, la literatura, el patrimonio y el turismo cultural dentro de una estrategia común que proyecte la riqueza creativa de la ciudad durante todo el año y no únicamente en torno a sus grandes eventos.
Quizá la propuesta más importante sea construir un gran acuerdo por la cultura. Un pacto nacional en el que participen artistas, gestores, universidades, organizaciones sociales, empresas, gobiernos locales y el Estado, con el propósito de establecer principios básicos que orienten las políticas culturales en el largo plazo. Entre esos principios podrían encontrarse la defensa de los derechos culturales, la continuidad de los procesos comunitarios, el fortalecimiento del Sistema Nacional de Cultura, la participación ciudadana, el reconocimiento del trabajo artístico y un modelo de financiación equilibrado entre recursos públicos y privados.
La cultura colombiana enfrenta un momento decisivo. Más allá de las diferencias políticas, el sector tiene la oportunidad de demostrar que es capaz de construir propuestas, generar consensos y aportar soluciones para el desarrollo del país. El futuro no dependerá únicamente de las decisiones del Gobierno Nacional, sino también de la capacidad de la ciudadanía cultural para dialogar, organizarse y defender una visión compartida sobre el papel que el arte, el patrimonio y la creatividad deben ocupar en la construcción de una sociedad más democrática, diversa e incluyente.
Porque la cultura no solo refleja a un país: también contribuye a imaginar el país que quiere llegar a ser.
Por: Luz Marina Gómez Fríes
Consejera de Artes Plásticas y Visuales
Consejo Distrital de Cultura de Santiago de Cali
Voces y Miradas sobre las Artes Plásticas y Visuales en Cali
https://luzdelmarconsejeradecultura.blogspot.com/
Asociación de Artistas Plásticos Creativos de Cali
https://luzdelmarconsejeradecultura.blogspot.com/2026/06/una-agenda-para-la-cultura-colombiana.html
Cuando el mercado decide por sí solo qué proyectos sobreviven, es probable que reciban mayor respaldo aquellas iniciativas con posibilidades comerciales inmediatas. En cambio, expresiones fundamentales para la memoria, el patrimonio, la formación artística o la diversidad cultural podrían quedar relegadas porque sus beneficios no se reflejan en indicadores financieros, sino en cohesión social, identidad y participación ciudadana.

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Bitácora Consejo de Cultura Cali 2024–2027
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