Cómo se construye un “hombre normal” en una sociedad machista...

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Mar 29, 2026, 1:43:06 PMMar 29
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De: Doly Enríquez Ijají <yanak...@gmail.com>
Date: dom, 29 mar 2026 a las 11:40
Subject: NO SOY VIOLADOR, SOY UN HOMBRE NORMAL
To:


NO SOY VIOLADOR, SOY UN HOMBRE NORMAL

 

Cómo se hace un machista. Un artículo de Yolanda Domínguez, artista visual y activista. Trabaja con la implicación ética y social de las imágenes. Columnista en El Huffington Post.

Esta es la historia de un niño normal, que nació en una familia normal, en un barrio normal.
Un día, a ese niño su padre le llamó campeón por echarse muchas novias en el cole. Ese mismo año los Reyes Magos le trajeron una metralleta y una espada láser con las que aprendió a pegar tiros y a cortar cabezas como los héroes de las pelis. Tenía un entrenador que le decía que jamás llorase ni titubease y que se comportara como un verdadero hombre. Su mochila tenía un dibujo de Supermán y el estuche era de Spiderman. Recuerda que mientras veía la tele aparecían chicas en bragas anunciando cosas.

Años más tarde, en el instituto, un amigo le envió un vídeo de una chica desnudándose. Sabía quién era porque la había visto en el recreo pero no dijo nada a nadie. Los viernes quedaban para hacer botellón y hacían competiciones para ver quién bebía más alcohol. En el mismo descampado había una valla publicitaria con una mujer en ropa interior junto a la frase “Estoy disponible”. El cine de verano ponían películas sobre polis corruptos que insultaban a las chicas y 300 hombres buenos que mataban a otros 300 hombres malos porque no pensaban lo mismo. Ese año aprendió lo que significaba “tirarse” a una tía y que los amigos te dieran palmadas en la espalda si te “tirabas” a muchas. Por primera vez buscó porno en internet y descubrió que maltratar a las mujeres estaba asociado con el placer. En su primera relación sexual tiró a su compañera del pelo mientras lo hacían, cree que a ella le gustó.

Tiempo después, ese chico se hizo miembro de un foro online donde etiquetaban a las famosas con la palabra “melafo”. Ya no jugaba al fútbol pero compraba el periódico deportivo en el que aparecían un montón de hombres fuertes que ganaban premios y una sola mujer al final, desnuda. En las revistas solía fijarse en las fotos de las modelos con las piernas abiertas y aspecto de drogadas. Un día, acostumbrado a ver tantas escenas de mujeres humilladas, buscó en internet vídeos sexuales aún más violentos. No entendía por qué al intentar hacer el misionero con su novia no se le levantaba.

A los 30 años mientras leía las noticias del periódico echaba un vistazo a los anuncios de prostitución que aparecían en la hoja de al lado: “Mujeres disponibles 24 horas” “Follamos en la primera cita” “Las mejores putas”. Recuerda haber visto que en algunas discotecas ofrecían mamadas gratis por una consumición. Se abrió un grupo de Whatsapp con los colegas para intercambiar fotos y hacer planes. Allí hablaban de armas, drogas, de robar y de violar. Nada raro, lo normal. A veces hacían salidas en gruposubían a alguna tía al coche, la drogaban y la obligaban a hacerles una felación. Si ella se negaba la golpeaban y después la dejaban tirada.

Un verano, ese hombre fue a unas fiestas y se “tiró” a una tía en un portal. Sus amigos también “se la tiraron” y grabaron un vídeo mientras se la intercambiaban y hacían comentarios. Parecía que ella disfrutaba porque gemía y eso era buena señal. Luego se fueron a seguir la fiesta mientras ella se vestía sola en aquel portal. En este momento sintió que era muy hombre y decidió enviar el vídeo a sus amigos: “Puta pasada de viaje” ”¡Qué envidia!” “Eso sí que es un viaje de verdad”.

Días después a este hombre le detienen y le acusan de violación. Le meten en la cárcel y le hacen muchas preguntas delante de un juez. Los periódicos escriben muchos artículos, la gente se escandaliza, se organizan manifestaciones. El hombre no entiende nada y asegura que él no es un violador sino una persona normal. Se revuelve en la silla, llora y titubea. Sólo se lo estaba pasando bien. Asegura que es una injusticia y que él es una víctima. No entiende qué hace allí ni cómo ha podido llegado a ese lugar.

Mientras tanto fuera de la cárcel, todo transcurre con normalidad. Las mujeres siguen siendo ofertadas en periódicos, vallas publicitarias, bares y discotecas. Los adolescentes siguen accediendo a contenidos sexuales violentos. Los referentes masculinos siguen siendo agresivos y dominantes. Es decir… lo normal.


doly enríquez
Warmy Runa Yanakuna
Periodista y Poeta

"Nadie nos tiene que decir qué hacer en nuestra casa"
integrante de la Guardia Indígena del Kauka





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LA REPRESENTACIÓN DEL HOMBRE EN EL ARTE OCCIDENTAL: DEL HÉROE IDEAL AL SUJETO EN CRISIS

A lo largo de la historia del arte occidental, la figura masculina ha sido mucho más que una simple representación del cuerpo: ha encarnado ideales de poder, belleza, razón y también, en tiempos más recientes, fragilidad e incertidumbre. Observar cómo se ha representado al hombre es, en realidad, mirar cómo una cultura ha entendido lo que significa “ser hombre”.

EL ORIGEN: EL HOMBRE COMO MEDIDA DE TODAS LAS COSAS

En la Antigua Grecia, el cuerpo masculino se convirtió en el modelo de perfección. Esculturas como el Doríforo de Policleto establecieron proporciones ideales donde el equilibrio, la armonía y la fuerza eran centrales. El hombre no solo era bello: era la medida del orden del universo.
Este ideal continuó en el Renacimiento, cuando artistas como Leonardo da Vinci retomaron el cuerpo masculino como símbolo de conocimiento y perfección, como en el célebre Hombre de Vitruvio. Aquí, el hombre no solo es cuerpo, sino también ciencia, proporción y razón.

EL PODER Y LA AUTORIDAD: EL HOMBRE COMO CENTRO DEL MUNDO

Durante siglos, el arte occidental reforzó una imagen del hombre como figura dominante. Reyes, guerreros y figuras religiosas fueron representados con autoridad y control. La pintura barroca, por ejemplo, exaltó el dramatismo masculino en escenas de poder, martirio o liderazgo.
Incluso cuando el cuerpo no era idealizado, seguía siendo protagonista. El hombre aparecía como sujeto activo: el que actúa, decide, conquista o gobierna. Mientras tanto, la mujer era muchas veces representada como objeto de contemplación.

LA RUPTURA: EL HOMBRE TAMBIÉN DUDA

Con la llegada de la modernidad, esta imagen comenzó a fracturarse. Artistas como Vincent van Gogh mostraron un hombre más introspectivo, emocional y vulnerable. El arte dejó de ser solo representación de ideales para convertirse en expresión de conflictos internos.
En el siglo XX, esta transformación se profundizó. Movimientos como el expresionismo y el surrealismo exploraron la angustia, el inconsciente y la crisis de identidad masculina. El hombre ya no era necesariamente fuerte ni seguro: podía estar roto, fragmentado o perdido.

EL CUERPO EN CUESTIÓN: CRÍTICA Y DECONSTRUCCIÓN

En el arte contemporáneo, la representación del hombre se ha vuelto crítica. Artistas cuestionan los modelos tradicionales de masculinidad: la fuerza, la dominación, la insensibilidad. Se exploran nuevas formas de ser hombre, incluyendo la vulnerabilidad, la diversidad y la disidencia.
El cuerpo masculino ya no es solo un ideal que admirar, sino un territorio que se analiza, se cuestiona y se resignifica. Se habla de masculinidades múltiples, atravesadas por lo social, lo político y lo cultural.

DEL IDEAL A LA REFLEXIÓN

La historia del arte occidental muestra un recorrido claro: del hombre como símbolo de perfección y poder, al hombre como sujeto complejo, atravesado por tensiones y preguntas.
Hoy, más que representar lo que “debe ser” un hombre, el arte se pregunta qué significa serlo. Y en esa pregunta, abierta e inestable, se encuentra una de las transformaciones más profundas de nuestra cultura.
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Imágenes:
Hombre de Vitruvio — Leonardo da Vinci — c. 1490
David — Miguel Ángel — 1501–1504
Autorretrato (1889) — Vincent van Gogh — 1889
Autorretrato con la oreja vendada — Vincent van Gogh — 1889
Autorretrato (1493) — Alberto Durero — 1493
Jarra en forma de cabeza (autorretrato) — Paul Gauguin — 1889
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