
COMUNICADO DE APLAZAMIENTO
Las organizaciones convocantes de la jornada académica:
¿Censura al muralismo en Cali? Gobernanza, veeduría ciudadana, participación ciudadana y control social
informan a la comunidad artística, cultural, académica y a la ciudadanía en general que el evento programado para el 18 de junio de 2026 ha sido aplazado.
Esta decisión obedece a disposiciones relacionadas con las medidas de seguridad y logística adoptadas en la ciudad con ocasión de la jornada electoral próxima a realizarse, las cuales impiden el uso del Centro Cultural de Cali en la fecha prevista para el encuentro; hace pocas horas nos informaron al respecto.
Agradecemos el interés manifestado por artistas, muralistas, colectivos, gestores culturales, investigadores, docentes, estudiantes y demás personas que habían confirmado o proyectaban su asistencia a este importante espacio de reflexión sobre el muralismo, el arte público, los derechos culturales, la gobernanza y la participación ciudadana.
Las organizaciones convocantes reafirman su compromiso con la realización de este diálogo académico y ciudadano, cuya importancia resulta fundamental para el fortalecimiento de la cultura democrática, la libertad de expresión artística y la construcción colectiva de políticas culturales en Santiago de Cali.
La nueva fecha y lugar de realización serán informados oportunamente a través de los canales oficiales de las organizaciones convocantes.
Agradecemos su comprensión y esperamos contar con su participación en la reprogramación de esta jornada.
Cali, junio 17 de 2026.
Carta pública a la Alcaldía Distrital de Cali
Santiago de Cali, Colombia
28 de mayo de 2026Señor
Alejandro Eder
Alcalde Distrital de Santiago de Cali
Asunto: Defensa del arte urbano, los muralistas y el derecho a la expresión cultural en el espacio público
Las y los artistas, muralistas, gestores culturales, colectivos artísticos y trabajadores de la cultura de Cali expresamos nuestra profunda preocupación frente a los recientes anuncios de imposición de multas, procesos sancionatorios y remoción de murales realizados en espacios públicos de la ciudad.
Reconocemos la importancia del cuidado del espacio público y la necesidad de construir mecanismos de convivencia ciudadana. Sin embargo, consideramos que reducir el muralismo y las expresiones artísticas urbanas a simples actos de infracción administrativa desconoce el valor cultural, social, histórico y humano que estas prácticas representan para Cali.
Nuestra ciudad ha construido gran parte de su identidad contemporánea a través de sus expresiones populares, musicales, gráficas y comunitarias. Los muros de Cali han sido históricamente escenarios de memoria, denuncia, resistencia, arte y encuentro ciudadano. En ellos se han expresado los dolores colectivos, las ausencias, las esperanzas y las luchas sociales de generaciones enteras.
Hoy muchos artistas urbanos sobreviven en condiciones de precariedad económica. Son jóvenes y colectivos que, en numerosas ocasiones, no cuentan con garantías laborales, acceso estable a recursos ni posibilidades reales de sostenimiento cultural. Muchos financian sus obras con enormes dificultades, costeando materiales con esfuerzos personales, trabajos informales o procesos comunitarios autogestionados. Otros participan año tras año en convocatorias de estímulos culturales buscando apenas los recursos mínimos para continuar creando.
Resulta profundamente contradictorio que, mientras la institucionalidad reconoce el valor del muralismo mediante programas culturales y convocatorias públicas, simultáneamente se persiga económicamente a quienes ejercen prácticas artísticas fuera de los canales institucionales tradicionales.
Las multas anunciadas representan cargas desproporcionadas para artistas que ya enfrentan condiciones de vulnerabilidad. En lugar de fortalecer el tejido cultural de la ciudad, estas medidas pueden generar miedo, silenciamiento y exclusión sobre formas legítimas de expresión artística y política.
Debemos recordar que el arte urbano no puede ser entendido únicamente desde una lógica sancionatoria. Existen diferencias fundamentales entre actos de destrucción vandálica y expresiones muralistas que buscan construir memoria, promover reflexión social o expresar el sentir colectivo de amplios sectores ciudadanos.
Particularmente preocupante resulta que expresiones relacionadas con la memoria histórica, el dolor de las víctimas, las violencias del país y las heridas sociales sean tratadas únicamente como problemas de control policial. Los muros también son espacios de duelo, de denuncia y de construcción democrática. En una sociedad marcada por la violencia, el arte ha sido una de las formas más poderosas para transformar el dolor en palabra, color, conciencia y memoria colectiva.
La ciudad no puede cerrarle las puertas a sus artistas ni convertir la expresión cultural en un riesgo económico para quienes menos recursos poseen.
Por ello, solicitamos a la Alcaldía Distrital de Cali:
Eliminar la aplicación de sanciones económicas contra muralistas y artistas urbanos en contextos de expresión cultural, artística, comunitaria y de memoria colectiva.
Abrir espacios de diálogo permanente entre la administración distrital, artistas urbanos, colectivos culturales, organizaciones sociales y el sector cultural de la ciudad.
Construir rutas claras, accesibles y no excluyentes para la realización de intervenciones artísticas en el espacio público.
Reconocer el muralismo y el arte urbano como expresiones legítimas de participación cultural y democrática.
Garantizar que las políticas de recuperación del espacio público no terminen convirtiéndose en mecanismos de silenciamiento de voces populares, juveniles y artísticas.
Cali necesita más arte, más memoria y más espacios para la expresión ciudadana, no menos. Una ciudad democrática también se construye permitiendo que sus muros hablen, que sus jóvenes, creen y que sus dolores colectivos puedan ser expresados públicamente mediante el arte.
El muralismo no es únicamente pintura sobre concreto. Es memoria viva de la ciudad.
Atentamente,
Consejo Distrital de Cultura
Santiago de Cali
Firman la presente comunicación las consejeras y consejeros de cultura del Distrito de Santiago de Cali.
De: Consejera Luz Gomez CDC <consejeracult...@gmail.com>
Date: lun, 15 jun 2026 a las 8:52
Subject: Contamos contigo COMITÉ DE ARTE PÚBLICO: Invitación a la jornada académica “¿Censura al muralismo en Cali? Gobernanza, veeduría ciudadana, participación ciudadana y control social”
To:Cordial saludo.
Por medio de la presente nos permitimos reconfirmar la realización de la jornada de reflexión "Pensar la Ciudad: ¿Censura en el Muralismo?", espacio de diálogo y análisis sobre arte público, gobernanza cultural, participación ciudadana y derechos culturales en Santiago de Cali.
Fecha: Jueves 18 de junio de 2026
Hora: 3:00 p.m. a 6:00 p.m.
Lugar: Salón Oval, tercer piso, Centro Cultural de Cali.Agradecemos al Comité de Arte Público su atención e invitamos de nuevo a sus integrantes a participar en este escenario de reflexión colectiva sobre los retos y oportunidades del muralismo y las expresiones artísticas en el espacio público de nuestra ciudad. FAVOR CONFIRMAR ASISTENCIA.
Atentamente,
Consejo Distrital de Cultura de Santiago de Cali
RADICADO:
Luz Marina Gómez Fríes
Consejera de Artes Plásticas y Visuales
Consejo Distrital de Cultura de Santiago de Cali
Voces y Miradas sobre las Artes Plásticas y Visuales en Cali
Whatsapp: 305 2925206
https://luzdelmarconsejeradecultura.blogspot.com/
El mié, 10 jun 2026 a las 12:10, Consejera Luz Gomez CDC (<consejeracult...@gmail.com>) escribió:
Este es el pronunciamiento público del Observatorio de los Derechos Culturales y la Participación Ciudadana de Cali y el Pacífico, porque conviene construir una reflexión que trascienda la coyuntura y sitúe el debate del muralismo en una perspectiva histórica, antropológica, política y cultural, que muestre desde el carácter académico, crítico y argumentativo que sustentamos como Defensores de los Derechos Culturales de las comunidades caleñas, vallecaucanas, colombianas y latinoamericanas.
El muralismo constituye una de las formas más antiguas de comunicación simbólica de la humanidad. Desde las pinturas rupestres de Altamira, Lascaux o Chiribiquete, los seres humanos han utilizado los muros para narrar sus experiencias, representar sus creencias y transmitir conocimientos a las generaciones futuras. Antes de la escritura, los muros fueron libros abiertos donde las comunidades dejaron inscritas sus memorias, temores, esperanzas y visiones del mundo. En este sentido, el muralismo puede entenderse como una tecnología cultural de la memoria colectiva.
La Metodología de la Complejidad nos enseña que los fenómenos sociales no pueden comprenderse mediante explicaciones lineales o reduccionistas. Un mural es simultáneamente una obra artística, una intervención política, una práctica pedagógica, un acto de apropiación territorial y una manifestación de participación ciudadana. Su significado emerge de la interacción entre artistas, comunidades, instituciones, memorias históricas, conflictos sociales y contextos territoriales específicos. Por ello, reducir el muralismo a una simple cuestión administrativa o estética constituye una lectura insuficiente de su verdadera dimensión cultural.
Desde la perspectiva de Paulo Freire, el muralismo mexicano puede entenderse como una pedagogía visual de la liberación. Freire afirmaba que los sectores históricamente oprimidos debían convertirse en sujetos de conocimiento y no permanecer como simples receptores de discursos producidos por las élites. Los murales transformaron los espacios públicos en aulas abiertas donde el pueblo podía reconocerse a sí mismo como protagonista de la historia.
La Investigación-Acción-Participativa desarrollada por pensadores latinoamericanos como Orlando Fals Borda comparte con el muralismo una misma vocación emancipadora. Ambos parten del reconocimiento de que las comunidades poseen conocimientos, memorias y experiencias legítimas que deben incorporarse a la construcción de la sociedad. Los murales son, formas de investigación social visual donde los territorios narran sus propias realidades.
En Colombia, el muralismo ha adquirido una dimensión particular asociada a la memoria histórica, la defensa de los derechos humanos y las luchas sociales. Durante décadas, artistas, colectivos juveniles, organizaciones barriales y movimientos comunitarios han utilizado los muros para denunciar violencias, visibilizar resistencias y reivindicar identidades étnicas, culturales y territoriales. Los murales se han convertido en archivos vivos de acontecimientos que muchas veces no aparecen en los relatos institucionales.
Desde la complejidad, el muralismo caleño no puede comprenderse únicamente como una consecuencia del Estallido Social. En realidad, es el resultado de múltiples procesos históricos acumulados: las tradiciones afrodescendientes del Pacífico, la cultura popular urbana, los movimientos estudiantiles, la memoria de los barrios, las prácticas comunitarias y las luchas por el reconocimiento cultural. El Estallido actuó como catalizador de energías creativas que ya existían en la ciudad.
La emergencia del muralismo caleño representa una innovación cultural de enorme importancia para Colombia. Por primera vez en la historia reciente de la ciudad, amplios sectores de jóvenes, artistas y organizaciones sociales encontraron en el espacio público un medio para expresar sus narrativas sin depender exclusivamente de instituciones culturales tradicionales. Esta democratización de la producción simbólica constituye uno de los principales legados culturales del periodo.
Desde la mirada freireana, los murales del Estallido Social pueden interpretarse como procesos de concientización colectiva. Cada imagen, cada consigna y cada representación constituyó una invitación al diálogo crítico sobre la realidad social. Los muros dejaron de ser superficies inertes para convertirse en espacios donde la ciudadanía reflexionó sobre la desigualdad, la violencia, la exclusión y las posibilidades de transformación social.
La controversia actual sobre los murales revela una disputa mucho más profunda que una discusión sobre pintura o urbanismo. Lo que está en juego es el derecho de las comunidades a participar en la construcción simbólica de la ciudad. Cuando una obra es borrada, cubierta o sancionada, no desaparece únicamente una imagen: también se cuestiona la legitimidad de las memorias y narrativas que dicha imagen representa.
Desde la Antropología Social Crítica, resulta necesario preguntarse quién posee la autoridad para definir qué memorias son legítimas y cuáles deben permanecer invisibles. La gestión democrática del patrimonio cultural exige reconocer que la ciudad no pertenece exclusivamente a las instituciones, sino también a las comunidades que la habitan, la recorren y la resignifican cotidianamente.
La experiencia latinoamericana demuestra que los intentos de censurar expresiones artísticas frecuentemente producen efectos contrarios a los esperados. Cuando un mural es eliminado, muchas veces su significado se fortalece, se multiplica y adquiere una mayor
La Investigación-Acción-Participativa nos enseña que los conflictos culturales deben abordarse mediante procesos de diálogo, concertación y construcción colectiva. Frente a las tensiones actuales, la respuesta no debería ser la sanción ni la criminalización de las expresiones culturales, sino la creación de espacios donde artistas, comunidades e instituciones puedan deliberar democráticamente sobre los usos culturales del espacio público.
Como Observatorio de los Derechos Culturales y la Participación Ciudadana de Cali y el Pacífico, consideramos que el muralismo constituye una expresión legítima del derecho fundamental a la cultura, a la memoria, a la participación ciudadana y a la libertad de expresión. Su valor trasciende la dimensión estética para convertirse en una herramienta de construcción democrática, reconocimiento identitario y fortalecimiento del tejido social.
Por ello, nuestra posición se fundamenta en la defensa de los derechos culturales como componente esencial de la democracia contemporánea. Los muros de Cali no son únicamente superficies urbanas; son territorios simbólicos donde se expresan las memorias, los dolores, las esperanzas y los proyectos colectivos de la ciudadanía. Defender el muralismo caleño significa defender la posibilidad de que la ciudad siga pensándose, narrándose y construyéndose a sí misma desde la pluralidad de sus voces. Respetuosamente, la ciudadanía caleña, vallecaucana, colombiana y latinoamericana, debe darse cuenta compañera Clauden, Consejera Luz Marina, estimada Katherine, camarada Jaurez, compa Wilmarck, hermano de todas las luchas Edgar Builes, camarada Jacobo, Maestro Roberto Robles, compa de los Derechos Laborales José Roosevelt, compa Nestor Pérez, líder del Movimiento LGTBIQ+ y el sindicato ASTOP, estimados Doctor Arnulfo, Doctor Raimundo Tello, compa Jefferson Montaño, compañeras muralistas y compañeros del muralismo, definitivamente, no podemos claudicar en la defensa del espacio público de la democracia ciudadana profunda!
Esta es nuestra Declaración Pública del Observatorio, que es parte la Ponencia para el Simposio Pensar la Cultura de Cali, porque es un Pronunciamiento Institucional de Solidaridad con las y los muralistas de Cali, articulando los derechos culturales, la memoria histórica, la participación ciudadana y la democracia cultural como ejes centrales del debate. Humildemente, tasceche.
Durante décadas, el muralismo ha sido una de las expresiones culturales más importantes en América Latina. Más allá de su valor artístico, los murales han servido para narrar historias, reivindicar luchas sociales, fortalecer identidades colectivas y construir memoria.
A diferencia de las obras que permanecen en museos o galerías, los murales habitan el espacio público, un escenario donde convergen intereses ciudadanos, comunitarios, institucionales y políticos. Por esta razón, los muros suelen convertirse en territorios de disputa simbólica. No se trata únicamente de arte; se trata también de quién tiene el derecho de contar la historia de una ciudad.
En Colombia, numerosos artistas y colectivos han utilizado el muralismo para abordar temas relacionados con los derechos humanos, la memoria histórica, las reivindicaciones de mujeres, comunidades afrodescendientes e indígenas, así como las consecuencias del conflicto armado y las desigualdades sociales.
Particularmente durante el Estallido Social de 2021, ciudades como Cali se transformaron en grandes galerías al aire libre. Los muros registraron demandas ciudadanas, homenajes a víctimas, denuncias de violencia y expresiones de resistencia cultural. En muchos casos, estas obras se convirtieron en archivos visuales de acontecimientos que marcaron la historia reciente del país.
Lejos de ser simples intervenciones estéticas, los murales se transformaron en espacios de memoria colectiva, capaces de narrar experiencias que muchas comunidades consideraban ausentes de los relatos institucionales.
Uno de los ejemplos más significativos de los últimos años es el mural “Las cuchas tienen razón”, una frase que reivindica la lucha de las madres y familiares de personas desaparecidas en la Comuna 13 de Medellín, quienes durante décadas insistieron en la búsqueda de verdad y justicia frente a las desapariciones forzadas ocurridas en ese territorio.
Cuando algunos de estos murales fueron cubiertos o eliminados, lejos de desaparecer, el mensaje comenzó a multiplicarse en distintas ciudades del país. Cali fue una de ellas. La frase apareció en espacios urbanos y generó nuevas discusiones sobre memoria histórica, libertad de expresión y el papel de las autoridades frente al arte público.
El caso puso en evidencia una paradoja frecuente en la historia del muralismo: muchas veces el intento de borrar una imagen termina amplificando su significado. Lo que comenzó como una intervención artística local se convirtió en un símbolo nacional sobre el derecho a la verdad, la memoria y la dignidad de las víctimas.
Estas preguntas adquieren una relevancia especial en Cali, una ciudad con una sólida tradición de muralismo comunitario, arte urbano y apropiación cultural del espacio público.
La discusión sobre el muralismo no se limita a la eliminación o cobertura de una obra. En los últimos años también han surgido debates alrededor de la posibilidad de imponer sanciones económicas a artistas o colectivos que realizan intervenciones sin autorización institucional.
Desde la perspectiva de la administración pública, estas medidas suelen justificarse como herramientas para regular el uso del espacio público y garantizar el cumplimiento de las normas urbanas. Sin embargo, desde una perspectiva cultural, las consecuencias pueden ser más complejas.
Cuando una intervención artística es objeto de multas o sanciones, el mensaje que recibe la ciudadanía no se limita al cumplimiento de una regla. También puede interpretarse como una señal acerca de cuáles expresiones son aceptadas y cuáles resultan incómodas para el poder político o institucional.
En este escenario aparece un fenómeno ampliamente estudiado en las democracias contemporáneas: el llamado efecto inhibidor. Las personas no dejan de expresarse únicamente porque hayan sido sancionadas, sino porque observan que otros han sido sancionados. El resultado puede ser una disminución de la participación cultural espontánea, una reducción de las iniciativas comunitarias y una mayor autocensura por parte de artistas, colectivos juveniles y organizaciones sociales.
Para muchos procesos culturales, especialmente aquellos vinculados a jóvenes, mujeres, comunidades afrodescendientes, procesos barriales o ejercicios de memoria histórica, las multas no representan únicamente una consecuencia económica. También pueden percibirse como una deslegitimación simbólica de prácticas culturales que durante años han contribuido a construir identidad, tejido social y apropiación del territorio.
La controversia plantea una pregunta de fondo: ¿deben las instituciones relacionarse con el muralismo principalmente desde la lógica del control y la sanción o desde la construcción de mecanismos de diálogo, concertación y participación ciudadana?
La respuesta resulta especialmente relevante en Cali, donde buena parte de la historia del arte urbano ha sido construida mediante iniciativas comunitarias, autogestión y trabajo colaborativo mucho antes de que existieran políticas públicas específicas sobre arte público.
Por ello, el debate actual no gira únicamente alrededor de un mural determinado, una multa o una decisión administrativa puntual. Lo que está en juego es la forma en que la ciudad comprende la relación entre cultura, ciudadanía y espacio público.
Cuando un mural es borrado, la discusión rara vez se limita a una capa de pintura. En muchos casos también están en juego memorias, relatos, identidades y formas de participación ciudadana.
Los muros son escenarios donde una sociedad expresa sus conflictos, sus aspiraciones y sus formas de recordar. Por ello, las disputas sobre el muralismo son también disputas sobre la memoria, la representación y el derecho a participar en la construcción simbólica de la ciudad.
Al final, la pregunta sigue abierta:
La respuesta a esta pregunta probablemente definirá buena parte del futuro del arte público, la gobernanza cultural y los derechos culturales en Cali y en Colombia”.
Centro del Pensamiento Estratégico y Prospectiva desde los Territorios/