Gustavo Eduardo Vivas Duarte:Réquiem a Willian Rodríguez
La música no envejece:
se renueva en cada niño que ríe,
en cada clarinete que sopla la memoria,
en cada paso de danza que despierta la tierra.
Tu escuela fue la vida misma,
y en ella aprendiste a construir
métodos como semillas,
formas como ríos,
puentes para que los niños
entraran al arte como al sol.
Tra/la/la fue tu casa,
un centro de estímulo,
un jardín donde la música
se volvió juego,
donde la percusión era raíz,
y la flauta dulce,
el primer goce de la infancia.
Clarinetista de la Banda Sinfónica,
bailarín del Instituto Popular de Cultura,
viajaste con tu arte
como quien lleva en la maleta
un país de sonidos,
una patria de canciones infantiles.
Tus discos —Blin, blin, blin,
Mi carro de mecato,
Viene volando—
son pájaros que aún recorren la ciudad,
cantos que recuerdan
que la niñez es resistencia,
que la alegría es también un arte.
Junto a Rocío, tu compañera,
hiciste de la música un hogar,
y de cada instrumento creado
una puerta hacia la felicidad.
Hoy tu ausencia es un silencio fértil,
un espacio donde florece la memoria.
La música sigue siendo tu voz,
y en cada niño que canta,
en cada maestro que enseña,
tu clarinete resiste,
tu pedagogía se levanta,
tu goce se multiplica. Mencial Ver menos