Despus de su muerte y resurreccin sus seguidores (incluyendo ms tarde a Pablo), tambin predicaban en su nombre, tambin llamaban a la gente a arrepentirse y creer en el evangelio. Pero el evangelio que predicaban los seguidores de Jess era la buena nueva de que Jess de Nazaret era el Mesas, al que haban crucificado y que haba resucitado de entre los muertos (Ver Hechos 3,13-15).
Los evangelios sinpticos (Mateo, Marcos y Lucas) nos dicen que Jess empez en algn momento a advertir a sus discpulos de que le habran de matar y que resucitara al tercer da (como en Marcos 10,34). El evangelio que predicaba como parte de su ministerio pblico, sin embargo, parece estar centrado en la buena nueva de que el reino de Dios estaba cerca, esto es, estaba tan cerca que casi se poda tocar.
Entre los judos de su tiempo, la llegada del reino de Dios significaba que ahora Dios estara ocupndose de los asuntos del mundo. Sera un acontecimiento histrico, en esta tierra, cuando el bien y el mal seran separados de una vez por todas. Los que se juzgaran como justos, seran recibidos en una vida de abundancia permanente y llena de paz. Los injustos se encontraran con su destino.
Seguramente habra muchos que o estaban esperando o temiendo la llegada del reino de Dios. No es sorprendente que tanto la sorpresa como la consternacin esperaran a Jess cuando proclamaba la cercana del reino de Dios a travs de sus palabras y acciones. Mientras que Jess adverta sobre el juicio cercano, urga a los pecadores a unirse a l en la celebracin de la llegada. El reino de Dios significaba perdn para quienes lo pidieran. Significaba curacin para los enfermos y los discapacitados. Significaba la restauracin a la convivencia para aqullos que haban sido alejados por impuros (ver Mateo 11,2-6; Lucas 15,1-2).
Los discpulos de Jess eran probablemente los que con ms ilusin esperaban el reino de Dios y deben haber tenido grandes esperanzas de ver a Jess ungido como el rey de Dios en el reino de Dios. Su muerte y resurreccin y la venida del Espritu Santo les dio una comprensin radicalmente nueva de Jess como el Ungido de Dios (el Mesas, o Cristo), pero hasta el momento, los cristianos deben luchar con la llamada a convertir la cercana del reino de Dios en algo que puedan creer los pobres, los enfermos, y los alejados.
Este artculo fue originalmente publicado en el Arkansas Catholic el 9 de octubre de 2010. Derechos de autor Dicesis de Little Rock. Todos los derechos son reservados. Este artculo podr ser copiado o redistribuido con reconocimiento y permiso del editor.
En el relato de la infancia de Jess (caps. 1-2) el ttulo Krios (Seor) aparece seis veces, siempre con el mismo significado, como el Antiguo Testamento se lo da a Yahvh Dios. A Jess no se le designa todava con este ttulo, pero sus manifestaciones preanuncian ya la potestad regia del Hijo de Dios. Baste mencionar el relato de la visita de los Magos (Mt 2,1-12), donde se proclama el nacimiento del rey del mundo entero, tanto de los judos como de los paganos. Segn los orculos de Nm 24,7 y 24,14, el Mesas debera ser el rey de los judos y de los paganos.
Tambin tiene carcter litrgico otra exclamacin dirigida a Jess: Seor, si quieres, puedes sanarme (Mt 8,2). La lepra del hombre que grita estas palabras se convirti para los primeros cristianos en un smbolo del pecado; por tanto, toda la exclamacin se interpretaba como un grito para obtener la curacin espiritual, es decir, para recibir el perdn de los pecados.
Siempre que aparece el ttulo Krios en el evangelio de Mateo subrayan el seoro de Dios ejercido por medio de Jess y preparan poco a poco las ltimas constataciones de Cristo resucitado: Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18). Es fcil encontrar en estas palabras un eco de la visin del Hijo del hombre, presentada en el Libro de Daniel:
Un fraude contra el rey terreno se consideraba un fraude contra Dios mismo[9]. La consecuencia de tal idea de monarqua era la esperanza de que un da el rey de Israel reinara sobre todas las naciones de la tierra y las conducira al conocimiento del Dios verdadero (Sal 2,8; 99,1). La cada del Reino de Jud (586 a.C.) cambia esta perspectiva radicalmente. Despus de la prdida de la independencia poltica, en el pueblo de Israel naci el mesianismo, es decir, la esperanza de la venida del Mesas que liberar al pueblo elegido de la esclavitud poltica. Precisamente en esta ptica los israelitas interpretaban las palabras de los salmos mesinicos (sobre todo Sal 2 y Sal 110) y tambin la prediccin de Ezequiel: suscitar para ellas un pastor que las pastorear, David mi siervo. Las conducir a los pastos, ser su pastor; yo, el Seor, ser su Dios y David mi siervo ser prncipe en medio de ellos (Ez 43,23-24). Las profecas del Segundo y el Tercer Isaas (Is 40-66) preanunciaban el nacimiento (sin armas) del reino mesinico de Dios. Tambin los reyes paganos deberan convertirse y confesar la fe de Israel (Is 45,14)[10].
Los rabinos acentan dos puntos en su enseanza sobre el reino de Dios: el paralelismo entre el reino de Dios en los cielos y el reino de Dios en la tierra, y las indicaciones prcticas sobre el modo de obtener el reino de Dios (o sea, de entrar en l). Ponan de relieve el carcter escatolgico del reino mesinico, que est en contraste con el Imperio Romano, identificado con el reino del mal.
Jess enseaba sobre el reino de Dios sobre todo en las parbolas, pero tambin en los dichos profticos[14]. El dicho programtico: Se ha cumplido el tiempo y el reino de Dios est cerca; convertos y creed en el evangelio (Mt 1,15) pertenece a las exclamaciones escatolgicas profticas (Is 50,8; 51,5; Ez 7,7). Es de notar cierta tensin en la enseanza de Jess sobre el reino: por una parte este reino est ya presente, por otra parte debe venir todava (cf Mc 9,1; 14,25). Esta tensin tiene un significado muy preciso: el reino de Dios tiene carcter dinmico, est siempre in fieri. Los comienzos de este reino son casi invisibles (4,30-32) pero el resultado final es impresionante; difcilmente entrarn los ricos en el reino de los cielos (10,23-25); si no nos volvemos como nios, no entraremos en el reino (10,15); la condicin sine qua non para obtener el reino es abandonar la vida de pecado (9,47). El anuncio del reino de Dios y la llamada a la conversin por parte de Jess sita su enseanza en la lnea proftica del Antiguo Testamento[15].
La imagen de la mujer apocalptica se asemeja a una reina, porque esta mujer tiene sobre la cabeza una corona de doce estrellas (v.1). El smbolo de la corona de doce estrellas remite al sueo de Jacob: tuve otro sueo, od: el sol, la luna y once estrellas se postraban ante m (Gn 37,9). Las doce estrellas simbolizan las doce tribus de Israel; por tanto, la mujer apocalptica es una reina del nuevo Israel, es decir, de la Iglesia. El vestido de sol indica estrecha cercana, ms an, intimidad con Dios, porque en la tradicin veterotestamentaria Dios mismo era comparado con el sol:
En el Nuevo Testamento, el significado del smbolo de la luz es todava ms amplio, sobre todo en los escritos de Pablo y Juan. En el Prlogo del Evangelio de Juan el Logos y la luz estn marcados por cierto paralelismo. Para Juan, Jess es la luz y Dios mismo es la luz; esto quiere decir que la luz divina resplandece en las obras y en la enseanza de Jess. l es irradiacin de su gloria e impronta de su sustancia (Heb 1,3). Los que siguen a Jess tendrn la luz de la vida (Jn 8,12).
En las crnicas de los monarcas se evoca con grandsima estima el nombre de la madre del rey[23], no de su mujer, probablemente tambin porque el rey poda tener ms de una mujer[24]. Jeremas habla de la madre del rey, y no de su mujer: decidle al rey y a la reina madre: sentaos abajo, porque se os ha cado de la cabeza vuestra preciosa corona (Jer 13,18). Los parientes de Ocozas van a saludar a los hijos del rey y a los hijos de la reina madre (2 Re 10,13). Cuando Jeh tramaba un complot contra el rey Jorn, lo haca a causa de las numerosas hechiceras de su madre Jezabel (2 Re 9,22). Joaqun se rinde con sus ministros y con su madre (2 Re 24,12.15); luego, va al exilio con su madre. Tambin para el autor del Cantar, la reina-madre est en el centro del inters:
Podemos decir con grandsima probabilidad que en el Sal 45,10 se trata de la reina-madre. Y si las cosas son as, no tiene nada de extrao que los cristianos de los primeros siglos hallaran aqu la figura de Jesucristo y de su Madre[25]. Para ellos Jess era el Mesas, pero tambin en la tradicin juda se lea este salmo como mesinico[26]. Esta conviccin se basaba en el siguiente razonamiento: el salmo no se puede aplicar a Salomn, porque Salomn era un hombre de guerra y sus hijos no eran prncipes de toda la tierra; an menos probable parece la aplicacin del salmo a otro rey; por tanto, se deben aplicar las palabras del salmo al Mesas, es decir, a Jesucristo, y el v. 10 a su Madre.
[1] K. Stock desarrolla este pensamiento: en el evangelio segn Mateo Jess habla del tesoro escondido en un campo y de la perla preciosa (13,44-46). Quien los encuentra y reconoce su valor est lleno de felicidad y decidido a arriesgarlo todo para adquirirlos; as anuncia Jess su mensaje sobre el reino de los cielos: Ges anuncia la beatitudine. Il messaggio di Matteo, Roma 1985, 5.
[9] Un buen ejemplo de esta conviccin son las palabras que Dios dirige a Samuel: Oye la voz de lo que te ha dicho el pueblo, porque no te han rechazado a ti, sino que me han rechazado a m, para que no reine ya sobre ellos (1 Sam 8,7).
[11] Hay algunos rasgos caractersticos del reino de Dios, presentes en el libro de Daniel y repetidos en la literatura qumrmica y apocalptica: The reception of the elements from Dan 7 in the Qumran writings and the Jewish apocalyptic litterature is concentrated around common themes. There are: a) the total victory of God over all enemies in the last days; b) the judgement and destruction of all enemies; c) the salvation of the faithful of God; d) the ruling of the Messiah and the righteous; M. PARCHEM, Pojęcie krlestwa Bożego w Księdze Daniela oraz jego recepcja w pismach qumrańskich i w apokaliptyce żydowskiej, Rozprawy i Studia Biblijne 9, Varsovia 2002, 509.