MUCHISIMAS GRACIAS REV GAG PA RAFAEL CAMACHO FREYTEZ POR UNA ENSENANZA
PRESCIOSA ACERCA DE LA SIGNIFICANCIA DEL AVATAR. ~~HNA EVELYN FRANCES
GIL
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ag...@googlegroups.com] On Behalf
Of Pedro Enciso
Sent: Thursday, October 08, 2009 6:05 AM
To: Maestre S. R. de la Ferriere; SUBLIME HERMANO MAYOR JO0SE MANUEL;
INICIADOS ACUARIANOS; Google; Escuelas De Bogota; Brenda Herradora;
Aniceta del Rosario Barrenechea; Augusta Gran Fraternidad Universal
Subject: [AGFU Noticias] DIA DEL SAT.GURU
Agradezco en alto grado al Rev. Gag.pa
Rafael Camacho Freytez por su aportaciòn para honrar el dìa del SAT-
GURU
Gurù Pedro Enciso Ruvalcaba
Augusta Gran Fraternidad Universal
Servicio Iniciático Esotérico
Presenta la enseñanza
AVATÂR
Es una palabra del sánscrito que significa "descenso" o "extracción",
en el sentido de emanación divina. En el diccionario se lee: "Enviado
especial de Dios-encarnado". Mircea Eliade sostiene que la palabra
Avatârana significa "travesía descendente".
Según la filosofía India, otro concepto de la palabra Avatâr es el de
"obstáculo", "experiencia difícil", etc., tal vez como una alusión
inconsciente a las duras disciplinas, las pruebas enormes que un ser
humano ha tenido que vencer, para lograr la trascendencia que le
permite cumplir una Misión de tan alto vuelo. O tal vez alude también
a un rechazo inconsciente de la masa al trabajo superior de estos
Altos Instructores a los que crucifican de un modo u otro.
El concepto de Avatâr no es únicamente oriental. Todas las religiones
lo consideran un Dios Humano y se lo renueva cada vez, según el tiempo
y los lugares.
Dentro de la trilogía "Vida, Forma, Pensamiento" como Trinidad, la
Evolución corresponde a la Forma, representada en la Humanidad por los
Cristos, los Avatâres, los Meshías. El título de Avatâr equivale al
de Cristo o Meshías, al Buddha o al Hijo del Hombre, y se aplica a los
seres superiores venidos para instruir a la Humanidad en todas las
grandes épocas, como representante del segundo aspecto de la Trinidad
divina.
Los Avatâres son los Grandes Instructores de la Humanidad, los
grandes arquitectos de Oriente y Occidente, o del Norte y el Sur. Por
ejemplo, en Asia surgieron Jhesú, el Cristo, para Occidente, y Gâutama
el Buddha para el Oriente. En América, en tiempos ya legendarios,
Quetzalcoatl y Kukulcán, en el Norte, y Thunupa y Manko Khapak en el
Sur.
Tanto Hegel como Schelling aceptaron el concepto de los Avatâres, como
encarnaciones especiales del espíritu del Mundo en la humanidad. En su
Filosofía de la Historia dice Hegel: "La esencia del hombre es el
espíritu...Únicamente despojándose de su modo de ser finito y
rindiéndose por su propia voluntad a la pura conciencia de sí mismo,
es como alcanza la verdad. Cristo-Hombre, como hombre en quien la
Unidad de Dios-Hombre (identidad de la conciencia individual con la
universal, según lo enseñado por los vêdantinos y algunos adwaitis) se
manifestaba, ha presentado en su muerte y en su historia en general,
la historia eterna del Espíritu, historia que cada hombre tiene que
llevar a la práctica en sí mismo, con objeto de existir como
Espíritu".
Los Avatâres dan una nueva tónica de Vida a la Humanidad.
Está escrito en el Bhagavad Gîtâ, ese Libro Sagrado de la India, que
en el curso de cada Era, cuando la degeneración humana hace necesarios
acontecimientos de grandes consecuencias, entonces se encarna el Alma
Universal y aparece el Verbo Eternal a fin de fijar las nuevas Vías y
rehabilitar a la Humanidad.
"Se conoce el trabajo de un Avatâr por su permanencia, porque crea una
nueva Era, suscita un Renacimiento Espiritual y resuelve los problemas
humanos más imperativos" dice el Maestro Kut-Humi.
Estas Encarnaciones Sublimes marcan el rumbo en cada Era astronómica
de una nueva tónica de vida para la Humanidad. Representan el
Arquetipo o modelo a seguir, el Verbo hecho carne, el Vishnû.
Son intermediarios divinos, porque han dejado de ser el centro
dramático de sus vidas, como sucede con la mayoría, y se han
emancipado de toda limitación y sentimiento de egoísmo y
separatividad. Constituyen así un acontecimiento en la vida del
Planeta, que produce grandes cambios y restauraciones, la inauguración
de una nueva civilización y la orientación del ser humano hacia lo
divino.
Como seres de orden superior a la evolución terrestre, toman la forma
humana para comunicar a la Humanidad nuevos impulsos, la nueva savia,
el alimento celeste que al incorporarse al cuerpo, al alma y al
espíritu de la Humanidad la transforma paulatinamente, para su ascenso
en la escala evolutiva.
Hay Avatâres de gran importancia planetaria por que expresan en Sí
Mismos ciclos completos de futuros acontecimientos y emiten la nota y
enseñanza que introducirá la Nueva Era evolutiva. El Corazón de Dios,
impulsado por la Ley, envía un Gran Instructor, un Salvado del Mundo,
un Iluminador, que trae el mensaje que curará, que indica el próximo
paso a seguir, que Ilumina un oscuro problema mundial, e imparte el
Conocimiento de un nuevo aspecto de la Divinidad hasta ahora
incomprendido.
El Avatâr llega en momentos de crisis y generalmente crea más crisis a
fin de terminar con lo antiguo e indeseable y preparar el camino a
formas nuevas y más apropiadas para la evolucionante vida de Dios
Inmanente en la Naturaleza.
Todos estos Grandes Instructores, siempre en el mismo cauce de ideas,
no vienen a abolir nada, sino, por el contrario a hacer ejecutar la
Ley, a hacer respetar la Santa Tradición, trayendo explicaciones más
precisas, esclarecimientos y ciertos ajustes adecuados al espíritu de
la época.
Los Avatâras son encarnaciones de Vishnû.
Vishnû, el conservador de la Creación, deidad amable y benéfica se
encarna para el bien de la tierra. Sus encarnaciones llevan el nombre
de Avatâras y son diez: En la primera se transformó en pez (mitad
pez, mitad hombre) y bajó al fondo del mar a recobrar los libros
sagrados de los Vedas, que aprovechando un sueño de Brahmâ, había ro
bado el gigante Rakchasa.
En su segunda encarnación se transformó primero en una enorme
tortuga, para sostener sobre su caparazón el gigantesco monte
Merú: luego en fascinante Bayadera, en Mohini-Maya, para seducir a los
Asuras, genios del mal que habían robado la deliciosa Amrita (licor
de la inmortalidad) y devolver la a los dioses del bien.
La tercera encarnación tuvo por objeto combatir el gigante Hiraniakch
el que apoderándose violentamente del mundo, lo arrojó al mar.
Vishnû transformado en jabalí, atacó al gigante y lo mató, sacando en
seguida al mundo del océano en que estaba sumergido.
En la cuarta encarnación Vishnû, mitad hombre y mitad león,
apareció como un enano, quien mató al gigante Erunia, que se había
instituido en vengador de su hermano Hiraniakch.
En la quinta encarnación, se transformó en enorme gigante, llamado
Narasingha para humillar el poder del asura Balî que se creía tan
poderoso como los dioses, al que hundió en el infierno.
En la sexta, fue Parasuvanu, que como sacerdote y guerrero, combatió a
los Suryavansas (hijos del Sol) que se habían insolentado con los
dioses.
La Séptima encarnación como en nombre de Râhma, y venció en veinte
batallas a Ravana, raptor de su esposa.
En la octava encarnación, tomó el nombre de Krshna y sus hazañas han
sido narradas en el Mahâbhârata.
En la novena encarnación fue Buddha (para el Occidente, Jesús)
La décima y última dará fin al mundo miserable terminando el kâli
Yuga.
La doctrina según la Teosofía los Avatâras representan un fenómeno de
descenso del Dios Manifestado a la forma ilusoria de una
individualidad que en el plano físico toma apariencia objetiva,
aunque realmente no lo es. Es una forma ilusoria que no tiene pasado
ni futuro, porque no ha tenido encarnaciones anteriores ni los
subsiguientes renacimientos, y por lo tanto no tienen ninguna relación
con el karma.
Los Avatâras son como árboles de redención que provienen todos de un
origen común, Mahâ Vishnû, misterioso principio de la Naturaleza, que
contiene la potencia y la causa del avatârismo, o la semilla una de la
cual brotan (Bîja) No hay que confundir a Mahâ Vishnû con el dios
Vishnû, dice la enseñanza teosófica.
Todos los Avatâras, hijos del Padre en descendencia directa, son todos
uno y el mismo, y vinieron al mundo en épocas sucesivas para "salvar
el bien y destruir el mal".
El Avatâr representa un ascenso y un retorno.
En el Universo, se manifiestan periódicamente los progresos de la vida
colectiva, de las innumerables vidas, que son expiraciones de la Vida
Una.
Por medio de un constante "volver a ser", cada átomo cósmico del
Universo Infinito, pasa de lo informe a lo tangible, de lo
semiterrestre a la materia en plena generación, a través de natu
ralezas complejas, que volviendo luego atrás, reascienden en cada
nuevo período a estados más elevados y más próximos a la meta final.
Así, por medio de esfuerzos y méritos individuales se llega a la
reabsorción en el Todo Uno e incondicionado.
El Dr. Serge Raynaud de la Ferriêre enseña que entre el Alfa y el
Omega, el Aleph y el Tao, discurre el difícil "Camino", bordeado de
espinas, que primero se dirige hacia abajo y después "serpentea el
sendero hacia lo alto del collado; hasta la misma cumbre.
Partiendo inmaculado para el largo viaje, desciende más y más en la
materia pecadora, y habiéndose relacionado con cada uno de los átomos
del espacio manifestado, el Peregrino, después de haber luchado y
sufrido a través de cada una de las formas de vida y de existencia,
llega a identificarse con la humanidad colectiva, que lo ha hecho
según su imagen, sólo a la mitad de su ciclo.
A fin de progresar hacia lo alto, hacia su Fuente, tiene que ascender
por el sendero fatigoso y escarpado del Gólgota de la vida. Este paso
representa el martirio de la existencia consciente de sí misma. Es
el auto-sacrificio redentor dirigido a todas las criaturas, para
resucitar a la Vida Una. Entonces asciende a los cielos, en donde su
mido en la incomprensible Existencia y Bienaventuranza Absolutas,
reina incondicionalmente.
Sin embargo, debe volver desde ahí, en un próximo "Advenimiento" que
espera la Humanidad como el "Segundo Advenimiento, o el "Kalki
Avatâr".
El AVATÂR CELESTE y el Avatâr terrestre.
Daniel menciona en la Biblia dos Avatâres, el Celeste y el Terrestre,
que constituyen dos polaridades.
Cada Avatâr Celeste (polo negativo) tiene pues una contraparte, una
polaridad diferente, un aspecto opuesto y complementario de sí mismo y
de su Misión en el Avatâr terrestre. (Polo positivo)
Avatâr, por su raíz significa "descender desde muy lejos", con la
aprobación de la Fuente Superior de la cual proviene, para beneficio
del lugar al que llega. Todos los Avatâres o Salvados expresan dos
objetivos básicos: La necesidad de Dios de hacer contacto con la
Humanidad y relacionarse con los seres humanos, (Avatâr Celeste) y la
necesidad que tiene la Humanidad de entrar en contacto con la
Divinidad y de ser ayudada y comprendida por ella. (Avatâr Terrestre).
El Avatâr Celeste trae las Enseñanzas para un Era determinada, señala
el Camino, la Verdad y la Vida que corresponde a cada ciclo.
El Avatâr terrestre es el cimiento, es el que espera al Celeste en
nombre de la Humanidad, reuniendo en sí el sufrimiento y clamor
humanos, y tiene la misión de tomar esas enseñanzas, esas semillas que
viene a traer el Avatâr Celeste, para revelarlas en formas.
Así, junto a Jesús, Avatâr Celeste de la Era de Piscis, estuvo Pedro
como Avatâr terrestre.
En la Era del Aquarius, el Iluminador o AVATÂR CELESTE (escrito todo
con mayúsculas) no viene solo, sino con su Primer Discípulo, que es
llamado el Avatâr terrestre (todas con minúsculas).
En esta Era, el AVATÂR CELESTE representa al Sol en Aquarius y el
Avatâr terrestre, a la Tierra en Leo.
Por ser la Nueva Era del Aquarius una época de síntesis, el Avatâr te
rrestre de la Era además de cumplir el papel de Pedro (Avatâr
terrestre de la anterior etapa), vive en una síntesis los episodios
de todos los Altos Iniciados del pasado, incluido el Sendero proba
torio de Jesús, que fue el Avatâr Celeste de la Era anterior de
Piscis.
Pedro, que corresponde a la primera etapa -Era de Piscis- no vivió
del mismo modo el simbolismo de síntesis del Pedro del Aquarius. Para
entender esto, es necesario conocer el mecanismo del drama cósmico
que debe cumplirse, y del que hablamos más adelante.
El Discipulado de los Avatâres y la Primogenitura espi
ritual
Los Avatâres son seres que han terminado completamente su
Iniciación. Son encarnaciones superiores con predisposiciones espe
ciales, seres muy evolucionados, que recibieron una Iniciación
durante largo tiempo y siguieron los consejos de sus Maestros, antes
de convertirse ellos mismos en Instructores de la Humanidad. De
manera que, por elevado que sea el Avatâr, sus enseñanzas tienen bases
en las directrices de su Maestro, o más bien Maestre (Maestro de
Maestros), quien casi siempre permanece en lo incógnito.
Ahora bien, en cada gran ciclo zodiacal o Eras aparece un Hombre
prototípico que señala las directrices que debe seguir la Sagrada
Tradición Iniciática en esa época, y su enseñanza se convierte en un
ejemplo humano viviente para el Discípulo que mejor lo asimila, quien
se constituye en el Primogénito espiritual o Primer Discípulo, de
donde nace la Primogenitura. Así el Iluminador o Avatâr Celeste de la
Era viene a ser un instrumento de la Divinidad, para iluminar a ese
Alto Discípulo, y probarlo como el Candidato del ciclo como Avatâr
terrestre.
El Kalki Avatâr según la doctrina hindú habla de diversas Encarnacio
nes Especiales de la segunda persona de la Trinidad Cósmica, o
Trimûrti, del Principio de Vishnû, el Conservador, del cual provienen
los Avatâres como una repetición de su forma a través de estas
encarnaciones, para confirmar la presencia de la Divinidad.
En los planos arquetípicos, Adam representa al primer Avatâr de Dios;
es el Arquetipo mismo de todos los Avatâres o Hijos de Dios, que
espiritualmente serían también las extracciones directas por el
conducto astral, o las emanaciones de Abraham, y de Noé.
En la manifestación, estos Avatâres toman la forma más elevada que la
evolución presenta en una época dada, y por lo tanto no siempre
presentan forma humana.
Las altas encarnaciones que según la Mitología hindú han aparecido, a
través de la evolución del mundo, han sido en orden sucesivo, como ya
hemos visto, un pez, una tortuga, un cerdo o un jabalí, en el reino
propiamente animal; luego un enano, el gigante Narasingha, Parasuvanu,
Râhma, conocido mundialmente, que fue el séptimo Avatâr, Krshna, que
es el octavo y Jesucristo o Jhesú, que es el noveno, aunque los
hindúes colocan al Buddha, como el noveno Avatâr (Buddha es un Alto
Instructor de la Humanidad, pero no es un Cristo, -como lo han sido
Râhma, Krshna en anteriores Años Platónicos, o Jesús, en el presente
Año Platónico- pues nació antes del Tiempo del Hijo, para lo cual ha
de verse el denominado Tiempo Zodiacal.
La Era del Aquarius, coincide en el advenimiento del décimo Avatâr, o
el Kalki Avatâr. Según la doctrina secreta, la llegada del Décimo
Avatâr o Kalki-Avatâr representa la aparición del Cristo Rey, el Hijo
del Hombre, el Magno Avatâr Celeste que viene representando al
Cristo.
De acuerdo a los mecanismos iniciáticos del Cosmos, mientras el noveno
Avatâr apareció con el Sol en Piscis o nacimiento del niño, para
iniciar un trabajo público a los 30 años, el Instructor de esta Era
del Aquarius empieza la suya a los 33 años. Así, si el Avatâr de
Piscis acaba su misión pública a los 33 años; el Avatâr de esta Era,
el Kalki Avatâr, la termina a los 36.
El Kalki Avatâr ha sido anunciado por todos. El Skandha-Purâna, que
encierra las tradiciones Mesiánicas, anuncia al Rey de Gloria, SACA,
que aparecerá para liberar al mundo, cuando la época del Kâli-Yuga
haya pasado. Musulmanes, cristianos, buddhistas, brahamanistas, etc.,
-que guardan una similitud sorprendente en los principios teoló
gicos-, esperan todos al Gran Instructor, de la Humanidad, al
Maestre, al Guía, que debe inaugurar la Nueva Edad y que es anunciado
por todas las sectas religiosas como un Ser que simboliza la Unión de
los principios que han sido enseñados a través de las diversas
direcciones del pensamiento humano.
Ha sido llamado Imán Mahdhi por los musulmanes, Hijo del Hombre, por
la Biblia y los Cristianos, el Aguador, o el Maestre del Aquarius por
los Esoteristas y Simbolistas, el Bôddhisattva o Señor Mâitrêya por
los Buddhistas, y el Kalki-Avatâr, o décima encarnación de Vishnû, por
los Orientalistas, etc.
El mundo está de acuerdo en que este Gran Instructor de la Humanidad
estará fuera del marco religioso, y no puede ser sino un Yôghi
Perfecto, un Siddhana, un Sat-Gurú, un Mahátma, un Alto Iniciado, que
de acuerdo al Plan deberá nacer en Europa y dar su Enseñanza para que
florezca en la América, foco y centro de la Era del Aquarius.
El Aghartha ha reconocido ya la presencia sobre la Tierra del Enviado
Especial, del Instructor Mundial, del Gran Educador que viene como
Divina Emanación.
Los Avatâres, los Altos Instructores de la Humanidad están siempre
fuera del marco religioso. Un Avatâr puede ser un Yôghi, un Psicólogo,
un hombre de Ciencia, etc., pero no puede proceder de ninguna organiza
ción establecida, pues viene para el mundo de lugares ignotos de la
mente; es un Instructor que surge de dentro de la Humanidad, para
hacer acto de presencia entre los hombres. Sólo aparece en el mundo a
intervalos de más o menos dos, cuatro o seis mil años.
La enseñanza de los Avatâres consta de dos aspectos: uno exotérico,
palabras y sabios preceptos, que la gente toma al pie de la letra; el
otro esotérico, secreto y especial para los discípulos.
Los Avatâres que hacen su aparición al final de cada ciclo, para
anunciar el cambio de Era, permanecen muy poco entre los hombres,
dando una nueva orientación que durará los dos mil siguientes años. Al
dejar la Tierra, van a ocupar su puesto en el Sol, y su Aura que se
esparce en todo el Sistema, y la Tierra vibra con esa Aura.
Tan pronto como desaparecen estos Grandes Regentes de la historia
humana, se convierten en un mito, y en creadores de una religión, sin
que esa fuera nunca su intención, pues la enseñanza de un Avatâr es
universal.
Si la enseñanza de un Avatâr perdura, a través del trabajo de sus
discípulos, la Humanidad olvida su condición humana y los obstáculos
que han tenido que vencer. Es verdad que el personaje, lo mismo que su
vida, no son más que cuestiones secundarias; pues lo importante es la
Enseñanza que dan, que debe servir de Guía para encontrar la verdadera
Luz.
Sin embargo, no hay que perder de vista que, como el Avatâr tiene que
hacerse un hombre entre los hombres, es un ser humano de carne y
hueso, y que es necesario ver al Instructor Mundial también desde un
punto de vista objetivo, sin considerar su vida como algo sobre
natural.
El Avatâr es la expresión de un mecanismo secreto del Cosmos. Enseña
el Dr. José Manuel Estrada que dentro del vasto Plan universal, el
caso de los Avatâres no es un caso aislado, pertenecen a la evolución
humana y están sujetos a leyes estables y a un mecanismo secreto que
el Cosmos tiene para manejar tanto a los Avatâres Celestes, como a sus
primeros Discípulos o Avatâres terrestres.
A los mundos, que en el Espacio Infinito tienen misiones evolutivas
que cumplir, como la Tierra, al llegar a su cuarta encarnación se les
presentan dos períodos: uno de involución y otro de evolución. La
unión de esos dos períodos se presenta en dos etapas: la del
desarrollo del hombre y la del desarrollo del súper-hombre. Al final
de la primera etapa, la Humanidad adquiere un estado de superación
que la hace representante del Plan Cósmico. Esta superación la encarna
y representa un grupo de seres de elevada evolución, que actualizan el
episodio final de esa primera etapa del gran drama planetario. Así
surgen, manejados por lo Alto los representantes cósmicos, los
"Hombres-Símbolos", como los llama el Dr. José Manuel Estrada, como
Râhma, Krshna, Zoroastro, Moisés, Buddha, Jesús.
Dentro los grandes Tiempos Zodiacales, el presente Tiempo del Hijo
comprende tres Eras, Era de Pisces, Era del Aquarius y Era de
Capricornus. En las dos primeras, de los dos episodios culminantes en
el desenvolvimiento de la vida humana en el planeta, uno tuvo como
protagonista a Jesús el Cristo, (Era de Piscis) y el otro a nuestro
Muy Sublime Maestre, el Dr. de la Ferriêre, (Era del Aquarius) como
exponentes en el drama de Iniciación planetaria, o Iniciación de la
Humanidad, íntimamente ligada a la Iniciación de los mundos.
Así, en la primera etapa, Jesús representó el paso del Candidato por
el Sendero probatorio, con cuya expiación, alcanzó la MAESTRÍA (fue
sentado a la diestra de Dios Padre) o sea que alcanzó la calidad de un
Maestre (Tercera Octava Iniciática).
Jesús el Cristo, marcó con su misión el paso del kâli-Yuga al Sattya-
Yuga, o sea entre la época de las tinieblas y el tiempo de luz.
Aparecieron los martirios como pruebas Iniciáticas, dando origen a los
Santos e iniciados del Cristianismo, inaugurándose el período de los
JESÚS (Iniciados del Sur).
El primero fue el divino Nazareno, crucificado físicamente y primero
en ser llamado Hijo de Dios, lo que astrológicamente marca el paso
del segundo Tiempo Zodiacal (el del Padre), al tercero (el del Hijo),
en esta Ronda zodiacal, primera del Sattya Yuga en la actual cuarta
encarnación de la Tierra.
Desde esta época comenzó a funcionar el Plan Cósmico Crístico en el
Planeta, como requisito para la evolución de la Tierra. Por eso Jesús
el Nazareno, como Ego humano, tomó la cruz, para encarnar el símbolo
Iniciático del Sendero de evolución. La Conciencia Cósmica se
manifestó por primera vez como séptimo Grado Iniciático, para sentar
el precedente de la evolución de la Tierra.
Antes de Jesús, durante el Tiempo del Padre, tiempo de los Profetas y
Patriarcas, pero no del Cristo, vino Moisés (Era de Aries), que sólo
alcanzó el 5° grado, y por eso no alcanzó la Tierra prometida, sólo la
vio.
De acuerdo a la profecía de Daniel sobre dos Avatâres, el Celeste y el
Terrestre, junto a Jesús, Avatâr Celeste de la Era de Piscis, estuvo
Pedro (Avatâr terrestre de esa Era)
El Dr. José Manuel Estrada señala: "No puede haber un Cristo sin un
Pedro que lo niegue y un Judas que lo venda, tal es la LEY.
Pedro vio cómo su Maestro atravesaba el Sendero Iniciático, sin
darse cuenta de que su ego iba a atravesar el mismo Sendero, cuando
la conciencia de su Maestro viniese como Iluminador, en la nueva Era
de Aquarius.
La segunda etapa, que corresponde a Aquarius, es una etapa de
síntesis. En el segundo de estos episodios culminantes, viene el que
debe simbolizar al que fue "Glorificado" (Jhesú), como Iluminador o
Avatâr Celeste; y su Primer Discípulo, que simboliza al Avatâr te
rrestre (todas con minúsculas).
El Avatâr terrestre de la Era del Aquarius además de cumplir el papel
de Pedro (Avatâr terrestre de la anterior etapa), vive en una sínte
sis de los episodios de todos los Altos Iniciados del pasado, como
Moisés, incluido el Sendero probatorio de Jesús, que fue el Avatâr
Celeste de la Era anterior.
De esta manera, en los actuales momentos, se está fraguando, en el
que encarna el símbolo, al "Jesús" de Aquarius, y al Iluminador de la
siguiente Era de Capricornus. Este Plan Cósmico se repetirá en todas
las Eras.
Acerca del retorno del Cristo, el Tibetano dice en el su Mensaje del
Wesak del año 1947: "... Entonces su tarea estará cumplida, y quedará
en libertad de dejarnos; pero esta vez, para no volver, sino para
dejar el mundo de los hombres en manos del Gran Servidor espiritual,
que será la nueva Cabeza de la Jerarquía de la Iglesia Invisible".
La lucha del Candidato con el Ángel.
El Iluminador del Aquarius, que ha alcanzado el séptimo Grado antes de
venir a este mundo, viene a iluminar a su Primer Discípulo,
entregándole la sagrada Misión que debe cumplir y las pruebas que
tiene que afrontar. A este paso se lo denomina en el Alto Sendero, la
"Lucha del Candidato con el Ángel". Esta lucha se presenta primero en
el mundo interno o astral; es una lucha consigo mismo, para alcanzar
el nuevo nacimiento en el plano superior y con él, la Maestría. Pero
ésta no se alcanza definitivamente sino al entrar en lucha con el
Ángel Viviente, lucha que se libra en el plano físico, frente al
mundo. Esta es la prueba más fuerte que tiene que pasar el Primer
Discípulo, el Avatâr terrestre de la Era de Aquarius, ya que debe
estar consciente de cada paso.
Por su parte, el Ángel o Contendor, (Avatâr Celeste) para poder enfren
tarse al Candidato tiene que vivir dos etapas en su Ministerio,
perfectamente definidas: la primera presenta la presencia del VERBO
ETERNAL, durante los tres años de trabajo público; en esta etapa se
manifiesta en él la Majestad Divina (rostro iluminado, conceptos
precisos y llenos de Sabiduría, actos nobles y llenos de justicia,
vida ejemplar en todos los aspectos, no le atrae nada material, no
toca dinero con sus manos, practica disciplina, equilibrio, rectitud,
veracidad, etc.) Luego de esos tres años en que ha implantado la
Misión, ha preparado discípulos que continúen su obra y ha entregado
finalmente la responsabilidad ante Dios y los hombres del destino de
la Misión y el Orden a su Primer Discípulo, trasmitiéndole los
Poderes Iniciáticos. Y luego de cumplir con su voto de Sanyasin en
Asia, y pasar por todos los Continentes, él se desliga del mundo, se
identifica con su Discípulo, es uno con él. Así termina su primera
etapa y entra en la segunda, en que vuelve a la vida profana
paulatinamente; se dedica a escribir su enseñanza para el gran mundo,
se corta el cabello, se rasura y porta el traje civil. Reaparece en el
mundo representando la conciencia humana según dice el pasaje: "Estaré
entre vosotros y no me conoceréis, seré un hombre entre los hombres".
Nostradamus en sus Profecías ha llamado "Gran Celta" a al Avatâr
Celeste, y "Gran Pastor" a su primer Discípulo. Nostradamus dice:
"Aparecerá el Gran Celta y entregará los poderes al Gran Pastor y
desaparecerá. Después reaparecerá el Gran Celta y desaparecerá el
Gran Pastor." (Retiro de cuarenta meses del sexto grado) "y por
último, reaparecerá el Gran Pastor y desaparecerá el Gran Celta y esta
vez quedará el Gran Pastor representándole." También dice Nostradamus
que el Gran Celta tendrá su cuartel en Francia.
Acorde con la conciencia humana, el Avatâr Celeste en su segunda etapa
presenta la lucha al Candidato o Discípulo.
Este es el momento culminante para el Primer Discípulo o Candidato en
el Sendero, pues su vida espiritual está en peligro: si obedece las
instrucciones emanadas de la segunda personalidad del Avatâr, queda
preso dentro de las cabezas de serpientes en el emblema del Gran
Arcano. (Véase: Sat-Arhat). Si obedece a la primera personalidad del
Avatâr Celeste, al Cristo con sus 33 años, se libera de las serpientes
y sale del gran círculo; pero es repudiado por todos los que ignoran
el significado profundo de esta situación. Es la prueba del Avatâr
terrestre que tiene que enfrentarse al Avatâr Celeste, que prueba a
su Discípulo, dándole la alternativa, para ver si en realidad
reconoció su personalidad Crística y respeta sus órdenes. En esta
batalla, el Candidato es juzgado por su Maestre, quien le dice que
esta dispuesto a defenderlo; más el Candidato, en su posición de
Jesús, dice: "no se puede ser acusador y defensor a la vez".
En esta batalla del Ángel con el Candidato frente al mundo, uno de
ellos debe desaparecer. Si desaparece del escenario físico el
Candidato es señal de que no alcanzará el séptimo grado. Al contrario,
si quien desaparece es el Ángel esto significa que el Candidato
alcanzó dicho grado, pero que no lo puede ostentar en esa encarnación,
sino en la próxima, cuando volverá como Iluminador. El Ángel, al
retirarse, reconoce que su Primer Discípulo es su Sucesor.
Esta lucha con el Ángel se presenta antes de alcanzar el séptimo
grado, o sea el Sat-Gurú.
Al presentarse al Avatâr, con su doble personalidad, crea
confusión y se establece una aparente división entre la Jerarquía,
dando lugar a las dos Líneas. Esto es para que se cumplan las palabras
del Cristo Jesús: "Donde quiera que haya cinco, estarán tres contra
dos".
Los falsos Avatâres
Al comienzo de la Nueva Era aparecen muchos que se anuncian a sí
mismos como Avatâres de la Era, como tantos otros falsos Maestros que
han entorpecido el desarrollo iniciático verdadero en el Planeta. Así
han surgido los de tipo místico, amparándose en una falsa modestia y
en una actitud de beatitud intransigente, confundiendo la línea
Iniciática; o los religiosos que se hacen abanderados de la sabiduría
divina para su propio bien e inculcan a los pueblos una idea
equivocada de lo que es la Iniciación; deformando la figura de los
Avatâres hasta tal punto que cuando aparece el verdadero Avatâr, los
pueblos lo desconocen.
De acuerdo a esto, habrá para estos primeros tiempos de la Era del
Aquarius proliferación de supuestos Avatâres, sin proyección
mundial, sin ciencia, sin fundamentos profundos, que sólo aprovechan
el vacío espiritual de estos tiempos; aunque de algún modo, algo
positivo podrá aportar. Sólo el tiempo, ese sabio juez, develador de
misterios, sentenciará y los pueblos sabrán quién es el verdadero.
Ningún Avatâr ha sido reconocido desde el principio
Un Avatâr no procede de ninguna Organizaciones humana especial; viene
para el mundo desde lugares ignotos de la Mente Cósmica, como un
Enviado Especial que hace acto de presencia en el mundo desde dentro
de la Humanidad, como revelación de Leyes Cósmicas que rigen el
crecimiento evolutivo de la Humanidad. Aparentemente viene así en su
propio nombre, y generalmente, desde el momento que proclama los
Derechos Eternales, se lo considera sospechoso; cuando habla de un
mejoramiento del orden establecido, se estima que es un perturbador;
pero su Sabiduría irrumpe y su luminosa espiritualidad conquista a
las almas puras.
Para los intelectuales y los letrados, e inclusive para los
"iniciados" de algunas organizaciones secretas, es difícil entender lo
que es el fenómeno de la venida al mundo de un Alto Instructor, para
anunciar el cambio de una Era, y lo es más para los políticos y
religiosos que desean mantener el orden establecido.
De cualquier modo, estos Altos Instructores, acaban siendo reconocidos
en su verdadero valor, a través del tiempo, por la obra de sus
discípulos y de los discípulos de esos discípulos, pues el hecho de no
ser contemporáneos a un Alto Instructor y a la época en que cumplió
su Misión, no impide proseguir el Ideal que él dejó delineado.
Jesús es un claro ejemplo de esto: fue para las autoridades políticas
y religiosas sólo un incómodo revoltoso, y sus enseñanzas, conocidas
por muy poca gente en su época y en su Tierra, permanecieron
desconocidas por bastante tiempo antes de irrumpir en el mundo y que
se lo reconociera como un Alto Instructor de la Humanidad y como el
Cristo.
Sin embargo, existen Supremos Organismos Ocultos, como el Supremo
Santuario Secreto o la Aghartha Shanga que reconocen la presencia
sobre la Tierra del Enviado Especial, del Instructor Mundial, del Gran
Educador que viene como Divina Emanación, y apoyan, encauzan y
colaboran al cumplimiento de su Misión y desde allí es anunciado para
el mundo, tal como ocurrió en 1949 en New York en el Congreso
Internacional de la Paz.
“QUE LA PAZ SEA CON VOSOTROS”.
Servicio Iniciático Esotérico
A su Servicio !