APRENDER POCO A POCO A SER FELIZ
La humanidad lleva mucho tiempo padeciendo, seguramente desde sus
orígenes.
No digo que no hayan habido momentos felices en la vida de las personas que
nos han precedido, incluso épocas históricas
francamente más alegres que otras, claro que sí, me refiero a que nuestra cultura planetaria, en general, guarda la memoria de mucho dolor acumulado, de sentencias de sufrimiento compartidas, del tipo “la vida es un valle de lágrimas”, “más vale malo conocido, que bueno por conocer”, “no hay rosa sin espinas”, “la letra con sangre entra” y un sinfín de creencias y refranes que deben ser muy parecidos en otros idiomas. De mi abuela oí muchas veces: “las rialles acaben en ploralles” (las risas acaban en lloros).
Todo ese flujo de dolor, verbal y energético, lo heredamos de pequeños sin apenas darnos cuenta.
Vaya, que estamos educados para encontrarnos o imaginar casi siempre lo peor.
Andamos a menudo con el ¡ay! en el cuerpo y, en cambio, muy poco sabemos hacer para que ocurra lo contrario, para confiar y esperar lo mejor.
No
hay más que mirar los telediarios para darse cuenta que, a la hora de expandir y comunicarnos, prevalece y mucho lo malo sobre lo bueno.
A la que nos descuidamos, nos ponemos en el lado más
desfavorable y yo la primera.
Es cierto que siempre ha habido personas sabias que con sus vidas y sus obras nos han ayudado, pero la humanidad, como cultura, al menos hasta ahora no ha ido mucho más allá del dolor.
Los cuentos infantiles, después de que los protagonistas vivan mil contratiempos y desdichas suelen acabar con la frase: “Y fueron felices y comieron perdices”. Y ya está, no se sabe más de ellos.
Ahora, empieza a
notarse una dinámica distinta, un movimiento de personas heterogéneas unidas en un interés común: crear una cultura de
la felicidad que considera como un bien preciado la alegría, la prosperidad (que no tiene que ver con acumular dinero o posesiones), la creatividad, la vida sencilla y tranquila, el cuidar la propia salud y bienestar, en hacer cosas porqué sí, por el bien común… ¡¡Y yo les estoy inmensamente agradecida!!
Porqué cuando las personas se juntan para iniciar un camino nuevo, al final la humanidad entera acaba recorriéndolo y, es posible, que con la insistencia, igual que ha ocurrido con
el dolor, esa manera más afable de ver la vida acabe incrustada en nuestro ADN.
Si conseguimos salir de esa zona conocida, a menudo tensa y dolorosa, que se ha convertido en nuestra zona de confort de tan familiar que nos es, confío en que tal vez, poco a poco, nos arriesguemos a entrar en esa otra dimensión de felicidad de la que hablábamos.
Seguramente, primero, nos resistiremos, incluso tal vez nos provoque más ansiedad.
Cuesta romper con tradiciones milenarias, pactos y creencias
antiguas.
El cambio tiene sus ritmos.
Pero me hace una ilusión
inmensa ir despacio, pero sin pausa, hasta esa nueva realidad planetaria.
Entre todos podemos crearla.
¡Doy gracias y admiro a las personas que ya están viviendo en ella!
Merce Catro Puig![]()
autora del libro "Volver a Vivir"
Diario del primer año después de la muerte de un hijo.
Un Abrazo, que Dios te bendiga, te muestre su rostro, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, muchas bendiciones de Vida, Paz, Amor, y mucha Prosperidad;