Hesicasmo

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Dec 30, 2008, 8:49:05 PM12/30/08
to Meditacion y Oratioterapia en Managua y Medellin
HESICASMO

El término designa en lengua bizantina un sistema de espiritualidad
que tiene por principio la excelencia de la hesychia, tranquilidad,
paz. En no pocos autores la tranquilidad se confunde con la soledad.
La hesychia es sinónimo de eremia, anachoresis, monosis (v.
ANACORETISMO; ERMITAÑOS; MONAQUISMO). En lengua bizantina el
hesychastes designa un ermitaño, un monje solitario. Las leyes
monacales determinan el número permitido de estos hesychastes, que
viven en las cercanías de un monasterio.

Existen grados en la soledad, insinuados en el famoso triple
consejo que Arsenio recibió del cielo: ¡Arseni, fuge, tate, quiesce!
(PG 65,88). El primer grado, pues, es la huida de los hombres en el
sentido material, el aislamiento. El segundo grado de la soledad es la
ausencia de conversación verbal, el silencio, que es «el padre de
todos los buenos pensamientos» (Diadoquio). Pero la soledad y el
silencio no son suficientes para constituir un hesicasta. Éste debe
llegar a evitar la «habladuría interior», por medio de la «eliminación
de los pensamientos (apothesis noematon). La hesiquía es, pues, la
indiferencia respecto a las cosas terrestres y, por consiguiente, la
concentración en la única gran preocupación, la salvación. El medio
que conduce a ella lleva también un nombre clásico entre los
hesicastas: nepsis, que significa sobriedad mental, estado de un alma
despierta, vigilante, atenta para no dejarse sorprender por el
adversario demoniaco que intenta introducirse en el corazón por medio
de los logismoi, es decir, de los malos pensamientos. Esta actitud
defensiva se llama también atención (prosoche), «guarda del corazón»,
«guarda del espíritu».

La búsqueda de la hesychia con vistas a la contemplación (v.) es
un tema clásico de la espiritualidad oriental. Sin embargo, se pueden
distinguir tres fases en la historia del hesicasmo: 1) En el Sinaí,
Juan Clímaco, Hesiquio, Filoteo, orientados hacia la oración mental,
se ocupan en el análisis minucioso de los pensamientos. 2) En
Constantinopla, el gran místico Simeón el Nuevo Teólogo (m. 1022)
propaga la vida espiritual consciente, la experiencia sobrenatural, el
sentido espiritual despierto. 3) En el s. xiv, el h. es introducido en
el Monte Athos (v.) por Gregorio el Sinaíta. Se afirma que todos
tienen necesidad de la mística. La finalidad de la vida monacal es
volver a encontrar la energeia del bautismo, tomar conciencia de ella.
El medio para conseguirlo es, según la doctrina tradicional, la
perfección moral, la pureza del corazón. El monje del Monte Athos
Nicéforo, que vivió en el s. xiv, propugnó el «método físico», en el
que tenía mucha importancia la postura que debía adoptarse para
meditar.

Los hesicastas aspiraban a la visión de la «luz del Tabor», luz
divina que penetra el mundo. Para mantener el dogma de la
inaccesibilidad divina, Gregorio Palamas (v.) propuso la distinción
entre la esencia divina y la energeia radiante sobre el mundo, lo que
motivó acerbas disputas. En Rusia, el h. estuvo representado sobre
todo por Nilo Sorskij (1508).

En los tiempos más recientes tuvo una gran importancia para el
despertar de la oración hesicasta la edición que hizo Nicodemo el
Hagiorita (m. 1809) de la Philokalia ton hieron neptikon, una
antología de los textos de los Padres bizantinos sobre la «oración del
corazón», editada en Venecia en el año 1782 (la última ed. se ha hecho
en Atenas, 1957 ss.; existen traducciones abreviadas en inglés,
alemán, francés e italiano). La más completa es la edición rusa hecha
por Teófanes el Recluso (Athos 1877).

Entre las prácticas de piedad propagadas por los hesicastas, ha
obtenido la más amplia difusión la «oración a Jesús» que es una
jaculatoria: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, tened piedad de mí
pecador». El rosario monástico griego y ruso consiste en la recitación
frecuente de esta oración. El Occidente ha conocido esta práctica por
medio de numerosas traducciones de los Relatos sinceros de un
peregrino ruso (la ed. rusa se hizo en Kazan en 1884).
BIBL.: Á. SANTOS HERNÁNDEZ, El Hesicasmo, en B. JIMÉNEZ DUQUE,
Historia de la Espiritualidad, III, Barcelona 1969, 26-120; I.
HAUSHERR, La méthode d'oraison hésychaste, Roma 1927; ID, Hésychasme
et priére, Roma 1966; íD, Noms du Christ et voies d'oraison, Roma
1960; G. WUNDERLE, Zur Psychologie des hesychastischen Gebetes,
Wurzburgo 1947; E. CANDAL, Esicasmo, en Enciclopedia Cattolica, V,
Ciudad del Vaticano 1950, 579-580; UN MONJE DE LA IGLESIA DE ORIENTE,
La priere de Iésus, 2 vol., Chevetogne 1951-59; J. LECLERCQ, «Sedére».
A propos de 1'hesychasme en Occident, en Le millénaire du Mont Athos,
I, Chevetogne 1963, 253-264; T. IPIDLIK, La doctrine spirituelle de
Théophane le Reclus, Roma 1965; P. ADNÉs, Hésychasme, en DSAM 381-399;
W. VóLKER, Scala Paradisi..., Wiesbaden 1968, 278 ss.

TOMAS SPIDLIK.
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

HESICASMO
VocTEO
El Hesicasmo es una forma de vida contemplativa en la que se busca la
comunión con Dios por medio de la soledad, en la hesychía, es decir,
en la tranquilidad interna Y externa y . en la oración continua. La
hesiquía en los autores espirituales indica al mismo tiempo
recogimiento, silencio, soledad exterior e interior unión con Dios.
Desde el punto de vista histórico, el hesicasmo va ligado a tres
aspectos distintos, pero interdependientes entre sí.
1. El primero se identifica con el origen y el desarrollo del
monaquismo oriental. La paz, la quietud, el silencio, eran el modo de
vivir del monje (monachus significa ("solitario»). En el desierto, el
lugar por excelencia de la soledad, el anacoreta (de anachorein,
"retirarse ») tenía que recogerse, encontrar el camino para entrar en
su "corazón» Y reunirse allí con el Señor a través de la fe, la
penitencia, el ayuno, la caridad y la plegaria. En el Gherontikon
(Vida de los Padres del desierto) se cuenta que, cuando el abad
Arsenio preguntó a Dios qué es lo que tenía que hacer para salvarse,
sintió una voz que le decía: ("Arsenio, huye, calla y practica la
hesiquía». Juan Clímaco consagra el famoso capítulo 27 de su Escala
del paraiso a la "santa hesiquía del cuerpo y del alma». He aquí cómo
define el ideal del hesicasta: " El hesicasta es el que dice: "Mi
corazón está firme" (Sal 57,8). El hesicasta es el que dice: "Yo
duermo, pero mi corazón vela" (Cant 5,2). La hesiquía es culto,
servicio ininterrumpido a Dios, que el recuerdo de Jesús haga una sola
cosa con vuestra respiración; entonces comprenderéis la utilidad de la
soledad».
Para Isaac el Monje o el Sirio (o de Nínive) la hesiquía constituye la
cima de la perfección y la "madre de la penitencia». Para Evagrio
Póntico, el gran maestro de la oración, es imposible ser monje sin
retirarse del mundo y sumergirse en la hesiquía: "No es posible tener
éxito en la vida monástica y frecuentar al mismo tiempo la ciudad en
donde el alma se llena de una muchedumbre de pensamientos variados que
le vienen de fuera», Para él la hesiquía es un "estilo de vida», es
una "ciencia» o arte, es la "gracia» de Dios. Le recomienda al monje:
"Haz todo lo que puedas, todo lo que te sea posible para vivir en la
hesiquía», Esta soledad, este retiro de los monjes del mundo y del
ruido tiene como finalidad la hesiquía interior que según I. Hausherr
se puede describir como algo que se refiere a la interioridad del
hombre, más que un modo de vivir o un estado de ánimo, Es el resultado
de un largo combate contra las pasiones, las agitaciones, las
preocupaciones mundanas. El fruto de todo esto es la amerimnía, es
decir, la gran serenidad de espíritu, la libertad de todos los afanes
terrenos, el "no preocuparse de todas las cosas de este mundo para
dedicarse sólo a Dios» (Doroteo de Gaza). La amerimnía conduce a la
nepsis, o "sobriedad». Se trata de una especie de ayuno espiritual que
consiste en guardar el entendimiento, la mente y el corazón sin
alterarse ni excitarse por las pasiones y distracciones, a fin de
permitir que el hombre permanezca en la oración. Es la actitud del
cristiano que debe siempre «permanecer en Cristo» (Jn 15,4), con todas
sus facultades, y constituye de por sí todo el programa de la vida
monástica: en la tradición bizantina a los santos monjes, maestros de
oración, se les llama precisamente «népticos». La nepsis va unida con
la prosoché Esta palabra significa atención. Se trata de la atención
del corazón, de la custodia del corazón.
2. Hesicasmo como oración continua.- Esta hesiquía interna no
constituye una finalidad por sí misma; el objetivo final es la unión
contemplativa con Dios a través de la «oración del corazón» o la
«plegaria de Jesús». Aunque este modo de orar se encuentra en los
Apotegmas de los Padres y en las Vidas de los Padres del desierto,
quienes lo han descrito con mayor perfección son los autores de la
escuela sinaítica de los siglos Vl y Vll, especialmente Juan Clímaco y
Hesiquio Sinaíta o de Batos (zarza). Sin embargo, los grandes maestros
de la oración hesicasta que crearon el método y sobre todo la teología
de la oración hesicasta son algunos autores de los siglos XIll y XIV,
especialmente del monte Athos. Recordemos algunos : Gregorio llamado
el Sinaíta (+ 1346), trasladó del monasterio del monte Sinaí la
"oración del corazón» al monte Athos. Nicéforo el Hesicasta, de origen
siciliano o calabrés, se convirtió a la ortodoxia y se hizo monje del
monte Athos; escribió un pequeño tratado titulado Sobre la custodia
del corazón, que es una obra clásica sobre la oración hesicasta. Del
siglo XlV es el tratado anónimo Método de la santa oración, atribuido
falsamente a Simeón el Nuevo Teólogo. Otro gran hesicasta es Teolepto,
metropolita de Filadelfia (1250-132415), que formó a enteras
generaciones en la plegaria hesicasta. Recordemos finalmente a los dos
monjes Ignacio y Calixto (siglo XIV), del monasterio "ton Xantho
poulon», llamados por eso Xantópoulos; parte de sus escritos sobre la
Oración hesicasta y sus presupuestos (esto vale también para los otros
autores citados) se encuentran en la colección de escritos Filocalia
(la palabra filocalia significa «amor a la belleza»), publicada por
primera vez en Venecia en 1782 por el monje Nicodemo Aghiorita
( 1749-1809), del monte Athos, y por el obispo Macario de Corinto
(1731-1805).
Algunas características de la oración del corazón son las siguientes.
Conscientes de la necesidad de orar continuamente, los ambientes
monásticos se preocupan de permanecer siempre en presencia del Señor
con oraciones sencillísimas o jaculatorias (monológicas). La fórmula
primitiva de esta oración parece ser el Kyrie eleison («Señor, ten
piedad»), cuya repetición constante en las liturgias orientales se
remonta a los Padres del desierto. La fórmula más común es: "Señor
Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador» (cf. Lc 18,13 y
18,38). Se trata del grito del ciego de Jericó que implora de Jesús su
curación. ¿Por qué se ha escogido esta fórmula y no otra? Los autores
espirituales responden que en esta fórmula existe en síntesis todo lo
que es necesario de parte de Dios y de parte del hombre para nuestra
salvación. La primera parte: "Señor Jesús, Hijo de Dios," constituye
el presupuesto divino de nuestra salvación; efectivamente, Jesús es
salvación, trae la salvación a todos los que lo invocan: «Todo el que
invoque el nombre del Señor, se salvará» (Hch 2,21). La segunda parte:
«ten piedad de mí», constituye el presupuesto humano, denota la
actitud fundamental del hombre frente a Dios. Se trata de la cosa más
importante de parte del hombre: la fe, la tranquilidad dentro de sí y
el espíritu de metanoia, es decir, de penitencia, de conversión. Es el
espíritu del publicano de la parábola de Jesús. La primera parte se
llama «oración de Jesús»; la segunda, «oración de compunción del
corazón».
3. Finalmente, el término "hesicasmo» va ligado a las disputas
religiosas suscitadas en Bizancio en tiempos de los Paleólogos (siglo
XIV), con su epicentro en Gregorio de Palamas y Barlaam de Calabria
(sobre este aspecto, ver Palamismo).
V. Spiteris
Bibl.: J Gribomont, Hesicasmo, en DPAC, 1, 1026-1027; T Spidlik,
Hesicasmo, en DE, 11, 231-233; Íd" Experiencia espiritual ortodoxa, en
T Goffi - B. Secondin (eds,), Problemas y perspectivas de
espiritualidad, sígueme, Salamanca 1986, 122-136; A. Santos,
Espiritualidad ortodoxa, en B. Jiménez-Duque - L. Sala Balust (eds,),
Historia de la espiritualidad, 111, Flors, Barcelona 1961.
especialmente 26-86.

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