nuevo caminante
unread,Dec 30, 2008, 8:46:50 PM12/30/08Sign in to reply to author
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to Meditacion y Oratioterapia en Managua y Medellin
Este es un documento original, que me dio la idea para iniciar este
grupo. Me parece que los cristianos tenemos unos medios fantásticos
para implorar a Dios la salud y vivir una vida plena según su
voluntad. Leelo y comentalo:
ORATIOTERAPIA: Experiencia comunitaria
MONJAS TRINITARIAS DE SUESA, CANTABRIA.
ECLESALIA, 23/01/07.- Docenas. Hay docenas de terapias para estar
mejor, para ser más felices, para solucionar conflictos personales que
se hacen comunitarios, sociales,...
Existe un porcentaje elevadísimo de personas que han hecho alguna
clase de terapia. Yo entro en el tanto por ciento. Cada día hay más
tipos: psicoterapia, logoterapia, auriculoterapia, risoterapia,
reflexoterapia, terapias de escucha, corporales, cognitivas, de
profundización, de comunicación, con personas, con animales, con
cosas, con elementos naturales,... breves, más largas, más o menos
intensas..., en grupo, individuales, con o sin deberes para casa...,
más o menos creativas, más o menos clásicas..., más o menos caras...
La variedad es increíble. El objetivo prácticamente el mismo.
Algo nos pasa si necesitamos tanta terapia y tanto terapeuta. Quizás
tenemos que acudir a un terapeuta para averiguar por qué necesitamos
hacer terapia... No sé.
¿Es bueno hacer terapia? Ni idea. No es malo ni bueno, es necesitarlo
o no. Y viceversa. Y no siempre. Depende, de según cómo se mire todo
depende, dice la canción.
Las terapias ayudan a parar el ajetreo diario, a dedicar un tiempo a
mejorar la calidad interior de nuestra vida. Obligan a hurgar en una
misma, a sacudir algunas alfombras viejas, a descubrir otros muebles
nuevos que no conocíamos y a pasar un trapo a parte del alma. Digo a
parte, no digo a toda el alma.
Para hacer este ejercicio de “empleada de hogar” es preciso cierto
silencio, algo de calma, bastante sinceridad e ir dejando de lado el
pudor, mientras se adquiere la capacidad de abandono. De esta manera
es más fácil investigar nuestros conflictos, reconocer su origen y
buscar la solución (si la tiene), para encontrarnos más livianas, más
libres, llenas de energía positiva.
Y, sin embargo, mi experiencia me enseña que las terapias tienen un
techo, un tope. Ayudan hasta un punto del cual ya no pueden avanzar
más. Por eso decía anteriormente que facilitan la limpieza de parte
del alma. Otra parte queda sin pulir. Pero indudablemente son el
comienzo de un nuevo camino. Y todo empieza por un principio.
Después de buscar, e incluso practicar, terapias y métodos que me
ayudasen a crecer, a solucionar conflictos personales, a liberarme de
ataduras propias y sociales, a sacudirme comportamientos adheridos con
el paso de los años..., he encontrado la que mejor me va. Se llama
“oratioterapia”. Es perfectamente adaptable a cualquier edad, no es
excesivamente complicada y, con el tiempo, puede hacerse en cualquier
momento y lugar, de hecho puede ser algo intrínseco a la naturaleza
propia.
Bromas aparte, en mis prácticas terapéuticas llegó un momento en el
que ya no sabía si me encontraba mejor por el ejercicio de reflexión o
por el ejercicio, más intenso, de la oración.
La oración, la “oratioterapia”, exige intimidad, discreción,
sinceridad, docilidad ante lo que puedas encontrarte en el avance de
la “terapia”. Conlleva silencio interior, confrontación con tu propia
realidad y con el yo imaginado y creado, el que se alza como un
gigante pero con pies de barro.
Sentarse a hacer oración significa derramar muchas lágrimas, descubrir
varios cajones revueltos y bastantes paquetes de regalos entregados en
nuestro nacimiento y aún sin desenvolver.
Es un misterio. La oración es misterio, apertura a la comunicación,
desarraigo. La oración es sanación, por eso es terapéutica, pero sin
techo, una especie de terapia infinita, en la que avanzarás tanto como
quieras avanzar, y siempre en compañía.
Comenzar un camino de oración, o retomarlo, no es sólo recitar
fórmulas ya aprendidas sino que es inventar palabras nuevas, saborear
frases que se han quedado vibrando en nuestra piel, que despiertan la
belleza que espera tras nuestra mirada. Dejar al alma deslizarse, como
la niebla sobre la ría, e ir haciéndola cálida y húmeda, fértil.
La mayor parte de las técnicas utilizadas en terapias son válidas para
la oración: la relajación, las visualizaciones, la introspección, la
confrontación, el ejercicio de la consciencia atenta y motivada, el
descubrimiento propio, los pensamientos positivos, la aceptación,...
todo entra en la “oratioterapia”, todo y más, porque aunque son
elementos útiles para la oración no son en sí oración.
La oración te religa con Alguien que está en ti y más allá de ti,
Alguien que te suscita preguntas y te sugiere respuestas, Alguien que
te desnuda y te cubre,... Alguien que te sana, que cauteriza tus
heridas, que las besa, en silencio, que no las borra pero sí las
cicatriza y honra. En las heridas está escrita una parte de nuestra
historia, ellas mismas son elemento constitutivo de la tinta con que
se ha escrito.
La oración es como la sal: intensifica los sabores, hace los alimentos
más sabrosos.
La “oratioterapia” es técnica viejísima, adaptada a lo largo del
tiempo, con diferentes métodos y corrientes, con distintos maestros. Y
siempre hay expertos ejercitantes dispuestos a iniciar y acompañar,
por ejemplo, monjes y monjas, verdaderos terapeutas y sanadores,
compañeros en el camino ajeno.
Invito, humildemente, a practicar “oratioterapia”, sin prejuicios, con
absoluta desnudez, olvidando lo que creemos saber. Acércate a alguien
que ore con las entrañas descarnadas, alguien que esté reconstruyendo
su vida tal y como un día la ideó Dios. Sé tú oración, para ti y para
otros. Ya sabes lo que se dice: “año nuevo, vida nueva”...
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus
artículos, indicando su procedencia).