MEDITACIÓN ORANTE DE LA PALABRA DE DIOS
“No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4, 4)
Dios se comunicó con su pueblo de diferentes maneras (Cfr. Hebreos 1, 1), y algunos hombres, especialmente los profetas, pusieron por escrito hace mucho tiempo las palabras del Señor; esos escritos son los libros de la Biblia. En Ezequiel 3,1-3.10 dice: “Y me dijo: «Hijo de hombre, come lo que se te ofrece; come este rollo y ve luego a hablar a la casa de Israel.» Yo abrí mi boca y él me hizo comer el rollo, y me dijo: «Hijo de hombre, aliméntate y sáciate de este rollo que yo te doy.» Lo comí y fue en mi boca dulce como la miel. Luego me dijo: «Hijo de hombre, todas las palabras que yo te dirija, guárdalas en tu corazón y escúchalas atentamente».” Comer este libro es saciarse, alimentarse de la Palabra del Señor, que es palabra dulce como la miel porque da la salvación. Guardar la palabra en el corazón es amarla, tenerla presente. Escucharla atentamente, es estar dispuesto a escucharla con alegría para aplicarla a los acontecimientos y situaciones de la vida. En el Congreso Bíblico Internacional sobre el tema “La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia” realizado en Roma en el 2005 con más de 400 estudiosos de la Biblia, Benedicto XVI exhortó a que la antigua práctica de la lectio divina, o Meditación Orante de la Sagrada Escritura se recupere en la práctica de la Iglesia ya que seguramente traerá una «nueva primavera espiritual». “No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino”, afirmó.
HISTORIA: La Lectio Divina hunde sus raíces en el Judaísmo, en el uso de la Sinagoga propia de los Rabinos y sus discípulos. En Nehemías 8 se relata una especie de Lectio Divina comunitaria, que en Jerusalén, al retornar del exilio en Babilonia, celebró Esdras, “Sacerdote y Escriba de la Ley del Dios del cielo” (cf. Esdras 7, 11-12). Es así que nació el Judaísmo rabínico. Más tarde, Jesús dirá a los judíos: “Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5, 39).
El término Lectio Divina es una expresión en latín que quiere decir una lectura meditativa y orante de la Palabra de Dios. Orígenes habla de una théia anagnosis: lectura asidua de las Escrituras, y según él supone un empeño particular de los sentidos espirituales para escudriñar los misterios escondidos en la Palabra.
En el siglo Xll viene Guido 11, abad de la Gran Cartuja, quien hace una descripción de la lectio en su Scala claustralium (PL 184 475-484), presentada como una carta al monje Gervasio. El autor habla de una escala de los monjes para subir al cielo. Enumera cuatro peldaños, que son la Lectio, la Meditatio, la Oratio y la Contemplatio.
Describe el sentido de cada uno de estos momentos de esta forma: “La Lectura (lectio) inspección cuidadosa de las Escrituras con entrega de espíritu. La Meditación (meditatio) es una actividad de la mente que con la ayuda de la razón busca la verdad escondida. La Oración (oratio) es un dirigir el corazón a Dios con el intenso deseo de evitar el mal y conseguir el bien. La Contemplación (contemplatio) es la elevación de la mente mantenida en Dios, que degusta las alegrías de la eterna dulzura... La lectura busca la dulzura de la vida feliz, la meditación la halla, la oración la pide, la contemplación la experimenta. Porque el mismo Dios dice: Buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá (Mt 7, 7). Buscad leyendo y hallaréis meditando, llamad orando y se os abrirá contemplando.”
Disposiciones previas: “Statio”
Hacer silencio: Silencio interior y exterior. Silencio de las cosas, de uno mismo, del propio corazón. Busca un sitio tranquilo. Respira profundamente, sin prisas, con profundidad. Siente la calma y cuando todo esté callado espera, pero no en una postura que te infunda sueño.
Pasaje: Antes de comenzar elige una cita bíblica a leer, es mejor que no sea un pasaje demasiado largo.
Versión: Es mejor una versión de la Biblia que tenga citas paralelas que te sirvan para confrontar tu texto.
Libreta de apuntes: Hazte un diario personal de “tus Lectios” y después disfrutarás releyendo lo que el Espíritu Santo te inspiró en otros momentos.
Invocación: Inicia con una invocación al Espíritu Santo. Puede ser la que está al inicio de este libro.
Pasos de la lectio divina
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II. Meditatio: Te preguntas: ¿Qué dice la Palabra que leí a mi vida concreta? ¿Qué iluminación trae la Palabra a mi realidad existencial de hoy? ¿Con qué personaje me identifico? Puedes escribirlo con rojo.
III. Oratio: En el momento que lo sientas puedes pararte y elevar la oración que el Señor te inspire. Puede ser que te sientes llamado a pedir perdón de tus pecados, o bien a dar gracias por el amor gratuito y profundo que Dios te revela en su Palabra, o a bendecirlo porque te ilumina una situación que te estaba preocupando en este momento. También puedes ponerla por escrito en el color que prefieras.
IV. Contemplatio: Haz silencio en la presencia del Señor Jesús resucitado. Contempla la obra que quiere realizar en tu vida. Ahora puedes contemplar, ver a los demás, a tu propia historia y a toda la creación con los ojos de Dios.
“La lectura lleva alimento sólido a la boca, la meditación lo parte y lo mastica, la oración lo saborea, la contemplación es la misma dulzura que da gozo y recrea” (Guido el Cartujo).
Pasos complementarios:
Ruminatio – acción de rumiar: se trataría de sacar una frase, o una palabra del rato de oración para ir repitiendo a lo largo del día, que nos vaya recordando lo orado en nuestra Lectio.
Collatio
– Puesta en común con hermanos de la comunidad: cuando se dialoga con otros la propia respuesta a la Palabra.