
La aprobación del presidente de la República habría caído 19 puntos durante este 2015, al igual que su credibilidad según un estudio realizado por la empresa Cedatos.
Adicionalmente, el 60 por ciento de personas encuestadas considera que la situación del país va por mal camino.
Los datos son parte de una muestra nacional de 2.122 hogares tanto de áreas urbanas como rurales de 23 ciudades de la costa sierra y amazonía.
El estudio revela una caída en la aprobación del presidente de la república Rafael Correa, que se sitúa en diciembre en el 41 por ciento, desde el 60% que registró en enero.
EL GRAN ECONOMISTA QUE SE CREÍA EL
INVENTOR DEL AGUA TIBIA, QUE "DESAZNABA" A LOS VIEJOS ECONOMISTAS
CALIFICÁNDOLOS DE MEROS CONTADORES, FRACASÓ COMO "MILAGROSO", FUE
BUENO MIENTRAS HABÍA RESERVAS EN EL BANCO CENTRAL Y CUANDO EL PRECIO DE
PETRÓLEO ESTABA EN PLENA BONANZA, HOY LO ÚNICO QUE SABE HACER ES METERLE LA
MANO AL BOLSILLO DE LOS ECUATORIANOS; SE ACABÓ EL MITO CORREA, Y HOY SOLO QUEDA
EL CUENTERO DE CARONDELET, SI TUVIERA UN
ÁPICE DE DIGNIDAD DEBERÍA RENUNCIAR, SEGURO QUE UN NIÑO DE 12 AÑOS, SABE CON
MÁS CERTEZA LO QUE DEBE Y NO DEBE HACER, QUE VERGÜENZA.
¿GRAN ECONOMISTA, PRESIDENTE?
El correísmo quedará en la historia como una
maquinaria de forjar mitos. Uno de ellos atañe al Presidente y él lo cultiva
con la pasión y con la minucia de un antiguo relojero: ser un gran economista.
Modestia aparte, aclara siempre con esas bocanadas de sinceridad que sus
contradictores no le reconocen.
En ese papel se instaló Rafael Correa desde que
Alfredo Palacio lo nombró Ministro de Economía en 2005. Desde entonces trató a
sus pares como ortodoxos roñosos. Simples contadores. Los organismos
internacionales mutaron –también todos– en aves de rapiña. La deuda externa la
volvió ilegítima. Y los poseedores de bonos los convirtió en pérfidos
mercaderes, en seres dedicados a vender la patria…
Desde la Presidencia se dedicó, en tono profesoral,
a desasnar a todo el mundo; sobre todo a los economistas. Y con ese aire del
tahúr que domina el juego, se empeñó en hacer creer que la bonanza económica
–que favoreció a toda América Latina– solo era ecuatoriana y tenía que ver más
con su talento que con la lluvia de petrodólares.
El precio del barril de petróleo a 90 dólares, en
promedio, hizo el resto: facilitó la preeminencia total del Estado como actor
de la economía, la castración absoluta del Banco Central, la desaparición de
todos los fondos de ahorro y contingencia, la creación de nuevos índices de
medición incompatibles con los estándares internacionales, la tesis jurásica
del desarrollo endógeno…
Los petrodólares auparon esa empresa de derroche
destinada a vivir del cuento. Se burló de los ortodoxos que, conociendo los
ciclos económicos, insistían en que su gobierno debía adaptar el modelo a la
talla real de la economía. No hubo forma: la crisis económica lo encontró dando
lecciones y proponiéndose como salvador de la economía de Grecia… Y la vieja
izquierda europea, esa de Jean-Luc Mélenchon, le compró el discurso.
La caída del precio de petróleo desnudó el teatro
de sombras que el correísmo construyó para perfilar sus mitos. Pero ni eso.
Cual artista cinético, sigue produciendo efectos ópticos para ocultar su
retorno, a pie juntillas, a las viejas fórmulas que tanto estigmatizó:
hipotecar el país, entregar a dedo pozos petroleros, agravar la deuda del
Estado, deber a los proveedores, negar su responsabilidad en la crisis…
Ahora es evidente que no hay gran economista, que
no hay milagro ecuatoriano, que el gran profesor solo es bueno cuando las arcas
públicas están rebosantes. Su mito duró lo que duró la plata. Correa, el
conservador impenitente, usó la franquicia de la vieja izquierda que nunca ha
sabido producir riqueza y es experta en socializar la miseria.
Esa es otra factura para la vieja izquierda que lo
acompaña. Su paso por el poder muestra la impostura de sus discursos. Correa,
que navega entre capillas políticas, sigue usando los reflejos condicionados de
esa izquierda autoritaria y burocrática que solo sabe hurgar en los bolsillos
de los ciudadanos formales para sostener su clientela política. La creatividad
de la que hace gala solo es eufemística: consiste en cambiar de nombre las
recetas tradicionales para reivindicar a voz en cuello que son revolucionarias.
Ese es el gatopardismo.
El fin del mito no hunde solamente a Correa: deja
sin piso a esa izquierda (la vieja derecha administra otras taras) que pretende
gobernar usando el discurso anticapitalista, antipatronal, antilucro… y que no
tiene respuestas para la sociedad contemporánea. Correa por ejemplo estigmatizó
el acuerdo comercial de Colombia y Perú con Europa. Recitó la prédica de la
vieja izquierda. Y tras casi cuatro años, requirió el apoyo de esos dos países
para subirse en el tren. ¡Cuatro años perdió el país con Europa!
El derrumbe del mito correísta, del gran economista,
de la vieja izquierda productora de milagros económicos, del correísmo como
vehículo hacia un futuro radiante… implica, al fin, la caída del Muro de Berlín
en Ecuador. Que esto ocurra 26 años después de ese hecho histórico, da cuenta
de dos realidades inquietantes: un retraso conceptual y político monumental en
Ecuador y una miseria escandalosa que puede ser (y ha sido) instrumentalizada
por la vieja derecha y la vieja izquierda: las dos populistas, las dos
autoritarias, las dos convencidas de que la sociedad solo es un cascarón vacío.
¿Gran economista, Presidente? ¿Todavía se lo cree?
Glas y el campo AUCA, o el negocio de perder
Ecuador perderá no menos de 350 millones por año al pagar 26 dólares por barril a Schlumberger.
Ponderando en números redondos y constantes las cifras de costos de producción y precio de venta del barril de petróleo en el presupuesto del 2016, el vicepresidente Jorge Glas, en el gobierno del presidente Rafael Correa, ha hecho uno de los peores sino el peor negocio petrolero de la historia. Veámos dos botones de muestra:
1. Pérdida por costo de producción: 350 millones por año
A una tasa de producción de 60.000 barriles/día el campo AUCA, produce 21´900.000 barriles/año.
En los términos establecidos en el contrato de entrega del campo, suscrito por el Vicepresidente Glas, el costo de producción reconocido a Schulmberger es de 26 USD el barril, Ecuador pagará a la empresa extranjera 569 millones de USD. En tanto que la misma producción por Petroecuador a un costo de 10 USD el barril, le costaría 219 millones de dólares. Es claro que Ecuador pierde en beneficio de la empresa extranjera no menos de 350 millones de USD. por año.
2. Pérdida por pago de 1.000 millones
Estimando la diferencia entre el costo de producción y el precio de venta de 9 USD por barril, comercializados al precio promedio de 35 USD, generarían un equivalente a 197 millones de USD año de ingresos fiscales. Para pagar los 1.000 millones que entrega Schulmberger al gobierno de Correa, Ecuador necesitará las utilidades de poco más de 5 años de producción.
A la misma tasa de producción en manos de Petroecuador y al mismo precio de 35 USD el barril, los 21´900.000 barriles/año que produce el campo Auca, costarían a Petroecuador 219 millones de USD y dejarían una utilidad de 547 millones año. Ecuador necesitaría menos de 2 años para pagar los mil millones.
Como diría Rafael Correa: "5 menos 2 es igual a 3. Verda?" Tes años de producción del campo significan 65 millones de barriles.
65 millones de barriles, al precio de venta de 35 USD/barril. equivalen a 2.275 millones de USD.
ing. Msc, Luis Antonio Aguirre Abad
Ingeniero Electrico