0 views
Skip to first unread message

LUIS ANTONIO AGUIRRE ABAD

unread,
May 1, 2016, 7:36:36 PM5/1/16
to

Imágenes integradas 1

¡AY RAFA!

Imágenes integradas 2

Por Adrian Zabala


“En estos casos hay que mostrar un fuerte liderazgo” Así justificó el presidente Correa la amenaza de meter presos a los damnificados que protesten por la falta de ayuda del gobierno. Liderazgo es lo que dice tener el presidente cuando impone su voluntad, cuando los esbirros cumplen sin chistar las órdenes y los caprichos de quien se cree un predestinado.


Resulta aberrante observar que los altos funcionarios del gobierno encargados de coordinar las acciones humanitarias, se permiten mentirle al país inundando las redes sociales con mensajes en los que se adueñan de las labores de los voluntarios y de las donaciones de la sociedad civil. Sin pudor, sin una pizca de vergüenza, sin la menor contemplación, sacan pecho mostrando fotos de algo que no hicieron, ofendiendo la buena voluntad y la inteligencia de los ecuatorianos.


Pero mientras los ciudadanos entregamos nuestro aporte solidario, mucho o poco, los damnificados están pasando penurias, hay quejas de que no se reparte con la debida celeridad comida y agua.


Existe información que las bodegas de acopio están llenas pero las personas afectadas por el terremoto tienen que esperar por horas para recibir algo. Se dice que hay carpas almacenadas en una escuela pero no se las entrega dejando que los damnificados duerman a la intemperie o en albergues improvisados sin las debidas condiciones de salubridad. Los voluntarios son víctimas de vejámenes por parte de funcionarios del gobierno.


El presidente de la república se queja de que las latas de atún no van a reparar las carreteras. Otros funcionarios de medio pelo repiten su discurso insultando la muestra masiva de fraternidad y solidaridad demostradas  por los habitantes de todas las ciudades del Ecuador.


El presidente de la república, en medio de la tragedia, decide convertirse en actor, cambiando sus expresiones y sus dichos según la escena que le toca interpretar.


El terremoto se dio mientras estaba en Roma hablando de una encíclica, el presidente de un estado laico en cosas de curitas. Inmediatamente lanzó un trino afirmando que la cosa no es grave, que en otras partes un terremoto de esa magnitud lo hubiera destruido todo. Ya en el Ecuador dijo que no se imaginaba que el asunto era así de terrible. Dijo que las edificaciones que se desplomaron fueron construidas antes de su gobierno. Dijo que el gobierno ha reaccionado mejor que Japón. Todo esto lo dijo, y más, siempre con la modestia aparte.


Salió en pos de fama y aplausos. Se trepó a los escombros que sepultaron a seres humanos para ser fotografiado en las poses más diversas para que la propaganda revolucionaria tenga suficiente material para mostrarle al sufrido Ecuador. Se jactó y justificó la compra de aviones. Demoró en recibir la ayuda de los Estados Unidos. Prefirió ensayar su rol de víctima para decirnos que sí el señor Guillermo Lasso viaja en avión privado él también tiene derecho a hacerlo, que no puede volar en clase turista, ni tampoco viajar por tierra en una Flota Imbabura. Mientras se quejaba de las donaciones de latas de atún, banqueteaba con todos sus esbirros en un hotel de lujo en Manta.


Dolido, muy dolido, por la tragedia; luego de ver que todo estaba en el suelo ¡Lloró! Sí, el hombre que ha pulverizado la institucionalidad del país, el hombre que concentró todos los poderes en su puño cerrado ¡Lloró! Las cámaras captaron esta desgarradora escena y sus trolls se encargaron de darle ánimos en las redes sociales bajándole despacito al nivel de los simples mortales. Se quebró cuando el país necesitaba de mayor fortaleza, demostró su debilidad no ante la tragedia, sino ante la incompetencia, ante la improvisación, ante la insensatez. Prefirió buscar lástima, antes que reconocer su total y absoluta incapacidad para afrontar esta desgracia.


Lengua y propaganda. Rafael Correa lo arregla todo con lengua y propaganda. Con estas dos herramientas ha subido a las cumbres del Olimpo. Por eso ha ordenado que los títeres de la Corte Constitucional den paso al pedido de la Pame. Rafael Correa está huyendo y lo hace de la forma que le resulta más cómoda: con una campaña electoral. Huye de sus responsabilidades pasadas, presentes y futuras. Huye hacía la recolección de firmas, huye hacia las tarimas, hacia los micrófonos, hacia los spots de televisión.


 En medio de la tragedia que enluta al Ecuador, en medio de la carencia de liquidez, Rafael Correa quiere mandarse un referéndum, quiere que sus huestes salgan a decirle al país que vote para darle el gusto de ser candidato de nuevo. Rafael Correa, cuando los muertos por el terremoto aún no han sido sepultados, quiere gastarse varios millones de dólares convocando a las urnas para dirimir un asunto intrascendente. El CNE aprobará las “firmas” que presenten la Pame y compañía, será un nuevo record de la revolución ciudadana: recoger más de un millón de firmas en 30 días.


Si me lo piden entregaré mi firma para que Correa pueda ser candidato nuevamente, me gustaría mucho verle recorriendo el país que destruyó, me gustaría mucho ver cómo es recibido en cada pueblo y en cada ciudad. Me gustaría mucho escucharle vociferar que él es el mejor presidente que ha tenido el Ecuador. Me gustaría mucho escucharle decir a un montón de desempleados y desamparados que no jodan, que no se quejen, que no lloriqueen, que usen la tarjeta de crédito, que solucionen sus problemas. Pero esto solo es un deseo. Correa no quiere ser candidato ¡Correa está huyendo!

 


--

INEPTITUD TELEVISADA

Imágenes integradas 3

Por Estuardo Melo


Mejor que un aporte de víveres o rescatistas, habría sido contar con asesores y expertos que pongan las pautas para un manejo correcto de una situación catastrófica, que evite mayor dolor a la población civil. El desorden y la improvisación no tienen cabida. Peor el desperdicio de recursos mal administrados.


Al parecer, el gobierno piensa que entregar raciones, es la solución para la catástrofe, pero de inmediato hace los números para obtener recursos. Ya que la Patria quedó previamente en zoletas, su mirada se enfoca en crédito e impuestos los únicos temas a tratar a raíz de la baja de los precios del petróleo. Lo que un inepto causó y la consecuencia que nos vemos obligados a afrontar.


Miles de ecuatorianos afectados, primero por la pérdida de sus familiares, amigos y seres queridos, luego porque quedaron sin un techo dónde guarecerse y finalmente, porque desaparecieron sus alternativas de subsistencia. Gente deambulando desorientada, que no tiene otra respuesta que una ración, a pesar que tiene derecho a una asistencia digna frente a su sufrimiento y su tragedia.


Nada se ha dicho tampoco de las probables pérdidas de cultivos y piscinas, ocasionadas por el movimiento telúrico, que debe significar un baja productiva importante.


Pero que es lo que realmente obtienen. Un tremendo desorden, un caos organizativo que transgrede el mínimo respeto que el país le debe a las víctimas directas de la catástrofe, que comienza con la inexistencia de fondos para operar las estrategias y protocolos pertinentes, un apoyo ciudadano real que llega a los lugares, pero pésimamente manejado por los entes gubernamentales. La Secretaría Nacional de Riesgos virtualmente desaparecida, cede sus atribuciones a un pull de ministros incompetentes. Instituciones de papel. De qué se trata, de no ceder populismo? Un ministro experto en raciones, otro en detenciones, uno más en donaciones y un fiscal operando protocolos de muerte.


Es claro que cuando trabajan entre cuatro paredes y gobiernan, el resultado es igual de improvisado, mal pensado y aleatorio y por eso las consecuencias de la primera crisis, contaminan a la segunda. Una profunda depresión económica como secuela del mal manejo de una enorme fortuna, golpea a ecuatorianos que claman por respuestas inmediatas.


Esta vez, la atención humanitaria para las víctimas, se muestra en incontrovertibles imágenes de improvisación, falta de organización y administración de recursos, que enfrenta organizadores ineptos con ineficiencias, equívocos e improvisación Un caos espantoso que ofende a los ecuatorianos. Qué sería de ellos sin el aporte de un voluntariado no gubernamental nacional y extranjero. Un gobierno sorprendido, inseguro de lo que debe hacer, sorprendido de espaldas a los hechos.


Es que el gobierno, no ha podido coordinar  con eficiencia la atención y poner al servicio de los damnificados, las facilidades mínimas que ellos requieren, a pesar que el aporte ciudadano e internacional, fue inmediato.


Porque debían activarse protocolos censales paralelos, que determinen las condiciones de los lugares afectados, valoración preliminar de la pérdida, los heridos, los muertos y los habitantes que requieren asistencia. Mapas de las poblaciones que señalen el estado de la infraestructura, las edificaciones y sus habitantes.  Previsión en caso de alto riesgo.


Era fundamental, contar con un plan de operaciones de emergencia para rescate de personas atrapadas, retiro de cadáveres y remoción de escombros, con equipo humano y material apropiado y no lo que se hizo, convertir las acciones de rescate en otra de generación espontánea, sin orden, sin planificación, sin técnica.


No hubo respeto al rescatar personas ni al remover cadáveres.






LUIS ANTONIO AGUIRRE ABAD

unread,
May 11, 2016, 1:23:32 AM5/11/16
to


Imágenes integradas 2



Una banda de delincuentes que no supo gobernar


Por Emilio Palcio

Semanas atrás, el periodista argentino Jorge Lanata preguntó por Twitter: “¿El kirchnerismo fue un gobierno que se dedicó a delinquir, o una banda de delincuentes que trató de gobernar?”


No me quedó claro si lo preguntaba en serio o sólo con la intención de ridiculizar a la pareja de criminales que usurparon el poder en la Argentina para incrementar su fortuna personal de 7 millones a 100 millones de dólares.


Para mí, la pregunta de Lanata es muy importante. Desde hace nueve años vengo escuchando toda suerte de consideraciones sociológicas sobre Rafael Correa y Alianza País: “populistas”, “fascistas”, “comunistas”, “neoliberales disfrazados”. Ninguna me ha convencido, aunque todas recojan, lo reconozco, alguno de sus rasgos.


“¿Acaso no es evidente que más bien son una banda de delincuentes avezados, disfrazados de políticos?”, me dije a mí mismo muchas veces, sin profundizar realmente en el tema. Más urgente que bautizar a la plaga, me parecía, era difundir el remedio para exterminarla.


La pregunta de Lanata, sin embargo, me hizo volver al tema, y esta vez me puse a estudiarlo en serio.


Así me encontré con la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, más conocida como la Convención de Palermo.


Dice la Convención: “Por ‘grupo delictivo organizado’ se entenderá un grupo estructurado de tres o más personas que exista durante cierto tiempo y que actúe concertadamente con el propósito de cometer uno o más delitos graves o delitos tipificados con arreglo a la presente Convención con miras a obtener, directa o indirectamente, un beneficio económico u otro beneficio de orden material”.


Tome nota el lector que la pandilla de ladrones que aterroriza su barrio no es un grupo delictivo organizado, según la Convención de Palermo, porque sus miembros se juntaron de manera fortuita, a veces no son los mismos, y no cuentan con una jerarquía y funciones claramente repartidas.


En cambio, Alianza País encaja perfectamente. Sus dirigentes no constituyeron un movimiento estructurado, con directivas y comités, para promover el comunismo (o el capitalismo, o la ideología que fuese) sino para repletarse los bolsillos. No construyeron carreteras, hospitales y escuelas (de mala calidad, ahora sabemos) para consolidar un proyecto político en serio sino para cobrar comisiones ilegales. No nos endeudaron hasta el cogote para financiar cierta vía al desarrollo sino porque la plata del petróleo no les alcanzaba para sus viajes de placer, sus fiestas y comilonas.


Rafael Correa y el intento de arrancarle 80 millones de dólares a El Universo; Ricardo Patiño y la Narcovalija; Vinicio Alvarado y los contratos con empresas de relaciones públicas; Alexis Mera y su participación secreta en el juicio contra la Chevron; Camilo Samán y sus exportaciones de urea. El asalto a los fondos del IESS, del ISSFA y de los gobiernos seccionales. Los dos aviones del presidente.


Los sobreprecios. La “refinería” del Aromo. ¿Cómo debemos llamar a todo eso? ¿Operaciones políticas?, ¿o delitos para enriquecerse?


Los grupos delictivos organizados emplean un enorme poder de fuego y una violencia desproporcionada.


Los garrotazos contra la oposición, los crímenes del 30 S, los asesinatos de Jorge Gabela y Fausto Valdivieso, la criminalización de las protestas sociales, la prisión de Galo Lara, no se hicieron con armas clandestinas sino con armas del estado, pero su propósito no fue imponer un modelo económico equis sino atornillar a esta mafia a la ubre de petróleo de la que mamaban.


Alianza País se presentó como el partido de los pobres, pero lo mismo hizo Pablo Escobar, que para llegar al Congreso de Colombia repartió dinero entre los más necesitados de Medellín, y la mafia italiana, que en sus orígenes se presentó como protectora de los desvalidos.


Muchos miembros de base de Alianza País desconocen las verdaderas intenciones de su organización, pero así ocurre también con las mafias que se disfrazan de sectas religiosas para encubrir el lavado de dinero y el fraude en gran escala. Alianza País, si se mira bien, es más una secta religiosa que un movimiento político, con sus cantos, sus rituales sabatinos, su fe ciega, su obediencia incondicional y su profeta.


Pero la faceta más triste de esta historia es el fracaso absoluto de esta mafia a la hora de gobernar, es decir, a la hora de llevar al país en determinada dirección. Nunca tuvieron eso en mente, y por eso acabaron arrastrándonos a un abismo, del que nos costará muchísimo salir.


Días atrás, el periodista Fernando Villavicencio propuso conformar una Comisión de la Verdad -cuando el correísmo haya terminado- para revelarles a los ecuatorianos todo lo que se hizo a sus espaldas.


Conoceremos entonces la lista completa de delitos de esta mafia que quiso gobernar y no pudo: peculado, cohecho, concusión, enriquecimiento ilícito, narcotráfico, tráfico de influencias, testaferrismo, defraudación tributaria, defraudación aduanera, simulación de exportaciones e importaciones, encubrimiento, lavado de activos…


https://www.emiliopalacio.com/18-mar-2016.-una-banda-de-delincuentes-que-no-supo-gobernar.html



Imágenes integradas 1

Última carta (30): Usted es una estafa política, Presidente

Publicado en mayo 9, 2016 en La Info por José Hernández


Presidente,


Última carta de esta serie que buscaba ser una experiencia epistolar y, sobre todo, periodística. Escribir al Presidente es escribir sobre el Presidente. Se ha probado que con usted se puede hacer, en ciertos días, varias cartas. Eso ocurre porque es demasiado visible, preponderante, determinante e imprescindible en este gobierno. Todo.


Escribir sobre usted es intentar reflexionar sobre el poder y sobre su relación con la sociedad. Es un tema cardinal. Usted ha exacerbado muchos de los rasgos de la sociedad.


Ha puesto en jaque algunos, ha agravado otros. Estas cartas han querido mostrar, entre otras cosas, que usted representa un poder con características desconocidas en Ecuador.


Ningún poder, ningún Presidente, había logrado llenar tantos campos en el ramillete de imaginarios del país. Usted fue una esperanza para reinventar la política, el perfil de líder, el rumbo económico, la idea de justicia y equidad; muchos creyeron que con usted se modernizaría la cultura, florecerían las minorías, el país se conectaría con las nuevas corrientes mundiales, los temas de género, ecología, nuevas libertades tendrían espacio en las agendas públicas…


Usted llenó muchos campos porque había muchos vacíos. Y, al igual que Mauricio Rodas, que cree que es alcalde de Quito por sus méritos y no por hartazgo, usted se equivocó: pensó que la confianza monumental que los ciudadanos depositaron en usted incluía el pedido de llevarlos a la fuerza al supuesto socialismo, del cual usted se siente un precursor.


Usted, en vez de transformar las agendas de los ciudadanos en espacios de interacción e interlocución con ellos, creyó que su tarea era borrarlos del escenario y crear la ficción de que usted debía ser poder y sociedad al mismo tiempo.


Usted representa un poder desconocido en Ecuador porque su proyecto es la mayor estafa política de la historia. ¿Quién le dijo, Presidente, que el ecuatoriano promedio aspira a vivir como en Cuba? Si hay millones afuera, sobre todo en Estados Unidos, es precisamente por lo contrario: porque creen en ellos. En su esfuerzo. En sus sueños. Porque arriesgan sin esperar nada del Estado. Eso hacen los migrantes del mundo entero. ¿Quién lo convenció, Presidente, de que un proyecto, nacido de los movimientos sociales, debía convertir a los ciudadanos en clientela suya? ¿Quién le dijo que el sueño de este país, pacífico y con tantas agendas de integración pendientes, era levantarse unos contra otros?


Su gobierno ha tardado en desmoronarse y usted cree que es por las razones que expresa su propaganda. La razón quizá está en otra parte: su poder no depende de una amalgama política de fuerzas. Su poder es la expresión de la mayor confluencia de imaginarios (sociales, políticos, culturales, interculturales…) en décadas en Ecuador. Eso y no sus habilidades; eso y no el supuesto genio de sus publicistas, lo cubrió de teflón durante años.


Usted no entiende de esas cosas. Usted creyó que esas razones lo autorizaban a cristalizar sus pretensiones autoritarias. ¿Se equivocó el país que, cansado y ávido de cambios depositó en usted toda la confianza y lo hizo a ojo cerrado? Usted lo estafó. Pero como se trataba de imaginarios, de convicciones, de fe casi ciega, la erosión que usted sufrió fue leve y lenta. Usted creyó que su tarea era hacer obras, como cualquier alcalde. Y agregó su conservadurismo impresionante y su perfil de autoritario enardecido. Usted creyó que podía canjear esas obras por poder absoluto. Y el país lo toleró. La historia lo recordará como un mandatario 4×4, híper activo y terriblemente reaccionario.


Su ciclo acabó Presidente, como terminó el de Hugo Chávez y los Kirchner. La pelota ya no está en su campo, donde solo hay angustia por tapar los huecos, comprar tiempo y cubrir la retirada. El problema –enorme problema– lo tiene la sociedad que tras haber puesto todo en sus manos y percatarse de la estafa política, no sabe cómo enfrentar su decepción y desasosiego. Muchos siguen creyendo que hay que golpear las puertas de los cuarteles, maldecirlo o cerrar los ojos y soñar que algún día amanecerá otra persona en Carondelet…


Más que usted, que tiene mucho pasado y un tris de futuro, es la sociedad la que tiene todas las papas calientes en sus manos. Es pensando en ella, Presidente, que este pelagato escribió esta serie de 30 cartas que hoy termina.

Foto: Presidencia de la República


--


Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages