Walter Spurrier Baquerizo

Domingo, 29 de mayo, 2016 - 00h14
Y más impuestos
En mayo entraron en vigencia los impuestos a las bebidas y telefonía empresarial, que recaudarán $ 41 millones mensuales y financiarán el incremento en el rol de pagos del sector público.
En junio entra el alza del IVA, el impuesto adicional al salario y aquel al patrimonio, entre otros, supuestamente para atender la emergencia del terremoto, aunque ya hay desembolsos de los organismos multilaterales que cubren el costo fiscal de la crisis.
En julio, entra la prórroga de la salvaguardia; el recargo arancelario a las importaciones, incluso de bienes de capital para la producción, no irá a devolver los impuestos a las exportaciones sino a financiar el gasto burocrático.
En su Informe a la Nación, el presidente anunció dos nuevos impuestos, una elevación del ya considerable impuesto a la herencia y otro adicional a la plusvalía. Habrá un recorte simbólico del gasto público, unas pocas entidades, de las cuales una que no debería irse, la Secretaría Técnica de la Superintendencia de Poder de Mercado.
Lo que nos espera: un año más de impuesto tras impuesto, con el objetivo de mantener el gasto burocrático a expensas de la población no cobijada en el presupuesto. Para los trabajadores por cuenta propia, menos trabajo e ingresos, y más impuestos. Para los empleados privados, empleo en peligro y más impuestos. El objetivo de preservar el empleo público se justifica si se trata de maestros, policías y otros que sirven a la ciudadanía; mal en cuanto favorece a la obesa administración central.
El vicepresidente y postulante a la candidatura presidencial de Alianza PAIS sigue soñando con la Refinería del Pacífico. Lo que trasciende es que se busca financiamiento de un consorcio chino-coreano. De concretarse, la deuda pública externa escalaría a niveles insostenibles, en aras de un proyecto muy riesgoso. Si quieren la refinería, vendan el proyecto: que una multinacional privada o estatal china la construya para convertirla en centro regional de servicios petroleros. Pero no se conoce que haya tal interés, que lo hubiera habido años atrás cuando se inició el hoy agotado auge petrolero.
Todo gobernante recurre al Informe a la Nación para destacar su desempeño. Pero nuestras máximas autoridades describen un país muy distinto de aquel en que viven, angustiados, los ecuatorianos que no gozan del amparo del Presupuesto del Estado. Los gobernantes pudieron dedicar unos pocos minutos de sus extensas alocuciones a evidenciar que se percatan de la existencia de una crisis, y esbozar alguna salida.
Por la
falta de ingresos petroleros está deprimida la inversión estatal, por lo tanto
hay menos liquidez y menor consumo de hogares. Lo que cabe es favorecer las
exportaciones, así como el ingreso de capitales privados para la inversión.
Todo lo contrario, el presidente retoma su hostilidad a la empresa privada.
Incluso desechó la cautela que exhibió en los últimos meses respecto al sistema financiero: “Yo no confío en los bancos privados”, sentenció mientras promovía la moneda electrónica que gestiona el Banco Central.
Estamos abocados a un año en compás de espera. El arranque de una política de reactivación nacional se pospone al próximo 24 de mayo. (O)
Francisco Febres Cordero

Domingo, 29 de mayo, 2016 - 00h14
La martesina
¡Qué repetida que estuvo la martesina! Digo, porque fue una sabatina, pero en martes. Otra vez con público, con cantos y con tarima. Y con banda. No pues con banda de música, sino con banda presidencial que estaba cruzada sobre la camisa étnica del excelentísimo que, en un arranque de sinceridad, confesó que de esas tenía solo dos. ¡Pobre! Qué descamisado que ha sido. Si está de que antes de irse a Bélgica se mande a hacer otras dos, por lo menos. Y que se lleve la banda, porque el que le sucede puede creer que la banda viene con dictadura incluida.
Lo cierto es que el excelentísimo estuvo con el tema del ahorro. ¿Sí se dieron cuenta? Casi al principio dijo que si los 16 millones de ecuatorianos contribuimos con un centavo diario durante los 365 días del año, podemos ahorrar 60 millones, con lo cual se podrían construir no sé cuántas escuelas, no sé cuántos hospitales. Solo con un centavo diario, imagínense, podríamos tener una cantidad muchísimo mayor de lo que él se gastó en un solo día en su martesina, que costó solo 60 mil dólares. O sea casi gratis. Es que ¡cómo ahorra!
Como estaba con la taranta de la plata, dijo que él ganaba poquito. Y así mismo ha de ser, si tiene solo dos aviones étnicos. Ay, no, dos camisas quise decir. Lo que no dijo es cuál era el sueldo de otros funcionarios, como el del rector de Yachay, por ejemplo. O de esos muchos otros que tienen a toda su familia enquistada en cargos públicos.
Pero si
el pobrecito tiene solo dos camisas, corre a cargo del Estado el pago de
decenas de guardaespaldas que no le desamparan. Y cuando viaja al exterior, va
con un séquito para el que se necesitan dos aviones: uno en el que va él y otro
que le va siguiendo, llenecito de invitados.
Dijo también que, como no le gusta el lujo, ha cambiado las vajillas y los muebles de la presidencia, porque él es bien ahorrativo. Así mismo, como aumentó a treinta y pico el número de ministeriotes y creó cientos de institucionsotas con siglas imposibles, ahora va a suprimir unas cuantas subsecretaritas, embajaditas y viceministeritos, porque, luego de diez años, se ha dado cuenta de que resultan innecesarios. ¡Cómo ahorra!
Lo que más me gustó fue el momento en que, después de hablar sobre el ahorro, dijo: “seguiremos derrochando esperanza”. ¡Ay, ojalá! Porque la esperanza es lo único que le queda por derrochar, una vez que ya derrochó mil doscientos millones en la refinería de El Aromo y mil ochocientos en la refinería de Esmeraldas, derrochó en la vía Collas que es la más cara del mundo, o en el aeropuerto de Santa Rosa. Por derroche, no le ha faltado, como se puede ver ahora en la publicidad que derrocha para hablar de lo mucho que hacen él y el Glas por las víctimas del terremoto. Ah, pero esas publicidades creo que no son gastos sino derroche de esperanza, ¡qué alivio!
Lo demás de la martesina ya sabemos: vivimos en el mejor país del mundo, sin violencia, sin funcionarios ladrones, con justicia independiente, con prensa corrupta, con educación, con salud, con carreteras, con hidroeléctricas, todo lo cual nos demuestra que esta ha sido una década ganada. Y cierto es eso: ¡Cómo han ganado los de la revolución ciudadana derrochando esperanza! (O)

ing. Msc, Luis Antonio Aguirre Abad
Ingeniero Electrico