
Mauricio Gándara Gallegos
Sábado, 23 de enero, 2016 - 00h07
Festejo fúnebre
No fue el discurso otrora conquistador de la revolución ciudadana; no se hizo ya la consabida, triunfal e irrespetuosa referencia de Chávez a la espada flamígera de Bolívar recorriendo los países de América. No fue un discurso de fiesta, no; fue un discurso defensivo, justificativo de la situación de angustia económica a la que él nos ha conducido. Dijo, el líder, con una desconocida humildad, que ahora se completarán todas las obras iniciadas y solo empezarán nuevas con financiamiento internacional. Llamó a defender los logros de la revolución, no a profundizarla, menos a avanzar.
Disfrazó las enmiendas constitucionales, que tienen el único propósito de eternizarlo en el poder, como tendientes solamente a extender los derechos de los ciudadanos. Fue un discurso para curarse en salud, anticipando que la campaña electoral que se avecina “será muy sucia”. Aunque hubo este y otros amagos combativos, como el de refutar todas las infamias, puede decirse que fue el discurso de un hombre en retirada.
No es para menos, son varios los tremendos factores negativos que gravitan sobre él:
Es que la revolución ciudadana, el socialismo del siglo XXI, se bate en retirada en América y en el Ecuador. Después de las derrotas en Argentina y Venezuela y la lúgubre realidad y perspectiva que vive en Brasil, el Gobierno del Ecuador ve cada vez más reducido su horizonte, es mayor su aislamiento.
En medio de la debacle económica, financiera, pensando de dónde obtener recursos para cada fin de mes, debe ser angustioso buscar un candidato potable a sucederle. El temor de perder lo condujo a renunciar a su candidatura inmediata y el candidato por el que se decida deberá enfrentar las elecciones cuando la crisis económica sea más profunda. Se recordará que, cuando en mucha mejor situación de popularidad y credibilidad personales, perdieron sus candidatos a alcalde de las grandes ciudades.
Podría decirse que no solamente fue el discurso de un hombre en retirada, sino el de un hombre desconcertado. ¡Solamente así puede entenderse que una persona doctorada en economía se torne en promotora de tarjetas de crédito como solución para los que pierden su empleo, es increíble!
El resto del discurso estuvo bajo el patrón de siempre, de su aberración de considerar a la prensa como su principal enemigo. Conminó a sus partidarios a no retroceder un milímetro en “avances” como la Ley de Comunicación. Teme la verdad, no quiere ver la tenebrosa realidad. Una de las mayores manchas de su gobierno ante la posteridad será la de haber pretendido silenciar a todo el mundo por el temor, por medio de ese laboratorio de venenos, esa fábrica de insultos, que es la Secom.
El Ecuador vive uno de los momentos más difíciles de su historia: un penoso presente y un incierto futuro. Todo esto es responsabilidad de un solo hombre. No oye a nadie y no comprende que no es tiempo de festejos; su revolución ha fracasado. Estamos inmersos en el cortejo fúnebre del correísmo que nos conduce a la ruina, no cabe continuar. Nuestra salvación depende de nosotros mismos, de los ciudadanos comunes. ¡Debemos actuar! (O)