De la Tumba de nuevo a la Vida.
La muerte en vida es donde no existe ni el deseo de poseer conocimiento, ni las ganas de descubrir, ni de ayudar a otros a expresar sus sentimientos más profundos .
En este estado sombrío, un viento helado sopla en el alma y la hace moral, tan violento y frio es ese viento, que en un momento es capaz de destruir personas, naciones y reinos.
Cuando es deseo de aprender reina, ¡sucede una cosa asombrosa! Qué va más allá de lo comprensible, un muy pequeño grupo de hombres y mujeres son capaces de cambiar a toda una Nación o incluso a todo el Mundo hacia el progreso, el oscurantismo se dispersa entonces.
Esto sucede porque hombres libres y de buenas costumbres, son capaces de difundir la Gran Luz del Conocimiento, y tienen tanta fuerza que contagian de buen ánimo a otros miles de seres humanos.
En verdad existen hombres y mujeres que han descubierto y compartido la fuente inagotable que le da Vida al Mundo Entero .
Porque la Masonería es progreso constante, que funciona en mujeres y hombres habidos de ser útiles a los demás. Cuando un masón se convierte en artista de la Vida, dice: Empezando con la materia prima del alma humana, esculpimos algo que corresponde a nuestras más altas aspiraciones, a nuestra comprensión de lo que es útil, a nuestra destreza para hacer el bien y a nuestra sensibilidad, no de lo que es el ser humano, sino hasta dónde puede llegar a Ser …
Esta tarea masónica de transformación es imperativa en nuestra vida masónica. La Masonería que pretendemos presentar es abierta y accesible a todos, sean masones o no, damos las herramientas para iniciar esa profunda transmutación de las Sombras hacia la Gran Luz, de la Tumba Mundanal Ilusoria a volver a la Vida Real Alcoseri
Mira. ¿Qué ves? -Veo a una dama sentada en un trono.
Un servidor se acerca a ella. Le ofrece una copa, pero la dama le recibe de muy malos modos. No duda en rechazarle de un puntapié en pleno pecho. –
¿Qué piensas tú de ello?
-Ingratitud, dureza de corazón, violencia gratuita... Es lo que hay que evitar, ¿no? –
¿Estás satisfecho de tu interpretación?
-No digo que estas tachas no sean dignas de consideración, pero sin duda hay algo más.
Pienso... pienso en todas esas escenas en las que vemos un enfrentamiento entre nobles personajes y servidores traidores. –
¿No son normalmente rechazados así estos servidores? -Rechazados... cuando faltan a su palabra y a su función. ¿No será este hombre el servidor traidor? –
Lo es, en efecto.
Es desleal. Ha faltado a la palabra dada. No reconoce la calidad de la Dama sentada en el trono, el alma viva de todas las cosas. Al traicionarse a sí mismo, se extravía.
Fíjate en la copa que derrama.
No es un objeto corriente.
Se trata del recipiente que contenía el elixir de la inmortalidad, el que nos somete a la prueba de la verdad. Ese hombre no quiere adentrarse por el camino del descubrimiento de sí mismo. No toma el brebaje que le haría morir a la muerte y nacer a la vida.
Piensa que es mejor derramar la copa antes que conocerse tal como es.
Se rebela contra la dimensión iniciática de la vida.
Pero la Dama rechaza fácilmente el asalto del infiel.
Ella, sin ningún arma, tiene fuerza bastante para alejar de sí tanta violencia, tantas reacciones incontroladas. –
¿Tan frágil es la iniciación?
-El alma de la iniciación, en apariencia tan frágil, tan ínfima respecto a lo ingente de las pasiones destructoras del hombre, posee en realidad un poder que la vuelve indestructible.
Nadie podrá acabar nunca con la iniciación.
-¿No sostiene el agresor un pergamino? –
Cree haberse hecho con el libro del mundo, el que contiene los secretos de la vida.
Cree que podrá utilizarlo en beneficio propio sin haber prestado, sobre la copa, el juramento que le habría llevado por el camino de la transformación.
Pero yerra. Lo que tiene en sus manos es un libro mudo, del que no comprenderá jamás ni una sola palabra. No ha aceptado someterse a las pruebas que la Dama le pedía afrontar con humildad, por lo que será condenado a la ignorancia estéril.
-En El Apocalipsis se recomienda al justo que no tema las pruebas que le aguardan. Si sigue siendo fiel hasta la muerte, recibirá la corona de la vida.
-Sí, permanecer fiel a la vida en espíritu: es un compromiso difícil, que exige una vigilancia constante. El servidor indigno trata de usurpar la corona de la Madre de los Constructores, que no pertenece a nadie.
Ésta es el símbolo de la unidad comunitaria donde cada uno ocupa su debido lugar ejerciendo su función. ¡El primer obstáculo es la infidelidad! Era algo inesperado, en un mundo como el nuestro en el que la fidelidad está casi considerada como un sentimiento inhabitual, incluso inútil.
Acaso porque nuestro mundo no tiene ya una clara conciencia de la importancia de la iniciación. -El segundo obstáculo –dijo el Hierofante . -Para mí -repuse yo observando la escena esculpida en la piedra- es un suicidio. Este hombre que se traspasa el cuerpo con la espada es evidente que pone fin a su vida. -Si se eligió esta escena fue porque nos hace percibir las razones de semejante acto.
Y sobre todo para ubicarlo en el camino iniciático. Este «suicidio» es la expresión de una voluntad negativa. La voluntad de destruir la parte divina que hay en todo ser. Como puedes ver, para una cofradía iniciática, el hombre que se quita la vida es el que ha desatendido durante demasiado tiempo su luz interior.
-¿Es verdaderamente responsable de ello? -Se ha limitado a sufrir la vida, a merced de sus pasiones y reacciones. Llega un día en que los fantasmas resultan demasiado agobiantes. No es ya capaz de transformación, pues ha desatendido los símbolos.
Acaba huyendo de sí mismo. No siente ya la menor comunión con el universo y el prójimo. A fin de evitar la insoportable tensión nacida de su vacío interior, decide eliminar el «instrumento» más precioso que exista, su propia conciencia.
Se convierte en el mal obrero que rompe su herramienta de trabajo. Convierte su espada en una guadaña de muerte. Cree que así es posible destruir la parte divina que le planteaba demasiadas preguntas irresolubles.
Este personaje ha sido descrito por el poeta Antonio Plaza, cuando habla del combate entre la Paciencia y la Cólera. Echando espumarajos por la boca, esta última, por más que golpee a la Paciencia, no logra hacer mella en su coraza. Cada vez más furiosa, la Cólera acaba hiriéndose a sí misma con su espada. Si mal no recuerdo, la Paciencia victoriosa dice: «La furia loca es su propia enemiga, se da muerte por su propio frenesí y muere por sus propias armas». -La Paciencia de la que hablas no es una cualidad banal. La verdadera Paciencia es la que permite al iniciado soportar el peso del mundo sin desmoronarse, igual que este pilar soporta el peso del mensaje sin complacencias de lo que nos ofrece. «Contra el Sabio, el tigre no puede emplear sus uñas ni el soldado quebrar la punta de su espada. ¿Por qué? Siguiendo el Camino, el Sabio que está en la tierra no puede morir». Estas palabras de uno de mis Hermanos chinos nos índica el medio de escapar a este suicidio, ¿no crees? -Esta escena -le dije yo observando la representación del tercer obstáculo- no es difícil de interpretar. ¡Como representación del detestable personaje del avaro no puede estar mejor! Éste llena su arca de monedas de oro con la mayor codicia imaginable. Una vez haya cerrado la tapa, nadie podrá acercarse al tesoro. Por si ello no bastara, encima trata de meterse algunas monedas en las faltriqueras de su traje, como si no quisiera perder ni una migaja de esa fuente de riquezas. Estamos muy lejos de la caridad. -¿A que caridad te refieres? Si no se trata más que de hacer el bien con las riquezas materiales que se poseen, no es el remedio de la avaricia el que se opone a nuestro progreso. -¿No será la caridad el don de sí, el compromiso del ser entero con el conocimiento? . -Algo así, creo yo. Pero tendremos que dialogar con la Caridad cuando hayamos progresado mucho más en nuestro camino. Primero tenemos que salir victoriosos de nuestro combate con el avaro. -¿Y si los tesoros que amasa no fueran tales tesoros? ¿Y si no acumulara más que la nada en su arca tan bien cerrada? -¡Tal es a menudo el caso! Este avaro es esclavo de falsos valores que ocupan su pensamiento. No se interesa más que por la adquisición de bienes viciados, acumula lo que es la causa de su muerte. Es él mismo quien echa un cerrojo a su conciencia y la cierra con doble vuelta. Pronto perderá la llave y perecerá asfixiado. Más le habría valido visitar el mercado de Atenas con el viejo Sabio y decir con él: «¡Cuántas cosas que no necesito!». Pero este avaro no es lo peor. -¿Es peor aún, así pues, amasar verdaderas riquezas? -Guardárselas para uno. Acuérdate de los fariseos y de todos aquellos a los que simbolizan, de todos esos hombres que detentan una parcela de verdad y rehúsan transmitirla para disfrutar mejor de ella en su soledad. Las riquezas acumuladas se convierten en un dragón monstruoso que se arroja sobre el avaro y lo devora. -Los Antiguos siempre condenaron estas malvadas riquezas. Es a ese avaro, ¿no es cierto?, a quien se dirigen las terribles palabras del Apocalipsis: «Conozco tu conducta y que no eres ni frío ni caliente; mas porque eres tibio y no eres caliente ni frío, estoy para vomitarte de mi boca. Porque dices: Yo soy rico, me he enriquecido, y de nada tengo necesidad, y no sabes que eres un desdichado, un miserable, un indigente, un ciego y un desnudo; te aconsejo que compres de mí oro acrisolado por el fuego, para que te enriquezcas de verdad». -Se trata -observó Pierre Deloeuvre- de transformar unos metales impuros en sustancia creadora, en un sol interior. El oro de los iniciados no es el metal de los mercaderes. Es el cuerpo de la luz, el esplendor de la vida, el signo de lo imperecedero. -Los egipcios decían que el oro es la carne de los dioses. Era él el que iluminaba el santuario secreto de los templos, el sanctasantórum. Alumbrar y traer al mundo son una misma y única palabra en la lengua jeroglífica. -Es la luz la que confiere vida a la piedra -dijo el Maestro de Obras-, la luz que está en manos del escultor. Por eso se aprende a recrear una mano de oro, que transforma en luz la materia que trabaja. -O dicho de otro modo, ¡lo contrario de la avaricia! -Es preciso entrar en la morada del oro, pero desposeído de todo. Allí donde brilla el oro de las estatuas es el lugar donde el hombre se despoja de sus falsos valores para encontrar la verdadera riqueza. -Cada templo egipcio -añadí yo-, tenía una morada del oro, donde se traían al mundo las estatuas. En tanto no recibían la luz, éstas no eran más que materia inerte. -Tienes la suerte de poder dialogar con el antiguo Egipto y de hablar su lengua. Esos constructores cuyo pensamiento evocas dijeron grandes verdades. Sabe que son nuestros padres. -Había un gran dignatario, de nombre Rejhmire, lo que significa: «El que conoce como la luz». Poseía una tumba magnífica en Tebas. En uno de sus muros, hay la representación de un hombre con un rostro de una increíble serenidad. Se diría que tiene los hombros cubiertos de placas de oro. -Cuando se vence la avaricia, el hombre puede convertirse el mismo en símbolo. Cuando el maestro acoge al postulante en el templo, al término de las pruebas, le expresa toda su alegría y le ciñe en un abrazo de oro. -Ahora comprendo mejor las palabras pronunciadas por la diosa Isis, palabras grabadas en la tumba del gran sacerdote Petosiris: «Renuevas la vida por medio del oro que sale de tus miembros». -El oro ha seguido siendo el símbolo de los tesoros espirituales, pues los antiguos Maestros eran comparados a montañas de oro que iluminaban toda la Tierra. -Este oro, que el avaro no podrá nunca guardar bajo llave su arca, ¿no es acaso nuestro fuego interior? -El Paraíso está aún aquí en la Tierra. Pero el hombre está lejos de él, mientras no se regenere frotando su carne con el oro de los sabios. El Génesis nos enseña que el hombre, no el individuo, fue creado a imagen y semejanza de Dios y formado con polvo. A él regresará, ciertamente. Pero, tras su iniciación, será un polvo de oro. El hombre profano, el que no ha nacido realmente, va del polvo material hacia el oro vulgar. Unos pesados párpados ocluyen su mirada. -¿No eran los Maestros de Obras también un poco alquimistas? -Naturalmente. La alquimia individual se fundamenta en unos secretos técnicos que el Maestro no comunica más que a su discípulo. Pero existe también una alquimia comunitaria, y los símbolos de esta ciencia sagrada están presentes a todo lo largo del camino de la Sabiduría. Incluso cuando estos tesoros caen en manos del avaro, éste no sabe qué hacer con ellos. Pero hay obstáculos peores. -Ahora veo un personaje que se prosterna, las manos juntas, delante de un ídolo monstruoso que se yergue sobre un pedestal. Ya observé este personaje en París, Amiens y Chartres. Los historiadores del arte hacen de él la imagen de la idolatría. Mas para un enamorado de las civilizaciones antiguas este término no significa gran cosa. -Para todas las iglesias, el idólatra es el que adora «iglesias» heréticas. ¡Una buena víctima para condenar! Por desgracia, esta actitud implica una doctrina que pretende detentar la verdad total y definitiva. Has de saber que los constructores de templos no han sido jamás ni doctrinarios ni fanáticos. Para ellos la religión cristiana es un alimento espiritual como cualquier otro. Con tanta más razón cuanto que el cristianismo romano no es el único. -¿Cómo enfocaría usted la idolatría en tales condiciones? ¿Cómo una creencia ciega? -Pienso que la idolatría contra la cual se nos pone en guardia es un mecanismo mental que deforma nuestra inteligencia y la vuelve incapaz de percibir el valor de los símbolos. Es confundir la idea encarnada en la obra y la forma de la obra. El idólatra se mantiene dentro de una catálogo de ideas fijas y no se mueve ya de allí, por temor a ver evolucionar sus creencias. -Toda adquisición no revivificada desemboca en una esclerosis. Lo que es verdadero a propósito de las ciencias más materiales debe serlo tanto más en el orden de la iniciación. -La mirada del idólatra se endurece, su reflexión se torna un cascarón vacío. Privado de sabia, es esclavo de las imágenes fugitivas, sin reparar en las señales que Dios ha diseminado por el mundo. -¿No se acerca esto a las tretas del diablo? ¿No es él quien inspira todas las idolatrías? -El diablo es apresurarse. El viaje iniciático es largo. No puede tenerse en cuenta el factor «tiempo». El que tiene excesivas prisas no soporta vivir lejos de una certidumbre, de algo seguro a lo que poder aferrarse en cualquier momento y circunstancia. ¡Pero qué importan los días y las noches pasadas estudiando, buscando, comprendiendo y no comprendiendo! Lo esencial es vivir el vínculo de unión con el mundo cada vez más intensamente. Entrar en el corazón de esta piedra que nos habla. -La búsqueda de la verdad no es una competición deportiva. Pero ello es difícil de aceptar hoy en día, en nuestra civilización de diplomaturas y de títulos. -El iniciado no tiene ni diplomatura ni titulo alguno. Y los iniciados no están clasificados unos en relación a los otros. Es cierto que nuestro tiempo idolatra las diplomaturas que permiten a veces a la incompetencia actuar con absoluta impunidad. -¿No será también idolatría el tomarse uno mismo en serio? ¿Y tomarse en seno los juicios de valor de nuestra época? -El diablo es aquel que actúa aviesamente, tratando de desviar del recto camino. Es verdad que la risa espanta al diablo. Si no te tomas en serio, si no te detienes en tus éxitos, no tienes por qué temer a los idólatras. Pero hay cosas más temibles que estos seres sin alma. -¿Más temible, por ejemplo, esta joven que se contempla en un espejo? Una cortesana, la frivolidad, la seducción, la lujuria... todas tendencias que evocan a la prostituta del Apocalipsis, la que hace comer carnes impuras a los siervos de Dios. -No andas del todo equivocado, pero hay mucho más que eso. -¿El espejo? -¿Cuál era su nombre entre los egipcios? -me preguntó Fierre Deloeuvre. -El espejo se llamaba «Abridor-del-rostro», siendo también sinónimo de «vida». Hace que los objetos se revelen, que cobren vida. -Pero no sólo transmite la imagen del mundo visible. El espejo es también el medio de obtener un reflejo perceptible del mundo invisible. Nuestro universo, decían nuestros padres, es el inmenso espejo de Dios en el que podemos conocer la Sabiduría. Nuestra visión intelectual es indirecta. La visión intuitiva nos permite pasar a través del espejo y comprender la realidad más allá de sus reflejos. El astrólogo dirige su espejo hacia el cielo y no hacia su propia persona. «Si el agua calma permite reflejar las cosas», explicaba Chuang Tsé, «¿qué no puede la serenidad de espíritu? ¡Qué sereno está el espíritu del Sabio! Él es el espejo del universo y de todos los seres». -Un personaje curioso que yo estudié, un alquimista llamado Zosimo de Panopolis, afirma que el que se mira en el espejo de la Verdad no mira las sombras, sino la luz que ellas ocultan. -No como nuestro personaje -observó Fierre Deloeuvre-. Lo importante de su espejo se le escapa, puesto que se contempla a si mismo en vez de observar el universo. Se condena a un egocentrismo estéril y esterilizante. Ya que has recordado a los alquimistas, que tanto frecuentaron nuestras comunidades, tal vez sepas que hablaron del espejo y de su papel en la preparación de la Obra. Sobre todo, ¡no nos contemplemos en él por el simple placer de admirarnos! El alma que se mira en el espejo alquímico descubre sus imperfecciones. Es esa mirada valiente la que la purifica. -Pero ¿esa purificación debe tener una finalidad? -Que la mirada nazca del espejo y no del hombre profano. Esa contemplación no se realiza en el reino de las sombras. Nos libera de los lazos del narcisismo, esa otra forma de suicidio. -Lo que vemos en el espejo, ¿es nuestra partícula de luz? -Sí, es lo que, en nosotros mismos, es mas que nosotros mismos. ¿Que es el Espejo de los Sabios sino una forma del espíritu en su pureza originaria? Cuando un hombre se mira en el y se ve tal como es, no teme ya ni a dioses ni a demonios, no es esclavo de ningún vicio ni de ninguna virtud. -Esto me ha hecho recordar un proverbio árabe: «Ni vicio ni virtud cruzaran la puerta del Paraíso». -Los iniciados del Islam afirman que el espejo está situado por encima de siete puertas y de siete mansiones. Es él, en verdad, el que permite ver el Cosmos en su armonía, tanto en sus siete planetas como en sus doce signos. Desde que nos habíamos puesto a hablar del espejo, una idea me inquietaba interiormente. Las últimas palabras de Pierre De-loeuvre abrían tantos horizontes que me sentí en la obligación de intervenir, de hacerle partícipe de mi objeción. -Me parece -le dije- que salimos del mundo de los obstáculos. No hablamos ya del egocentrismo estéril, sino del Cosmos, no... -No hay otro medio de llevar a cabo las pruebas -me interrumpió Pierre Deloeuvre-. Describirlas, llamarlas por su nombre, conocerlas es esencial. Lo que nos interesa no son los obstáculos en sí mismos, sino las fuerzas de vida desviadas que encarnan. Unas fuerzas que uno entrevé a pesar del velo que las recubre. A condición -continuó con benévola pero perceptible ironía- de no venirse abajo a la primera manifestación de lo invisible. -¿Se refiere a esa liebre? -pregunté yo mientras contemplaba el sexto obstáculo-. ¿Y a ese caballero atemorizado que huye a causa de este animalillo, llegando incluso a abandonar su espada? ¿Cómo es posible caer en semejante cobardía? He visto esta escena antes en otras catedrales, en París, en Amiens, en Char-tres. en Reims. Me sorprende volver a encontrármela aquí, de tan inverosímil como parece. -No lo creas. La cobardía es un fenómeno frecuente en el camino de la Iniciación. El hombre encargado de desempeñar una función tan importante como es la de caballero le teme a un animalillo inofensivo porque se hacía ilusiones acerca de su propio valor. -La liebre es un animal nocturno, acostumbrado a las tinieblas. ¿No saldrá de una de esas extrañas florestas donde los caballeros partían a la ventura? -Sin ninguna eluda, y eso hace más clara y manifiesta aún la cobardía de aquel que se ha adentrado en el bosque de los símbolos sin preparación, sin un verdadero deseo. ¡Cuántas declaraciones no ha hecho! ¡El era el más fuerte, iba a vencer de un simple capón a los monstruos mas horribles! Y aquí tienes el resultado. Un conejo que sale de un matorral y nuestro caballero, gran iniciado en teoría, se echa a temblar de miedo y abandona sus armas. -¡Esto recuerda algunos casos sorprendentes, incluso entre los «maestros espirituales» de más renombre! -Sobre todo entre estos. No existen los maestros espirituales. No existen más que Maestros de un oficio que transmite una sabiduría y una experiencia vivida. El temor del caballero caído no es otro que la negativa a vivir la aventura iniciática, porque exige que uno mismo se ponga en tela de juicio. Para afrontar los verdaderos peligros y alcanzar las verdaderas victorias, en primer lugar es preciso abandonar nuestras falsas seguridades. -El hábito no hace al caballero, en el presente caso. Parece haber sido iniciado, haber ceñido la espada, pero todo ello no era más que puro teatro y mascarada. -Por eso la cobardía es un obstáculo tan importante en nuestro camino. Entre los iniciados que franquearon las primeras puertas no faltaban los usurpadores. Pero cuando se encontraron con esa desgraciada liebre, este signo vivo llegado del fondo del bosque mágico, la superchería quedó al descubierto. No hagas como ellos. Prepárate para la venida del Maestro espiritual, reconócelo en todas las criaturas. Si sigues siendo auténtico frente a ti mismo, no serás nunca un cobarde. Auténtico, cueste lo que te cueste y tendrás que pagar un muy alto precio en un mundo en el que la cobardía y las evasivas han sido elevadas al rango de valores respetables. -Conservar la espada, no soltar la propia arma, ¿no es acaso el mejor medio para no huir? -En el camino iniciático. engañarnos a nosotros mismos queriendo engañar al prójimo no lleva sino a la muerte. Conserva tu espada de luz y se un guerrero. Necesitarás todo tu valor para superar el séptimo obstáculo. El que nos separa de la puerta del templo. Impresionado, contemplé el ultimo obstáculo. Una escena violenta, brutal como la caída definitiva en un abismo. -Veo a un caballero desarzonado por su cabalgadura. Conozco esta escena, pues la vi dibujada por el Maestro de Obras Billares de Honnecourt en su cuaderno de croquis. Existe en otras catedrales. -¿Indica una interpretación? -Si. explica que hay que representar así a la Vanidad. Los antiguos la describían caracoleando montada sobre un furioso caballo, clavándole sin cesar la espuela al pobre animal y arrojándose sobre su enemigo, la Humildad. Pero la Vanidad fue la primera en caer de cabeza en una zanja, entre grandes gestos descompuestos. Ese fue, pues, el obstáculo supremo. Un orgullo desmesurado. -¡No confundas orgullo con vanidad! La vanidad es nada y muerte. Vanidoso es aquel que parte a la ventura empeñándose en llevarse con el todas sus imperfecciones. Se imagina que su sola presencia bastará para superar cualquier etapa. Pero el caballo, el mundo de los instintos, desarzona violentamente un pensamiento inarmónico. El vanidoso desconoce la labor que hay que llevar a cabo. -¿Qué entiende usted por orgullo? -El orgullo es el valor del viajero que no se confiesa nunca vencido ante el misterio. Para cabalgar como es debido sobre el caballo que le lleva hacia el templo, alimenta su fuego interior por medio de un orgullo noble, el deseo de renacer, de recrearse, de vivir la iniciación en este mundo y desde este mismo momento. No olvides que los siete obstáculos no son nunca definitivamente superados. Reaparecerán en cada nueva etapa de nuestro camino. Tenlos presentes en tu conciencia. Pero has de saber que nosotros somos los primeros responsables de nuestras flaquezas. Todas las dificultades se desvanecerán si somos capaces de imponernos a nosotros mismos. Ya ha llegado la hora de interrogar al Árbol Seco. Dejamos el pilar de las siete pruebas para dirigirnos hacia el octavo de los treinta v tres grados de la Sabiduría.
ten siempre ante tus ojos estos mandamientos del apóstol Pablo para no caer en esta trampa
El Principito de Saint-Éxupéry visto desde un punto de vista Masónico.
Hace muchos años leí el libro “El Principito” , de eso hace casi 50 años , capte poco o mucho, no lo sé , no lo recuerdo , en realidad me llegó tanto o quizá menos, como a otros que evidentemente si les llegó hasta al alma.
Hoy por la Madrugada no podía dormir , por un fuerte dolor que me recorría por todos los huesos del cuerpo, tal vez secuelas de un contagio de Covid-19, lo cual fue leve seguro gracias a que tome Equinácea diariamente por 30 días , pero desde entonces por las noche con frecuencia me ataca un fuerte dolor de huesos y articulaciones a esto tome hoy por la mañana Ácido hialurónico y me alivió mucho, a esto luego me recosté , pero puse en audio libro a el Principito, y de forma relajada lo escuche por creo casi 2 horas , a esto ahora trato de relacionar este libro con la Masonería.
Creo todos los masones y hermanos no masones hemos leído El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. A mi me lo regaló una Tía llamada Alicia que fue enfermera del Hospital MUGUERZA en Monterrey hasta principios de los años 70´s . – muchos hicimos que le leyeran este librito a nuestros hijos, y ahora me gustaría lo leyeran mis nietos. Este bello cuento nos asombró con su épica y sabiduría y muy a menudo tenemos un grato recuerdo de un cuento simple pero profundo, conmovido y idílico. Luego muchos relegamos este libro a una caja junto con otros libros ya leídos. Para muchos es un pequeño libro de menor trascendencia , sin mucha profundidad. Pero que me dirás al respecto … ¿Es realmente una historia para gente seria?
El Principito no es un texto para gente adultamente seria. Las personas adultas y serias son aquellas para quienes la vida se trata solamente de vacío poder material, luchas sin sentido , prerrogativas huecas, posicionamiento en las elites de hipócritas , reconocimientos absurdos , fuerza sin propósito , vanas influencias políticas , competencia para aplastar a los demás , donde el que triunfa es el que más oprime a los demás . Nosotros los Masones no somos personas serias, somos hombres libres de los complejos de la gente adulta, esa es la diferencia, y a través de nuestro enfoque masónico tenemos otras líneas de investigación, otros caminos para lograr metas , otra forma de concebir la vida y darle sentido a las cosas pequeñas, por eso este libro “El Principito” no es para gente adulta ...
Hoy 6 de marzo de 2021, me sorprendió al escuchar este versión En Audio Libro en YouTube , cerciorarme cuánto este libro se apegaba a nuestro verdadero ideario masónico , es esta una historia épica poética muy afín a nuestra investigación y a nuestro estado de ánimo en Logias .
Cheque por Google y Antoine de Saint-Exupéry no fue masón , y como no me gusta la expresión sobre -utilizada de que era un masón sin mandil, que para mí esa expresión no significa absolutamente nada, solo argumentaré que el enfoque de Antoine de Saint-Éxupéry en este ensayo es un enfoque de búsqueda de su esencia infantil , recordemos que los masones en realidad no pasamos de la alegórica infantil edad de 7 años
Repasa los defectos propios de lo que hace que nuestra condición de laicos y el principito sea solo una representación alegórica de sus pensamientos y sus preguntas, que muchos seamos masones o no nos llegamos a hacer . Estoy resumiendo la historia para aquellos que la han olvidado. Un aviador se avería en el desierto, una voz desconocida lo cita y le pide que le dibuje una oveja. Con esta voz es la aparición repentina del frágil y dulce niño de aproximadamente 7años. A través de sus preguntas que parecen ingenuas e insistentes, nuestro aviador se verá obligado a reconsiderar su concepción del mundo, su análisis de los valores humanos a la luz de las reflexiones del niño, seguramente su niño interior, la avería del avión , para muchos podría ser la quiebra de su empresa , un fracaso amoroso, la pérdida de un ser querido, momentos que nos hacen reflexionar .
El principito, como lo llama el autor, es el habitante de un diminuto planeta imaginario perdido en el universo; el niño por alguna supuestamente llegó del cielo y piensa que la tierra está desierta a excepción de este aviador. Con este niño, nuestro hombre redescubrirá la configuración del mundo en su concepción esencial, y se percatará de las fallas y preocupaciones inútiles de nuestra sociedad.
Finalmente el niño redescubrirá el significado de la amistad, el amor y el valor de las virtudes humanas para nuestro piloto perdido en medio del desierto. Mi propósito en este momento no es contarle a usted la historia. O lo sabe, o lo descubrirá leyendo este librito; mi intención es poner mi dedo señalando en la construcción de este libro y tratar de aunar los elementos que lo componen con nuestra filosofía masónica. Al principio el narrador está solo, aislado de todo, preocupado por una tarea secular muy importante que condicionará el resto de su existencia, un asunto de vida o muerte y, en esta preocupación esencial, se escucha una vocecita que parece hacer preguntas insípidas sin ningún fundamento real.
Este principito podría ser nuestra consciencia, nuestro reflejo interior y, al transponer, el desierto se convierte en el vitriolo de nuestra personal cámara de reflexiones masónica , donde todo se pondrá en orden, donde poco a poco las cosas tomarán su lugar correcto, donde lo esencial será tomar el lugar de lo inútil. Por supuesto, este cuento filosófico tiene su propia naturaleza, no se trata de vincular todo a nuestro enfoque, pero usa el símbolo como lo hacemos nosotros para interpretar mejor las cosas, seguramente un taoísta , un rosacruz, un sufí , un gnóstico , un chamán acomodará esta historia de “El Principito” a su filosofía iniciática, o bien cualquier persona acomodara esta historia a su propia visión .
En el preámbulo el autor nos advierte sobre el aspecto falaz de las supuestas verdades, nos advierte que veamos debajo de las cosas el significado oculto, de alguna manera la idea debajo del símbolo. El ejemplo del sombrero, que no es otro que la representación de la boa que se tragó un elefante, es una demostración deliberadamente burda de ello. El hecho de que el principito venga de otro planeta no es fortuito, la historia posiciona al lector frente al universo y redimensiona la condición humana y si los planetas de los que nos cuenta el niño son muy pequeños, lo es para entender mejor cómo nuestro ego no guarda proporción con la realidad de las cosas. Aquí estamos de vuelta en el mundo iniciático y el universo simbólico.
No te fíes de la apariencia: el descubrimiento del planeta del principito no fue realmente reconocido y aceptado cuando le pusimos las formas adecuadas para que fuera aceptado, recordemos que al Plutón lo dejaron de catalogar como planeta por sus pequeñas dimensiones, seguro en el sistema solar habrá pequeños planetoides con algún tipo de atmosfera ... Así somos los hombres nunca nos hacemos las preguntas verdaderamente esenciales. Si hablas con un amigo de tu infancia , nunca se preguntan cosas como : " ¿Sigue viva tu esencia infantil? ¿Sigues jugando igual a cuando niño ? ¿Coleccionas aun canicas?". ". No, en cambio, si te encuentras con un amigo de la infancia es: " ¿Cuánto Ganas a la quincena? ¿Dónde vives ahora? ¿Cuántos hijos tienes?" ". Entonces, si le dices a un adulto sea masón o no : " La prueba de que el principito existió en la Realidad es que era encantador, que se reía y que quería una oveja ... Cuando quieres una oveja, es cuando incluso la prueba de que existimos es verdad". ", El adulto se encogerá de hombros ... Pero si le dices:" El planeta del que vino es el asteroide B612 ", entonces se convencerá y te dejará en paz. A mí me llegó a la mente antes de escribir esta reseña , de que ¿cuántos millones de dólares habrá ganado Antoine de Saint-Exupéry con su libro el Principito? Eso evidencia que estoy contaminado con la influencia mundana , que pone de relieve lo material sobre lo espiritual.
A través del Libro El Principito , el autor nos hará viajar por los planetas que forman el universo del niño y podremos considerar este viaje como una especie de viaje iniciático, un viaje que enfatizará tanto los deberes que enfrentamos con nuestro propio mundo como las fallas de nuestro propio mundo. Enfrentando este libreo a Nuestra personalidad (superando tus pasiones, sometiendo tu voluntad). Recordemos cómo el principito cuida su planeta antes de partir barriendo sus volcanes y evitando que las semillas del árbol baobab destruyan la pequeña tierra que tiene. La oveja adquiere entonces todo su significado y el bozal que el piloto ha prometido dibujar para la oveja evitará que la rosa sea devorada porque hay una rosa en el planeta del principito ...
Ahora recuerdo a mi tía Alicia , la que me regaló el Libro “El Principito” y que era enfermera del Hospital Muguerza ,ella me decía que yo era un personaje extraño, dadas las historias que yo le contaba , porque desde niño yo era muy dado a contar historias para ella muy extrañas
Volviendo a el libro El Principito , la rosa en su planeta no está ahí sin razón, símbolo del amor y del renacimiento, tiene su lugar en su mundo. Él mismo admite no haberle dado toda la importancia que merecía, habiendo tomado sus reservas y observaciones por caprichos cuando solo era amor y devoción, él mismo admite: " No pude entender nada entonces, debí haberla juzgado por las acciones". y no con palabras ... Debería haber adivinado su ternura detrás de sus pobres trucos.". El principito nos cuenta cómo dejó su planeta. Continuamos con él el viaje para descubrir planetas en manos de hombres prejuiciosos. Un rey que reina sobre todo, pero no tiene súbdito, un vanidoso que no oye más que alabanzas, un bebedor que se avergüenza de beber y que bebía para olvidar que estaba avergonzado, un hombre de negocios ocupado con cosas serias: cuenta las estrellas para apropiarse de ellas y hacerse rico. Al final del viaje y antes de llegar a la tierra una última parada en el planeta del farolero que, aunque prisionero del orden, se ocupa de algo más que él mismo y el del geógrafo que tenía como ambición cotejar hechos sin verificándolos.
En el sexto planeta habita un Geógrafo, que al ver al Principito, se le ocurre que podría convertirse en explorador, para ir a localizar ríos, montañas, mares, etc. El principito, le pregunta qué planeta le recomienda para ir a visitarlo. El geógrafo, le dice que el planeta Tierra tiene buena reputación.
El geógrafo aconsejó por tanto al principito que fuera a visitar un séptimo planeta: era la Tierra. Y esta tierra es el séptimo planeta, esto no es un accidente. La llegada del niño al desierto lo hizo consciente de la relatividad de las cosas, encontró el mundo vacío cuando no lo está y las rosas abundantes mientras pensaba que la suya era única en su género pero comprendió muy rápidamente lo que hacía que su rosa fuera única, su relación y el amor que le tenía. Es extraño, pero toda esta historia me devuelve al ritual masónico : no basta con que el hombre esté en presencia de la verdad para que le resulte inteligible. La luz solo ilumina la mente humana cuando nada se opone a su resplandor. Mientras la ilusión y el prejuicio nos cieguen, la oscuridad reina en nosotros y nos hace insensibles al esplendor de la verdad. Esto es algo de lo que el autor intenta enseñarnos en este cuento. No iré mucho más lejos en la historia, pero me referiré a la reunión del principito y el zorro. La delicadeza de la historia explica bien cómo nace y se nutre la amistad, esta necesidad recíproca de amor, de reconocimiento que también brinda la fraternidad y que es fermento y viático esencial de la búsqueda masónica. Dómame , dijo el zorro, mi vida será vacía , solo sabemos de las cosas que domesticamos .... Verás tu rosa de nuevo y entenderás que es única en el mundo pero me referiré sin embargo al encuentro del principito y el zorro. La delicadeza de la historia explica bien cómo nace y se nutre la amistad, esta necesidad recíproca de amor, de reconocimiento que también brinda la fraternidad y que es fermento y viático esencial de la búsqueda masónica, en el contexto del Zorro , es cuando se ha cultivado una relación, de amistad o de amor con otra persona, esto nos convierte en corresponsables del progreso de esa relación.
El principito se desmayará o morirá alegóricamente , picado por la serpiente del desierto, sufrirá una virtual muerte para renacer en su planeta, después de haber vivido experiencias que habrán reforzado su lectura del esplendor de la verdad. En el libro, la serpiente representa la muerte. No se habla en el libro de la muerte como algo dramático. ... La muerte no es algo que da fin sino que cuando mueres sigue vivo en tu ideal. En el desierto, el principito conoce una serpiente que tiene el poder de devolverlo a su planeta.
El Principito finalmente no muere, o tal vez sí pero solo muere para uno de los millones de planetas, pues el niño vuelve a su diminuto hogar donde su rosa lo está esperando. ... Tal vez su desvanecimiento se deba a que no murió sino que voló a otros planetas con menos guerras, donde tal vez encontró más niños y flores. El lector del libro ya no será el mismo que era antes de leer “El Principito” se refugiará en el reflejo de su esencia y al igual que el autor del Libro , habiendo ya podido reparar el motor del Avión, tal vez vuelva a cruzar al principito en el cielo. El piloto al arreglar su situación regresa a su vida habitual, pero ya con otro enfoque más espiritualizado, al igual que le pasa a la persona que vive en Mundo Masónico , pero que tienen que regresar a su vida cotidiana pero ya con un sentimiento más espiritualizado.
Alcoseri