EL APÓLOGO DEL CIGARRILLOPARA LOS NO-FUMADORES

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Jul 31, 2023, 5:43:08 PM7/31/23
to Masoneria
EL RELATO DE ROM LANDAUO EL APÓLOGO DEL CIGARRILLOPARA LOS NO-FUMADORES.Desde hacía tiempo, tenía yo un gran deseo de encontrarme con Gurdjieff y, alhallarme en Nueva York, se concertó una entrevista. Había solicitado a Orageunas líneas de presentación, pero justo en ese momento, los dos hombres apenasse hablaban y Orage consideró que unas palabras suyas sólo conseguiríancerrarme las puertas de Gurdjieff. Por fin, obtuve una carta de introducción paraun viejo amigo de Gurdjieff quien, muy feliz de concertar una entrevista, me pidióque le telefoneara tres días más tarde. Cuando en la mañana indicada lo llamé, meaconsejó conseguir una cita con la secretaria de Gurdjieff. Pregunté si debíamencionar su nombre.—Oh, no —se me respondió—, esto no sería una recomendación, pero ustedpodría decir que el Sr. L. le aconsejó proceder así. —Pero, yo no conozco al Sr. L.—repliqué. —Entonces, diga simplemente que usted supo que el Sr. L. debíahablar de usted a Gurdjieff y concertar una entrevista con él.Llamé a la secretaria. Ella no sabía nada acerca de una conversación entre el Sr.L. y Gurdjieff, pero, si yo escribía una carta explicativa, con detalles sobre mímismo, la transmitiría a Gurdjieff. Escribí la carta pedida y dos días más tarde lasecretaria me telefoneó: el Sr. Gurdjieff me recibiría a las dos y media de la tarde,en su hotel, habitaciones 217 y 218.Antes de la entrevista, yo había almorzado con un hombre de letras, muydistinguido, americano, quien, según me habían dicho, conocía a Gurdjieff desdeaños atrás. Le pregunté qué pensaba de él.29
—En realidad, no hablé nunca con él —dijo—, pero he asistido a menudo a susconferencias y debo confesar que para mí es un enigma.—¿Cree usted exacto el que se sirva a veces de extraños poderes para fines noespirituales?—Sería injusto afirmarlo. Todas las cosas no ortodoxas de las que se hablapueden formar parte integrante de un sistema espiritual de muy profundo alcance.No olvide que también Mme. Blavatsky intentó a menudo obtener de susdiscípulos auténticas reacciones, insultándolos o escandalizándolos. Es posible queGurdjieff obre del mismo modo. Hubo un tiempo en que Orage y Ouspensky hanquerido que yo participara en el movimiento. He rehusado constantemente y deboconfesar que me felicito de no tener nada que ver con ellos.—¿Es cierto que Gurdjieff ha cambiado radicalmente después de su accidenteautomovilístico?—En efecto, parece haber cambiado. Permaneció moribundo durante muchotiempo y es posible que una experiencia tan dolorosa lo haya transformado. Comousted lo sabe tal vez, acaba de aparecer su primer libro, que me ha sorprendido,pues muestra a un Gurdjieff nuevo, más altruista, menos materialista.—¿Dónde se puede conseguir ese libro?—Me temo que en ninguna parte. Es una edición privada y Gurdjieff sólo loenvía a aquellos a quienes juzga dignos de ser instruidos por él. Me ha enviado unejemplar, pero el estilo es tan atroz, que me costó un esfuerzo ímprobo leerlo hastael final.—¿Lo ha visto usted últimamente?—Sí, en una recepción, la primavera pasada. Le voy a contar un incidente muycurioso que ocurrió ese día. Una de mis amigas, novelista conocida, se hallabasentada a mi mesa. Le señalé a Gurdjieff, sentado a una mesa vecina, y le preguntési lo conocía. "No, ¿quién es?", me respondió, mirándolo. Gurdjieff le clavó lamirada y, en seguida, lo vimos inhalar y exhalar la respiración de una maneraespecial. Estoy demasiado acostumbrado a esta clase de patrañas para no habercomprendido que Gurdjieff estaba empleando un método oriental. Instantes mástarde, noté que mi amiga palidecía y parecía a punto de perder el conocimiento. Esextremadamente dueña de sí misma y su actitud me sorprendió. Al cabo de unmomento se repuso y le pregunté qué habia experimentado. "Este hombre esfantástico —murmuró ella—. Ha sucedido algo espantoso" —dijo; pero, enseguida, se rió con su hermosa risa de siempre. "Debería sentir vergüenza, pero,bah, le diré lo que ha pasado. Miré a su "amigo" hace un momento y él sorprendiómi mirada. A su vez me contempló de tal modo que, al cabo de un instante mesentí alcanzada en el centro mismo de mi sexo. ¡Fué algo innoble!"Mi amigo se detuvo un momento, luego agregó, sonriendo:—Preste atención. El hombre que usted irá a ver, posee, seguramente, poderesextraños. Por algo los ha aprendido en el Tibet.—¡He oído hablar de eso tan a menudo! —repliqué—. Pero, desconfío de esashistorias tibetanas. Todos estos Mesías, desde Mme. Blavatsky, se jactan de losconocimientos aprendidos en el Tibet. ¿Sabe usted tan sólo si Gurdjieff estuvo allí30
realmente?—Hasta resulta que poseo pruebas precisas. Hace unos años, se organizó enNueva York una recepción en honor de Gurdjieff, sí, recuerdo bien. Se hallabanpresentes muchos hombres distinguidos, entre ellos, un escritor, Achmed Abdullah,quien me dijo que no conocía a Gurdjieff y que se alegraba mucho de encontrarlo.Cuando entró Gurdjieff, Achmed Abdullah se volvió hacia mí y me dijo: "Yo heencontrado ya a este hombre. ¿Sabe usted quién es realmente? Antes de la guerra,estaba en Lhassa como agente del servicio secreto ruso. Entonces yo también meencontraba en Lhassa y, en cierto modo, hemos trabajado el uno contra el otro." Yave usted que Gurdjieff llegó al corazón mismo de toda enseñanza esotérica.Algunas personas pretenden que sólo estaba en Lhassa como agente ruso paraocultar el verdadero fin de su permanencia, que era el de aprender los métodossobrenaturales de los lamas. Otros sostienen que sus pretendidos estudiosesotéricos no eran sino el pretexto tras el cual se escondían actividades políticas.¿Cómo conocer la verdad?Gurdjieff vivía en uno de los hoteles más modernos de la calle 57. Cuando elempleado de la portería telefoneó para anunciar mi visita, me dijeron que "subieradirectamente" al número 217. Llamé a la puerta y entré en una pieza bastanteoscura. Un joven alto, que fumaba un cigarrillo, estaba en la puerta para recibirme."¿Cómo está usted? —me dijo—. Él va a venir dentro de un instante. Siéntese, selo ruego." Parecía discreto y bien educado, pero nunca vi una mirada máshorrorizada. Es evidente que era fácil dejar libre curso a la imaginación, descubrirsignos que tal vez no existían. Pero yo había venido muy decidido a no dramatizar,a observar atentamente y a recoger la mayor cantidad posible de datos. La historiade Gurdjieff ya era bastante dramática de por sí. En cuanto al joven, su expresiónno dejaba lugar a dudas. Estaba muy pálido, tenía los ojos afiebrados y brillantes ydaba la impresión de alguien que hubiera visto un fantasma. Fumaba connerviosidad y su mirada no se apartaba de la habitación contigua. No había puertaentre las dos piezas y yo distinguía, en el fondo, una cama y algunos equipajes. Elsalón en el que nos hallábamos estaba bastante pobremente amueblado, encomparación con los hoteles del barrio. Varias valijas, en estado lastimoso, estabantiradas por el suelo, delante de la chimenea. Oí que se abría la puerta que daba alcorredor y casi en seguida Gurdjieff se nos reunió. "¿Cómo está usted?", dijo en uninglés muy malo y con fuerte acento oriental. Me impresionó, sobre todo, la formade pronunciar las "h". No eran las suaves "h" inglesas, sino más bien el "ch"gutural y pesado de algunas palabras alemanas, o el "chr" de los idiomas orientales.Gurdjieff llevaba un chaleco desabotonado a medias, estaba sin chaqueta, conpantalones oscuros y pantuflas.  Bajo el  chaleco se veían  los tirantes.—Disculpe este atavío —dijo—, acabo de almorzar. —Tendió su índice haciamí y dijo al joven—: Inglés muy preciso. —Evidentemente quería decir: puntual—. Él, verdaderamente inglés —continuó, sin permitirme contradecirle— nocomo ustedes, todos semiturcos, semiturcos. —Se volvió hacia mí—:Americanos, no ingleses. Para mí, son solamente medio ingleses y medio,medio... —buscaba la palabra medio turcos. Se puso a reír y prosiguió en seguida31
—: Usted, excuse mi inglés. Él, muy malo. Yo hablar un inglés a mí, sabe usted.No moderno, sino pre-shakesperiano. Muy malo, pero mis amigos comprenderlo.Y yo comprendo muy bien el inglés moderno, entonces, usted puede hablar. Estehombre —indicaba a su discípulo— le traducirá mi inglés pre-shakesperiano. Élsabe.—¡Oh! Es sumamente claro para mí, señor Gurdjieff, comprendo todo lo queusted dice.—Entonces, tome un cigarrillo.—Gracias, lo siento, pero no fumo.—¡Oh! ¡no fumar los americanos! No, le doy magníficos cigarrillos, verdaderoscigarrillos. Turcos y rusos. Diga  ¿cuáles?Me aproximó una gran caja de cigarros rusos.—Gracias —repetí—, pero, realmente yo no fumo.—Vamos, vamos, son buenos, prima, prima. Si no fuma esto, le doy... ¿cómollamar a los cigarrillos no fumadores? ¿Cómo llamarlos?Se volvió hacia el joven que explicó:—El señor Gurdjieff tiene cigarrillos para los no fumadores. ¿Desea usted?Yo empezaba a sentirme un poco incómodo, pero quise tomar las cosas enbroma y dije amablemente:—Muchísimas gracias, pero me sentiré mareado con la primera bocanada. Nohe fumado jamás.Lo afirmé sin la menor vergüenza.Me senté en un pequeño diván cerca dé Gurdjieff, confortablemente reclinadoen un gran sillón. El joven no abandonó su silla, delante de la chimenea.Continuaba lanzando inquietas ojeadas a Gurdjieff y parecía imposibleimaginarlo riendo o sonriendo. Se diría que su rostro sólo podía expresar terror(¿o sería más bien una forma histérica de la espera?) Gurdjieff tenía una caranotoriamente levantina. La piel era oscura, el bigote retorcido y negrocomenzaba a blanquear. Los ojos eran muy negros y vivos. Pero, de un carácteraún más levantino que lo demás, era la boca: no permanecía nunca cerrada deltodo y.descubría los dientes, de los que uno o dos estaban amarillos, a causa de lanicotina. Gurdjieff era completamente calvo y bastante grueso. Pero debió habersido muy buen mozo y parecía evidente que ese tipo de levantino viril debíahaber gustado mucho a las mujeres. Era muy amable y sonreía sin cesar, comopara seducirme. Y, no obstante, yo comenzaba a sentirme muy raro. No soyfácilmente sensible a las influencias "telepáticas" y no soy lo que se suele llamarun "buen médium". Nadie llegó a hipnotizarme nunca. En ese momento especial,estaba en guardia, decidido a resistir una influencia psíquica, cualquiera quefuera. Y, sin embargo, empecé a experimentar una innegable debilidad en laparte inferior de mi cuerpo, a partir del ombligo y, sobre todo, en las piernas.Esta impresión iba en aumento. Al cabo de veinte o treinta segundos se hizo tanfuerte, que me preguntaba si habría tenido fuerzas para levantarme y dejar lahabitación.Tuve mucho cuidado de no mirar a Gurdjieff, de no dejar que me clavara su32
mirada. Había evitado sus ojos durante dos minutos, por lo menos. Me volvíaconstantemente hacia el joven, al que dije: "Le hablaré, y usted tendrá laamabilidad de traducir mis palabras al señor Gurdjieff, en caso de que no mecomprenda." El joven estuvo de acuerdo y yo seguía mirándolo, teniendo aGurdjieff a mi derecha. A pesar de ello, la sensación de debilidad aumentaba.Estaba intensamente despierto, muy consciente de cuanto pasaba en mí yobservaba esta experiencia nueva y fascinadora con la mayor atención. Minerviosidad aumentaba hasta el punto de llegar al malestar físico y a la inquietud.Pero esta turbación no subía más allá del ombligo. Mis piernas temblaban comoantes de un examen o una visita al dentista; estaba seguro de que si intentabalevantarme, no me obedecerían y caería al suelo.No tenía la menor duda de que ese extraño estado era provocado por la influenciade Gurdjieff, y estaba bien decidido a liberarme. Concentré mi atención más y másen la conversación con el joven y, poco a poco, sentí que volvía a mi estadonormal. Al cabo de algunos minutos, había salido del "círculo mágico" deGurdjieff. Esta singular experiencia puede explicarse de varias maneras. Podía seruna forma de hipnosis, hasta de auto-hipnosis que, por ciertas razones, sólo habíaafectado las partes inferiores de mi cuerpo, sin alcanzar el cerebro, ni los centrosemocionales. Pero, lo dudo. Podía ser también una forma de esa emanaciónflúidica que se atribuye a Rasputín. Estas radiaciones pueden producirse como loson algunos olores en algunas razas de color.Mi extraña experiencia podía tener aún otra explicación. De acuerdo con algunosvidentes, que han disciplinado su don hasta llegar a servirse de él con el máximode lucidez, un examen psicológico puede producir efectos similares a los que herelatado. Rudolph Steiner examinaba a la gente a veces así, pues su objeto era verla imagen espiritual del paciente, en vez de su imagen física. Pero Steiner teníaplena conciencia de lo que lleva consigo semejante prueba. "La idea de que un serhumano pueda convertirse simplemente en objeto de observación —dijo en uno desus libros—, no debe encararse jamás. El dominio sobre sí mismo debe velar porque esta incursión en el otro vaya unida a un respeto ilimitado por el privilegiopersonal de cada individuo y con el reconocimiento de lo que hay de inviolable yde sagrado en el ser humano."Es evidente que yo hubiera podido protegerme contra un "examen clarividente".Si yo me hubiera encontrado con Gurdjieff en un estado de ánimo acogedor y nodefensivo, probablemente no habría logrado lo que deseaba. Ningún poder"psíquico" es suficientemente poderoso como para dominar una actitud amante yhumana y existen otros medios de protegerse contra una encuesta, por másclarividente que sea, y a la que uno se niega.Cuando la impresión de nerviosidad y de debilidad en las piernas hubodesaparecido, me volví a Gurdjieff:—Me han dicho  que ha  publicado usted un libro – dije –. Como, por cuanto yosé, es la primera vez, y como no conozco sus ideas sino de segunda mano, lequedaría muy agradecido si me indica dónde puedo procurármelo.Mi huésped se levantó, se acercó a una de las valijas negras que se encontraban33
en el suelo, sacó un delgado volumen y me lo tendió.—Aquí lo tiene y, usted sabe, ninguna suma podría cubrir su compra. Sólo sedirige a algunos, pero se lo regalo. Encontrará en él todo lo que busca.L« di las gracias y continué:—Me han dicho también que usted preparaba una obra que contendría toda suenseñanza y su experiencia de muchos años.Hizo un gesto de indiferencia:—Yo escribir nueve libros al mismo tiempo, ellos gruesos así.Su mano indicaba un espesor poco común.—Parece que el manuscrito de uno de sus libros se halla en posesión de uno desus antiguos discípulos, en Londres. ¿Se trata de uno de los nueve volúmenes?Gurdjieff tuvo un gesto de desprecio:—No es nada, absolutamente nada. Ellos tienen todas mis visiones.Eché al joven una mirada de interrogación:—Quiere decir: versiones —murmuró.—Yo escribo siempre tres visiones. La segunda sola se publica. Y nadie más queyo la conoce. Otras están aquí y allí. Ellos todos las tienen y se sirven de ellas paraenseñar sus ideas. Pero esto no significa nada. Tengo discípulos sobre toda latierra, en todos los países, hay grupos por todas partes. Sólo en Inglaterra hayquince, en quince ciudades diferentes. Y todos ensayan servirse para ellos de mienseñanza. Ach, esto no es nada, absolutamente nada.Chasqueó los dedos en gesto de desprecio.—¿Es exacto que usted estaba formando un grupo de discípulos, que .seconvertiría eventualmente en una escuela esotérica, gracias a la cual sus ideasresplandecerían en todo el mundo?—Usted encontrará todo esto en el libro. Todo. —Señalaba el pequeño volumenque yo tenía—. Todo está ahí. Inútil hablarme. Usted no me conoce. Lea primeroeste libro y vuelva a verme. Entonces, hablaremos. Pero, ahora, usted no saber quépreguntar. Primero leer el libro, todo está.Comprendí que Gurdjieff no quería contestar a mi pregunta y que considerabaterminada la conversación. Pero yo estaba decidido a quedarme un poco más y aobservarlo.—¿Considera usted la enseñanza de Ouspensky original o inspirada en la suya? Y¿piensa que es el más importante de sus discípulos? —inquirí, como si no hubieranotado su impaciencia. —Él ha sido solamente uno de mis alumnos. Entre mil,diez mil. Tuvo un nuevo gesto de desaprobación. Cada vez que hacía estos gestos,evocaba al perfecto levantino; evasivo en las respuestas, hiperbólico y preocupadopor el efecto que producía. Es posible que todos esos desconciertos y saltos dehumor formaran parte de un método y que al emplear esos "trucos", llegaba adiscernir mis reacciones más claramente que sin ello. Sin embargo, yo no podíacreer que la búsqueda de la verdad tuviera necesidad de tan extraordinario terrenode acercamiento. ¿Cómo un hombre dotado de experiencia y sabiduría profundas,recurría a una técnica tan grosera, hecha de invectiva y de constante rechazo? ¿Nole alcanzaba su poder para "ver" en mí y observar mis "reacciones naturales" en el34
plano habitual de las relaciones humanas?Y sin embargo, algunas personas de profunda mentalidad habían sufrido suascendiente. Los trataba a veces como a esclavos y, a pesar de esto, habíanrenegado toda creencia anterior para seguirlo ciegamente. Sus podereshipnóticos, el atractivo físico que debía ejercer, la llama de su mirada, no podíanpor sí solos producir tales efectos. Sin duda, Ouspensky había tenido razóncuando me decía que era preciso separar el sistema representado por Gurdjieff,de Gurdjieff como hombre. Ahora que me había acercado al hombre Gurdjieff,sentía que podía dejarlo. Por una vez, el individuo había respondido a sureputación. Me levanlé para partir y Gurdjieff me dijo:—Usted lea primero este libro. Contiene todo. Y vuelva a verme. Entonces,hablaremos.—¿Dónde y cuándo puedo volver a verlo? —pregunté.—Mi despacho —Childs.Lo miré sin comprender. El joven, desde la chimenea, intervino.—Quiere decir el restaurante Childs en la Quinta Avenida y la calle 56.—Yo tengo tres Childs. Ellos, todos mi despacho. Aquí, yo trabajo por lamañana, pero de noche estoy en mi despacho. Usted venir, tomaremos café yhablaremos. Estoy siempre de seis a ocho.—Gracias, señor Gurdjieff, iré con seguridad, después de haber leído su libro.Regresé directamente a mi hotel y, en cuanto estuve en mi habitación, sentí ungran deseo de lavarme las manos. Me las lavé con agua caliente, jabonándolasprolongadamente, después de lo cual me sentí mejor, y me senté para hacer lareseña de mi extraña aventura.El libro que Gurdjieff me había dado estaba recubierto de un papel asaz curioso,que se parecía a gamuza, pero de un grano tan rudo que su contacto casi hacíarechinar los dientes. Comprendí que esta encuademación no había sido elegida alazar. Llevaba estas palabras:


Los grados masónicos del primero , al segundo y tercero , representan las diferentes etapas del camino masónico. Los iniciados se entrenan en los primeros tres grados -aprendiz, compañero , maestro- en logias "azules". Una vez que se han convertido en "maestros", en dos o tres años, los hermanos pueden contentarse con este estatus. Pero una minoría quiere ir más allá, con una sucesión de altos grados de oropel . Existen talleres específicos de "perfeccionamiento" para la obtención de las distintas "notas altas", gestionados por "consejos supremos". El antiguo y aceptado rito escocés otorga así 30 altos grados por encima de los 3 primeros, con títulos pintorescos, desde el Maestro Secreto (4° grado) hasta el Soberano Gran Inspector General (33° grado) pasando por el Gran Elegido de la Bóveda Sagrada, Jefe de la Sagrario o Caballero del Sol, etc
Los símbolos del templo.

Arquetipo idealizado del templo de Salomón en Jerusalén, el templo masónico -imagen de la construcción interior y universal que los hermanos deben realizar- se rige por una decoración y una ordenación precisas, que cada rito masónico  ha adaptado a su manera.


El templo de Salomón en Jerusalén fue construido, según la Biblia, entre los años 960 y 953 a.C.

En la entrada occidental del templo, una sala rectangular sin ventana, están las dos columnas marcadas con J y B (iniciales de Jachin y Boaz, nombres de los pilares del templo de Salomón), que marcan el paso de lo profano a lo sagrado. Los hermanos se sientan cara a cara en la prolongación de las columnas, los aprendices en el lado B, simbólicamente los menos ilustrados, al Norte, los compañeros, en el lado J, más cerca de la luz del mediodía, mientras los maestros se instalan donde ellos quieren.
 En el centro, un pavimento de mosaicos ajedrezados  evoca la dualidad del mundo y tres pilares representan la sabiduría, la fuerza y la belleza. En el fondo, instalado en el Oriente , bajo el delta radiante (símbolo de la conciencia o del principio creador) se encuentra el Venerable Maestro, presidente de la logia, quien dirige el trabajo bajo la bóveda estrellada (símbolo de la infinitud del trabajo a realizar), entre la Luna y el Sol. El Venerable Maestro es asistido en particular por dos Vigilantes, el Maestro de Ceremonias, que abre la procesión, el Guarda Templo , que protege la entrada, el Portavoz, guardián de las tradiciones, el Tesorero, que lleva las cuentas, el Hospitalario, que recoge las donaciones. , el Secretario, que redacta el acta, y el fiscal u Orador , es el que supervisa el ritual.
Alcoseri 

Para leer sobre el mismo 


¿Qué futuro le espera a la Masonería?
Una pregunta que muchos masones y no masones se hacen hoy, ¿qué futuro le espera a la Masonería?
Sin duda , una parte de la Masonería perdurará por cientos o mejor dicho miles de años más, siempre habrá personas iniciándose , perdurándose así un legado que viene de cientos de años atrás , es claro que la Masonería no es para las masas , solo un 0.00075% de la población mundial  está estrechamente vinculada a la Masonería; esto puede variar un poco conforme pasen los siglos , pero seguramente se mantendrá esta tendencia. Millones de Masones alrededor del mundo mantienen como mucho celo masónico nuestros usos y costumbres, independientemente de su nacionalidad , raza o tendencia en sus credos.  

La masonería posee  un pasado prestigioso, que sólo correspondería muy parcialmente a la realidad actual , pero este pasado le otorga una poderosa influencia en el mundo, pero lo que le viene a la masonería a futuro será mucho más prestigioso y luminoso de lo que fue en el pasado , debido en mucho a la propaganda que se hace de sus ideas por internet , y que las personas irán ponderando respecto a otras ideologías , religiosas , políticas o sociales , a las personas les gusta mucho la propuesta de Libertad expuestas en los foros masónicos de las redes sociales masónicas  de la internet, así la idea masónica ira madurando en los pueblos.  

Muchos se preguntan de manera iconoclasta sobre el papel real de la masonería en la vida política en este siglo XXI . A menudo, de hecho, algunas logias se enorgullecen de haber promovido tal o cual ley : "Ciertamente, las logias estudian "cuestiones  socioculturales" . Pero, ¿qué impacto puede tener una síntesis parcial de una propuesta política  en el resto de la sociedad, que , además muchos consideran  a los hermanos menos como una cámara de reflexión que como una mafia política. 
Persiste siempre  en ver a la Masonería como un camino iniciático. "Camino de alta espiritualidad " entendido aquí en el sentido de espiritualidad masónica , del mismo modo que los sufíes hablan de la tarika , los chinos del tao , los budistas en Nirvana .
De ahí que alguien llamara a la Masonería la espiritualidad del mundo occidental. Sosteniéndose de que más allá de los parámetros de la percepción diaria, está el Infinito, la Eternidad , el Ser sin límites . Llegar a eso la meta en vida de muchos masones , y puesto que ser masón es un camino extraordinario, entre un juego de política mundana y alta espiritualidad.
Muchos masones atacan con fuerza  a los "clubistas" , a los hacen de las logias un club de Toby   "consumidores de masonería" , que buscan en las logias un lugar de encuentro social  o una red de influencia, desafiando la tradición, en el sentido noble del término. Entre "partidos políticos obsoletos, iglesias rígidas y nuevos movimientos religiosos y sectas" , podría decirse que la Masonería juega el papel de una "espiritualidad laica" , en un momento en el que asistimos a "un fango de la sinrazón" . El momento del Siglo XXI invita a las logias a cambiar su visión del laicismo exacerbado , que no es un absoluto, sino "un accidente de la historia" ya que muchos creen que la Masonería al ser Laica está peleada con la espiritualidad , el laicismo no debe ser "una excusa para  ignorar la espiritualidad en Logias" . 


Para algunos masones , la masonería debía  pretender ser "un poder espiritual y moral, (...) a condición de  bien definir qué es un poder espiritual " ya que muchos masones detestan que la Masonería se convierta  de nuevo en un poder político  .
Sin duda para concluir lo mejor para la Masonería esta por venir.
Alcoseri 

El  Masón que se perdió a sí mismo y se reencontró 

Nunca he tenido pasión por las máscaras o por los disfraces, y no sé cómo dije que sí al Venerable Maestro Gutierritos  , que me invitó a una Tenida Especial que daba esa noche de Julio . La única razón, creo, fue ésta: que todos teníamos que ir vestidos con un dominó blanco y un antifaz negro y estar ahí sin hablar. Para ver lo que sería,  por curiosidad fui a esa Tenida.

¡Qué Tenida  tan extravagante fue aquella disfrazados igual  todos y con antifaz idéntico  ! ¿Quién era quién? Encima de cada cara había un antifaz de raso, negro; sobre cada cuerpo, un holgado ropón en domino ajedrezado  blanco y negro . En esta Tenida todos  Bailaban, creo, incluso se contorsionaban , y nadie hablaba. A determinada  momento terminaron los bailes y todos aquellos embozados, silenciosos, comenzaron a vagar por todo el templo masónico , todos sin hacer ruido ni siquiera con los zapatos, e iban y venían , solos, o en grupos, sin orden, sin saber qué hacer deambulando por todo el Templo Masónico . Aquel silencio bajo las grandes luces tranquilas de aquella multitud blanca y negra era más pavoroso que una tenida masónica  fúnebre.

A mí, no acostumbrado a aquella ceremonia Masónica de saltar por aquí y por allá dentro del templo masónico , con declarados abiertos los trabajos , el calor y la fatiga me habían producido dolor de cabeza, de manera que estaba cubierto por un sudorcillo helado y temblaba como si tuviera mucha fiebre. Notaba una confusión caótica en Logia, una debilidad tal me invadió , que si hubiese tenido fuerza, habría cubierto el tempo enseguida, y hubiera salido de ahi . Me parecía que la  energía vital bajara poco a poco del cerebro, que las piernas se doblaran; sentía una opresión angustiosa y dolor  alrededor del estómago y de la espalda. Estaba a punto de desmayarme, imagino, cuando, levantados los ojos para buscar la salida más próxima, no sé que me daba tanta fatiga , alguien en ese logia puso delante un grandísimo espejo que iba desde el suelo hasta el techo de  aquella Logia , y tan ancho que cubría media pared del templo. En este espejo se veían reflejados todos aquellos mascarones blancos y negros que vagaban por allí y me entraron ganas -estúpidas ganas infantiles- de mirarme a mi mismo en aquella inusual de una tenida de Julio , de ver qué tal estaba metido por primera vez en aquel desmañado vestido.

Miro…, remiro…, busco…, solamente  contemplo el espejo…, me asusto. Pero ¿dónde estoy, Dios mío? ¿Quién soy? ¿Cuál es mi cuerpo entre todos estos cuerpos vestidos  iguales? ¡Yo ya no estoy! ¡Todos iguales, todos de la misma manera con un mandil a la cintura ! ¿No seré capaz de encontrarme en aquel espejo ?

Estoy con la cara frente al espejo clocado dentro de Logia , algo que es inusual , al menos en el Rito Escoces Antiguo y Aceptado . El de un espejo dentro de Logia , pero era para mirarnos y observarnos  y conocernos …, todos en Logia miran hacia la misma dirección del Espejo . Yo soy no muy alto , pero casi todos  miden lo  mismo que yo en aquella tenida. Me muevo para reconocerme, ¡pero casi todos los masones de logia  se mueven a mi alrededor!

¿Dónde estoy yo, pues, entre todos aquellos masones de logia? ¿Dónde está mi yo entre toda esta extraña y silenciosa congregación de masones ? Todos blancos con las caras negras… Yo también, como los demás…, todos iguales, todos. Pero ¡yo me quiero a mí! ¡Quiero buscarme! ¡Quiero sentirme a mí mismo! ¡Verme con los demás, pero diferente, destacado de los demás! ¡Quiero verme, ser yo! Me he perdido entre la multitud de Masones en aquella noche de tenida del mes de Julio; me he perdido a mí mismo… ¿Dónde estoy? ¡Búsquenme, encuéntrenme que estoy dentro de Logia , pero no me encuentro !…

Mientras así me afanaba, se me nublaron los ojos, sentí que caía a ese suelo ajedrezado de esa logia , y desde entonces, en bastante tiempo, ni supe ni vi nada más, ya que estaba ebrio del licor de la ambrosia .

Cuando recomencé a ver y a hablar era el tercer día luego de esa tenida . Me encontré en un corredor largo y blanco de pasos perdido , metido dentro jaula de hierro negro, en medio de varias julas negras iguales a la mía en donde estaban alojados otros hermanos masones , y de las jaulas o prisiones iguales y sombrías se asomaban rostros blancos y amarillos como el mío. También allí me busqué: al sentirme murmurar, acudió una doctora masona llamada Obdulia vestida de blanco y con un mandil ceñido a la cintura que me miró con curiosidad y me preguntó qué me pasaba. Le dije, en pocas palabras, que me había perdido a mí mismo en una tenida del mes de Julio  y que quería encontrarme lo más pronto posible. La  doctora Obdulia , como es costumbre de esas almas masónicas presuntuosas, sonrió cortésmente, me recomendó que estuviera tranquilo y me dijo que me contentaría. Sin embargo, sabía perfectamente que no había creído una palabra de cuanto le había dicho y, dentro de mí, comencé a pensar en la manera de salir de aquella jaula ubicada en pasos perdidos .

Al día siguiente vinieron otros  masones doctores y, todos de acuerdo, dijeron que estaba fuera de mí. Era verdad, pero no como lo entendían ellos. Me había perdido a mí mismo en aquella Tenida de Logia de Julio, me ubicaron dentro de una Razón .  Pero esta Razón no era la mía, porque la mía la había perdido junto a mí mismo, pero era una razón y, por tanto, no estaba loco. Tanto es así, que entendía lo que decían y respondía, sin equivocarme, a sus preguntas. Pero de nada me sirvió con aquellos masones doctores bobos obstinados.

¿Y entonces? Pensé escapar y, dicho y hecho, después de dos días de aquel sufrimiento, a la hora en que venía la gente profana de fuera para ver a los enfermos de Logias , me confundí con otros y salí a una plazoleta soleada que reconocí enseguida. La primera cosa que hice fue ir a casa de aquel Venerable Maestro Gutierritos  , que me había invitado a aquella Tenida, esperando que me encontraría allí, en aquel templo masónico donde me perdí . Llego, doy los golpes a llamar en grado  de aprendiz masón , y viene a abrirme un  hermano masón que no me quería reconocer. Le di un empujón y pasé. El Venerable Maestro Gutierritos   estaba tumbado en su trono de venerable y dormitaba, pero se despertó al oír ruido, saltó, agarró un mallete  que tenía siempre cerca y, en cuanto me reconoció, me hizo un montón de preguntas y cuestionamientos , se congratuló conmigo por el peligro de que había escapado, me dio de beber del vino dulce  y escuchó muy serio mi narración. El Venerable Maestro Gutierritos   no es un doctor y por eso no dudó de lo que me había ocurrido. Es más, me acompañó por toda la casa para convencerme de que yo no me había quedado allí la noche de la Tenida . Así, pues, ¡me había perdido en algún otro sitio!  Quizá me dijo me perdí en un grupo masónico de Facebook ¿Quién podía saberlo? Pregunté al Venerable Maestro Gutierritos   los nombres de todos los que habían ido a su tenida aquella noche  y él me dio la lista sin hacerse rogar. ¡Qué amable y servicial estaba aquel día! Del Venerable Maestro Gutierritos   nunca he tenido ocasión de quejarme, ni entonces ni después.

Salí de su Logia  un poco consolado, pero no contento. ¿Dónde podía haber ido a parar? Me acordé de aquel  hermano masón  - Pablo Mayúsculas - que había perdido  su  identidad y la iba buscando de Logia en Logia , de sitio Web Masónico en sitio Web Masónico. Pero él no había perdido casi nada comparado conmigo, que había perdido el alma, el cuerpo, ¡todo!

Vagué por las Logias hasta la noche, y miraba a la cara de todos los que encontraba para reconocerme, y todos me miraban mal, y nadie era yo. Fui a casa de aquellos que habían estado conmigo en aquella tenida de las máscaras blancas. Pero uno estaba fuera; otro no me dejó entrar; el tercero me trató mal; el cuarto quería llamar a la Policía para que volvieran a llevarme al hospital; el quinto me dio la dirección de un médico; el sexto me aconsejó el uso del agua fría; el séptimo me hizo un gran recibimiento, pero no quiso ni oír hablar de mi pena; el octavo negó que hubiera estado en aquella tenida; el noveno admitió que había estado, pero no se acordaba de nada; el décimo estaba enfermo y no hizo otra cosa que desahogarse conmigo sobre la inutilidad de los purgantes; el undécimo masón  se acordaba perfectamente de la tenida  y me dijo que estaba en Logia cuando vio caer como muerta a una máscara, pero no sabía otra cosa sino que aquel desvanecido no era él; el duodécimo palideció cuando le hablé de la tenida  y sacó algo de cordura de su bolsa del pantalón- 

¡Qué importa el decimotercero! Fueron todas visitas inútiles y palabras perdidas. Y cuando, por la noche, volvía hacia casa, me desesperaba y preguntaba continuamente en voz baja: ¿Dónde estoy? ¿Qué haré para reencontrarme?


¡Cuánto me busqué también los demás días! Me busqué dentro de los demás hermanos , y Entré en cien  logias ; pasé las noches en diez logias oníricas ; era tenidas del mes de Julio ; me hice invitar a ágapes y recepciones; fui a las clases de la Universidad profanas ; me mezclé con la gente de los paseos; pasé horas enteras en la ventana, o quieto en la acera junto a una esquina; miré y escruté miles y miles de caras, seguí a miles y miles de hombres iluminados , siempre con la esperanza de reencontrarme y la desesperación de no reconocerme.

Se me ocurrió imprimir unos manifiestos con la descripción exacta de cómo era antes de perderme dentro de esa logia un mes de Julio , y aquello sí que fue espectacular . Al cabo de un día que los avisos estaban en las paredes, me abordaron tres o cuatro tipos que decían: «¡Es éste, es éste!» Y así gritando me llevaron a mi  Madre Logia. Golpearon a la puerta, llamaron, pero nadie respondió. Yo no tenía ni hermanos de logia , ni nadie , y en casa no había nadie. Al fin, indignados, me dejaron de abordar las personas condescendientes .

-¡Maldito seas tú y quién  diablos te busca!  Dijo una voz desde el Eterno Oriente Masónico .

-Pero ¡qué buscar! Esta es una burla de algún  masón extravagante. ¡Los hombres no se pierden como los perros!

Estábamos ya casi al final del mes de Julio y todavía no tenía ningún indicio de mí, y cada hora que pasaba era una esperanza menos. Sentía que viviendo de aquella manera, con aquel deseo, con aquella congoja, me volvería loco de verdad, y no veía la manera de salir de todo eso. Pasaba el día mirando y espiando a la gente, y los ojos me salían de la cara a fuerza de mirar; me había crecido la barba; me había vuelto seco, amarillo, espantoso. Cuando pasaba por delante de un espejo, volvía los ojos a otra parte para no verme. Me daba cuenta de que los hombres, las mujeres, y especialmente los niños, se reían a mis espaldas, y alguna vez incluso a la cara. Muchos caballeros me preguntaban, con aire piadoso, si me encontraba mal. Una vez, una viejecita me regaló algunas pastillas, elogiándolas mucho.

Pero no estaba enfermo, no. ¡Me quería encontrar  a mí mismo! ¿Qué había de malo en ello? Todos los masones del mundo quieren este bien. Cada uno se posee a sí mismo: nadie puede ser privado de sí mismo. ¿Por qué aquella imposible, inaudita desgracia me había sucedido precisamente a mí? ¿Qué había hecho para merecerla? ¿Acaso porque había ido a aquella Tenida extraña ? ¿Y los otros, entonces? También ellos habían ido, y habían vuelto a su casa con su cuerpo y su alma, ¡y ahora se reían a mi costillas ! Sin embargo, tenía que haber una vía para poner remedio a tal desgracia. Quien no muere se encuentra. Se encuentra un bolso ajado, ¿y no se encontraría un hombre? ¿Qué hace el Ayuntamiento que no se ocupa de estos casos? Y el Estado, ¿no es responsable de todos los ciudadanos?

Movido por esos y parecidos pensamientos, fui una  noche a la Logia, y pregunté al   masón  Hospitalario de aquella logia en dónde se encontraba en aquel momento Fulano de Tal, es decir, yo mismo, el yo que había perdido. El hermano masón me pidió más datos de mi, para buscar , y, después de haber buscado un poco, me dijo mi dirección, ¡la dirección de mi propia  casa! Intenté entonces explicarle que aquella había sido, en efecto, la casa de aquella persona, pero que desde hacía algún tiempo se había perdido y que precisamente por eso preguntaba en dónde podría encontrarle . Aquel masón  no quiso o no supo entenderme; me dijo que no era posible que uno se perdiera a sí mismo y que, de todos modos, él no sabía nada más. Le contesté que la cosa era tan posible que me había sucedido precisamente a mí, y que él, como funcionario hospitalario  de Logia , tenía el deber de saber dónde se encontraban todos los hermanos de Logia , del primero al último. No hubo manera: él empezó a gritar molesto , yo a pedir ayuda. Llegaron sus hermanos de aquel taller masónico  y me echaron de allí por las malas.

Cuando estuve en los pasos perdidos me dejaron, y yo, en lugar de salir del Edificio de la Logia , empecé a pasear arriba y abajo, furioso, esperando a que saliera alguien que pudiera recibirme o atenderme . Paseando de esta manera, a lo largo de la pared, me llamó la atención un gran cartel que tenía escrito: Masones extraviados encontrados. Me estremecí, y me puse a leerlo con cuidado: siete maestros  masones , una hermana masona , dos compañeros , dos aprendices de masón , etc…

…Sentí un escalofrío por la espalda. ¿Mi dominó? Era un indicio, ¡el primer indicio! Corrí al despacho de la Gran Logia donde guardan todas las cosas encontradas  y los masones extraviados y pedí información . Di todos los detalles que me solicitaron: me enseñaron mi mandil, que estaba un poco sucio por una parte, pero lo reconocí: ¡era el mío! Lo había encontrado un muchacho de la limpieza , además mi anillo masónico ,la máscara que había usado aquella tenida , por la mañana temprano, en la calle donde vivía el Venerable Maestro Gutierritos  . Todo contento lo abordé ,  le enseñe mi antifaz y salí corriendo hacia casa.

¿Por qué estaba tan contento? Sin embargo, aquel maldito antifaz o mascara había sido el motivo principal de mi desgracia y, en aquel momento, no podía verdaderamente ayudarme a encontrarme a mí mismo.

 Pero, como empujado por un anhelo sin desvelo , apenas llegué a casa, me lo puse nerviosamente, me coloqué la máscara sobre la cara y corrí ante un gran espejo antiguo, en el que había pintadas, hacia los ángulos, algunas descoloridas símbolos herméticos .

Me miré… ¡Heme aquí! ¡Era yo! ¡Soy yo! Me había encontrado. Era yo, en persona. Yo solo. No había otros  masones a mi alrededor. El  mandil  masónico era el mío y sentía que dentro de él estaba mi cuerpo; la máscara negra era la mía y cubría de verdad mí rostro. Me reconocí como el masón que había sido . Había vuelto. Me había atrapado a mí mismo. Reí y lloré de gozo. Me acaricié la cara .

Pero desde aquel día no he tenido el valor de desnudarme del mandil masónico , y estoy siempre en casa, solo, vestido con mi dominó blanco, con mi máscara negra sobre la cara, para estar seguro de no perderme nunca más….. 
Alcoseri 
A todos los que la presente vieren y entendieren, sabed:
Se había programado una entrevista vía Zoom, en donde yo Orlando Galindo (Alcoseri) sería entrevistado el próximo 20 de julio de 2023 a las 8:30 pm hora centro de México, por un miembro de la Gran Logia de Guatemala, esta entrevista giraría en torno al Tema la Libertad de expresión en Logias. Por cuestiones  ajenas a mí,  y no aclaradas  se canceló la entrevista o ponencia, cuando se habían girado invitaciones a QQ:..HH:. de diferentes OOri:. 
Debo aclarar que la persona que me contactó para la entrevista jamás se acreditó oficialmente como hermano masón miembro de la Gran Logia de Guatemala. De todos modos envío este comunicado para aquellos hermanos masones y hermanos  no masones  que esperaban mi participación en dicha ponencia masónica vía Zoom. 
Fraternalmente Orlando Galindo (Alcoseri) Administrador de este Sitio Web Masónico. 

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