Sentir el cuerpo que eres.
Vivirte más placenteramente, ya que el placer está en ti y no fuera.
Integrar tus propios valores y menos los imperativos sociales restrictivos en relación a la sexualidad.
Cultivar el cuidado de tí mismo/a y de las relaciones con las otras personas.
Trabajar el estar para uno mismo/a y para la otra persona, la escucha y la comunicación.
Dedicarle el tiempo y el cuidado que merece tu sexualidad.