Chicas, queria compartirles esto, ojalá sea motivación para todas nosotras y retomemos nuestra fidelidad a nuestras reuniones....
Por que voy a un grupo de Schoenstatt?
Cuando Adan y Eva se comen la manzana prohibida, perdemos la gracia santificante y queda un gran vacio en el ser humano. Todos tenemos ese vacio, y si no lo llenamos con cosas de Dios, se llena con cosas del mundo. Si dimos el paso de formar un grupo de Schoenstatt, es porque sentimos ese vacío y queremos llenarlo con las cosas de Dios.
Pero como hago eso?
Imaginemos:
Dios tiene un lienzo, que es la vida. Tiene una gran paleta de colores maravillosos: el amor, la misericordia, la alegria (qué importante que es la alegria! nos impresionaríamos de ver con qué frecuencia Dios pinta con alegría; El quiere que nosotros seamos felices), la generosidad, la humildad, etc. Pero tiene un problema: no tiene pincel. Y se sienta, con toda la paciencia del mundo, a esperar que alguno de sus pinceles esté dispuesto a colaborar con El en esta gran obra maestra que quiere pintar...
Entonces vengo yo, que siento mi vacío y entro a un grupo, y digo: aquí estoy, soy un pincel, pero estoy sucio, lleno de pintura vieja, no pinto hace ufff, tengo las cerdas tiesas, mi palito de madera es áspero y puedo clavarle alguna astillita al que me use...
Pero que alegría hay en el cielo! El pincel sucio dijo SI! Finalmente Dios tiene su instrumento para hacer realidad su gran obra!
Y qué feliz se siente el pincel... saber que no lo botan a la basura, sino que va a estar en la mano del Maestro!
Y Dios toma el pincel, y con él puede pintar con su paleta. Y el pincel se embarra de amor, y después de humildad, y otro poco de templanza, y así va llenándose de todo lo que Dios tenía listo para regalar! Y qué satisfacción, ver en el lienzo de la vida la obra maravillosa de Dios, que no la hubiera podido lograr sin mi! No soy yo el maestro, como lo dicen muchas corrientes zen o el yoga; la respuesta no está en mi interior, como nos quieren hacer creer y confundir. No! La respuesta está en Dios, pero conmigo como su instrumento! Soy su pincel, y soy feliz estando en su mano cálida.
Pero bueno, como pincel sucio que soy, tengo que estar dispuesta a que Dios me ponga de cabeza, me ahogue en el agua, y me revuelva hasta que se salga esa pintura que tengo pegada.
Y si mis cerdas están duras, me doblará y torcerá hasta lograr suavizarme... Y en esos momentos no debo salir corriendo! Sino saber que estoy en las manos del Maestro y que eso es necesario para pintar la obra maestra.
Ahora, volviendo a los grupos de Schoenstatt:
Soy un pincel, que busco llenar mi vacio con cosas de Dios, y vengo a este grupo. Pero soy el único pincel! Aquí hay plumas y lápices que se parecen a mi, pero también hay guitarras, bicicletas, flores... que no tenemos nada en común... Cómo puede el grupo enseñarme a ser pincel, si soy el único pincel?
Es que el grupo no me enseña, la que me enseña es Maria, por eso en Schoenstatt la educación es personalizada. Lo que María le enseña a la una, no necesariamente se lo enseñará a la otra. Lo que tenemos en común es que todas somos instrumentos dispuestos a ponernos en las manos de Dios. Es que Dios no sólo quiere pintar cuadros; Dios también quiere escribir libros, cantar canciones, componer melodías, contemplar flores... Dios necesita nuestra diversidad para poder lograr todo lo que tiene contemplado para nuestro mundo.
A veces saldré de las reuniones sintiéndome renovada y como en una nube, pero otras veces se irán esos sentimientos y sentiré que fui por gusto. Porque la Mater es la que se encarga de darnos lecciones de vida que se graben en nuestros corazones, y esas lecciones no tienen horario ni cronograma... entonces, cómo sé cuándo Ella me va a educar? Qué hago yo? Como puedo ir a una educación sin horario? Eso es justamente lo que me enseñan mis reuniones d grupo: a estar receptiva y llenarme de las cosas de Dios, para poder reconocer los momentos en los que la Mater me educa.
Y para llenarme de las cosas de Dios, qué hago? La Mater nos lo dice claramente: vivir la Alianza de amor.
Sólo vinculándome al Santuario, estando en silencio para poder rezar, y ofrenciéndole cada cosa de mi día a Dios como contribución al capital de gracias, logro estar receptiva para recibir las 3 gracias del Santuario:
sentirme cobijada, que la Mater haga milagros de transformación en mi corazón, y luego ser apóstol transmitiendo la voluntad de Dios.