Es elogiable que Hunosa busque como socios mayoritarios (Sadim
participa en Gold Fruit con el 20% del capital) a empresarios que
contribuyan a completar la restauración de los terrenos que
destrozaron las minas a cielo abierto y, además, les den una nueva
utilidad económica, de la que deben beneficiarse las Cuencas y
Asturias. Quedan muchos más terrenos susceptibles de aprovechamientos
semejantes y es de esperar que se llegue a nuevos acuerdos para
llevarlos a cabo.
Por ahora, y con gran diferencia, el cultivo de la manzana es el que
acapara la mayor superficie en la zona. Lo anticipó Hunosa cuando,
tras estudiar diversas alternativas, llegó a la conclusión de que era
el frutal que mejor se adaptaba a sus terrenos. El lagarero Samuel
Menéndez Trabanco tiene en explotación 51 hectáreas dedicadas a la
producción de manzana de sidra. Gold Fruit dedica 30 hectáreas al
mismo objetivo y 20 a la producción de manzana de mesa. Las
plantaciones incorporan las técnicas más modernas de cultivo, como la
utilización de patrones muy pequeños de manzano (en los que se ha
injertado el tipo de manzana deseada) para facilitar la recolección
manual, o sistemas de riego que, al suministrar agua y nutrientes
directamente a la raíz del árbol, permiten optimizar los recursos.
En 2012, cuando estas nuevas pomaradas de las Cuencas estén a pleno
rendimiento, producirán en conjunto unos tres millones y medio de
kilos de manzana de sidra, previsiblemente todos los años, pues el
sistema de cultivo está pensado para evitar la vecería, habitual en
los manzanales asturianos, según la cual a una gran cosecha en los
años impares sigue otra floja en los pares.
Vendrá muy bien para reforzar la oferta de manzana de sidra en
Asturias. En los últimos años hablar de una«cosechona» de este fruto
equivale a referirse a una producción de 50 millones de kilos. Pero
esa cantidad venía estando afectada por una merma continua. A falta de
un censo de pomaradas -que continúa pendiente de ser realizado- se
estima que en la región hay entre seis mil y siete mil hectáreas que
se destinan a la producción de manzana de sidra. También que cada año
se pierde un centenar. En no pocos casos las pomaradas tienen cuarenta
años o más y su rendimiento es muy bajo. Para bastantes familias que
residen en un campo crecientemente especializado en la ganadería,
cuando no subvencionado para el abandono de la actividad, la manzana
ha dejado de ser considerada como un apoyo económico sustancioso. Y de
esa forma muchos terrenos adecuados para ser buenas pomaradas
permanecen ociosos o simplemente abandonados. Si el déficit de la
oferta de manzana era seguro en los años pares, por efecto de la
vecería el riesgo de que se produzca en los años impares es cada vez
mayor. La producción de sidra se mantiene porque los lagareros traen
manzana de Galicia o de Francia. Pero Asturias, que podría aportarla,
pierde esa riqueza.
El riesgo de la incapacidad de los cosecheros para responder a la
demanda de manzana coincide con un momento esperanzador de la sidra.
Con una producción total de unos ochenta millones de litros de los que
entre 40 y 50 corresponden a la sidra natural -entre ella, la llamada
«de nueva expresión», que no se escancia-, y el resto, a la sidra
espumosa, Asturias es, con gran diferencia, la principal productora de
España, seguida, a considerable distancia, del País Vasco, que produce
entre 11 y 13 millones de litros. Y España es el cuarto productor
mundial, igualado con Alemania. La gran referencia la constituye
Inglaterra, donde sólo la empresa Bulmert produce en su fábrica de
Herford 450 millones de litros de sidra al año.
El sector sidrero asturiano ha dado pasos muy importantes en los
últimos años. Ha experimentado un fuerte proceso de concentración -de
1.700 lagares inscritos a finales de los años cincuenta, se ha pasado
a menos de 90 en la actualidad- y sobre todo de modernización de sus
instalaciones, gracias a las inversiones realizadas. La calidad media
de la sidra ha mejorado, así como su estabilidad. No hace mucho la
sidra era una bebida estacional. Ahora los productores son capaces de
ofertar sidra durante todo el año e incluso de sortear los riesgos de
los años malos acudiendo a las reservas que pueden guardar en unos
lagares acondicionados para que los cambios de temperatura no afecten
al producto que se deja en reserva. Y también plantearse retos de
calidad, como la declaración de denominación de origen, conseguida
hace tres años, y la fabricación de nuevos productos, como la sidra de
nueva expresión, sin renuncia a importar variantes ajenas (como la
sidra helada, por ejemplo).
Todo ello ha contribuido a que se recupere el consumo de sidra en
Asturias, que hacia los años sesenta había pasado por un preocupante
bache. La recuperación ha sido tan clara que el consumo de sidra
natural en la región, estabilizado desde desde hace unos años, parece
haber llegado a su techo. Vender fuera de Asturias se ha convertido,
por tanto, en una necesidad para el sector si aspira a crecer.
La empresa es estimulante y a la vez complicada. En la actualidad se
está desarrollando una campaña nacional de promoción de la sidra,
financiada por el Ministerio de Agricultura, que trata de influir
sobre todo en prescriptores de opinión. Pero quizá no sea suficiente
con demostrar la calidad del producto, su naturalidad, la capacidad
para adaptarse, en sus diferentes formas, a diferentes cometidos -como
aperitivo, acompañante de comidas, en sobremesa- o su condición
saludable. La sidra no deja indiferentes a las personas que visitan
Asturias. Puede desconcertarles el producto, pero les impresiona su
ritual de consumo y, en general, les agrada su ambiente. Por eso tal
vez la mejor fórmula para exportar sidra consistiría en acompañarla de
su entorno habitual. Es decir, crear sidrerías fuera de Asturias,
adaptándolas a los gustos de un público no asturiano. Como teoría es
incluso vieja y están en marcha, y al parecer con éxito, algunos
experimentos. Se trata sin duda de un gran reto para los
emprendedores.
Pero en la base de ese posible desarrollo del sector siempre estará la
necesidad de evitar que se produzca un estrangulamiento por la falta
de un adecuado abastecimiento de materia prima. Y para eso resulta
preciso devolver atractivo a la producción de manzana. Desde esa
perspectiva puede resultar muy estimulante que hayan llegado al sector
empresarios que han alcanzado el éxito en otros campos o en la propia
fabricación de sidra, como los casos de Sánchez y Lago y Trabanco. No
son los únicos. La mayor pomarada de Asturias, con 80 hectáreas de
superficie, está situada en Sariego. Su propietario es el Grupo
Masaveu, que plantó los manzanos en el año 2000 con el objetivo de
producir sidra en un lagar construido en la propia finca. Es
impensable que un grupo económico tan relevante aborde una inversión
de semejante magnitud sin haberla sometido antes a un detallado
estudio. Al tomar la decisión está proclamando que existe una
oportunidad.
La hay en el caso de la manzana de mesa, para cuya producción Asturias
está muy bien dotada, como revela la calidad de sus productos... si es
que se los logra encontrar en el mercado. Y sin duda la hay en el de
la manzana de sidra, que ha estado inexplicablemente relegada a un
papel secundario cuando tiene todas las cualidades para ejercer de
protagonista en el campo asturiano y, a través de él, en el conjunto
de su economía.
La Nueva España- 24/06/2007