MÉXICO, D.F.- Juan Gelman no desiste de su empeño en la vida, en la
poesía, en la utopía, en la esperanza. Y así llega su nuevo libro, De
Atrásalante en su Porfía, y a sus ochenta años de edad, cumplidos el 3
de mayo. “Dice el tango que veinte años no son nada, entonces ochenta
años son cuatro nadas”, expresa el poeta y periodista argentino,
acompañado por sus libros, su risa y el ruido del tráfico vehicular.
Lleva veintidós años viviendo en México y no ha pensado en regresar a
vivir a Argentina, país que visita de tanto en tanto después de que
concluyó su exilio en 1989. Tampoco lleva un diario ni piensa en
escribir sus memorias, “porque soy muy olvidadizo”.
“Algunos se me acercaron, pero les digo que soy muy joven para eso. He
conocido un francés que escribió su autobiografía a los cuarenta y
siete años, ¡qué pretensión!”.
Lee historia y filosofía; en literatura sus autores favoritos son
Miguel de Cervantes y William Shakespeare, en especial la obra Ricardo
III, porque cree que es la más lograda de lo que es la lucha por el
poder, la crueldad, y habla inglés, italiano, francés, chapurrea el
portugués y trata de hablar en castellano.
Pasión irrenunciable
Cuenta la leyenda que Gelman comenzó a escribir antes de los diez años
de edad. A los once publicó su primer poema. Desde entonces “nunca he
renunciado a la poesía, pero recuerdo una noche en la que intenté
escribir un poema y no me salió. Me fui a acostar, tiré los zapatos
contra la pared y dije: ‘vos no sos un poeta, Juan’. Esa fue la única
vez, pero ahora ya no uso zapatos, ¿para qué despertar al vecino?”.
Autor de unos veinticinco libros de poesía —los más recientes son De
Atrásalante en su Porfía y Bajo la Lluvia—, actualmente escribe otro
del cual ya tiene “unos sesenta poemas aceptados por mí, aunque
después pueden ser mucho menos. Hay que ver si es un libro, porque soy
muy crítico conmigo mismo”.
Una de las cosas que distinguen la poesía de Gelman (Buenos Aires,
1930) son los neologismos. En el discurso que ofreció al recibir el
Premio Cervantes en 2007, se refirió a ellos como uno de los tantos
temas de los que se puede hablar sobre el autor de El Quijote.
Tres años después añade: “La creación de neologismos y palabras nuevas
es una tradición de la poesía española muy poco frecuentada. Ahí hay
un soneto de Lope de Vega que dice: ‘siempre mañana y nunca
mañanamos’; convierte el verbo en sustantivo, pero si esto no obedece
a una necesidad expresiva ante los límites de la lengua no vale,
porque se convierte en juego, y eso no es un juego”.
Varias décadas en la poesía y Juan Gelman, premio Reina Sofía de
Poesía Iberoamericana 2005, sigue innovando, creando. “Yo sé que lo
que me hace escribir es una obsesión”.
“Son pocas las obsesiones; usted mencionó algunas, como el amor, la
amistad, la muerte y la vida. También están, el otoño, la infancia, la
revolución social, que son temas infinitos que se vienen tratando en
los años de poesía conocidos. Yo lo veo como una espiral: a partir de
la obsesión eso se va abriendo (aquí un paréntesis para Sor Juana: la
figuración de la belleza era la espiral, no el círculo); es como si
cada vez yo me ubicara en un punto distinto. No tengo otra
explicación.
“Realmente repetir lo hecho no vale la pena; eso es incurrir en la
maquinita; además es un peligro en cada libro porque se adquiere una
cierta herramienta de expresión, y siempre la herramienta persiste y
la obsesión ya se fue. Al final se escriben poemas que ya no obedecen
a la obsesión, obedecen a la maquinita, y con eso yo tengo cuidado”.
‘Ser poeta no es una profesión’
En el caso del poemario De Atrásalante en su Porfía, coeditado por la
UNAM) y Era, “se hizo en poco tiempo; en general son meses, porque
cuando la obsesión llega hay que agotarla antes de que me agoten. Dejo
descansar los poemas, o la poesía me deja descansar a mí. Es una
continuidad”.
“Ahora estoy escribiendo nuevamente y son seis o siete poemas por
noche, sin un horario fijo, porque eso es imposible: ni es todos los
días ni es de siete a dos de la tarde; en general, claro, prefiero la
noche, porque es más tranquila, menos ruido. Ahora estoy escribiendo
en computadora, pero ¡me costó un trabajo! Porque primero escribí con
lápiz, me costó mucho pasar a la pluma, me costó mucho más pasar a la
máquina de escribir ¡y no le cuento lo que me costó pasar en la
computadora!
“Escribo columnas periodísticas y eso me ha creado cierto hábito de
manejar la computadora, pero siempre hago desastres con la
computadora. ¡Siempre! Quiero decir la atasco, le cambio el color… no
sé por qué, son bromas de la técnica”, dice entre risas.
“Yo le confieso que en la noche escribo y en la mañana me levanto y no
sé lo que hice, tengo que leerlo para saber qué pasó. Mi mujer dice
que a veces salgo tambaleante del estudio”.
Y otra confesión: “perdóneme lo que le voy a decir, pero no escribo
para el público, escribo para mí, y publico, no porque me lo pidan,
sino porque quiero comunicar todo eso. A lo mejor de modo imprudente,
pretencioso, pero yo no puedo allanarme a lo que se supone que es una
poesía para que la gente entienda; no puedo. Yo me doy cuenta de que
las últimas cosas que estoy escribiendo son crípticas, otras son
oscuras, pero, ¿qué puedo hacer?”.
¿De alguna manera el periodismo ha nutrido a la poesía, o viceversa?,
se le cuestiona. “Las dos son, a mi juicio, formas de la literatura
porque ambas emplean la palabra y la escritura, pero son expresiones
distintas; yo puedo decir que la experiencia periodística, así como
las amistades, la familia o lo que fuera, siempre me permitieron
acceso a cosas que no conocía, cosas diferentes. Y cuando trabajé de
cronista, que fue el trabajo que siempre me gustó más, iba a asambleas
obreras en Argentina a las que iba mucha emigración, boliviana,
paraguaya, de Chile, y cuando hablaban estos obreros, según su
cosmovisión, usando firmas de expresión propias de cada país, a mí me
encantaba porque ahí entendí que hay formas de mirar el mundo que
tienen que ver, aparte de con la experiencia personal, con el paisaje,
con la comida... Yo creo que periodismo y literatura son cosas
distintas, son como vecinos que conviven sin molestarse”.
“He conocido a algunos que dicen: ‘me mata el periodismo, no me deja
escribir’. Eso no lo entiendo; si no pueden escribir será por otras
razones, pero que no le echen la culpa al periodismo, que es una
profesión noble, muy interesante, apasionante.”
“Ser poeta no es una profesión ni un oficio. Yo creo que es un mester,
como se decía hace varios siglos”. Y en este mester “busco la
expresión más desnuda, desde la obsesión: más desnuda y más sobria
posible (…) he tirado muchos poemas. Pero eso no es perder, es ganar.
Ha quedado lo que me parece que es más puro”.
Al parecer, la paz ha llegado a la obra de Gelman. “Bueno, en México
hay un montón de vitamina T que ayuda mucho. Ha pasado el tiempo y
digamos que las peripecias, o las heridas de las peripecias, no es que
desaparezcan, pero se convive mejor con ellas, sobre todo con la ayuda
de una de las vitaminas T. Y no es la torta, el taco tampoco, el tamal
menos”.
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