Ray Bradbury: Fahrenheit 451. Fragmento

106 views
Skip to first unread message

jmm labrys.com.ar

unread,
Jul 27, 2013, 8:32:10 AM7/27/13
to liter...@googlegroups.com
Tranquilidad, Montag. Dale a la gente concursos que puedan ganar
recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de
las capitales de Estado, o cuánto maíz produjo lowa el año pasado.
Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos «hechos»
que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a
información.

Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de
que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta
naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como
Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino
se encuentra la melancolía.

(...) Beatty chupó su pipa.

- Tarde o temprano, a todo bombero le ocurre esto, Sólo necesita
comprensión, saber cómo funcionan ruedas. Necesitan conocer la
historia de nuestra misión. Ahora, no se la cuentan a los niños como
hacían antes. Es una vergüenza.
- Exhaló una bocanada-. Sólo los jefes de bomberos la recuerdan ahora.
- Otra bocanada-. Voy a contártela. (...)

Beatty tardó un minuto en acomodarse y meditar sobre lo que quería decir.
- Me preguntarás, ¿cuándo empezó nuestra labor cómo fue implantada,
dónde, cómo? Bueno, yo diría que, en realidad, se inició
aproximadamente con el acontecimiento llamado la Guerra Civil. Pese a
que nuestros reglamentos afirman que fue fundada antes. En realidad es
que no anduvimos muy bien hasta que la fotografía se implantó. Después
las películas, a principios del siglo XX. Radio. Televisión. Las cosas
empezaron a adquirir masa. (...)

Y como tenían masa, se hicieron más sencillos -prosiguió diciendo
Beatty-. En cierta época, los libros atraían a alguna gente, aquí,
allí, por doquier. Podían permitirse ser diferentes. El mundo era
ancho Pero, luego, el mundo se llenó de
ojos, de codos Y bocas. Población doble, triple, cuádruple. Films y
dios, revistas, libros, fueron adquiriendo un bajo nivel, una especie
de vulgar uniformidad. (...)

Imagínalo. El hombre del siglo XIX con sus caballos, sus perros, sus
coches, sus lentos desplazamientos Luego, en el siglo XX, acelera la
cámara. Los más breves, condensaciones. Resúmenes. Todo se reduce a la
anécdota, al final brusco. (...)

Los clásicos reducidos a una emisión radiofónica de quince minutos.
Después, vueltos a reducir para llenar una lectura de dos minutos. Por
fin, convertidos en diez o doce líneas en un diccionario. Claro está,
exagero. Los diccionarios
únicamente servían para buscar referencias. Pero eran muchos los que
sólo sabían de Hamlet (estoy seguro de que conocerás el título,
Montag. Es probable que, para usted, sólo constituya una especie de
rumor. Mrs. Montag), sólo sabían, como digo, de Hamlet lo que había en
una condensación de una página en un libro que afirmaba: Ahora, podrá
leer por fin todos los clásicos. Manténgase al mismo nivel que sus
vecinos. ¿Te das cuenta? Salir de la guardería infantil para ir a la
Universidad y regresar a la guardería. Ésta ha sido la formación
intelectual durante los últimos cinco siglos o más. (...)

Acelera la proyección, Montag, aprisa, ¿Clic? ¿Película? Mira, Ojo,
Ahora, Adelante, Aquí, Allí, A Prisa, Ritmo, Arriba, Abajo, Dentro,
Fuera, Por qué, Cómo, Quién, Qué, Dónde, ¿Eh? , ¡Oh ¡Bang!, ¡Zas!,
Golpe, Bing, Bong, ¡Bum! Selecciones de selecciones. ¿Política? ¡Una
columna, dos frases, un titular!
Luego, en pleno aire, todo desaparece. La mente del hombre gira tan
aprisa a impulsos de los editores, explotadores, locutores, que la
fuerza centrífuga elimina todo pensamiento innecesario, origen de una
pérdida de valioso tiempo. (...)

Los años de Universidad se acortan, la disciplina se relaja, la
Filosofía, la Historia y el lenguaje se abandonan, el idioma y su
pronunciación son gradualmente descuidados. Por último, casi
completamente ignorado La vida es inmediata, el empleo cuenta, el
placer domina todo después del trabajo. ¿Por qué aprender algo,
excepto apretar botones, enchufar conmutadores, encajar tornillos y
tuercas? (...)

El cierre de cremallera desplaza al botón y el hombre ya no dispone de
todo ese tiempo para pensar mientras se viste, una hora filosófica y,
por lo tanto, una hora de melancolía. (...)

La vida se convierte en una gran carrera, Montag. Todo se hace aprisa,
de cualquier modo. (...)

Más deportes para todos, espíritu de grupo, diversión, y no hay
necesidad de pensar, ¿eh? Organiza y superorganiza superdeporte. Más
chistes en los libros. Más ilustraciones. La mente absorbe menos Y
menos. Impaciencia. Autopistas llenas de multitudes que van a algún
sitio, a algún sitio, a algún sitio, a ningún sitio. El refugio de la
gasolina. Las ciudades se convierten en moteles, la gente siente
impulsos nómadas y va de un sitio para otro, siguiendo las mareas,
viviendo una noche en la habitación donde otro ha dormido durante el
día y el de más allá la noche anterior. (...)

Ahora, consideremos las minorías en nuestra civilización. Cuanto mayor
es la población, más minorías hay. No hay que meterse con los
aficionados a los perros, a los gatos, con los médicos, abogados,
comerciantes, cocineros, mormones, bautistas, unitarios, chinos de
segunda generación, suecos, italianos, alemanes, tejanos, irlandeses,
gente de Oregón o de México. En este libro, en esta obra, en este
seria¡ de televisión la gente no quiere representar a ningún pintor,
cartógrafo o mecánico que exista en la realidad. Cuanto mayor es el
mercado, Montag, menos hay que hacer frente a la controversia,
recuerda esto. Todas las minorías menores con sus ombligos que hay que
mantener limpios. Los autores, llenos de malignos pensamientos,
aporrean máquinas de escribir. Eso hicieron. Las revistas se
convirtieron en una masa insulsa y amorfa. Los libros, según dijeron
los críticos esnobs, eran como agua sucia. No es extraño que los
libros dejaran de venderse, decían los críticos. Pero el público, que
sabía lo que quería, permitió la supervivencia de los libros de
historietas. Y de las revistas eróticas tridimensionales, claro está.
Ahí tienes, Montag. No era una imposición del Gobierno. No hubo ningún
dictado, ni declaración, ni censura, no. La tecnología, la explotación
de las masas y la presión de las minorías produjo el fenómeno, a Dios
gracias. En la actualidad, gracias a todo ello, uno puede ser feliz
continuamente, se le permite leer historietas ilustradas o periódicos
profesionales.

- Sí, pero, ¿qué me dice de los bomberos?

- Ah. -Beatty se inclinó hacia delante entre la débil neblina
producida por su pipa.- ¿Qué es más fácil de explicar y más lógico?
Como las universidades producían más corredores, saltadores,
boxeadores, aviadores y nadadores, en vez de profesores, críticos,
sabios, y creadores, la palabra «intelectual», claro está, se
convirtió en el insulto que merecía ser. Siempre se teme lo
desconocido. Sin duda, te acordarás del muchacho de tu clase que era
excepcionalmente «inteligente», que recitaba la mayoría de las
lecciones y daba las respuestas, en tanto que los demás permanecían
como muñecos de barro, y le detestaban. ¿Y no era ese muchacho
inteligente al que escogían para pegar y atormentar después de las
horas de clase? Desde luego que sí. Hemos de ser todos iguales. No
todos nacimos libres e iguales, como dice la Constitución, sino todos
hechos iguales. Cada hombre, la imagen de cualquier otro. Entonces
todo son felices, porque no pueden establecerse diferencias ni
comparaciones desfavorables. ¡Ea! Un libro es un arma cargada en la
casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma Domina la mente
del hombre. ¿Quién sabe cuál podría ser el objetivo del hombre que
leyese mucho? ¿Yo? No los resistiría ni un minuto. Y así, cuando, por
último, las casas fueron totalmente inmunizadas contra el fuego, en el
mundo entero (la otra noche tenías razón en tus conjeturas) ya no hubo
necesidad de bomberos para el antiguo trabajo. Se les dio una nueva
misión, como custodios de nuestra tranquilidad de espíritu, de nuestro
pequeño, comprensible y justo temor de ser inferiores. Censores
oficiales, jueces y ejecutores. Eso eres tú, Montag. Y eso soy yo.
(...)

Has de comprender que nuestra civilización es tan vasta que no podemos
permitir que nuestras minorías se alteren o exciten. Pregúntate a ti
mismo: ¿Qué queremos en esta nación, por encima de todo? La gente
quiere ser feliz, ¿no es así? ¿No lo has estado oyendo toda tu vida?
«Quiero ser feliz», dice la gente. Bueno, ¿no lo son? ¿No les
mantenemos en acción, no les proporcionamos diversiones? Eso es para
lo único que vivimos, ¿no? ¿Para el placer y las emociones? Y tendrás
que admitir que nuestra civilización se lo facilita en abundancia.
(...)

A la gente de color no le gusta El pequeño Sambo. A quemarlo. La gente
blanca se siente incómoda con La cabaña del tío Tom. A quemarlo.
Escribe un libro sobre el tabaco y el cáncer de pulmón ¿Los
fabricantes de cigarrillos se lamentan? A quemar el libro. Serenidad,
Montag. Líbrate de tus tensiones internas. Mejor aún, lánzalas al
incinerador, ¿Los funerales son tristes y paganos? Eliminémoslos
también, Cinco minutos después de la muerte de una persona en camino
hacia la Gran Chimenea, los incineradores son abastecidos por
helicópteros en todo el país. Diez minutos después de la muerte, un
hombre es una nube de polvo negro. No sutilicemos con recuerdos acerca
de los individuos. Olvidémoslos. Quemémoslo todo, absolutamente todo.
El fuego es brillante y limpio. (...)

No se puede construir una casa sin clavos en la madera. Si no quieres
que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos
aspectos de una misma cuestión, para preocuparle; enséñale sólo uno.
o, mejor aún, no le des ninguno. Haz que olvide que existe una cosa
llamada guerra. Si el Gobierno es poco eficiente, excesivamente
intelectual o aficionado a aumentar los impuestos, mejor es que sea
todo eso que no que la gente se preocupe por ello. Tranquilidad,
Montag. Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra
de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de
Estado, o cuánto maíz produjo lowa el año pasado. Atibórralos de datos
no combustibles, lánzales encima tantos «hechos» que se sientan
abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces,
tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se
mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta
naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como
Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos.

Por ese camino se encuentra la melancolía. Cualquier hombre que pueda
desmontar un mural de televisión y volver a armarlo luego, y, en la
actualidad, la mayoría de los hombres pueden hacerlo, es más feliz que
cualquier otro que trata de medir, calibrar y sopesar el Universo, que
no puede ser medido ni sopesado sin que un hombre se sienta bestial y
solitario. Lo sé, lo he intentado ¡Al diablo con ello! Así, pues,
adelante con los clubs las fiestas, los acróbatas y los
prestidigitadores, los coches a reacción, las bicicletas helicópteros,
el sexo y las drogas, más de todo lo que esté relacionado con reflejos
automáticos. Si el drama es malo, si la película no dice nada, si la
comedia carece de sentido, dame una inyección de teramina. Me parecerá
que reacciono con la obra, cuando sólo se trata de una reacción táctil
a las vibraciones. Pero no me importa. Prefiero un entretenimiento
completo.

Beatty se puso en pie.

- He de marcharme. El sermón ha terminado. (...)

Ray Bradbury, "Fahrenheit 451"

http://www.antroposmoderno.com/
Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages