A raíz de esa idea de Calvino, en España se organizó hace un par de
años un encuentro, éramos diez personas, para que presentásemos
propuestas para el milenio. Personalmente creo que es una idea que no
tiene mucho sentido. Porque presentar propuestas para el milenio que
viene es completamente absurdo.
Lo que es interesante por la envergadura, la estatura intelectual de
las personas que participaron en ese encuentro es que se lo tomaron en
serio. Entonces, había noventa propuestas para el milenio, donde había
de todo, sobre todo delirio, puro delirio. Al punto de que ahora mismo
no me puedo acordar. A lo mejor porque yo había sido mucho más modesto
y me vi limitado a presentar mejores propuestas para el día siguiente.
Al otro día todo era literatura fantástica, imaginándonos situaciones
para la humanidad, fuera de lugar. No estoy diciendo que la humanidad
no la venga a necesitar un día o ahora mismo. Pero obviamente la
inviabilidad era total.
Mis propuestas eran sencillas, muy claras. Eran nueve propuestas que
cualquier persona podría formular. Pero lo que me quedó sobre todo es
la décima propuesta, que será el tema de mi conversación ligado al
trabajo literario. Hasta qué punto esta última propuesta se encadena
con lo que estoy haciendo. Y era sencillamente el regreso a la
filosofía.
Regreso a la filosofía no en el sentido absurdo de que ahora nos vamos
a convertir todos en filósofos. Filosofía aquí podría significar
exactamente todo lo que esperamos encontrar en la filosofía, es decir,
la reflexión, el análisis, el espíritu crítico, libre. Es decir,
circular dentro del universo humano donde conceptos de otro tipo se
enfrentan, se encuentran, se juntan, se separan, es lo que pasa todos
los días, pero apuntar la idea de que si el hombre es un ser pensante,
pues entonces que piense.
Se puede decir, y yo estaría de acuerdo en principio, que una cosa es
la filosofía y otra la literatura. La literatura no tiene que ser
filosófica al igual que la filosofía no tiene por qué ser literaria,
aunque es cierto que algunos filósofos han hecho de sus tesis
filosóficas magníficas obras literarias en el sentido de que la
calidad del lenguaje es realmente notable.
Por otra parte, la tentación del ficcionista, o de cierto tipo de
ficcionista es incapaz de dar un paso en la literatura que están
construyendo sin pensar no solo en lo que eso significa, sino también
en el hecho mismo de lo que están escribiendo. Eso es lo que me ha
ayudado a regresar a la filosofía en un momento anterior a mi Nobel, y
anterior quizás a la publicación de dos libros que yo considero
importantes.
A partir de El evangelio según Jesucristo, que será representado en
Cuba y no significa teatralmente representado, sino que se vuelve a
presentar, yo diría que aunque es cierto que en toda la obra anterior
-estoy hablando de la obra de ficción- aunque es una tendencia en mí,
más que eso una necesidad absoluta, como he dicho antes sobre lo que
estoy haciendo, y también, sobre lo que puede significar para el
lector lo que estoy escribiendo. Esto se observa no tanto en obras
como Levantado del suelo, que es como una saga, la vida de unos
campesinos pobres en el sur de Portugal, tres generaciones de gente
pobre… ha sido una novela importante porque con ella de alguna forma
he encontrado en su narrador mi propia voz, algo que necesitaba para
pensar y escribir.
Por todo eso, la verdad histórica no pasa por una interpretación o
pasa por la mirada del tiempo en que esa interpretación se hace, por
lo tanto, es más probable que por motivos distintos, políticos,
ideológicos, la generación siguiente -si observa el mismo hecho-
llegue a conclusiones distintas. No sabremos nunca detalladamente qué
es lo que sucedió, sobre todo porque la historia que se cuenta es
incompleta.
En primer lugar, la historia se escribe desde el punto de vista de los
vencedores, los vencidos nunca han escrito la historia. Se escribe,
fatalmente, desde un punto de vista masculino. La humanidad contada
por una mujer o un equipo de mujeres sería totalmente distinta porque
el punto de vista es otro, incluso la historia de la humanidad, que de
vez en cuando se hace y es una empresa completamente desproporcionada
porque nadie puede escribirla, pero se intenta, se compra y se vende.
Nace una cantidad de personas que no van a ser importantes; pero que
están en la vida, trabajan, sufren, son felices, van a la guerra, se
mueren, se salvan. Sobre todo lo que ocurre en la vida humana, y esto
multiplicado por millones de veces, tenemos que llegar a una
conclusión: o toda esa gente nació para nada y no va a tener ninguna
influencia en la historia, lo que es muy difícil porque para algo ha
vivido o se necesita saber para qué. Napoleón no hubiera ganado lo que
ganó sin aquellos que lo siguieron para ganar la batalla, aunque se
diga que es un estratega extraordinario, pero aún así se necesita
gente dispuesta a morir, y eso lo tuvo junto a los demás Napoleones
que han infestado nuestra vida. No se trata sencillamente de que han
nacido para ir a la guerra y morir en nombre de Francia.
Y ahora con esta idea de que una mariposa aletea en Tokyo y ocasiona
un terremoto en California solo por el hecho de ese aleteo, imaginen
los millones de seres humanos que han muerto, y si hay una lógica en
el mundo, esa muerte tendría que tener un efecto muchísimo mayor que
el simple aleteo de la mariposa.
No se cuenta esa historia. Curiosamente un gran historiador francés de
la nouvelle histoire, Georges Duby, empieza un libro suyo con una
pequeña frase: “Imaginemos que”. Cuando uno se enfrenta a un
historiador que en lugar de enunciar una verdad definitiva entre en el
territorio de la imaginación, de la creación literaria y artística y
te dice “imaginemos que”, es una mirada completamente nueva sobre los
llamados hechos históricos, porque se plantea la posibilidad de
trabajar con la imaginación sobre el supuesto hecho real.
¿Que por aquí no nos entenderíamos nunca más? Quizás sea cierto, como
nosotros más o menos necesitamos, llamemos así, de verdades que se
mantengan bien quietecitas, porque si no uno se desorienta. Vivir
sería una experiencia realmente extraordinaria en la ahistoridad total
del sentido de las cosas que ocurren. A lo mejor sería eso en lo que
Italo Calvino pensaba al decir que la literatura debería ser ligera en
el sentido de que flotara, aceptando que nada se puede definir.
En la historia de El cerco de Lisboa se plantea qué es la verdad histórica.
Luego viene El evangelio según Jesucristo que es una interpretación
bastante, no quiero decir épica, blasfema, o quizás sí según el punto
de vista.
Lo que me ha interesado más es el niño Jesús y no ese que llamamos El
Niño Jesús que está en la cuna, sino el que salió de esa cuna y empezó
a vivir. ¿Qué pasará con ese niño, víctima de la ambición de un Dios
que quiere todo el poder y necesita de una víctima que no tiene la
culpa?
El título del libro nació en circunstancias totalmente extrañas. Un
amigo mío, una persona de buena voluntad, que tiene siempre una
explicación para todo me dice que ha sido inspirado por Dios, cuando
es una explicación sobrenatural, o, como es el caso, absurda.
Estábamos ambos, Pilar y yo, en Sevilla, era la hora del almuerzo, y
cruzando la calle en dirección a un kiosco de revistas y periódicos,
mirando al frente leí en portugués “el evangelio según Jesucristo”.
Seguí adelante, de repente paré, y me dije que no era cierto lo que
había visto, regresé y no estaba ya el titular.
El libro es profundamente irónico, de alguna manera no deja títere con
cabeza, y tiene muchas cosas que a la iglesia le ha costado tragar.
Una de ellas es que efectivamente Jesús tuvo hermanos, seis o siete.
Bueno, una virgen que tiene siete hijos, admitiendo que el mayor,
Jesús, nació de la luz y por lo tanto no ha tenido que pasar por el
vientre de su madre. No sé si aquí la conocen, en Portugal existe una
virgen que se llama La Virgen del O porque está embarazada, ella ha
sido poco a poco empujada al margen de las creencias y ya nadie piensa
en que la virgen se embarazó.
Efectivamente la virgen María, la mujer de José, quien tampoco es un
señor de mucha edad, va contra todo lo que tiene que ver con la
tradición de los judíos que se casaban muy jóvenes porque era
necesario tener hijos. Es muy dudoso, si efectivamente Jesús ha tenido
seis o siete hermanos que el pobre San José aún tuviera capacidad para
proliferar tanto. Si era así era un hombre joven, casado con una mujer
joven que se llamaba María.
Y más. Jesús era un hombre y se enamoró y tiene una adoración con
María Magdalena. Existe un evangelio apócrifo donde se cuenta un
momento en que están reunidos Jesús, los discípulos y las mujeres que
lo acompañaban, y Jesús besa a María Magdalena en la boca. Uno de los
discípulos le pregunta a Jesús, por qué quieres tú más a María
Magdalena que a nosotros, y Jesús que podría ser casi gallego, le
contesta con otra pregunta, y por qué crees tú que yo quiero más a
María Magdalena que a vosotros. La cosa se queda así, no hay
respuesta. Claro que Jesús era un hombre seguido por un grupo de
mujeres y hombres, y le calentaban el cuerpo en las mañanas frías de
Judea, y esto es lo natural y lo humano.
Los que leyeron la novela pienso que al menos en una cosa estarán de
acuerdo, que el autor, que es un ateo, porque lo soy, no tengan
ninguna duda, ha tratado la figura de Jesús con respeto total. Con
respeto total por el hecho mismo de que para mí Jesús es un hombre. El
Dios yo lo desprecio, en El evangelio lo maltrato. No así con este
chico, que por otra parte ha tenido que vivir con el Diablo, que tiene
un rebaño enorme de ovejas. El Diablo vive en un universo paralelo a
este, pero con la diferencia de que en su rebaño las ovejas no mueren,
están allí para siempre. Jesús es educado de alguna forma por el
Diablo.
Con El evangelio se cierra una puerta y se abre otra. Con Ensayo sobre
la ceguera publicado también aquí, apuntaba al corazón del ser humano,
después de estar mirando -no diré a la humanidad, pues es una tontería
decirlo así- a lo que yo pensaba que debería ser asunto de mi trabajo,
con una gran angular donde cabía la historia bíblica, la historia de
Portugal.
Yo he escrito un ensayo que se llama La estatua y la piedra hace
algunos años en que más o menos decía que como novelista estaba
describiendo una estatua. A lo mejor no lo pensamos mucho, pero una
estatua es la superficie de la piedra después que el escultor ha
trabajado sobre ella.
Pero la piedra sigue siendo piedra más allá de la superficie, y en el
fondo más allá de la superficie no sabe que es estatua. Entonces a
partir de Ensayo…, pasando por Todos los nombres, La caverna, El
hombre duplicado, Ensayo sobre la lucidez, y la última novela que se
publicará este año Las intermitencias de la muerte, es mi obsesión
llevar lo más lejos y profundo que yo pueda el significado de ser
humano.
Puede ser fácil, todos aquí somos seres humanos, no sé si hay algún
ser divino, pero eso es cosa suya. Conrad Lorenz dice haber
descubierto el eslabón entre el mono y el ser humano y ese eslabón
somos nosotros. Por tanto, no monos, pero todavía no humanos, a lo
mejor tiene razón.
Entonces, este planteamiento ni siquiera tiene que ver con las
preguntas clásicas qué somos, de dónde venimos, adónde vamos, que no
tienen respuestas o algunas de ellas tienen las respuestas que la
ciencia puede proporcionarnos.
Para mí la pregunta importante y esa es probablemente la que costará
más trabajo encontrar respuesta es: qué estamos haciendo aquí. Cada
uno contestará yo estoy haciendo mi trabajo, tengo una vocación para
hacer esto o aquello, pero eso no contesta nada. Ah, bueno, estamos
aquí para construir una sociedad justa, magnífico que lo haga, pero
sea cual sea la respuesta que podamos dar -y podemos dar muchas y
todas magníficas- la pregunta queda intacta: qué es lo que estamos
haciendo aquí.
A partir de Ensayo sobre la ceguera y con alguna excepción motivada
por la naturaleza de la historia que estaba contando, yo gano una
especie de conciencia incómoda de que todo es muy pequeño. Y no es muy
pequeño en relación con las vidas astronómicas que no podemos ni
siquiera imaginar.
A mí me causa una especie de vértigo la pregunta qué estamos haciendo
aquí y la respuesta solo puede ser una, en el fondo fondo no estamos
haciendo nada. O mejor estamos haciendo todo lo que podemos para
justificar nuestra propia existencia. Pero cuando esto se acabe, o
porque la galaxia se hunda en el agujero negro que ya está, o que el
sol se apague, habremos pasado por el tiempo inútilmente, todo
desaparecerá y habremos sido en la vida del universo un suspiro, nada
más que un suspiro.
Esta conciencia que puede llevarnos a la angustia total, a pensar en
lo que ocurrirá, ya sabemos que no será mañana. A lo mejor ni siquiera
necesitaremos que el sol se apague, puede ocurrir que mucho antes de
eso hayamos destruido el planeta y es otra hipótesis, por el camino
que vamos seguramente puede ocurrir.
Esto parece que es una cosa sin relación, pero sí. Las personas
pierden su nombre, un ejemplo en Ensayo sobre la ceguera, en Todos los
nombres hay una sola persona que tiene nombre y se llama José, no
porque sea mi alter ego, yo buscaba un nombre insignificante y la
verdad es que el más insignificante que encontré fue el mío, luego
viene La caverna donde hay una familia con todos sus nombres, después
en El hombre duplicado también hay nombres, pero en Ensayo sobre la
lucidez no hay ninguno. En Las intermitencias de la muerte, que parece
un nombre extrañísimo porque la muerte es definitiva y aquí es
intermitente, viene y va, no significa que se resucite, se divertirán
mucho, cuando hablo de Juan Sebastián Bach, por ejemplo, lo hago con
minúsculas.
Cuando pronuncio su nombre, ¿pueden ustedes ver alguna mayúscula? Sí,
porque piensan que debe estar una mayúscula, pero lo que digo es un
sonido y no tiene por qué llevar mayúscula, existe la convención, pero
no quiero seguirla.
Hoy por la mañana estaba en el Taller de Creación Literaria, no es que
yo pusiera en duda la necesidad del taller, pero recordaba que
Shakespeare, ni Dostoievski, ni Dante, ni Cervantes ni Lezama Lima,
Kafka estuvieron en alguno. No quiere decir que uno no tenga que
aprender, pero lo que decía es que hay que tener cuidado con la
teoría, la literatura se hace escribiendo.
Una chica me decía que después de terminar de escribir ella
confrontaba lo hecho con la teoría, y no creo que deba ser así. Es lo
mismo que el alfarero que al terminar se pone a analizar la
composición química del búcaro. No le doy ninguna lección a nadie,
sino que simplemente me limito a decir lo que pienso.
A partir de Ensayo sobre la ceguera hasta Las intermitencias de la
muerte mi preocupación es: qué es esto, de ser hombre, mujer, de
siendo hombre o mujer, ser niño o ser viejo, ser esto o ser aquello,
ser blanco o negro, qué significa. Deberíamos saber que la palabra
humanidad es totalmente abstracta, no dice nada. Porque lo que
llamamos humanidad en estos momentos son más de siete mil millones de
personas y cada una de ellas es única. Cuando Paul Ricard decía, ha
muerto hace algunos días, que el otro es como yo y tiene el derecho de
decir yo, planteaba algo muy serio, y es que todos tenemos derecho a
decir yo con la misma fuerza y ganas con que otros se habituaron y se
acostumbraron a decir yo de generaciones y generaciones mientras que
los demás eran sencillamente los otros. Esto hay que equilibrarlo.
Todos tenemos derecho a decir yo.
Con esto quiero decir que cuando terminé mi enunciado de diez
propuestas -no para el milenio sino para el día siguiente, y terminé
diciendo regreso a la filosofía, en el fondo era regreso al pensar.
Con algo que no se puede separar de la naturaleza del hombre desde el
momento en que bajó del árbol, dejó de andar en cuatro patas y se puso
de pie, cuando intentó el primer instrumento, un palo con el que podía
llegar a un fruto que el brazo no podía alcanzar… Toda esa historia
hasta el día en que estamos es obra del pensar.
El pensar creo que es, quitando el otro placer, de acuerdo, sobre todo
porque son incompatibles, el otro no permite que tú pienses, no te da
espacio para eso, aunque sabes que a veces si piensas no vas a lo
otro. Quiero decir que hoy como escritor, yo, con Premio Nobel o sin
Premio Nobel, con 82 años, considero que el privilegio del ser humano
fue el de ser capaz de pensar, reflexionar, aplicar sus pequeños
instrumentos de un pequeño cerebro que a pesar de todo contiene una
memoria, conocimientos y todo eso archivado dentro del cerebro, y todo
eso hacerlo funcionar en una obra, que puede ser literaria. O como
personas sencillas que quieren conocer el mundo en que se encuentran y
piensan, y discuten y analizan, y preguntan. Eso creo que es la única
razón por la que efectivamente vale la pena estar vivos. Y si a la par
de eso se pueden resolver los problemas que son miles, que impiden a
millones y millones de personas no solo pensar, sino sencillamente
vivir, entonces la tarea que tenemos por delante como seres humanos es
inmensa, infinita y enorme.
Pero siempre tiene que empezar por donde tiene que terminar para
volver a empezar y para volver a terminar, siempre y siempre. Pensar,
pensar y pensar.
Sesión de preguntas
¿Cómo abre Saramago la cuarta puerta de la que habla en el prólogo del Quijote?
Antes debo explicar qué es el prólogo de El Quijote. Venezuela ha
hecho una versión abreviada para la juventud de El Quijote. Un libro
mucho más pequeño que está organizado para la lectura de jóvenes.
En Caracas el Ministro de Cultura cuando estuvimos me invitó a
escribir un prólogo para esa edición. Tengo que decir que ha sido una
invitación arriesgada por parte de quien piensa que puedo hacerla,
pero mucho más arriesgada por el que decide hacerla. Sobre El Quijote
se ha dicho todo, la bibliografía pasiva es infinita, y cómo vas a
decir algo interesante y no repetir lo que se ha dicho.
Yo no he dudado, sin tener muy claro qué podría hacer y por un espacio
de tiempo, se me ocurrió algo que no es inédito, pero en mi prólogo
tiene otras connotaciones, sobre todo otras consecuencias.
¿Don Quijote está loco, realmente loco? Lo normal es decir sí. Y si
partimos del principio de que El Quijote no está loco, quien está
loco, suponiendo que hay una locura ahí, es Alonso Quijano. Él es el
Hidalgo que anda por ahí, leyendo mucho y, según Cervantes, acaba por
volverse loco de tanto leer, imaginar y poco dormir. Por lo tanto, no
es Don Quijote el loco, sino Alonso Quijano o Don Quijote es el loco
de Alonso Quijano. Curiosamente al final del libro no es Don Quijote
quien muere, sino Quijano.
Hay un nacimiento, principio y fin de Don Quijote que no coincide con
el principio y fin biológicos de Alonso Quijano. Don Quijote es algo
que está dentro de la vida de Quijano, pero tiene de cierta forma su
propia autonomía total.
Puede que Alonso Quijano no se haya vuelto loco, por una razón lógica,
no hay en los archivos psiquiátricos ningún caso que se haya vuelto
loco por el hecho de leer mucho o imaginar. Imaginar es todo lo
contrario, es la libertad de pensar.
Yo acabé por unirlo, colarlo a un recuerdo de un verso de Rimbaud
cuando él dice, La vraie vie est ailleurs, en traducción libre, La
vida auténtica está en otro lugar.
Esto es lo que ha dicho Rimbaud. Pero yo he concluido que si
objetivamente Alonso Quijano no se volvió loco, su locura es
efectivamente una estrategia de Cervantes para hacer pasar un
personaje que de otra forma la sociedad y su tiempo no aceptarían,
porque una persona en su completo juicio no haría las tonterías que
hace ese hombre. Pero no son obras de loco, sino de alguien que está
pensando que objetivamente la vida auténtica está en otro lugar. Es
inevitable la conclusión siguiente: que el auténtico yo está en otro
sitio y hay que ir a buscarlo.
La pregunta era cómo se abrió esa cuarta puerta. Existe una puerta
final que es la puerta para la libertad, porque el saber, la
curiosidad son puertas que sucesivamente uno va abriendo. Pero al
final, existe esa puerta que Alonso Quijano o Don Quijote abre. No es
que haya llegado a la vida auténtica, probablemente no hay otro
remedio que seguir andando en dirección a ella y no llegar nunca, o
probablemente no llegar nunca a lo que se entendía por el auténtico
yo. Pero Quijano o Don Quijote es un hombre y va en esa dirección y
esa es la libertad: cuando te buscas a ti mismo y te encuentras con
todo lo que eres, con tus virtudes y defectos, con las cosas malas y
buenas que has hecho, cuando intentas conocerte aun cuando no te
conozcas, aun cuando mantengas las puertas cerradas en ti.
Una cosa es abrir la puerta de la libertad para el mundo, otra cosa es
abrirla para ti mismo, esa es más complicada. Cuando te pones a leer
El Quijote y quedas solo por las tonterías que hace, haciendo cosas
que no tienen ningún sentido, y más, el propio Cervantes está
consciente de eso, tanto que el episodio de Sierra Morena cuando Don
Quijote manda a Sancho Panza a llevar un mensaje a Dulcinea del
Toboso, y hace tonterías porque quiere imitar a Amadís de Gaula, en lo
que dice Don Quijote a Sancho hay un segmento que me confirma, ya no
por interpretación mía sino por la pluma de Cervantes, que Alonso
Quijano no estaba loco. Dice más o menos así: Tú vas y le dices a
Dulcinea lo que yo te he entregado pero si no lo haces entonces yo
loco de veras, haré esto y aquello. Son tres palabras que,
deliberadamente o porque le salieron sin darse cuenta, dejó allí y
dicen que realmente Alonso Quijano no se volvió loco, probablemente lo
que pasaba era que estaba aburrido de su vida, harto de la monotonía y
la rutina. Entonces decidió que iba a cambiar.
¿No se cuenta sobre los que dicen: “voy a bajar a comprar
cigarrillos”, y no vuelven? Pues de alguna forma, y voy a usar esta
metáfora, Alonso Quijano bajó a buscar cerillas con la idea de la
libertad, la libertad del espíritu.
Alguien me preguntó el otro día si yo pensaba que se podía ser libre
en una cárcel, y yo he dicho sí, y he dado el ejemplo de Nelson
Mandela. En la cárcel, años y años y su espíritu estaba libre.
Considero que la obra literaria, el trabajo literario, el pensar, la
filosofía, el ensayo, eso en que uno se para a reflexionar sobre lo
que sea, es la postura del hombre que entrega su vida al acto de
pensar. Vemos el ejemplo de los ensayos de Montaigne. Yo estoy aquí
para pensar. Pensar, incluso, a veces, en cosas completamente
insignificantes. Hay muchas cosas en los ensayos de Montaigne que son
totalmente insignificantes, incluso hay momentos en que habla del
estreñimiento del vientre, pero, bueno, es un tema… Pero mucho más que
eso, hay un ensayo de otro filósofo que se llama más o menos “De cómo
filosofar es aprender a morir”, de una grandeza total, iluminadora,
entiendo una cantidad de cosas que más o menos sospechaba pero ahí se
encuentran claras.
A usted le gusta hablar mucho de filosofía, se dice que José es un
pesimista, pero yo amo en las obras de José, el amor… Para mí,
Memorial del convento, Ensayo sobre la ceguera, El Evangelio según
Jesucristo son obras que releo y son bellas historias de amor… José
nunca habla de eso, salvo en entrevistas con periodistas, pero es
extraordinaria la fuerza de las historias de amor en las obras de
Saramago, y la fuerza de las mujeres…
Es cierto… Pero también es cierto que yo no me propongo nunca escribir
una historia de amor. Si me lo propusiera a lo mejor caería en los
tópicos de siempre y la novela sería un fracaso. Lo que pasa es que
las historias que cuento, normalmente, creo que en todos los casos
ocurre algo que empieza a adivinarse como una historia de amor y puede
llevar, digamos, hablando de María Magdalena, a expresiones literarias
quizá un poco conceptualistas, pero también, al final de la novela,
cuando ellos se separan, Jesús le dice, “No puedes venir conmigo”,
ella responde: “Miraré tu sombra si no quieres que te mire a ti. Y él
contesta: “quiero estar donde mi sombra esté, si allí es donde están
tus ojos”. Es un juego de palabras un poco cultista, un poco
conceptista, es más bien del siglo XVII o XVIII, pero que
efectivamente expresa hasta dónde puede llegar la unión de dos seres.
Ella acepta no mirarlo, pero él no puede prohibir que ella mire su
sombra, pero él le contesta diciendo: yo quiero estar donde mi sombra
esté si ahí están tus ojos… Son cosas muy bonitas, sí, son muy
bonitas, porque aunque yo sea el autor y no suceda así (RISAS)
realmente son (APLAUSOS)… Y es cierto que pasa en el amor de Blimunda
y Baltasar en el Memorial del Convento.
Yo contaba hoy en el Taller Literario algo que me sigue sorprendiendo
(todos estamos de acuerdo en que es una historia de amor muy hermosa,
por el hecho mismo de la caracterización de los personajes y todo lo
que ocurre): yo estaba finalizando la novela, cuando me di cuenta, con
sorpresa, que había escrito casi 400 páginas de una historia de amor
sin una sola palabra de amor. Ellos nunca dicen “te quiero” ,“te amo”
, “tú eres la luz de mis ojos” o cosas como esas, pero no es que me lo
propusiera, creo que ha sido la fuerza profundísima de esa relación
humana que ha hecho inútil cualquier otra cosa que no fuera la propia
vivencia de ese amor. Se puede expresar en palabras corrientes, pero
el lector sabe que está ahí. Hay una frase que de todos modos intenta
expresar eso, cuando en un momento se dice, “Mirarse era la casa de
ambos”…
(Le señalan un libro en la mesa) ¿Dime cariño, lo tienes ahí? Pero
mira, Pilar, esta es una cita que debe leer alguien que no hable como
yo hablo… Siéntate aquí… Yo de espectador, de oyente.
PILAR: Bueno, este es un libro que han dejado antes para que se
firmara, y como se estaba hablando de historias de amor, he recordado
el final de Memorial del Convento, y voy a leer unas páginas, porque
me parece que está expresado el amor, y así oímos también la música,
la melodía de lo que escribe Saramago… Es Memorial del Convento, creo
que no está publicado en Cuba, que lo van a publicar pronto y es la
historia de una mujer que tenía la posibilidad de ver el interior de
las personas, sabía si los seres humanos tenían voluntad o no. Pero
solamente si los miraba cuando ella estaba en ayunas. Conoció a un
hombre que estaba manco por haber combatido en una guerra contra
España, y juntos ayudan al personaje real de la historia de Portugal a
hacer una máquina voladora. El cura, personaje real, muere en Toledo,
loco, ocultándose de la Inquisición. En la novela, Baltasar va un día
a ver la máquina y de pronto desaparece, y Blimunda se dedica a buscar
a su marido por todo Portugal:
(LEE FRAGMENTO)
Por favor, imaginar esto leído por mí… (RISAS)… Este personaje de
Blimunda, que veía más allá de la piel y podía ver incluso lo que
estaba bajo la superficie del suelo cuando estaba en ayunas, tiene una
relación histórica con un personaje en Portugal, una mujer que se casa
con un comerciante francés en el sur del país. Yo no sé si veía o no,
pero el rey, Don Juan V, le concedió el título de Doña por eso, y
curiosamente hace pocos días, un lector del norte de Portugal me envió
el registro del matrimonio de esa mujer con ese comerciante francés en
el principio del siglo XVIII… Y ahí está la teoría de la recepción
sobre la que hablábamos, es decir, yo sabía por información histórica
que esa mujer había existido, pero ese lector me envió la fotocopia
del registro de la Iglesia donde está registrado el matrimonio con ese
hombre. Entonces yo, sabiendo de esta historia, inventé esta otra, en
la que el personaje que tiene esa característica cuando está en
ayunas, es una mujer que no sabemos si es muy hermosa, y es la
historia de la construcción del gran convento de Mafra, 40 km al norte
de Lisboa, una especie de Escorial, un poco más pequeño. Los
personajes que son verdaderos, sobre todo Blimunda, Baltasar y
Bartolomeo, todos tienen la letra B: Bartolomeo de Guzmán, que es un
personaje histórico, pues tenía que ser B, y cuando me dispuse a
buscar un nombre para ella, que no era fácil, pues no podía llamarse
Joaquina ni Mercedes, con mucho respeto para las Joaquinas y las
Mercedes y las Dolores y las Flores, tampoco Lola… Entonces busqué un
nombre, y en un vocabulario onomástico, bajando y bajando y bajando
encontré Blimunda y me dije, “Aquí está”, y como ya tenía dos B, pues
entonces el hombre se llamó Baltasar. Es una novela que llevo en el
corazón; hizo a la gente de fuera mirar hacia allí donde había un
escritor que había escrito una novela que no estaba mal.
En una ocasión confesó haber escrito La caverna no con sus ideas
políticas, sino con lo que era y con lo que creía. ¿Qué le impulsa
escribir de una manera tan abierta y atrevida sobre el interior del
ser humano?
Yo he querido dejar bastante claro en lo que he dicho, al preguntar
qué es lo que estamos haciendo aquí, en el espacio, en este planeta,
en una galaxia que no es la más importante del Universo… Qué
casualidad es esta que nos ha puesto aquí… Aunque yo tengo una teoría,
interesantísima, tengo que decirlo: Como no tiene ningún sentido que
Dios se haya tomado el trabajo de crear el Universo, que no es pequeña
cosa, para poner su creación más sublime, que es el ser humano, en
este planetita sin importancia, la conclusión es lógica: Dios creó al
ser humano para que poblara el Universo. Es la única conclusión
sensata y equilibrada; si no es así, es completamente inútil un
Universo tan enorme para un ser tan pequeño como nosotros. Entonces,
Dios nos colocó en todo el Universo, pero como nos hemos comportado
mal, al igual que nos estamos comportando ahora, Dios dijo: si no
tengo cuidado, (RISAS) van a cagar mi Universo que tanto trabajo me ha
costado. Entonces, nos reunió a todos y nos colocó en la cárcel, en La
Tierra como cárcel donde la especie humana se debía comportar mal en
el Universo… Dios estará seguramente loco mirando, pues como andamos
por ahí haciendo esos intentos de navegación espacial, debe estar muy
atento, porque si volvemos a las andadas… (RISAS)… Dios ya llegó a la
conclusión: la Tierra está ya perdida, yo no puedo hacer por ella.
Pues entonces, debemos estar aquí, pero si empezamos con la idea de ir
a la Luna y luego a Marte y luego a otra galaxia, Dios se encargará
otra vez de decir: No, no lo permito… Ahí, ahí, en la cárcel, en la
Tierra. Es una teoría. Bien, qué es lo que eleva a ese hombre: buscar
esa respuesta, qué es lo que somos, claro que sí, pensemos que somos
hijos de Dios, eso es una explicación que da para todo, nos prometen
el Paraíso si nos comportamos bien, o vamos al Infierno, cosa en que
la Iglesia no cree, el Paraíso o el Infierno, porque no sabe dónde
están… El Papa Juan Pablo II ha dicho: Es que el Cielo es estar bien
con Dios, y el Infierno estar separado de Dios… Si la Teología llega a
esa conclusión, no valía la pena tanta Inquisición, ni tanto convento,
ni tanta tortura ni todo lo que ha pasado antes… Si es así, bueno,
cada uno tiene sus ideas y su relación con esa supuesta divinidad,
que, por otra parte, no sé por qué tenía que ser aquella… Cuando los
navegantes llegaban a América, traían dos representantes en los
barcos: el soldado y el fraile. El fraile llegaba y lo primero que
decía era: vuestros dioses son falsos, yo traigo conmigo al verdadero
Dios. Ahí se jodió la marrana (RISAS) Porque efectivamente, con esa
blandura, todo lo que ha pasado ha sido genocidios, torturas,
extorsiones, pueblos aniquilados, eso ha sido lo que ha traído el
fraile… Y cuando el fraile no convencía, entraba el soldado, con la
espada, con la lanza. Es así, y todo en nombre de Dios. Yo tengo una
obra de teatro, In nomine Dei, sobre el conflicto en el norte de
Alemania, particularmente en la ciudad de Münster, entre los católicos
y los protestantes anabaptistas, ha sido una cosa horrorosa. Ambos
creyendo en el mismo Dios, y se degollaron, se torturaron… De esa obra
ya se hizo una ópera que se estrenó en Münster hace años, que después
fue a Italia y a Portugal… Y lo que yo digo es una cosa muy sencilla,
que no entiendo cómo la gente no se da cuenta: matar en nombre de Dios
es hacer de Dios un asesino. Si Dios es el creador de la vida no puede
ser un asesino. No deberíamos permitírnoslo, ni permitirlo, pero
ocurre todos los días. Entonces, esta especie inteligente, sensible,
capaz de amar como Blimunda y Baltasar y en la realidad como personas
de ficción pero personas reales, capaces de ser Nelson Mandela u otras
personas extraordinarias que sabemos que existen, es a la vez la
bestia, el monstruo que anda por ahí… ¿La literatura puede resolver
esto? No. Puede tal vez hacerlo más claro, tornarlo más evidente, y
cada uno que saque sus conclusiones. Nada más. Muchas gracias.
Versión de la intervención del escritor portugués José Saramago,
Premio Nobel de Literatura, el viernes 17 de junio de 2005 en la sala
Che Guevara de la Casa de las Américas.
Vía La jiribilla http://www.lajiribilla.cu/2005/n215_06/215_41.html