|
aca esta la traduccion del Op 42 de Schumann. saludos
labib palis
|
1.- Desde que le he visto
Desde que le he visto, creo estar ciega. Allí a donde miro, sólo le veo a él. Como un sueño en vela flota su imagen ante mí, desde la más profunda oscuridad emerge radiante.
Sin luz ni color está todo alrededor mío. No me apetecen ya los juegos de mis hermanas. Querría mejor llorar en silencio en mi cuartito. Desde que le he visto, creo estar ciega.
2.- Él, el más magnífico de todos
Él, el más magnífico de todos, ¡cuán dulce, cuán bueno! Labios deliciosos, claros ojos, espíritu sereno y ánimo firme.
Como allá, en las profundidades azules, habita la brillante y gloriosa estrella, así él está en mi firmamento, brillante y glorioso, tierno y distante
Anda, anda tus caminos; sólo contemplar tu brillo, sólo contemplarlo a él, con humildad. ¡Sólo estar feliz y triste!
No oigas mi mudo rezar, consagrada sólo a tu felicidad. No me conoces a mí, joven vulgar, tú, ¡Sublime estrella de la magnificencia!
Sólo a la más digna entre todas puede agraciar tu elección, y yo bendeciré a la augusta mil veces.
Entonces me alegraré y lloraré, dichosa, dichosa seré entonces. Si el corazón debiera rompérseme, ¡rómpete, oh, corazón,! ¿qué importa?
3.- No puedo comprenderlo, creerlo
No puedo comprenderlo, creerlo. Un sueño me ha embelesado. ¿Cómo a mí, pobre entre todas, él me elevó y agració?
Para mí era como si él hubiera dicho: "soy para siempre tuyo". Para mí era como si soñara siempre, no podrá ser así eternamente.
Oh, déjame morir en el sueño, mecida en su pecho, beber a sorbos la muerte dichosa, en lágrimas de infinito deleite.
4.- Tú, anillo de mi dedo
Tú, anillo de mi dedo, mi anillito de oro, te aprieto, devota, contra los labios, sobre mi corazón.
Yo había abandonado ya el sueño tranquilo y bello de la infancia; me encontraba sola, perdida en el espacio desierto e infinito.
Tú, anillo de mi dedo, has sido el primero en enseñarme. Has abierto mi mirada al infinito y hondo valor de la vida.
Quiero servirle, vivir para él, pertenecerle por entero. Yo misma entregarme y encontrarme transfigurada en su brillo.
Tú anillo de mi dedo, Mi anillito de oro, te aprieto, devota contra los labios, sobre mi corazón.
5.- Ayudadme, hermanas
Ayudadme, hermanas, ataviadme amables, servid hoy a la dichosa, a mí. Solícitas ceñidme, alrededor de la frente, la corona de mirto florido.
Cuando contenta, gozoso el corazón, a veces yacía yo entre los brazos del amado, siempre esperaba él, con el corazón anhelante, impaciente, ese día.
Ayudadme, hermanas, ayudadme a ahuyentar una inquietud insensata; para que yo le reciba con claros ojos, a él, fuente de la alegría.
Has amanecido para mí, amado mío, ¿me dará, luz tu sol? Déjame con devoción, déjame, con humildad, deja que me incline ante mi señor.
Esparcidle, hermanas, esparcidle flores, ofrecedle capullos de rosas. Mas a vosotras, hermanas, os saludo con melancolía, separándome, alegre, del grupo.
6.- Dulce amigo, me miras asombrado
Dulce amigo, me miras asombrado, no puedes comprender cómo puedo llorar. Deja que las húmedas perlas, desacostumbrado adorno, tiemblen, alegres y claras, en mis ojos.
¡Qué temeroso mi pecho, tan lleno de delicias! ¡Si yo tan sólo supiera cómo expresarlo con palabras! Ven y oculta aquí tu rostro, en mi pecho, quiero susurrarte al oído todo mi gozo.
¿Sabes tú, pues, las lágrimas que puedo verter? No debes verlas tú, hombre amado. Permanece junto a mi corazón, oye sus latidos, para que yo pueda apretarte sólo a ti, más y más fuerte.
Aquí, junto a mi cama, tiene la cuna un sitio, donde la proteja, silencioso, mi benigno sueño. Vendrá la mañana, el sueño despertará y desde allí tu misma imagen me saldrá al encuentro, riendo.
7.- Ami corazón, a mi pecho
A mi corazón, a mi pecho, ¡tú, mi deleite, tú, mi gozo! La felicidad es el amor, el amor es la felicidad, lo he dicho y no lo retiro. Me arriesgué en exceso, pero ahora soy dichosísima. Sólo la que aquí amamanta, sólo la que aquí ama al niño; sólo una madre sabe, sólo ella, lo que se llama amar y ser feliz. Oh, ¡cómo compadezco al hombre, que no puede sentir la dicha maternal! Tú, amado, amado ángel, tú, tú me miras y sonríes. A mi corazón, a mi pecho, ¡tú, mi deleite, tú, mi gozo!
8.- Ahora me has causado el primer dolor
Ahora me has causado el primer dolor, Me alcanzó de pleno. Duermes, hombre duro y despiadado, el sueño de la muerte.
La abandonada mira delante de sí, el mundo está vacío. He amado y he vivido, ya no estoy viva.
Me retiro en mi silencio, a mi interior. El velo cae; aquí tengo: a ti y a mi perdida felicidad. ¡Tú, mi mundo!
|