Navarra y La Rioja: juderías florecientes en la Ruta Jacobea (octavo artículo)

11 views
Skip to first unread message

Efraim

unread,
Mar 8, 2007, 2:53:11 AM3/8/07
to [Toratenu], [Toratenu], Sefaradi, Noti_...@gruposyahoo.com, Lista-T...@googlegroups.com, judios...@yahoogroups.com, JUDAICA, {HN Articulos}, Hebreos_Net, hebr...@googlegroups.com, Hebre...@yahoogroups.com, Hebreos Net, [Hebreos Y], Hebraica-Net, Hebr...@yahoogroups.com, FORO HEBREOS, [Comunidad Cultural Sefarad], CCS_Al...@yahoogroups.com, CCJM_A...@yahoogroups.com
Miércoles, 07 de marzo de 2007 | 19:18
Navarra y La Rioja: juderías florecientes en la Ruta Jacobea (octavo artículo)

Estas dos regiones hispanas tienen un rico pasado judío. En ambas se consigna la presencia de comunidades importantes que contribuyeron al desarrollo general, que prosperó por encontrarse en el Camino de Santiago. Navarra, a la sazón un reino independiente, solamente expulsó a los judíos en 1498.

La historia de los judíos de la presente Comunidad Foral de Navarra es bien conocida, gracias a la rica documentación guardada en el Archivo General de Navarra en Pamplona, y la existente en otros archivos municipales como el de Tudela. Es evidente que la importante presencia judía en ese reino fue fundamental para su historia. Aunque se trataba de un territorio limítrofe entre la España musulmana y la Francia cristiana, y había sido codiciada por esta última desde los primeros siglos medievales, tenía la gran ventaja de encontrarse en la ruta jacobea que fue, en cierto modo, fruto de la iniciativa navarra. Así es que los judíos participaron en gran medida en la consolidación de lo que habría de ser una importante fuente de ingresos para todo el pueblo navarro.

La mayor judería de la región era desde luego la de Tudela, en donde en un momento dado el 15% de la población era de fe judía. El historiador J. Carrasco Pérez calcula que en el siglo XIV los hebreos llegaban a sumar entre 2.000 y 2.500 almas. Considera que en Pamplona habría de 400 a 500, y en las juderías de Estella, Sangüesa y Viana, oscilaría entre 200 y 250. Solamente en la zona montañosa al norte de Pamplona no se consigna judería alguna. A fines del siglo XV algunas de las comunidades judías de la comarca conocida como la Ribera como Cascante y Corella llegaron a ser tan numerosas como Estella o incluso Pamplona en el siglo anterior. En esa época habría más de treinta juderías navarras, aunque en su mayoría eran de pequeñas y por lo general sólo concentraban entre 50 y 80 personas.

Lamentablemente pocos son los restos arqueológicos que han quedado de esa presencia judía tan marcada. Solamente en algunas localidades se puede identificar el barrio judío y en los demás solamente quedan los testimonios escritos, una circunstancia que se repite en muchas otras regiones de la España medieval.

Pero en muchos casos los judíos desempeñaron un papel importante en la historia del Reino. Acaso lo más interesante es que el rey Sancho III de Navarra, el Mayor, llegó al extremo de confiar a los judíos la defensa de las fortalezas de Tudela y Funes. Poco después Alfonso VI de Castilla –que ya dominaba la mayor parte de La Rioja- les impartió la tarea de defender las plazas fuertes de Nájera, Arnedo, Or y Cellorigo. Ello demuestra hasta qué punto era firme la posición de los judíos frente a los monarcas, lo que dio lugar a la envidia y el rencor de la población cristiana, que aprovechó toda ocasión posible para sembrar la muerte y la destrucción entre ellos. Así las crónicas relatan pillajes y espantosos asesinatos durante el siglo XII, después de fallecer el rey Teobaldo, indicándose que en total habrían perecido varios millares de hebreos. El historiador Menahem ben Serak fue testigo del asesinato de sus padres y cuatro hermanos, en esa violenta explosión de matanzas antisemitas.

Más tarde, en 1320, cayeron sobre los judíos navarros y aragoneses los pastorellos, o la llamada Guerra de los Pastores, grupos de exaltados, fanáticos y delincuentes encabezados por un dirigente popular del Mediodía francés, que asaltaron las juderías de Jaca y Monclús antes de que fueran detenidos y expulsados por las fuerzas enviadas por Jaime II. En 1328 estalló otra persecución, que afectó a las juderías de Puente la Reina, Andosilla, Funes, San Adrián y otras muchas, llegando a su colmo en el incendio y destrucción de la de Estella el 6 de marzo de 1328.

Pero todavía faltaba algo más: la peste negra que en 1348-49 afectó a toda Europa. Causó estragos entre la población judía y dio lugar a la total desaparición de algunas aljamas importantes, quedando tan sólo las de Estella, Tudela y Pamplona. En 1401 se vendían en subasta los bienes de la judería de Pamplona. Otras juderías habían quedado seriamente diezmadas. Pero se mantenían las estrictas órdenes de segregación. Únicamente los médicos de fe judaica podían circular libremente para poder atender a sus pacientes cristianos.

Mucho se ha hablado sobre la usura de algunos prestamistas judíos. Pero, a la inversa, se conocen algunos casos increíbles de explotación de la mano de obra judía, como el sucedido en la localidad de Torres. Allí un artesano llamado Salomón Borges, de Pamplona, pasó trescientos veinte días reparando las tiendas del rey; cobraba cuatro sueldos diarios, cuando simples obreros y carpinteros percibían el doble por ese tiempo. Otro ejemplo: documentos de 1402 dan cuenta, en Pamplona, de cuatro judíos que cosían "de las diez horas hasta la noche", y cobraban 10 sueldos entre todos. Era una injusticia, pero estos artesanos no pedían otra cosa que se les permitiera vivir en paz, aunque estuvieran muy lejos de ganar una remuneración razonable.

Pasando a La Rioja, aparentemente, los primeros judíos que se instalaron en esa comunidad lo hicieron en Nájera, donde en el siglo XI ya se tiene noticia de la existencia de una judería de cierta importancia. Y también fueron de esa época los Fueros de Nájera, en virtud de los cuales la vida de un judío era equivalente a la de un hidalgo o sacerdote; es decir, mucho mayor que la un simple villano. Se estima que esas y otras normas servirían luego de modelo para otras ciudades de Navarra, Castilla y Aragón. El auge de la región en los siglos XI y XII derivado de la apertura del Camino de Santiago, estimuló la radicación de judíos, especialmente en Calahorra, Albelda y Viguera. No sólo eso, sino que en el siglo XII, como se dijo previamente, se les confía el cuidado de castillos en lugares tales como Arnedo, Nájera así como Haro. También llegaron oportunamente a Logroño.

Parece ser que los judíos vivieron en relativa tranquilidad aunque la situación sufrió un brusco cambio en el segundo semestre del siglo XIV, al estallar la guerra entre Pedro I de Castilla y Enrique de Trastámara. Durante la contienda fue asaltada la judería de Nájera y muchos otros judíos huyeron al vecino Reino de Navarra. Y la ola judía del año 1391 también afectó las tierras riojanas. Un historiador, E. Cantena, en un libro publicado hace unos años en la capital riojana, estima que en el siglo XIII habría unos 3.500 judíos en la región, y que las principales juderías serían las de Haro, Nájera, Calahorra y Albelda. Pero en la segunda mitad de ese siglo llegarían a sumar cerca de cinco mil almas, lo que implica entre el 5 y el 10 por ciento del total de la población. Eventualmente, tuvieron que abandonar esta región por el Edicto de Expulsión y, una vez más, es muy poco lo que ha quedado de su presencia en esas tierras.

Los judíos riojanos se dedicaban principalmente al comercio y la artesanía, pero también había entre ellos algunos prestamistas y médicos. En una región agrícola como La Rioja, el préstamo era un negocio lucrativo -a la vez que indispensable- y no pocos judíos vivieron de esa actividad. Pero al parecer muy pocos llegaron a ser ricos, se puede suponer que en su mayoría formarían parte de una clase media, que vivía medianamente bien.

Calahorra

Una ciudad riojana cuya judería, totalmente desaparecida, se encontraría en la calle que se conoce hasta hoy como de la Sinagoga. Se sabe que en 1370 la reina de Navarra, doña Juana, tomaba bajo su protección a los judíos de esa ciudad. Además, existe un documento del siglo XIV, por el cual se dispone que todo el patrimonio del concejo de la ciudad "fijosdalgo, cibdadanos, judíos e moros e todos los otros vezinos"- nombren en 1320 a dos cristianos y dos judíos como alcaldes y ordenadores en el asunto de los nuevos molinos que se proyectaba construir en los términos de la ciudad. Se recuerda una familia de hebreos ilustres, como los médicos Kolhari (es decir, de Calahorra), que luego se hicieron célebres al instalarse en Polonia. En 1492, la citada sinagoga pasó a poder de las autoridades eclesiásticas. El historiador F. Cantera ha agregado muchos datos sobre "La judería de Calahorra", trabajo que fue publicado en dos ediciones de la revista Sefarad, en 1955 y 1956.

Cascante

Se sabe que había una comunidad judía en Cascante del Río desde la época musulmana. Hoy es una aldea navarra de unos 4.000 habitantes. Entonces la comunidad hebrea local tuvo estrechas relaciones con las juderías de Tudela y Tarazona. Así, la primera referencia documental es de 1119, cuando Tudela fue incorporada al dominio cristiano y la considerable población judía de Cascante pasó al dominio del rey de Pamplona. En tres diferentes épocas la comunidad de ese pueblo, al igual que la vecina Tudela, acogió a familias judías provenientes de al-Andalus (siglo XII), el sur de Francia (primeras décadas del siglo XIV) y Castilla (finales del siglo XIV y comienzos del XV). Situada en el corazón del valle del Ebro, en la frontera entre Navarra y Aragón, Cascante albergaba una comunidad emparentada con las familias de las juderías más próximas de estos otros dos reinos.

En 1353 en Cascante había 24 “fuegos” judíos. Cuando el Rey Carlos II ordenó modificar el núcleo urbano dentro de las nuevas murallas, mientras los vecinos de religión musulmana siguieron ocupando un barrio propio, los judíos se confundieron con la población cristiana. Contaban con una sinagoga (transformada en el siglo XVI en la actual parroquia cristiana de la Asunción) y con las demás instituciones habituales (baños, cementerio), y es posible que hubiese existido otra sinagoga, fuera del nuevo reciento amurallado derribada más tarde.

Eran principalmente zapateros, tejedores y agricultores, tenían acceso al mercado de la tierra y algunos poseían rebaños; al mismo tiempo, no faltaba tampoco quienes se dedicaran a la actividad crediticia y al comercio regional, llegando a ser habituales arrendatarios de la recaudación de impuestos en la comarca. Los miembros más destacados eran convocados para representar a la comunidad en las decisiones del ayuntamiento.

Esta comunidad se había visto libre de las persecuciones anti-judías en 1328 en la Navarra occidental, y todo por el contrario pudo servir de refugio a judíos castellanos y aragoneses que huían de los pogromos desencadenados en aquellos reinos. Ya en 1342 se le reconoció la condición de aljama, separada de la de Tudela., y habría sido la única judería del reino de Navarra que experimentó un crecimiento demográfico durante las primeras décadas del siglo XV: en 1410, de los alrededor de 1.600 habitantes que residían entonces en Cascante, 300 eran judíos.

Más tarde, y por diversas razones, se acusa una reducción demográfica. A mediados de siglo, eran entre 150 y 200 judíos (sobre una población reducida a 800 vecinos). En 1496, dos años antes de la expulsión en Navarra, sólo quedaban 9 familias judías en Cascante.

Estella

Esta localidad que fue una importante ciudad en el camino a Santiago de Compostela -la ruta jacobea- , tuvo su propia comunidad que sufrió numerosas vicisitudes. En primer lugar, en 1135 los hebreos tuvieron que "donar" un terreno que les pertenecía a las autoridades eclesiásticas, para que pudieron edificar allí la Iglesia del Santo Sepulcro, que existe hasta el día de hoy. En 1144 padecieron una nueva expoliación, cuando fueron obligados a entregar la sinagoga para crear en ella la Iglesia de Santa María. Las crónicas señalan que los judíos eran preferentemente curtidores, campesinos, plateros, tintoreros y peleteros. Dos familias sobresalían en el panorama local: la de Levi, que fue recibidor entre 1363 y 1392, y la Orabuena, médico y gran rabino y físico allegado al rey Carlos II, que más tarde financió las obras del gran palacio real de la ciudad. Es interesante señalar que la comunidad debía ser muy ilustrada, ya que en la nómina de los judíos que residían en Estella figuraba un solo analfabeto, Samuel Benosillo.

Haro

En un interesante documento, el rey Alfonso VIII de Castilla entrega a la aljama de esa ciudad de La Rioja la villa del castillo, junto con los fueros habituales otorgados en esa clase de donativos: derecho a defender el castillo y inviolabilidad personal de sus moradores judíos, así como permiso de pescar libremente en las aguas regias, hacer molinos y canales y lavar sus paños.

A medianos del siglo XV se sabe que en poder los judíos se hallaba una gran superficie, que según el historiador moderno español que escribió la historia de ese pueblo, ocupaba "una enorme extensión". Los judíos de esa aljama contaban con sus propios guardias y cultivaban ellos mismos sus viñas y campos, o bien los entregaban en aparcería a cristianos y musulmanes. Muchos de ellos eran artesanos y, sobre todo, alfareros. Indícase que la judería estaba enclavada en el barrio llamado hasta ahora "La Mota", lo que parece indicar que se hallaba en un sitio elevado desde el que se dominaba esa localidad.

Logroño

A fines del siglo XIII la judería local era una de las más importantes de La Rioja, y del siguiente siglo existe abundante documentación que indica, entre otras cosas, que los judíos poseían tierras en los alrededores de la ciudad. En la segunda mitad de esa centuria se sabe de una creciente animosidad de la población cristiana contra los judíos a los que, por ejemplo, querían impedir que ejercieran el oficio de zapatero. La próspera aljama local desapareció por completo en los terribles sucesos de 1391, cuando la turba enardecida por la curia asesinó, quemó y destruyó juderías en toda España. Pero no pasó mucho tiempo hasta que los judíos edificaran otro barrio, llamado la Villanueva, cuyos restos pueden verse hasta nuestros días. Hoy se puede andar por ese paraje, que estuvo cercado por un Muro llamado del Carmen. Y existe precisamente una calle llamada así, Muro del Carmen.

Ahora Logroño quiere recuperar su judería. En una nota periodística publicada en junio del año pasado se lee lo que sigue: “una de las más importantes intervenciones que se realizarán en los próximos años en el centro histórico de -la recuperación del emblemático barrio de la Judería- empieza a tomar cuerpo. El español Juan Miguel Hernández León, que se encargará de rehabilitar esa zona junto al también prestigioso arquitecto portugués Álvaro Siza, ha dado a conocer en la capital riojana el avance del plan director para este proyecto”.

Junto al alcalde logroñés, Julio Revuelta, el arquitecto Hernández León explicó que “se trata de un trabajo que está exigiendo un tiempo importante de análisis. Se ha estudiado para ello la evolución histórica de la Judería para obtener varias conclusiones y definir así el proyecto de recuperación de este barrio”.

El proyecto de recuperación de la judería logroñesa hará resurgir un barrio que ha ido recuperando su centralidad dentro de la capital riojana. La actuación permitirá revitalizar y cambiar por completo una zona que fue reconstruida por los judíos en el siglo XVI después de que los cristianos la incendiasen y que el paso del tiempo había marginado, concluye señalando el referido informe.

Nájera

Esta antigua e importante aljama ya mantuvo relaciones con los sabios de Babilonia, y en el siglo XI obtuvo un fuero que más tarde sirvió de modelo para otras localidades: la vida de un judío era equivalente a la de un caballero o sacerdote. Se sabe que los hebreos tenían viñedos y campos de labrantío en las proximidades de ese pueblo. Se afirma que en 1290 los tributos abonados por la comunidad ascendieron a unos 30 mil maravedíes, pero en 1360, durante la guerra civil entre Pedro el Cruel y Enrique de Trastámara, los judíos fueron atacados por los partidarios de este último, y muchos de ellos murieron. Durante la campaña contra Granada, se impuso a la comunidad un tributo especial en castellanos de oro.

Como lugar importante en la ruta jacobea riojana, contó con una importante aljama que puede ubicarse junto al viejo castillo. Afírmase que la Plaza del Mercado y sus alrededores marcan el lugar en donde estaba la vieja aljama. Pero el hecho más sobresaliente, es precisamente una obra realizada en un lugar de fe cristiana: el Monasterio de Santa María la Real. Según todos los especialistas, la sillería del Coro Alto, presenta indicios judíos, y permite suponer que fue realizada por conversos, que sin haber renunciado a su fe prístina, encontraron el modo de expresarlo con su arte, e impusieron un sello judío en esa tarea. Allí se repiten figuras marcadamente hebreas, tanto por su aspecto como sus vestiduras. Sobre la puerta de entrada al coro, se advierten tres personajes jóvenes ataviados con ropajes que no pueden ser otra cosa que los de judíos del siglo XV. Y junto a la inicial de la reina Isabel la Católica aparecen dos cuchillos cruzados, de una forma tal que representan los generalmente usados en la circuncisión.

Pamplona

La capital de Navarra, lugar de los mundialmente famosos “sanfermines”, también tuvo su propia aljama, que habría sido la más importante y numerosa de toda la región. Asimismo, fue la mayormente perseguida cuando creció el furor popular o decayó el poder de los reyes, como sucedió tantas veces en la historia de España. Existen testimonios escritos de que los primeros judíos ya habían vivido en ella en el año 905, durante el reinado de Sancho II Garcés Abarca, rey de Pamplona y conde de Aragón.

Desde el siglo XIII existió una comunidad que en contraste con las demás juderías hispanas, no vivía separada del resto de la población, ni tenía muros que la separase. Pero eventualmente surgieron dificultades, como consecuencia de las luchas civiles después de la muerte del rey Teobaldo I, problemas que dieron lugar a su exterminio físico en 1276. Sin embargo, los judíos volvieron a Pamplona en 1336, aunque fueron seriamente afectados por la llamada "guerra de los pastores", así como por los estragos de la peste negra. Entre otros de sus judíos notables había un tal rabino Azag, que estudió las posibilidades de regar la vega baja en la época de Carlos II. Otro judío notable, Yosef Orabuena, fue consejero del rey Carlos III y jefe de la aljama local.

Tudela

A estar a algunos historiadores, la judería local habría sido tan grande que le disputaría a Pamplona el título de la más importante de Navarra. Se sabe que estuvo ubicada entre la catedral y la parte del muro que mira hacia un afluente del Ebro. En sus mejores tiempos, la ciudad debió contar con varias sinagogas que, en la mayoría de los casos, fueron confiscadas y pasaron a ser templos cristianos. Como por ejemplo, la que se encuentra en el mismo claustro románico de la catedral, que se reconoce por su puerta simple gótica y la galería superior, la en donde rezaban las mujeres separadas de los hombres, según el rito judío. Véase lo que al respecto indica el propio ayuntamiento de Tudela: “Las primeras comunidades israelitas se establecieron en Tudela desde los primeros momentos de la fundación, probablemente procedentes de Tarazona ante la necesidad de los servicios de artesanos”.

Casi desde el mismo origen de la ciudad, a mitades del siglo IX, parece ser que los judíos se agruparon en una zona al sureste de la muralla, en las proximidades del río Queiles, donde hoy se extienden las calles de Benjamín de Tudela, Plaza de la Judería, Hortelanos, Fuente del Obispo y la desaparecida calle de las Vueltas. Los callejones de esta zona y la actual tipología de casas estrechas y altas aún recuerda lo que fue vivienda de judíos. Eran casas de adobe o ladrillo, construidas sobre un zócalo de sillar de piedra que proporcionaba una sólida base y aislamiento de la gran humedad del subsuelo. Las fachadas se remataban con aleros dentados que recuerdan decoración mudéjar.

En este barrio primitivo parece que existieron tres sinagogas: una probablemente en la calle de San Julián, otra en las inmediaciones de la Puerta de Zaragoza (al terminar la calle Verjas) y la tercera adosada al tramo este del Claustro de la Catedral. Este recinto es actualmente una capilla conocida como La Escuela de Cristo y su singularísima morfología recuerda las formas de las sinagogas.

En el año 1170 el rey de Navarra Sancho VI el Sabio decreta el traslado de la Judería a un nuevo emplazamiento, junto a los muros del castillo, cuya custodia y reparaciones les encomienda a cambio de exenciones de impuestos y concesión de otras prerrogativas, además de facilitarles una mejor protección.

El nuevo barrio parece haber estado situado en torno al actual Paseo del Castillo. El barrio de los tejedores judíos estaba junto a la Plaza de San Miguel, donde hubo una iglesia dedicada al santo arcángel la cual pudo ser en un primer momento sinagoga. El progresivo aumento de población durante los siglos XIII y XIV propició la ampliación del barrio por las calles Pelaires y Cortapelaires, San Pedro, Tres Esquinas y quizá hasta el puente de Yeseros. Se documentan al menos dos sinagogas: la Mayor y la Menor, de cuya ubicación no se tiene noticia”.

Es digno de mención el hecho que la ciudad ha considerado oportuno –caso raro en España- de honrar a uno de sus más conocidos miembros de la comunidad israelita: Benjamín de Tudela, colocando una lápida de gran tamaño en el ángulo de dos calles, que da paso a la antigua judería. Benjamín fue un célebre viajero que recorrió gran parte de Europa y Asia para buscar, estudiar y luego revelar qué comunidades judías había dispersas en la Edad Media por todo el mundo. Los anales de la ciudad también citan otros judíos eminentes, como el poeta, filósofo y médico Yehudá Halevy, cuyo nombre figura en varias calles de Israel y el mercader Ezmel (Abenabez) de Ablitas, que tenía negocios más allá del reino de Navarra. Pero como consecuencia de las sangrientas persecuciones de 1328, y las fatídicas epidemias de 1348, disminuyó en gran medida la importancia de esa aljama. Con la total expulsión de los judíos del reino de Navarra, la comunidad desapareció por completo en 1498.

Según afirma el conocido historiador Miguel Zubillaga Garralda, la influencia de esta comunidad no se limitó a las juderías de la Navarra meridional, sino que irradió también en todo el territorio que constituía el valle medio del Ebro. Entre 1287 y 1303 se había dotado de unas taqqanot (ordenanzas), ratificadas y ampliadas en 1391, subrayando la importancia y la conciencia ciudadana de esta aljama. El estudioso señala que “muchos de sus miembros destacaron como mercaderes, comerciantes, prestamistas, terratenientes, médicos y como eruditos. De origen andalusí era Ezmel Abenabez, el más influyente banquero judío en la Navarra medieval; y tudelanos eran la mayor parte de los judíos que, a partir de la práctica del préstamo y el comercio, llegaron a participar desde el último tercio del siglo XIV en la administración del reino – en los primeros pasos hacia el Estado moderno – y en los asuntos privados de los monarcas (así, por ejemplo, Juce y León Orabuena, Ezmel y Juce de Rabidavid y Abraham y Mayr de la Rabiza). Fue también la ciudad natal de eruditos como Samuel Falaquera, Joel ben Shuaib y de los Goluf (que disputaron en Tortosa), y en ella vivieron el kabalista Abraham Abulafia (siglo XIII), Haim ben Samuel (finales siglo XIII) e Itzhak ben Yosef”.

Las matanzas de judíos en la Navarra occidental en 1328 no afectaron a la comunidad tudelana (aunque, previsoramente, fueron alojados en el interior del castillo). En 1358 se produjo un ataque a la Sinagoga Mayor, mientras se celebraba la noche de Pesah; los judíos se enfrentaron a los asaltantes, una banda de jóvenes nobles, y la justicia regia repartió las culpas entre unos y otros. Tampoco hubo progromos en 1348-50 o en 1391, a diferencia de los reinos de Castilla y Aragón. Sí se registraron conversiones individuales y familiares a partir de los años setenta de ese siglo. Sin embargo, en 1488 la ciudad de Tudela, no sólo la aljama, sino las autoridades cristianas, amparadas por los monarcas navarros, protagonizó una disputa con el recién constituido Tribunal de la Inquisición de Zaragoza, que reclamaba la entrega de dos conversos acusados de haber asesinado a un inquisidor en la capital aragonesa.

En 1492 residían en Tudela entre 2.000 y 2.500 de los cerca de 3.500 judíos navarros (un 3,5% de la población del reino). Un millar de judíos de los vecinos reinos de Castilla y Aragón habían buscado refugio en la ciudad, tras su expulsión. Aunque en 1498 los reyes navarros se vieron obligados a adoptar esta misma resolución, la mayor parte de los judíos oriundos de Tudela optaron por convertirse.

efraimponce.vcf
Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages