Miércoles, 07 de marzo
de 2007 | 19:18
Navarra y La Rioja: juderías florecientes en la Ruta Jacobea (octavo
artículo)
Estas
dos regiones hispanas tienen un rico pasado judío. En ambas se consigna
la presencia de comunidades importantes que contribuyeron al desarrollo
general, que prosperó por encontrarse en el Camino de Santiago.
Navarra, a la sazón un reino independiente, solamente expulsó a los
judíos en 1498.
La
historia de los judíos de la presente Comunidad Foral de Navarra es
bien conocida, gracias a la rica documentación guardada en el Archivo
General de Navarra en Pamplona, y la existente en otros archivos
municipales como el de Tudela. Es evidente que la importante presencia
judía en ese reino fue fundamental para su historia. Aunque se trataba
de un territorio limítrofe entre la España musulmana y la Francia
cristiana, y había sido codiciada por esta última desde los primeros
siglos medievales, tenía la gran ventaja de encontrarse en la ruta
jacobea que fue, en cierto modo, fruto de la iniciativa navarra. Así es
que los judíos participaron en gran medida en la consolidación de lo
que habría de ser una importante fuente de ingresos para todo el pueblo
navarro.
La mayor judería de la región era desde luego la de
Tudela, en donde en un momento dado el 15% de la población era de fe
judía. El historiador J. Carrasco Pérez calcula que en el siglo XIV los
hebreos llegaban a sumar entre 2.000 y 2.500 almas. Considera que en
Pamplona habría de 400 a 500, y en las juderías de Estella, Sangüesa y
Viana, oscilaría entre 200 y 250. Solamente en la zona montañosa al
norte de Pamplona no se consigna judería alguna. A fines del siglo XV
algunas de las comunidades judías de la comarca conocida como la Ribera
como Cascante y Corella llegaron a ser tan numerosas como Estella o
incluso Pamplona en el siglo anterior. En esa época habría más de
treinta juderías navarras, aunque en su mayoría eran de pequeñas y por
lo general sólo concentraban entre 50 y 80 personas.
Lamentablemente
pocos son los restos arqueológicos que han quedado de esa presencia
judía tan marcada. Solamente en algunas localidades se puede
identificar el barrio judío y en los demás solamente quedan los
testimonios escritos, una circunstancia que se repite en muchas otras
regiones de la España medieval.
Pero en muchos casos los judíos
desempeñaron un papel importante en la historia del Reino. Acaso lo más
interesante es que el rey Sancho III de Navarra, el Mayor, llegó al
extremo de confiar a los judíos la defensa de las fortalezas de Tudela
y Funes. Poco después Alfonso VI de Castilla –que ya dominaba la mayor
parte de La Rioja- les impartió la tarea de defender las plazas fuertes
de Nájera, Arnedo, Or y Cellorigo. Ello demuestra hasta qué punto era
firme la posición de los judíos frente a los monarcas, lo que dio lugar
a la envidia y el rencor de la población cristiana, que aprovechó toda
ocasión posible para sembrar la muerte y la destrucción entre ellos.
Así las crónicas relatan pillajes y espantosos asesinatos durante el
siglo XII, después de fallecer el rey Teobaldo, indicándose que en
total habrían perecido varios millares de hebreos. El historiador
Menahem ben Serak fue testigo del asesinato de sus padres y cuatro
hermanos, en esa violenta explosión de matanzas antisemitas.
Más
tarde, en 1320, cayeron sobre los judíos navarros y aragoneses los
pastorellos, o la llamada Guerra de los Pastores, grupos de exaltados,
fanáticos y delincuentes encabezados por un dirigente popular del
Mediodía francés, que asaltaron las juderías de Jaca y Monclús antes de
que fueran detenidos y expulsados por las fuerzas enviadas por Jaime
II. En 1328 estalló otra persecución, que afectó a las juderías de
Puente la Reina, Andosilla, Funes, San Adrián y otras muchas, llegando
a su colmo en el incendio y destrucción de la de Estella el 6 de marzo
de 1328.
Pero todavía faltaba algo más: la peste negra que en
1348-49 afectó a toda Europa. Causó estragos entre la población judía y
dio lugar a la total desaparición de algunas aljamas importantes,
quedando tan sólo las de Estella, Tudela y Pamplona. En 1401 se vendían
en subasta los bienes de la judería de Pamplona. Otras juderías habían
quedado seriamente diezmadas. Pero se mantenían las estrictas órdenes
de segregación. Únicamente los médicos de fe judaica podían circular
libremente para poder atender a sus pacientes cristianos.
Mucho
se ha hablado sobre la usura de algunos prestamistas judíos. Pero, a la
inversa, se conocen algunos casos increíbles de explotación de la mano
de obra judía, como el sucedido en la localidad de Torres. Allí un
artesano llamado Salomón Borges, de Pamplona, pasó trescientos veinte
días reparando las tiendas del rey; cobraba cuatro sueldos diarios,
cuando simples obreros y carpinteros percibían el doble por ese tiempo.
Otro ejemplo: documentos de 1402 dan cuenta, en Pamplona, de cuatro
judíos que cosían "de las diez horas hasta la noche", y cobraban 10
sueldos entre todos. Era una injusticia, pero estos artesanos no pedían
otra cosa que se les permitiera vivir en paz, aunque estuvieran muy
lejos de ganar una remuneración razonable.
Pasando a La Rioja,
aparentemente, los primeros judíos que se instalaron en esa comunidad
lo hicieron en Nájera, donde en el siglo XI ya se tiene noticia de la
existencia de una judería de cierta importancia. Y también fueron de
esa época los Fueros de Nájera, en virtud de los cuales la vida de un
judío era equivalente a la de un hidalgo o sacerdote; es decir, mucho
mayor que la un simple villano. Se estima que esas y otras normas
servirían luego de modelo para otras ciudades de Navarra, Castilla y
Aragón. El auge de la región en los siglos XI y XII derivado de la
apertura del Camino de Santiago, estimuló la radicación de judíos,
especialmente en Calahorra, Albelda y Viguera. No sólo eso, sino que en
el siglo XII, como se dijo previamente, se les confía el cuidado de
castillos en lugares tales como Arnedo, Nájera así como Haro. También
llegaron oportunamente a Logroño.
Parece ser que los judíos
vivieron en relativa tranquilidad aunque la situación sufrió un brusco
cambio en el segundo semestre del siglo XIV, al estallar la guerra
entre Pedro I de Castilla y Enrique de Trastámara. Durante la contienda
fue asaltada la judería de Nájera y muchos otros judíos huyeron al
vecino Reino de Navarra. Y la ola judía del año 1391 también afectó las
tierras riojanas. Un historiador, E. Cantena, en un libro publicado
hace unos años en la capital riojana, estima que en el siglo XIII
habría unos 3.500 judíos en la región, y que las principales juderías
serían las de Haro, Nájera, Calahorra y Albelda. Pero en la segunda
mitad de ese siglo llegarían a sumar cerca de cinco mil almas, lo que
implica entre el 5 y el 10 por ciento del total de la población.
Eventualmente, tuvieron que abandonar esta región por el Edicto de
Expulsión y, una vez más, es muy poco lo que ha quedado de su presencia
en esas tierras.
Los judíos riojanos se dedicaban principalmente
al comercio y la artesanía, pero también había entre ellos algunos
prestamistas y médicos. En una región agrícola como La Rioja, el
préstamo era un negocio lucrativo -a la vez que indispensable- y no
pocos judíos vivieron de esa actividad. Pero al parecer muy pocos
llegaron a ser ricos, se puede suponer que en su mayoría formarían
parte de una clase media, que vivía medianamente bien.
Calahorra
Una
ciudad riojana cuya judería, totalmente desaparecida, se encontraría en
la calle que se conoce hasta hoy como de la Sinagoga. Se sabe que en
1370 la reina de Navarra, doña Juana, tomaba bajo su protección a los
judíos de esa ciudad. Además, existe un documento del siglo XIV, por el
cual se dispone que todo el patrimonio del concejo de la ciudad
"fijosdalgo, cibdadanos, judíos e moros e todos los otros vezinos"-
nombren en 1320 a dos cristianos y dos judíos como alcaldes y
ordenadores en el asunto de los nuevos molinos que se proyectaba
construir en los términos de la ciudad. Se recuerda una familia de
hebreos ilustres, como los médicos Kolhari (es decir, de Calahorra),
que luego se hicieron célebres al instalarse en Polonia. En 1492, la
citada sinagoga pasó a poder de las autoridades eclesiásticas. El
historiador F. Cantera ha agregado muchos datos sobre "La judería de
Calahorra", trabajo que fue publicado en dos ediciones de la revista
Sefarad, en 1955 y 1956.
Cascante
Se sabe que había una
comunidad judía en Cascante del Río desde la época musulmana. Hoy es
una aldea navarra de unos 4.000 habitantes. Entonces la comunidad
hebrea local tuvo estrechas relaciones con las juderías de Tudela y
Tarazona. Así, la primera referencia documental es de 1119, cuando
Tudela fue incorporada al dominio cristiano y la considerable población
judía de Cascante pasó al dominio del rey de Pamplona. En tres
diferentes épocas la comunidad de ese pueblo, al igual que la vecina
Tudela, acogió a familias judías provenientes de al-Andalus (siglo
XII), el sur de Francia (primeras décadas del siglo XIV) y Castilla
(finales del siglo XIV y comienzos del XV). Situada en el corazón del
valle del Ebro, en la frontera entre Navarra y Aragón, Cascante
albergaba una comunidad emparentada con las familias de las juderías
más próximas de estos otros dos reinos.
En 1353 en Cascante
había 24 “fuegos” judíos. Cuando el Rey Carlos II ordenó modificar el
núcleo urbano dentro de las nuevas murallas, mientras los vecinos de
religión musulmana siguieron ocupando un barrio propio, los judíos se
confundieron con la población cristiana. Contaban con una sinagoga
(transformada en el siglo XVI en la actual parroquia cristiana de la
Asunción) y con las demás instituciones habituales (baños, cementerio),
y es posible que hubiese existido otra sinagoga, fuera del nuevo
reciento amurallado derribada más tarde.
Eran principalmente
zapateros, tejedores y agricultores, tenían acceso al mercado de la
tierra y algunos poseían rebaños; al mismo tiempo, no faltaba tampoco
quienes se dedicaran a la actividad crediticia y al comercio regional,
llegando a ser habituales arrendatarios de la recaudación de impuestos
en la comarca. Los miembros más destacados eran convocados para
representar a la comunidad en las decisiones del ayuntamiento.
Esta
comunidad se había visto libre de las persecuciones anti-judías en 1328
en la Navarra occidental, y todo por el contrario pudo servir de
refugio a judíos castellanos y aragoneses que huían de los pogromos
desencadenados en aquellos reinos. Ya en 1342 se le reconoció la
condición de aljama, separada de la de Tudela., y habría sido la única
judería del reino de Navarra que experimentó un crecimiento demográfico
durante las primeras décadas del siglo XV: en 1410, de los alrededor de
1.600 habitantes que residían entonces en Cascante, 300 eran judíos.
Más
tarde, y por diversas razones, se acusa una reducción demográfica. A
mediados de siglo, eran entre 150 y 200 judíos (sobre una población
reducida a 800 vecinos). En 1496, dos años antes de la expulsión en
Navarra, sólo quedaban 9 familias judías en Cascante.
Estella
Esta
localidad que fue una importante ciudad en el camino a Santiago de
Compostela -la ruta jacobea- , tuvo su propia comunidad que sufrió
numerosas vicisitudes. En primer lugar, en 1135 los hebreos tuvieron
que "donar" un terreno que les pertenecía a las autoridades
eclesiásticas, para que pudieron edificar allí la Iglesia del Santo
Sepulcro, que existe hasta el día de hoy. En 1144 padecieron una nueva
expoliación, cuando fueron obligados a entregar la sinagoga para crear
en ella la Iglesia de Santa María. Las crónicas señalan que los judíos
eran preferentemente curtidores, campesinos, plateros, tintoreros y
peleteros. Dos familias sobresalían en el panorama local: la de Levi,
que fue recibidor entre 1363 y 1392, y la Orabuena, médico y gran
rabino y físico allegado al rey Carlos II, que más tarde financió las
obras del gran palacio real de la ciudad. Es interesante señalar que la
comunidad debía ser muy ilustrada, ya que en la nómina de los judíos
que residían en Estella figuraba un solo analfabeto, Samuel Benosillo.
Haro
En
un interesante documento, el rey Alfonso VIII de Castilla entrega a la
aljama de esa ciudad de La Rioja la villa del castillo, junto con los
fueros habituales otorgados en esa clase de donativos: derecho a
defender el castillo y inviolabilidad personal de sus moradores judíos,
así como permiso de pescar libremente en las aguas regias, hacer
molinos y canales y lavar sus paños.
A medianos del siglo XV se
sabe que en poder los judíos se hallaba una gran superficie, que según
el historiador moderno español que escribió la historia de ese pueblo,
ocupaba "una enorme extensión". Los judíos de esa aljama contaban con
sus propios guardias y cultivaban ellos mismos sus viñas y campos, o
bien los entregaban en aparcería a cristianos y musulmanes. Muchos de
ellos eran artesanos y, sobre todo, alfareros. Indícase que la judería
estaba enclavada en el barrio llamado hasta ahora "La Mota", lo que
parece indicar que se hallaba en un sitio elevado desde el que se
dominaba esa localidad.
Logroño
A fines del siglo XIII la
judería local era una de las más importantes de La Rioja, y del
siguiente siglo existe abundante documentación que indica, entre otras
cosas, que los judíos poseían tierras en los alrededores de la ciudad.
En la segunda mitad de esa centuria se sabe de una creciente animosidad
de la población cristiana contra los judíos a los que, por ejemplo,
querían impedir que ejercieran el oficio de zapatero. La próspera
aljama local desapareció por completo en los terribles sucesos de 1391,
cuando la turba enardecida por la curia asesinó, quemó y destruyó
juderías en toda España. Pero no pasó mucho tiempo hasta que los judíos
edificaran otro barrio, llamado la Villanueva, cuyos restos pueden
verse hasta nuestros días. Hoy se puede andar por ese paraje, que
estuvo cercado por un Muro llamado del Carmen. Y existe precisamente
una calle llamada así, Muro del Carmen.
Ahora Logroño quiere
recuperar su judería. En una nota periodística publicada en junio del
año pasado se lee lo que sigue: “una de las más importantes
intervenciones que se realizarán en los próximos años en el centro
histórico de -la recuperación del emblemático barrio de la Judería-
empieza a tomar cuerpo. El español Juan Miguel Hernández León, que se
encargará de rehabilitar esa zona junto al también prestigioso
arquitecto portugués Álvaro Siza, ha dado a conocer en la capital
riojana el avance del plan director para este proyecto”.
Junto
al alcalde logroñés, Julio Revuelta, el arquitecto Hernández León
explicó que “se trata de un trabajo que está exigiendo un tiempo
importante de análisis. Se ha estudiado para ello la evolución
histórica de la Judería para obtener varias conclusiones y definir así
el proyecto de recuperación de este barrio”.
El proyecto de
recuperación de la judería logroñesa hará resurgir un barrio que ha ido
recuperando su centralidad dentro de la capital riojana. La actuación
permitirá revitalizar y cambiar por completo una zona que fue
reconstruida por los judíos en el siglo XVI después de que los
cristianos la incendiasen y que el paso del tiempo había marginado,
concluye señalando el referido informe.
Nájera
Esta
antigua e importante aljama ya mantuvo relaciones con los sabios de
Babilonia, y en el siglo XI obtuvo un fuero que más tarde sirvió de
modelo para otras localidades: la vida de un judío era equivalente a la
de un caballero o sacerdote. Se sabe que los hebreos tenían viñedos y
campos de labrantío en las proximidades de ese pueblo. Se afirma que en
1290 los tributos abonados por la comunidad ascendieron a unos 30 mil
maravedíes, pero en 1360, durante la guerra civil entre Pedro el Cruel
y Enrique de Trastámara, los judíos fueron atacados por los partidarios
de este último, y muchos de ellos murieron. Durante la campaña contra
Granada, se impuso a la comunidad un tributo especial en castellanos de
oro.
Como lugar importante en la ruta jacobea riojana, contó con
una importante aljama que puede ubicarse junto al viejo castillo.
Afírmase que la Plaza del Mercado y sus alrededores marcan el lugar en
donde estaba la vieja aljama. Pero el hecho más sobresaliente, es
precisamente una obra realizada en un lugar de fe cristiana: el
Monasterio de Santa María la Real. Según todos los especialistas, la
sillería del Coro Alto, presenta indicios judíos, y permite suponer que
fue realizada por conversos, que sin haber renunciado a su fe prístina,
encontraron el modo de expresarlo con su arte, e impusieron un sello
judío en esa tarea. Allí se repiten figuras marcadamente hebreas, tanto
por su aspecto como sus vestiduras. Sobre la puerta de entrada al coro,
se advierten tres personajes jóvenes ataviados con ropajes que no
pueden ser otra cosa que los de judíos del siglo XV. Y junto a la
inicial de la reina Isabel la Católica aparecen dos cuchillos cruzados,
de una forma tal que representan los generalmente usados en la
circuncisión.
Pamplona
La capital de Navarra, lugar de
los mundialmente famosos “sanfermines”, también tuvo su propia aljama,
que habría sido la más importante y numerosa de toda la región.
Asimismo, fue la mayormente perseguida cuando creció el furor popular o
decayó el poder de los reyes, como sucedió tantas veces en la historia
de España. Existen testimonios escritos de que los primeros judíos ya
habían vivido en ella en el año 905, durante el reinado de Sancho II
Garcés Abarca, rey de Pamplona y conde de Aragón.
Desde el siglo
XIII existió una comunidad que en contraste con las demás juderías
hispanas, no vivía separada del resto de la población, ni tenía muros
que la separase. Pero eventualmente surgieron dificultades, como
consecuencia de las luchas civiles después de la muerte del rey
Teobaldo I, problemas que dieron lugar a su exterminio físico en 1276.
Sin embargo, los judíos volvieron a Pamplona en 1336, aunque fueron
seriamente afectados por la llamada "guerra de los pastores", así como
por los estragos de la peste negra. Entre otros de sus judíos notables
había un tal rabino Azag, que estudió las posibilidades de regar la
vega baja en la época de Carlos II. Otro judío notable, Yosef Orabuena,
fue consejero del rey Carlos III y jefe de la aljama local.
Tudela
A
estar a algunos historiadores, la judería local habría sido tan grande
que le disputaría a Pamplona el título de la más importante de Navarra.
Se sabe que estuvo ubicada entre la catedral y la parte del muro que
mira hacia un afluente del Ebro. En sus mejores tiempos, la ciudad
debió contar con varias sinagogas que, en la mayoría de los casos,
fueron confiscadas y pasaron a ser templos cristianos. Como por
ejemplo, la que se encuentra en el mismo claustro románico de la
catedral, que se reconoce por su puerta simple gótica y la galería
superior, la en donde rezaban las mujeres separadas de los hombres,
según el rito judío. Véase lo que al respecto indica el propio
ayuntamiento de Tudela: “Las primeras comunidades israelitas se
establecieron en Tudela desde los primeros momentos de la fundación,
probablemente procedentes de Tarazona ante la necesidad de los
servicios de artesanos”.
Casi desde el mismo origen de la
ciudad, a mitades del siglo IX, parece ser que los judíos se agruparon
en una zona al sureste de la muralla, en las proximidades del río
Queiles, donde hoy se extienden las calles de Benjamín de Tudela, Plaza
de la Judería, Hortelanos, Fuente del Obispo y la desaparecida calle de
las Vueltas. Los callejones de esta zona y la actual tipología de casas
estrechas y altas aún recuerda lo que fue vivienda de judíos. Eran
casas de adobe o ladrillo, construidas sobre un zócalo de sillar de
piedra que proporcionaba una sólida base y aislamiento de la gran
humedad del subsuelo. Las fachadas se remataban con aleros dentados que
recuerdan decoración mudéjar.
En este barrio primitivo parece
que existieron tres sinagogas: una probablemente en la calle de San
Julián, otra en las inmediaciones de la Puerta de Zaragoza (al terminar
la calle Verjas) y la tercera adosada al tramo este del Claustro de la
Catedral. Este recinto es actualmente una capilla conocida como La
Escuela de Cristo y su singularísima morfología recuerda las formas de
las sinagogas.
En el año 1170 el rey de Navarra Sancho VI el
Sabio decreta el traslado de la Judería a un nuevo emplazamiento, junto
a los muros del castillo, cuya custodia y reparaciones les encomienda a
cambio de exenciones de impuestos y concesión de otras prerrogativas,
además de facilitarles una mejor protección.
El nuevo barrio
parece haber estado situado en torno al actual Paseo del Castillo. El
barrio de los tejedores judíos estaba junto a la Plaza de San Miguel,
donde hubo una iglesia dedicada al santo arcángel la cual pudo ser en
un primer momento sinagoga. El progresivo aumento de población durante
los siglos XIII y XIV propició la ampliación del barrio por las calles
Pelaires y Cortapelaires, San Pedro, Tres Esquinas y quizá hasta el
puente de Yeseros. Se documentan al menos dos sinagogas: la Mayor y la
Menor, de cuya ubicación no se tiene noticia”.
Es digno de
mención el hecho que la ciudad ha considerado oportuno –caso raro en
España- de honrar a uno de sus más conocidos miembros de la comunidad
israelita: Benjamín de Tudela, colocando una lápida de gran tamaño en
el ángulo de dos calles, que da paso a la antigua judería. Benjamín fue
un célebre viajero que recorrió gran parte de Europa y Asia para
buscar, estudiar y luego revelar qué comunidades judías había dispersas
en la Edad Media por todo el mundo. Los anales de la ciudad también
citan otros judíos eminentes, como el poeta, filósofo y médico Yehudá
Halevy, cuyo nombre figura en varias calles de Israel y el mercader
Ezmel (Abenabez) de Ablitas, que tenía negocios más allá del reino de
Navarra. Pero como consecuencia de las sangrientas persecuciones de
1328, y las fatídicas epidemias de 1348, disminuyó en gran medida la
importancia de esa aljama. Con la total expulsión de los judíos del
reino de Navarra, la comunidad desapareció por completo en 1498.
Según
afirma el conocido historiador Miguel Zubillaga Garralda, la influencia
de esta comunidad no se limitó a las juderías de la Navarra meridional,
sino que irradió también en todo el territorio que constituía el valle
medio del Ebro. Entre 1287 y 1303 se había dotado de unas taqqanot
(ordenanzas), ratificadas y ampliadas en 1391, subrayando la
importancia y la conciencia ciudadana de esta aljama. El estudioso
señala que “muchos de sus miembros destacaron como mercaderes,
comerciantes, prestamistas, terratenientes, médicos y como eruditos. De
origen andalusí era Ezmel Abenabez, el más influyente banquero judío en
la Navarra medieval; y tudelanos eran la mayor parte de los judíos que,
a partir de la práctica del préstamo y el comercio, llegaron a
participar desde el último tercio del siglo XIV en la administración
del reino – en los primeros pasos hacia el Estado moderno – y en los
asuntos privados de los monarcas (así, por ejemplo, Juce y León
Orabuena, Ezmel y Juce de Rabidavid y Abraham y Mayr de la Rabiza). Fue
también la ciudad natal de eruditos como Samuel Falaquera, Joel ben
Shuaib y de los Goluf (que disputaron en Tortosa), y en ella vivieron
el kabalista Abraham Abulafia (siglo XIII), Haim ben Samuel (finales
siglo XIII) e Itzhak ben Yosef”.
Las matanzas de judíos en la
Navarra occidental en 1328 no afectaron a la comunidad tudelana
(aunque, previsoramente, fueron alojados en el interior del castillo).
En 1358 se produjo un ataque a la Sinagoga Mayor, mientras se celebraba
la noche de Pesah; los judíos se enfrentaron a los asaltantes, una
banda de jóvenes nobles, y la justicia regia repartió las culpas entre
unos y otros. Tampoco hubo progromos en 1348-50 o en 1391, a diferencia
de los reinos de Castilla y Aragón. Sí se registraron conversiones
individuales y familiares a partir de los años setenta de ese siglo.
Sin embargo, en 1488 la ciudad de Tudela, no sólo la aljama, sino las
autoridades cristianas, amparadas por los monarcas navarros,
protagonizó una disputa con el recién constituido Tribunal de la
Inquisición de Zaragoza, que reclamaba la entrega de dos conversos
acusados de haber asesinado a un inquisidor en la capital aragonesa.
En
1492 residían en Tudela entre 2.000 y 2.500 de los cerca de 3.500
judíos navarros (un 3,5% de la población del reino). Un millar de
judíos de los vecinos reinos de Castilla y Aragón habían buscado
refugio en la ciudad, tras su expulsión. Aunque en 1498 los reyes
navarros se vieron obligados a adoptar esta misma resolución, la mayor
parte de los judíos oriundos de Tudela optaron por convertirse.