El archivo histórico de la capital es inseguro
Los documentos más importantes de Quito desde el siglo XVI no tienen sistema contra incendios.
Antecedentes
El archivo existe desde 1930. Originalmente funcionó en el Municipio, luego en el museo de cera.
Hasta el momento se han publicado en español 40 volúmenes del “libro de Cabildos”, (desde 1534 hasta 1673) basados en documentos del siglo XVI, que fueron escritos en un lenguaje arcaico.
Valiosos documentos del pasado colonial y republicano del Ecuador y de Quito, provenientes del Archivo de la ciudad de San Francisco y del Estado, como decretos presidenciales originales, se guardan sin las más mínimas medidas de seguridad y preservación.
Las cédulas reales que se conservan, por ejemplo, provienen del Archivo de la Real Audiencia, que junto con muchos papeles de la colonia pasaron al Estado ecuatoriano luego de la Independencia. La mayoría de documentos están en papel antiguo que se producía a mano con base en materiales textiles.
Cada uno de los 10 mil tomos que se almacenan en la biblioteca del Archivo de la Ciudad contienen toda la historia de Quito en lo político, lo administrativo, religioso desde su fundación en 1534.
En 1930, el Municipio creó el Archivo Metropolitano de Historia, pero como una oficina administrativa de lo que es ahora la alcaldía de Quito, en el Centro Histórico, según Diego Chiriboga, jefe del Archivo, que trabaja ahí desde hace 24 años.
Según Chiriboga, el Archivo no cuenta con sistemas contraincendio, ni con climatizadores que protejan los antiguos documentos.
No obstante, precisa que el clima frío y seco de Quito ha preservado papeles centenarios.
El Archivo funciona en una casa adjunta al Palacio de La Circasiana, en la que tenía su biblioteca el historiador conservador Jacinto Jijón y Caamaño. La casa está unida al Palacio por un pasadizo, que Jijón usaba para ir por las noches hacia la biblioteca.
Al pasar La Circasiana a la ciudad, en 1992, se adecuó en la casa el Archivo. La única seguridad que existe es un circuito cerrado de televisión y alarmas de acceso.
Gran parte de las reliquias históricas que reposan en el Archivo son las Cédulas Reales, el “Libro Verde” de la Fundación del Cabildo y decretos municipales. Este libro contiene el Acta original de la fundación de la capital, suscrita en 1534 por los conquistadores españoles. “Los documentos requerían de un espacio propicio y, cuando el Municipio adquirió La Circasiana, nos pasamos a la antigua biblioteca del Conde Jacinto Jijón y Caamaño, primer alcalde de Quito, que quedó vacío luego de que el Banco Central comprara los libros que ahí existían, relata Chiriboga.
“Rogamos a Dios para que aquí no ocurra nunca un incendio, porque se perdería el archivo histórico más grande de América del Sur”, comentó Chiriboga. Pese a que la documentación y la información que existe en el lugar es muy importante para la historia del país y del continente, no existe una reproducción o fotocopias de los tomos. Según Chiriboga, es parte de un proyecto al que intenta ingresar al archivo, en la que se buscarán mecanismos para digitalizar los textos existentes, implementar sistemas contra incendios, sistemas antirrobo y depuración de la información. “Este tema de la depuración de la información es muy importante porque nos permitirá desechar documentos que ocupan mucho espacio y que no son de gran importancia y colocar otros documentos que no pueden ser parte del archivo, por falta de espacio”, dijo. También, el espacio se reduce cada vez más porque el Municipio, con cierta periodicidad, envía los documentos de valor histórico
para ser archivados. Estos documentos son los que forman parte de lo que llaman los encargados del archivo, la historia nueva.
Como parte de este proyecto de escribir la nueva historia de la capital, el archivo municipal también publica la revista “Museo Histórico”, en la que se imprimen documentos de importancia como crónicas de la vida cotidiana de Quito, los discursos de los alcaldes y de las autoridades.
El lugar está abierto a investigaciones
Es común entrar a esta gran biblioteca y no escuchar ninguna clase de ruido.
Los trabajadores municipales, encargados de la biblioteca laboran en silencio, trascriben las actas del Cabildo de Quito que datan desde el siglo XVI. Esta tarea es para preservar los tomos. Los textos en castellano antiguo son modernizados.
Está abierto a investigadores nacionales y extranjeros. En un año se estima que entre ocho y diez nacionales y de cinco a ocho foráneos llegan al lugar para realizar consultas.
El procedimiento de consulta es llenar fichas personales con referencias, explicar el objeto y motivo de la investigación, entre otros aspectos. La consulta no tiene costo, pero los investigadores no pueden manipular los tomos ni llevarse tomos, salvo cuando requieran encontrar algún dato específico. Entre 500 y 600 estudiantes universitarios, de turismo, arquitectura e historia van al lugar en busca de información para tesis de grado y monografías. Las fichas de registro tienen menos requisitos. El archivo está disponible de 09:00 a 13:30 de lunes a viernes. Cuatro personas, además del director, trabajan en el Archivo.
Camila Witt
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Reportera-Quito
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