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Un viaje que no comienza al hacer una maleta, sino al descubrir que el alma puede expandirse más allá de sus propios límites. Un cuerpo que escucha al bosque, un amor que no encierra, un territorio que transforma sin herir. En estas páginas, la migración deja de ser ruptura para convertirse en un estado de revelación: una metamorfosis silenciosa donde lo cotidiano se vuelve sagrado y donde cada paso —sobre nieve, sobre agua, sobre memoria— abre un umbral hacia otra forma de habitar el mundo.
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Esa visión luminosa encuentra su forma plena en Ave de hielo ígneo, de la autora mexicana Araceli Gutiérrez Olivares, un poemario que convierte la experiencia migrante en un diálogo espiritual entre dos geografías que se reflejan y se enriquecen mutuamente. Entre fiordos, aves, raíces y gestos de amor que brotan con la delicadeza de una ofrenda, la autora construye un territorio donde cuerpo, paisaje y conciencia se entrelazan para narrar la historia de una integración profunda. Un libro que invita a leer la vida como un tránsito de despertar interior y donde cada poema abre una puerta hacia lo esencial.
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“Se aprecia en estos poemas un crecimiento del ser, el reencuentro de dos formas de ser, de dos universos distintos que se pueden complementar. Un cruce de voces que motivan el crecimiento, los afectos, el amor, el éxtasis y hasta el erotismo como una imagen cuya certeza está en las palabras”, escribe el venezolano Alberto Hernández en su reseña sobre el libro Ave de hielo ígneo, de Araceli Gutiérrez Olivares.
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