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En estas páginas, la obra de Jorge Luis Borges aparece como un territorio donde conviven el rigor y la incertidumbre, y donde cada intento de comprensión revela nuevas fisuras. Leer se convierte aquí en una experiencia intelectual exigente, pero también profundamente estimulante.
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La ensayista argentina Viviana Ackerman propone, en su libro El divino desorden, un recorrido lúcido por la obra de Borges a partir de la tensión permanente entre caos y orden que atraviesa sus ficciones, ensayos y poemas, describiendo los precisos sistemas que construye el autor —lenguajes imaginarios, el policial, la traducción, los artificios— y que nunca eliminan del todo la paradoja.
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“A la manera de un antilaberinto, el libro conduce al lector a través de los mecanismos que sostienen los cuentos, ensayos y poemas borgeanos, no desde una cronología ni desde una lectura biográfica, sino desde los núcleos conceptuales que permiten comprender la coherencia profunda de un corpus atravesado por la paradoja y la multiplicidad”, escribe el venezolano Jorge Gómez Jiménez en su reseña sobre el libro El divino desorden, de Viviana Ackerman.
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