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En una costa donde el agua guarda lo que el tiempo intenta borrar, una voz regresa una y otra vez a sus orillas: la infancia que se pierde, las ciudades que cambian de piel, los nombres que quedan suspendidos en la lluvia, el amor que promete refugio y la muerte que exige su tributo. Hay un mar real y otro imaginado; un país que se recuerda como si fuera una herida luminosa; una palabra que se vuelve brújula para no extraviarse en la memoria.
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Esa corriente sostiene Borde de mar, antología poética del panameño Manuel Orestes Nieto, que reúne doce cuadernos escritos a lo largo de varias décadas. En sus páginas el mar aparece como origen, límite y testigo, mientras la voz poética recorre la historia íntima y colectiva, la ciudad, la familia, la utopía y la pérdida, con pasajes de verso libre de largo aliento y, en algunos apartados, prosa poética. Un volumen coherente y envolvente, publicado como el título número 43 de la alianza editorial Letralia-FBLibros.
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“El mar se transforma en estas páginas en un territorio alegórico con instituciones, guardianes, rituales y bibliotecas de la memoria; más adelante, la montaña y la luz fundan un ‘país’ regido por cooperación y conciencia cósmica. Un contrapunto entre la devastación histórica y un orden fundamentado en la memoria”, escribe el venezolano Jorge Gómez Jiménez en su reseña sobre el libro Borde de mar, de Manuel Orestes Nieto.
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