Alberto ChirifUno de los primeros textos que recordamos haber leído sobre el tema del buen vivir y, por cierto, el más interesante, es el que escribió el pensador ecuatoriano de origen kichwa Carlos Viteri Gualinga, titulado “Visión indígena del Desarrollo en la Amazonía ”. Desde el subtítulo el autor se pregunta si existe el concepto de desarrollo en la cosmovisión indígena. Su respuesta es contundente: no. Viteri comienza a explicar que el desarrollo, como consecuencia de la acumulación de bienes y servicios, es un concepto ajeno a la concepción indígena, al igual que los de riqueza y pobreza. Existe, en cambio, el del “buen vivir”, planteado como un logro del esfuerzo humano destinado a crear las condiciones materiales y espirituales que permitan construirlo y mantenerlo. El “buen vivir”, señala él, es definido también como “vida armónica”, que en quichua recibe los nombres de “allí káusai” o “súmac káusai ”.
Según Viteri, una diversidad de elementos condiciona las acciones humanas que propician el ‘alli káusai’, entre ellos, el conocimiento, los códigos de conducta éticas y espirituales en la relación con el entorno, los valores humanos, la visión de futuro y otros. Afirma que es una categoría en permanente construcción, con una trascendencia mayor a la sola satisfacción de necesidades y acceso a servicios y bienes.
En su reflexión, Viteri señala que el conocimiento “es la condición básica para la gestión de las bases locales ecológicas y espirituales de sustento y resolución autónoma de las necesidades”, y que este “supone el desarrollo de sistemas productivos coherentemente adaptados a las condiciones del entorno”. Afirma que este conocimiento, que es transmitido de una generación a otra, coloca “a los individuos de una comunidad en una condición equitativa en cuanto a capacidad, destreza, identidad y cosmovisión, establece también valores imprescindibles para los procesos productivos y de resolución autónoma de necesidades, como la solidaridad y reciprocidad, lo cual es evidente por ejemplo en la Minga. El conocimiento incluye además la esfera de lo trascendente o de lo espiritual”.
La densidad de las ideas que hasta ahora hemos resumido de Viteri es tanta que queremos detenernos para analizarlas. Dado que su texto comienza con la pregunta sobre si existe el concepto de desarrollo en las sociedades indígenas es inevitable establecer comparaciones entre esta noción y la de buen vivir. Una primera diferencia es que mientras el desarrollo (y la riqueza, o su contrario, la pobreza) se definen en función del “tener”, la de buen vivir” se funda en el “ser”. País desarrollado es el que tiene más dinero y sus habitantes son más ricos porque disponen de él en mayor cantidad, sin importar, a veces, que su acumulación exceda los límites de las necesidades que un ser humano debe satisfacer a lo largo de su existencia. Aparece entones el concepto de derroche, es decir, del gasto no solo excesivo sino sin sentido: Imelda Marcos, la esposa del dictador de Filipinas Ferdinand Marcos, tenía más de 3000 pares de zapatos de lujo, lo que implicaba que podía usar calzado nuevo a lo largo de más de ocho años; Vladimiro Montesinos, disponía de decenas de relojes de oro y rubíes, algunos de los cuales costaban alrededor de 400 000 soles; un jeque árabe había comprado cincuenta autos Rolls Royce, uno para cada uno de sus hijos, para que circularan por un pista construida en medio del desierto, pero que no iba a ningún lugar y solo servía para ellos los muchachos transitaran; el dictador Pinochet había instalado grifería de oro en los baños de su casa que, por supuesto, servían para lo mismo que los de hierro, cromo o bronce: verter agua; y así por el estilo. La gran riqueza convierte el dinero en un concepto abstracto. Uno puede representarse mentalmente cien, quinientos, mil o un millón de soles, pero pierde la noción cuando se habla de riquezas personales de cien o doscientos mil millones de dólares. Como leímos alguna vez, en este punto el dinero pierde la realidad que lo hace comprensible y se convierte en cifras contables.
Otra de las diferencias entre desarrollo y buen vivir destacadas en las reflexiones de Viteri es el énfasis en el conocimiento. Si bien el enfoque del desarrollo también le da importancia al conocimiento, el carácter de este, en este caso, es totalmente diferente al que le otorga la concepción del buen vivir. Dentro de la concepción de desarrollo, el conocimiento afirma el poder individual de una persona, que, además, lo obtiene porque de antemano tiene poder: condiciones de educación especiales que le permiten acceder con ventaja a estudios superiores, y dinero familiar para pagar estudios costosos y disponer de tiempo dedicado exclusivamente a los estudios sin necesidad de trabajar. Claro que hay excepciones: becas otorgadas a jóvenes pobres súper genios, que luego son utilizados como propaganda para demostrar el carácter democrático de la sociedad capitalista.
(Seguir leyendo...)