How to Read Donald Duck (Spanish: Para leer al Pato Donald) is a 1971 book-length essay by Ariel Dorfman and Armand Mattelart that critiques Disney comics from a Marxist point of view as capitalist propaganda for American corporate and cultural imperialism.[1][2] It was first published in Chile in 1971, became a bestseller throughout Latin America[3] and is still considered a seminal work in cultural studies.[4] It was reissued in August 2018 to a general audience in the United States, with a new introduction by Dorfman, by OR Books.
The book's thesis is that Disney comics are not only a reflection of the prevailing ideology at the time (capitalism), but that they are also aware of this, and are active agents in spreading the ideology. To do so, Disney comics use images of the everyday world:
"Here lies Disney's inventive (product of his era), rejecting the crude and explicit scheme of adventure strips, that came up at the same time. The ideological background is without any doubt the same: but Disney, not showing any open repressive force, is much more dangerous. The division between Bruce Wayne and Batman is the projection of fantasy outside the ordinary world to save it. Disney colonizes the everyday world, at hand of ordinary man and his common problems, with the analgesic of a child's imagination".
This closeness to everyday life is so only in appearance, because the world shown in the comics, according to the thesis, is based on ideological concepts, resulting in a set of natural rules that lead to the acceptance of particular ideas about capital, the developed countries' relationship with the Third World, gender roles, etc.
As an example, the book considers the lack of descendants of the characters.[5] Everybody has an uncle or nephew, everybody is a cousin of someone, but nobody has fathers or sons. This non-parental reality creates horizontal levels in society, where there is no hierarchic order, except the one given by the amount of money and wealth possessed by each, and where there is almost no solidarity among those of the same level, creating a situation where the only thing left is crude competition.[6] Another issue analyzed is the absolute necessity to have a stroke of luck for social mobility (regardless of the effort or intelligence involved),[7] the lack of ability of the native tribes to manage their wealth,[8] and others.
How to Read Donald Duck was written and published by Ediciones Universitarias de Valparaso, belonging to the Pontifical Catholic University of Valparaso, during the brief flowering of democratic socialism under the government of Salvador Allende and his Popular Unity coalition and is closely identified with the revolutionary politics of its era.[9] In 1973, a coup d'tat, secretly supported by the United States, brought in power the military dictatorship of Augusto Pinochet. During Pinochet's regime, How to Read Donald Duck was banned and subject to book burning; its authors were forced into exile.[9]
Outside Chile, How to Read Donald Duck became the most widely printed political text in Latin America for some time.[3] It was translated into English, French, German, Portuguese, Dutch, Italian, Greek, Turkish, Swedish, Finnish, Danish, Japanese, and Korean[10] and sold some 700.000 copies overall; by 1993, it had been reprinted 32 times by the publisher Siglo Veintiuno Editores.[11]
Thomas Andrae, who has written about Carl Barks, has criticized the thesis of Dorfman and Mattelart. Andrae writes that it is not true that Disney controlled the work of every cartoonist, and that cartoonists had almost completely free hands unlike those who worked in animation. According to Andrae, Carl Barks did not even know that his cartoons were read outside the United States in the 1950s. Lastly, he writes that Barks' cartoons include social criticism and even anti-capitalist and anti-imperialist references.[13]
Debemos olvidarnos de James Bond. Tampoco Jason Bourne nos vale. El verdadero agente secreto del capitalismo plutocratico, del imperialismo norteamericano, responde a las siglas de DD en ingls, o de PD en castellano: el Pato Donald. O a esa conclusin llega uno despus de partirse de risa este verano con Para leer al Pato Donald, de Dorfman y Mattelart, publicado en 1971 en Chile.
De verdad que leerlo supone retroceder en el tiempo a pocas anteriores a la cada del Muro de Berln. Creo que buena parte de sus afirmaciones no podran ser asumidas hoy ni siquiera por los movimientos ms izquierdistas de nuestras sociedades. Para los que idealizan el Chile de Salvador Allende les vendr bien. Tambin para aquellos que dudan acerca de como la Iglesia Catlica ha amamantado y financiado movimientos antiliberales desde la noche de los tiempos, encontrando en el marxismo la mejor de las alianzas. Basta con ver la biografa de Mattelart.
Un aviso antes de empezar. No me gusta Disney. No me gustan sus clsicos, ni los cuentos adaptados ni sus nuevas series y canales de televisin para nios. Me resultan mediocres los guiones. Eso me pasa ahora y me pasaba de nio, por tanto no soy un defensor del universo Disney. No me encuentro vinculado al mismo.
Pero es que adems, tambin creo, como sostiene el libro, que la obra de Disney traslada valores, visiones, idearios, propios de una sociedad, la de los Estados Unidos de la poca. Pero, cmo iba a ser de otra manera?, acaso pretendan que el Pato Donald defendiese el colectivismo o la abolicin del derecho de propiedad?
La idea central del libro, usando anlisis marxistas y freudianos, es que Mickey, Donald y el resto de personajes de Disney forman parte de un plan de adoctrinamiento infantil a nivel global, una suerte de conspiracin de la CIA, la NSA y dems entes malignos. Ergo, en la sociedad que propugnan los autores del libro, hay que desenmascararlo y acabar con ellos. As de sencillo.
Resulta que no conozco un slo ejemplo de literatura infantil en el que no se trate de trasladar al nio alguna enseanza, en el que no se vislumbre una determinada visin del mundo. Lo de Donald es una broma al ladosde los textos infantiles que usaban sus coetneos castristas. Pero no nos engaemos, otro tanto pasa con los manuales empleados por la Iglesia Catlica en las aulas espaolas o con los catecismos de Educacin para la Ciudadania.
Cul es la diferencia? Que Disney es voluntario, optativo, mientras que el resto de ejemplos citados son mantras implantados a golpe de ley o de algo peor. Disney es una opcin de los padres y/o de los nios, no del comisario poltico de turno, ni del Obispo, ni del Ministerio.
Me sorprende que los autores acusen a la literatura infantil de sustituir la funcin educativa de los padres. me sorprende que esta critica provenga de los mismos movimientos que, en ese momento, y todava hoy, niegan precisamente a los padres esa labor, en beneficio de la Sociedad, el Estado, o la Iglesia. Uno tiene la sensacin de que los fastidia realmente es la competencia, y para ello recurren a acusaciones simplonas, como si Walt Disney hubiese inventado las fbulas para dominar el mundo a travs de las mentes de los pequeos.
El libro tiene grandes momentos como cuando critica la rigidez jerrquica, el mundo burocrtico en el que viven los personajes de los cuentos. Con lo que ya sabemos de la experiencia del socialismo real la cosa tiene bemoles, casi tantos como cuando acusan a Donald de capitalista por su afn conservacionista, por su voluntad de no forzar la naturaleza (claro que por aquel entonces el socialismo real no haba visto el filn de la manipulacin ecologista). El tiempo pone a cada uno en su sitio
Respecto a las criticas de racismo creo que dan para un debate semejante al que origino Tintin, pero a mi me divierte mucho ms como se mosquean por el trato que da Disney a los guerrilleros: los banaliza, los pasa por las armas, sostienen Dorfman y Mattelart. Parece que no soportan el ingenio, la burla, y lo equiparan con la violencia fsica, notndoseles ciertamente fastidiados. En esencia, reconozco que debe resultar muy molesto este capitalismo fagocitador, que es capz de hacer dinero incluso con sus propios enemigos.
Para los autores robar y comerciar es lo mismos. Aplican a machamartillo la teora de la plusvala marxista, se ofenden debido a que no ven el papel de los productores, de los trabajadores, de los proletarios en las historietas, pero no se que esperan si en las que ellos han ledo de Marx el papel de los empresarios tampoco se ve. Dnde esta la innovacin, el riesgo? Puestos a criticar simplezas no se porque no lo hacen con el To Marx antes de ponerse a criticar al oro por ser un fetiche que esconde la plusvala del trabajador, u ofenderse al calificar como delincuente a quien vulnere la propiedad privada.
Por cierto, que les molesta sobremanera que para conseguir los tesoros, el oro, haya que sufrir. Igual se debe a a que los oprimidos patos no conocen los beneficios de la planificacin centralizada y de producir por producir, de la ausencia del papel del empresario. Estos patos estn alienados.
Alguno pensar que me estoy excediendo, que el libro no puede ser as. Le recomiendo su lectura para que vea que me quede corto. Como aperitivo os dejo unos cuantos fragmentos impagables. El primero versa sobre verdades como puos:
Por otro lado, todo el libro esta trufado de una visin de la sexualidad un tanto acomplejada, excesivamente genital y centrada en el coito y la reproduccin (algo lgico dadas las coincidencias marxistas y catlicas en el tema). Esto, por ejemplo, har las delicias de muchas..
Por qu ser que el oro, criticado tradicionalmente desde el principio de la economa monetaria como fuente de contaminacin que mancha las relaciones entre los hombres y destruye la naturaleza humana, aparece aqu confundido con la inocencia del buen salvaje (nio y pueblo)? Por qu el dinero, que es fruto de la comercializacin e industrializacin urbana, brota aqu en circunstancias campestres y naturales?
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