DIA GLORIOSODía glorioso
Si llamas al sábado «delicia», y al día santo del Señor, «honorable»; si te abstienes de profanarlo, y lo honras no haciendo negocios (Isaías S8: 13).
EN ESTE PASAJE VEMOS CON CLARIDAD cómo debemos considerar el día de reposo que Dios nos dio. Nos dice que el sábado debe ser honrado Oirás versiones traducen “venerar”. ¿Qué significa “venerar” algo? Es tratarlo con profundo respeto. El día de reposo merece nuestro respeto, no porque sea un día que tenga elementos mágicos, sino porque fue dado por Dios, quien merece todo nuestro respeto y veneración. Deshonramos al Dios del sábado cuando no lo observamos cómo él quiere.
El pasaje añade que el sábado debe ser una “delicia”. ¿Qué es una “delicia”? Es algo que nos trae felicidad y que nos gusta mucho, algo que nos causa un intenso placer. El sábado nos trae una inmensa dicha cuando lo vemos como la oportunidad para estar en comunión con Dios, para compartir tiempo y amistad con otros, y para gozamos con el compañerismo de la familia. Si el sábado no nos trae esa profunda alegría, no hemos experimentado su significado. Notemos: «El amor de Dios ha puesto un límite a las exigencias del trabajo. En su día reserva a la familia la oportunidad de tener comunión con él, con la naturaleza y con sus prójimos» (La educación, p. 245) «El sábado y la familia fueron instituidos en el Edén y en el propósito de Dios están indisolublemente unidos. En ese día. Más que en cualquier otro nos es posible vivir la vida del Edén. También nos dice que el sábado debe ser un día honorable. Otras versiones traducen esta palabra como “glorioso” ¿Qué es algo “glorioso”? Es lo que se considera que tiene gran prestigio y mucho aprecio, que es digno de honor y alabanza Por eso: «Necesitamos cultivar un espíritu de verdadero culto, un espíritu de devoción hacia el santo día de Dios. Debemos congregamos todos confiando en que recibiremos consuelo y esperanza, luz y paz del Señor Jesucristo* (La fe por la cual vivo. p. 37). Que Dios te bendiga,
Julio, 01 2010 1 Comentario » | Escrito en Uncategorized DIA SIN AFANESDía sin afanes
Cómanlo hoy sábado —les dijo Moisés—, que es el día de reposo consagrado al Señor. Hoy no encontrarán nada en el campo. Deben recogerlo durante seis días, porque el día séptimo, que es sábado, no encontrarán nada (Éxodo 16:25, 26).
PARA PODER DESCANSAR EL SÁBADO como Dios quiere, tenemos que hacer preparativos previos, durante toda la semana. Dios designó el viernes como “el día de preparación”. En la historia de la caída del maná, había una lección de previsión: «Entonces el Señor le dijo a Moisés: “Voy a hacer que les llueva pan del cielo. El pueblo deberá salir todos los días a recoger su ración diaria. Voy a ponerlos a prueba, para ver si cumplen o no mis instrucciones. El día sexto recogerán una doble porción, y todo esto lo dejarán preparado”» (Éxo. 16:4,5). Esta provisión del maná en viernes, implicaba además dejarlo preparado para que el sábado nadie se afanara por la comida: «Esto es lo que el Señor ha ordenado —les contestó—. Mañana sábado es día de reposo consagrado al Señor. Así que cuezan lo que tengan que cocer, y hiervan lo que tengan que hervir. Lo que sobre, apártenlo y guárdenlo para mañana» (vers. 23). Lo
que sobraba debía estar preparado también, pues no debían cocinar en sábado.
Hasta el tiempo del Nuevo Testamento seguía la costumbre de llamar al viernes “día de preparación”. Fue en ese día que las mujeres prepararon los ungüentos para ungir el cuerpo de Jesús: «Era el día de preparación para el sábado, que estaba a punto de comenzar. Las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea, siguieron a José para ver el sepulcro y cómo colocaban el cuerpo. Luego volvieron a casa y prepararon especias aromáticas y perfumes. Entonces descansaron el sábado, conforme al mandamiento» (Luc. 23: 54-56). Una cosa es cierta: Si no hacemos los preparativos el viernes como Dios lo estipuló, no podremos guardar el sábado conforme al mandamiento. La preparación es crucial para que el sábado pueda ser santificado. De otro modo, el sábado traerá sus afanes y tareas como todos los otros días. Dios nos ayude para que no sea así en nuestro hogar. Día de delicia y paz
El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado (Marcos 2:27).
EL SÁBADO bíblico es un período de 24 horas que comienza a la puesta del sol del viernes y concluye a la misma hora el sábado (Lev. 23: 32). Pero es obvio que no todo el que dice guardar el sábado, lo hace como Dios quiere que se haga. La correcta observancia del sábado implica cosas que no y si se deben hacer.
El profeta Isaías expresó así lo que no se debe hacer: «Si dejas de profanar el sábado, y no haces negocios en mi día santo; si llamas al sábado “delicia”, y al día santo del Señor, “honorable”; si te abstienes de profanarlo, y lo honras no haciendo negocios ni profiriendo palabras inútiles» (Isa. 58: 13). De acuerdo a este pasaje, no se deben hacer negocios, no debe uno estar triste o aquejumbrado, ni debemos hablar cosas que estén en conflicto con el espíritu de sábado. Hay quienes no trabajan en sábado, pero hacen negocios por teléfono, por Internet, o simplemente hacen planes de realizarlos al día siguiente. Hay quienes no hicieron ningún preparativo y tienen que ir a comprar lo necesario en el día del Señor. La Biblia establece los principios generales de lo que significa consagrar el sábado, y no da mayores detalles respecto a su observancia. En último análisis, solo hay dos cosas que están prohibidas: Ganancia material y placer mundanal. Lo que no esté cubierto por esto, es lícito hacerlo. Hay personas que siempre se van a los extremos; y no hay diferencia respecto de la observancia del sábado. Dicen que uno no se debe bañar en sábado, que los hombres no deben de afeitarse, que no se deben comprar medicamentos para aliviar el dolor o la enfermedad, que hay que soportar el sufrimiento hasta que pase el sábado, que no es bueno caminar en sábado o hacer algún tipo de ejercicio físico, etcétera. Dios no nos dio el sábado como una carga, sino para que sea un día de delicia y paz. Que Dios te bendiga,
Junio, 30 2010 Deja tu comentario » | Escrito en Uncategorized DIA DE REPOSODía de reposo
Será para ustedes un día de completo reposo (Deuteronomio 16: 31).
SI LA OBSERVANCIA DEL SÁBADO es tan importante para nuestra santificación y nuestro bienestar espiritual, entonces necesitamos saber cómo guardarlo correctamente. El mandamiento, tal como se expresa en el capítulo veinte de Éxodo y en el capítulo cinco de Deuteronomio, no entra en detalles en relación con la manera de guardarlo, pero sí establece el principio general del cual se pueden extraer las especificaciones.
Para que el sábado pueda ser una bendición, es necesario que hagamos dos cosas, seguir el modelo divino: Primero, santificarlo; segundo, descansar en él. Ya sabe lo que significa santificarlo: Ponerlo aparte, consagrarlo para Dios. Luego viene el reposo y descanso en él. En ese orden se presentan esos dos elementos en el texto del mandamiento: «Acuérdate del sábado, para consagrarlo [...]. No hagas en ese día ningún trabajo» (Éxo. 20: 8-10). En realidad, ambas cosas están íntimamente relacionadas. No se puede santificar el día sin reposar en él; ni es de valor reposar en él, sin santificarlo. Así que para guardar el sábado correctamente y en armonía con la voluntad de Dios, debemos hacer ambas cosas. En lo que se refiere al descanso en este día, el mandamiento establece el principio fundamental: El Señor quiere que cesemos de nuestro trabajo diario. Si continuamos con nuestro trabajo y quehaceres, no vamos a tener tiempo para lo que Dios quiere que hagamos. El Señor quiere que extendamos esta bendición del descanso a nuestros empleados, si tenemos, y a los miembros de nuestra familia, y a los que estén en nuestra casa. Es interesante que Dios se preocupa aun de los animales: «Ni tu buey, ni tu burro, ni ninguno de tus animales» (Deut. 5: 14). Los animales no pueden santificar el día, pero pueden descansar. En las sociedades antiguas, los animales trabajaban mucho. El sábado traía descanso para ellos también. Cuan amoroso es el Señor. Día de abundancia
Comieron los israelitas maná cuarenta años, hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán, que fue su país de residencia (Éxodo 16: 35).
EN EL MUNDO ANTIGUO, y en el no tan antiguo, la obtención de alimentos y su preparación consumía mucho tiempo. Alguien podría pensar que, puesto que se trata de una necesidad tan básica como la de alimentarse, el mandamiento obviaría a quienes se ocuparan de estos menesteres. Pero no es así. Justamente porque se requería mucho tiempo para conseguir y preparar la comida, era necesario hacerlo con anticipación para que no se hicieran en el sábado. Por eso, en las leyes complementarias del cuarto mandamiento, se ordenaba: «En sábado no se encenderá ningún fuego en ninguna de sus casas» (Éxo. 35: 3). Encender fuego involucraba un trabajo excepcional: Había que ir a recoger la leña, que no estaba cerca en la mayoría de los casos, preparar el fogón y atizar la lumbre. Pero la expresión «encender fuego», no se refería solo al fuego en sí, sino a la preparación y elaboración de la comida del día. Este era el
trabajo que competía casi exclusivamente a las mujeres. Dios también quería que las mujeres guardaran el sábado, por eso requería que los alimentos se prepararan de antemano.
Durante cuarenta años, el Señor les dio una lección a los israelitas de lo que él quería decir con descansar el sábado, en lo que se refería a los alimentos. El maná no cayó en sábado durante todas sus peregrinaciones, mientras que el viernes caía suficiente para que todos pudieran recoger una doble porción. Además, si recogían una doble porción entre semana, se les echaba a perder para el día siguiente, mientras que lo que recogían el viernes, no se echaba a perder. Estos milagros semanales les deben haber servido a los israelitas para entender lo que Dios quería que se hiciera en el sábado. Él no quiere que perdamos el alimento espiritual por pensar en las cosas materiales. Que Dios te bendiga,
Junio, 28 2010 1 Comentario » | Escrito en Uncategorized DIA DE REDENCIONDía de redención
José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en un sepulcro nuevo de su propiedad que había cavado en la roca (Mateo 27: 59, 60).
CUANDO DIOS SE PROPUSO REDIMIR a su pueblo de la esclavitud, le recordó que debía guardar el sábado. Hoy el Señor hace lo mismo, nos redime del pecado. La razón es que el sábado nos vincula con él en forma muy íntima, de modo que se cumple su deseo de comunión con nosotros.
Resulta interesante que cuando Cristo concluyó su obra redentora, muriendo en la cruz el viernes por la tarde, descansó en el sepulcro de José de Arimatea durante las horas del sábado. El Redentor descansó de su obra de redención. A los cristianos, el sábado también nos recuerda la redención lograda por la muerte de Cristo. En este sentido extendido, el sábado se vincula con el tema de la redención. A los hijos de Israel se les pidió que guardaran el sábado en memoria de su liberación de la esclavitud; ahora se nos pide que lo hagamos en memoria de la redención del pecado. El sábado es también un recordatorio de la redención. Meditemos en estas palabras: «Al principio, el Padre y el Hijo habían descansado el sábado después de su obra de creación [...]. Ahora Jesús descansaba de la obra de la redención; y aunque había pesar entre aquellos que le amaban en la tierra, había gozo en el cielo. La promesa de lo futuro era gloriosa a los ojos de los seres celestiales. Una creación restaurada, una raza redimida, que por haber vencido el pecado, nunca más podría caer, era lo que Dios y los ángeles veían como resultado de la obra concluida por Cristo. Con esta escena está para siempre vinculado el día en que Cristo descansó [...]. Cuando se produzca “la restauración de todas las cosas, de la cual habló Dios por boca de sus santos profetas, que ha habido desde la antigüedad”, el sábado de la creación, el día en que Cristo descansó en la tumba de José, será todavía un día de reposo y regocijo» (El Deseado de todas las gentes, p. 714). Que Dios te bendiga,
Junio, 25 2010
Día de regocijo eterno
¡No hagan daño ni a la tierra, ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente de los siervos de nuestro Dios! (Apocalipsis 7: 3).
EN LOS ÚLTIMOS DÍAS DE LA HISTORIA de la Tierra, habrá una gran crisis para el pueblo de Dios. Esta crisis llevará a los fieles seguidores del Señor al límite de su capacidad de resistir. El libro de Apocalipsis nos dice que habrá una lucha universal de la Bestia y su imagen contra Cristo y su pueblo. En el capítulo 13 de este libro, se menciona que el Dragón, a través de la Bestia y su imagen, promoverá la adoración de la Bestia y sus seguidores, lo que llevará al establecimiento de una marca que sirva para distinguir entre los que adoran a la Bestia y los que se nieguen a hacerlo: «Además logró que a todos, grandes y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiera una marca en la mano derecha o en la frente, de modo que nadie pudiera comprar ni vender, a menos que llevara la marca, que es el nombre de la bestia o el número de ese nombre» (Apoc. 13: 16, 17). Esta marca constituirá la señal de lealtad y sumisión a
la Bestia.
En contraste, el mismo libro nos dice que los que se mantengan fieles a Dios en medio de esta crisis de lealtades, recibirán también una marca que se llama el sello de Dios. La crisis de los últimos días será una crisis de lealtad y fidelidad. El Apocalipsis nos deja intuir que la crisis final involucrará, de alguna manera, la observancia de los mandamientos de Dios: «¡En esto consiste la perseverancia de los santos, los cuales obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles a Jesús!» «Entonces el dragón se enfureció contra la mujer, y se fue a hacer guerra contra el resto de sus descendientes, los cuales obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles al testimonio de Jesús» (Apoc. 14: 12; 12: 17). Ser fieles a Dios ahora, es vital para prepararnos para esa crisis colosal. Pero luego de esta crisis, vendrá el reino con sus sábados de regocijo eterno: «Y de mes en mes, y de un sábado a otro, toda la humanidad vendrá a postrarse ante mí —dice el Señor—» (Isaías 66: 23). Que Dios te bendiga,
Junio, 26 2010 Deja tu comentario » | Escrito en Uncategorized DIA DE LIBERACIONDía de liberación
Recuerda que fuiste esclavo en Egipto; cumple, pues, fielmente estos preceptos (Deuteronomio 16: 12).
EL SÁBADO NOS RECUERDA a Dios como Creador, y es el recordatorio de la creación por excelencia. Esto se debe a que se da en referencia al fin de la creación. No solo el capítulo dos de Génesis, sino también el capítulo veinte de Éxodo señalan en esta dirección.
Tenemos, sin embargo, otro énfasis en relación con el cuarto mandamiento que lo hallamos en el libro de Deuteronomio. Allí, como sabemos, se repiten los Diez Mandamientos dados por Dios a Moisés. Notemos lo que dice el cuarto: «Observa el día sábado, y conságraselo al Señor tu Dios, tal como él te lo ha ordenado. Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero observa el séptimo día como día de reposo para honrar al Señor tu Dios [...]. De ese modo podrán descansar tu esclavo y tu esclava, lo mismo que tú. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que el Señor tu Dios te sacó de allí con gran despliegue de fuerza y de poder. Por eso el Señor tu Dios te manda observar el día sábado» (Deut. 5: 12-15). La fraseología del cuarto mandamiento que hayamos aquí resulta interesante, porque en lugar de aludir al poder creador de Dios como razón para su observancia, se da otra causa: Que Dios sacó a su pueblo de la esclavitud egipcia. Ya no se enfatiza que Dios es Creador, sino que es Redentor. La redención recibe el énfasis en esta forma de enunciar el cuarto mandamiento de la ley de Dios. De allí podemos concluir que el sábado no solo nos recuerda a un Creador, sino que nos habla también de un Redentor. La pregunta que inmediatamente surge en nuestras mentes es: ¿Por qué el sábado nos habla de redención? Esto lo consideraré mañana. Que Dios te bendiga,
Junio, 23 2010
Día de liberación II
¡Haraganes, haraganes! —Exclamó el faraón—. ¡Eso es lo que son! Por eso andan diciendo: «Déjanos ir a ofrecerle sacrificios al Señor» (Éxodo 5: 17).
AYER LE PREGUNTE SOBRE ESTE NUEVO elemento redentor que aparece en la repetición de la ley en Deuteronomio: «Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que el Señor tu Dios te sacó de allí con gran despliegue de fuerza y de poder. Por eso el Señor tu Dios te manda observar el día sábado» (Deut. 5: 15).
Lo que más resalta en este pasaje es que Dios apela a la obediencia del cuarto mandamiento desde su condición de Señor compasivo, que ama y cuida a su pueblo, y que se preocupó de la situación triste en la que se encontraban cuando eran esclavos en Egipto. Les dice que deben corresponder a este amor con obediencia. Les pide que sean obedientes como expresión de gratitud por lo que hizo por ellos. Es decir, que su obediencia debe nacer del amor que tienen para él, que los amó primero. Sin embargo, hay otros elementos que se vinculan con la liberación de la esclavitud egipcia, y que tienen que ver directamente con la observancia del sábado. Hay cierta evidencia que cuando Moisés llegó a Egipto desde Madián, enviado por Dios para libertar al pueblo, les señaló la necesidad de cumplir con la orden divina de observar el sábado; cosa que, aparentemente, por lo menos algunos israelitas comenzaron a observar. Esta es la razón por la que el faraón, en dos ocasiones, los acusó de estar ociosos: «Pero sigan exigiéndoles la misma cantidad de ladrillos que han estado haciendo. ¡No les reduzcan la cuota! Son unos holgazanes» (Éxo. 5: 8). Poco después, al inicio de su viaje, cuando Dios les comenzó a proveer de maná, se les recordó la necesidad de guardar el sábado (Éxo. 16:29, 30). Por lo tanto, los israelitas sabían que entraron en conflicto con sus opresores por guardar el séptimo día, por eso Dios los liberó. No deben ahora, que gozan de libertad, hacer menos. El Dios al que sirven es el Redentor del mundo. Que Dios te bendiga,
Junio, 24 2010 Deja tu comentario » | Escrito en Uncategorized DIA DE ALABANZA, AL CREADORDía de alabanza, al Creador
Tú inspiras mi alabanza en la gran asamblea (Salmo 22:25).
EL CUARTO MANDAMIENTO ESTÁ REPLETO de ideas que nos ayudan a entender mejor el carácter de Dios, y cómo él quiere relacionarse con sus hijos. La primera vez que se menciona el día de reposo en las Escrituras es en el marco de la creación. El cuarto mandamiento hace lo mismo. Dice: «Acuérdate de que en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y que descansó el séptimo día. Por eso el Señor bendijo y consagró el día de reposo» (Éxo. 20: 11). El sábado llega a ser el elemento de tiempo que nos recuerda la creación de Dios.
En primer lugar, este mandamiento nos dice que debemos recordar, remontar nuestra memoria hasta el mismo día de la creación del mundo: «Acuérdate del sábado, para consagrarlo» (vers. 8). En segundo lugar, debemos recordar que se nos pide esto porque «en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y descansó el séptimo día» (vers. 8). De este modo, el sábado, que es un santuario en el tiempo, nos recuerda constantemente que Dios es el creador de todo, y que, como tal, le debemos adoración y reverencia. El reconocimiento de Dios como Creador es uno de los elementos importantes en la observancia del sábado. Este mandamiento nos dice que si se hubiera guardado el día de reposo instituido por Dios, nunca hubiese existido ningún ateo, nadie que dudase de la existencia del Creador de todo. Observemos: «Si el sábado se hubiese observado universalmente, los pensamientos e inclinaciones de los hombres se habrían dirigido hacia el Creador como objeto de reverencia y adoración, y nunca habría habido un idólatra, un ateo, o un incrédulo» (EL conflicto de los siglos, p. 491). La observancia del sábado nos manda de vuelta a la creación y al Creador. «El sábado fue instituido para conmemorar la obra de la Creación, y dirigir la mente de los hombres al Dios vivo y verdadero» (La historia de la redención, p. 402). Que Dios te bendiga,
Junio, 21 2010
Día con un mensaje final
Por lo contrario, cuando me aman y cumplen mis mandamientos, les muestro mi amor por mil generaciones (Deuteronomio 5: 10).
LA HUMANIDAD SE HA olvidado del Creador, esto caracteriza al mundo moderno. Con los avances de la ciencia y la tecnología, el conocimiento del ser humano ha crecido tanto que muchos piensan que no necesitamos al Creador. Los avances notables de la biología, la bioquímica y la genética, han llevado a la doctrina de la evolución a asentar sus raíces firmemente en la mente del hombre actual. De este modo, Dios, para muchos, no es un concepto aceptable.
La Biblia nos revela que en los últimos días de la historia de nuestro mundo se levantará un pueblo con un mensaje global que incluye el reconocimiento de un Creador y sustentador. El libro de Apocalipsis lo presenta de esta manera: «Gritaba a gran voz: “Teman a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio. Adoren al que hizo el cielo, la tierra, el mar y los manantiales”» (Apoc. 14: 7). Como este mensaje se da en el marco de una crisis mundial en los últimos días, es interesante que se incluya este concepto de temer, adorar y dar gloria a un Dios que se presenta como el creador de todo. Debemos concluir que se da porque es necesario. Se tiene la visión de un mundo donde el Creador no es respetado como tal. Un mundo donde van a prevalecer ideas contrarias al concepto bíblico. No resulta nada extraño que, en el contexto de estos mensajes finales, se incluya la declaración: «¡En esto consiste la perseverancia de los santos, los cuales obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles a Jesús!» (vers. 12). Se resalta, en contraste, que habrá un grupo de personas que serán fieles a los mandamientos de Dios. Puesto que el cuarto mandamiento es el único que nos recuerda al Creador, resulta fácil concluir que este énfasis sobre obediencia debe de incluir la observancia fiel del sábado como recordatorio de la creación. Que Dios te bendiga, 6 Comentarios » | Escrito en Uncategorized DIA DISTINTODía distinto
Los israelitas deberán observar el sábado. En todas las generaciones futuras será para ellos un pacto perpetuo, una señal eterna entre ellos y yo (Éxodo 31: 16, 17).
EL SÁBADO ES UN DÍA especial que Dios separó para un uso sagrado, él tiene interés en que se observe fielmente. La Biblia dice que el Señor tiene dos preocupaciones con respecto a nosotros: «Observen mis sábados, y tengan reverencia por mi santuario. Yo soy el Señor» (Lev. 19: 30; 26: 2). Nos damos cuenta de que Dios se preocupa tanto por la observancia del sábado, que la pone a la altura de la reverencia al santuario. La razón es que, el templo era un santuario en el espacio, mientras que el sábado es un santuario en el tiempo.
Cualquier lugar consagrado a la adoración pública de Dios, es un santuario que debe ser respetado y reverenciado. Este concepto se pierde cuando adoramos a Dios en un salón de usos múltiples. En tal caso es muy fácil que se pierda la reverencia y el decoro que convienen a un lugar dedicado al culto de Dios. Lo mismo sucede con la observancia del sábado. Es un día distinto de los demás, porque está dedicado a Dios. No puede ser tratado de la misma manera que los otros días de la semana. Dios insiste en que debe ser observado, pues su observancia es crucial para la vida espiritual: «El sábado será para ustedes un día sagrado. Obsérvenlo» (Éxo. 31: 14); «Observa el día sábado, y conságraselo al Señor tu Dios, tal como él te lo ha ordenado» (Deut. 5: 12). Uno puede preguntarse legítimamente: ¿Por qué la observancia del sábado es tan importante para Dios? Simple y sencillamente porque es una señal de lealtad a él. Es indicio de que sentimos nuestra necesidad de él; por eso apartamos un día para tener esa comunión que necesitamos. Esto no lo hacemos porque represente algo ventajoso desde el punto de vista material, sino porque Dios lo especificó de esa manera, y queremos ser obedientes a él. Todo porque él nos ama y quiere nuestro bien. Que Dios te bendiga,
Junio, 19 2010
Día de servicio Sigan mis decretos, obedezcan mis leyes y observen mis sábados como días consagrados a mí, como señal entre ustedes y yo, para que reconozcan que yo soy el Señor su Dios (Ezequiel 20: 19, 20).
DIOS ADEMÁS de reposar en el séptimo día para darnos ejemplo, también lo bendijo y lo santificó. Santificar el sábado es apartarlo para un uso santo; es consagrarlo al Señor. Pero ocurre algo interesante cuando consagramos este día al Señor. Notemos: «Diles lo siguiente a los israelitas: “Ustedes deberán observar mis sábados. En todas las generaciones venideras, el sábado será una señal entre ustedes y yo, para que sepan que yo, el Señor, los he consagrado para que me sirvan”» (Éxo. 31: 13). Cuando nosotros santificamos el sábado, este acto nos santifica a nosotros. Observamos el sábado para santificarlo, es decir, para reconocerlo como santo; esto, a su vez, nos santifica, pues nos consagramos a servir al Señor. Dios nos regresa el acto de santificación. Como resultado, él nos consagra a su servicio. Llegamos a ser como un instrumento dedicado a Dios. Al observar el sábado, él nos concede el estatus de
sacerdotes, pues nos dedica a su servicio.
La razón de esto es muy sencilla: Puesto que hemos decidido ser leales a Dios, nos toma y consagra a quienes queremos ser, sus servidores. Al revelar por la observancia del sábado que respetamos y obedecemos a Dios, él nos convierte en sus ministros. De este modo, nuestra consagración al sábado, se torna en consagración a Dios; y la consagración a él nos hace sus siervos. Por eso es que el sábado se convierte en una señal de santificación. Santificamos el sábado, y el sábado nos santifica, nos aparta, para uso del Señor. La observancia del sábado nos pone aparte, nos distingue de los demás, nos señala como adoradores de Dios. Meditemos: «El sábado ha de ser siempre la señal que distinga a los obedientes de los desobedientes. Satanás ha trabajado con poderosa maestría para anular el cuarto mandamiento y conseguir con ello que se pierda de vista la señal de Dios» (Consejos sobre la salud, p. 232). Que Dios te bendiga,
Junio, 20 2010 4 Comentarios » | Escrito en Uncategorized DIA SANTODía santo
Por eso el Señor bendijo y consagró el día de reposo (Éxodo 20: 11).
LA TERCERA COSA QUE DIOS hizo con el séptimo día fue santificarlo: «Dios bendijo el séptimo día, y lo santificó» (Gen. 2: 3). ¿Qué significa santificar? El diccionario nos dice que santificar es hacer santo a alguien o algo; consagrar a Dios algo o alguien; reconocer al que es santo, honrar y servirle como tal. El uso bíblico sugiere que santificar es apartar a alguien o algo para un uso santo. De allí que nuestra versión sugiere la palabra consagrar: Dios «consagró el día de reposo» (Éxo. 20: 11).
En el santuario terrenal que construyeron los israelitas en el desierto, así como en los templos erigidos posteriormente, había muchas cosas santas, cosas consagradas a Dios. El santuario o templo era santo, los muebles, los utensilios usados, los sacerdotes, todo era santo, consagrado a Dios. Ninguna persona ordinaria podía entrar al santuario, nadie común podía manipular los muebles y utensilios, y los sacerdotes no debían ser personas comunes. La razón de ello no estaba en la naturaleza de las cosas, sino en el hecho de que habían sido santificadas o consagradas a Dios. Por introducir un fuego que no era el del santuario, Nadab y Abiú murieron en la presencia del Señor (Núm. 3:4); Uza cayó muerto, porque siendo una persona ordinaria tocó el arca del Señor (2 Sam. 6: 7); Uzías, aunque era rey, se atribuyó el derecho de oficiar en el ritual sagrado del santuario, y fue condenado a la lepra hasta su muerte (2 Cron. 20: 19-21). Lo que Dios declara santo y consagrado a él, no debe usarse con fines y propósitos comunes. Así que resulta que esta declaración bíblica de que el día de reposo fue santificado o consagrado, nos dirige la atención al hecho de que ya no es un día común y corriente. Es un día apartado para un uso sagrado; no se lo debe usar para fines comunes. Por eso existía esta ley en Israel: «Quien haga algún trabajo en sábado será condenado a muerte» (Éxo. 31: 15). Que Dios te bendiga,
Junio, 17 2010
Día de fidelidad
Trabajen durante seis días, pero el séptimo día, el sábado, será para ustedes un día de reposo consagrado al Señor (Éxodo 35: 2).
EL SÁBADO ES UN DÍA CONSAGRADO por Dios para uso espiritual, no debe ser tratado como tiempo común. El Señor lo separó para que fuese usado para la adoración individual y corporativa. De allí la razón por la que en el sábado no debería hacerse labor habitual, es decir, el trabajo diario que hacemos para ganarnos la vida. La santidad del sábado no se debe al hecho de que es un día distinto a los otros días. No hay nada mágico en el tiempo en sí. Su santidad estriba en que fue consagrado por Dios. Los hombres no lo separaron ni le dieron ninguna dignidad especial. Fue Dios el que lo hizo después de seis días de labor creadora. Si como seres humanos, hacemos una diferencia entre este día y otros días, lo hacemos porque él lo dijo. Por la obediencia y lealtad a Dios, el sábado llega a ser distinto.
Eso nos lleva al punto importante de que la observancia del sábado distingue a los que quieren servir a Dios de los que no lo desean. La observancia fiel de este día llega a ser una señal distintiva del que obedece a Dios, porque no hay otra razón válida para observar ese día que el hecho de que se quiera obedecer a Dios. Por eso las Escrituras hablan del sábado como una demostración de lealtad a Dios: «En todas las generaciones venideras, el sábado será una señal entre ustedes y yo, para que sepan que yo, el Señor, los he consagrado para que me sirvan» (Éxo. 31: 13). «También les di mis sábados como una señal entre ellos y yo, para que reconocieran que yo, el Señor, he consagrado los sábados para mí» (Eze. 20: 12). Se hace claro que cuando observamos el sábado no lo hacemos para nosotros, sino para Dios. No es un día de descanso egoísta, sino de oportunidad para intimar con el Creador. Que Dios te bendiga,
Junio, 18 2010 Deja tu comentario » | Escrito en Uncategorized DIA DE DESCANSODía de descanso
Al llegar el séptimo día, Dios descansó porque había terminado la obra que había emprendido (Génesis 2: 2).
EL RELATO DE GÉNESIS SOBRE LA CREACIÓN del sábado habla de tres cosas que Dios hizo en conexión con él, y que se confirman en la fraseología del cuarto mandamiento. La primera de ellas es que Dios descansó. La palabra hebrea de la que se traduce el verbo descansar, significa primariamente cesar. Es natural que cuando uno cesa, descansa. De allí que la idea de descansar está también en el ámbito conceptual de esta palabra. Pero el Génesis y el cuarto mandamiento nos hablan de cesar. Es obvio que Dios no cesó porque estaba cansado, sino porque concluyó la creación material. Como nuestro texto lo dice claramente, «descansó porque había terminado la obra» de la creación.
Es interesante que Dios haya decidido cesar después de seis días de creación. Como lo leyó ayer, al dejar de crear cosas materiales, creó el sábado para conmemorar su creación. De este modo, el descanso divino fue en sí otra creación de Dios. Por eso, el texto hebreo original del relato del Génesis dice: «El séptimo día concluyó Dios la obra que hizo» (Gen. 2: 2; RV95). El Señor concluye el séptimo día de su obra creadora. El último acto de la creación divina. Eso nos confronta con la paradoja de que Dios, al dejar de crear, creó. Lo que el Señor creó fue un día de cesación, un día descanso. Estableció un día libre; un día festivo, cada semana. El cuarto mandamiento usa ese acto de cesación divina, ese descanso de Dios, como paradigma para los seres humanos. Es decir, nosotros debemos descansar porque el Señor nos dio el ejemplo. Significa que Dios planeó el descanso para los seres humanos. Como el Señor no se cansa, sino que cesó de crear en el séptimo día, lo hizo para darnos una enseñanza. Él nos enseñó que debemos descansar o cesar de nuestro trabajo. Día de paz
No hagas nada en este día ningún trabajo, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, [...] ni ninguno de tus animales, ni tampoco los extranjeros que vivan en tus ciudades (Deuteronomio 5:14).
DIOS DESCANSÓ para darnos ejemplo, para ser un modelo que podamos seguir. Él descansó de su trabajo, y nos pide que también descansemos. Dios planeó, en su descanso, nuestro descanso. Él cesó su trabajo, sin que estuviera cansado, y lo hizo para servirnos de ejemplo. Es interesante que Dios decidió hacer la obra de la creación material en seis días. Podría haberla hecho en menos tiempo. La Biblia dice que a medida que Dios creó todas las cosas, ordenó la existencia: «Por la palabra del Señor fueron creados los cielos, y por el soplo de su boca, las estrellas. Porque él habló, y todo fue creado; dio una orden, y todo quedó firme» (Sal. 33: 6, 9). Por lo tanto, la creación material pudo haber sido la obra de un instante. Sin embargo, decidió hacerla en seis días. Resulta obvio, entonces, que Dios debía tener un propósito al hacerlo de esa manera.
¿Cuál sería este propósito? Por supuesto, al hacer esta pregunta, no se trata de discernir la mente de Dios, sino enfocar el propósito divino. Puesto que el Creador tenía en mente darnos ejemplo de cesación y descanso, su demora, innecesaria en términos de su poder, cumplió el fin de prepararnos un descanso. El Señor, evidentemente, hizo una creación de seis días para tener la oportunidad de crear el séptimo día, con el fin de que fuera nuestra paz. Eso quiere decir que Dios anticipó que íbamos a necesitarlo. Por eso dijimos que él planeó nuestro descanso. Esta es la razón por la que él cesó de crear el mundo material después de seis días de labor. Su descanso no implica cansancio. Pero nuestro descanso, sí. Dios anticipó que necesitaríamos descansar de nuestra fatiga física y espiritual. Bien lo dijo nuestro Señor: «El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado» (Mar. 2: 27). Que Dios te bendiga,
Junio, 14 2010 3 Comentarios » | Escrito en Uncategorized EL NOMBRE Y LA REVERENCIAEl nombre y la reverencia
Pero yo, por tu gran amor puedo entrar en tu casa; puedo postrarme reverente hacia tu santo templo (Salmo 5: 7)
EL NOMBRE DE DIOS SE TOMA EN VANO cuando somos irreverentes en la casa de Dios y en los cultos. El Señor requiere reverencia cuando estamos en su presencia: «En cambio, el Señor está en su santo templo; ¡guarde toda la tierra silencio en su presencia!» (Hab. 2: 20). A Moisés, Dios le dijo: «No te acerques más. Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa» (Éxo. 3: 5). El sabio aconsejaba: «Cuando vayas a la casa de Dios, cuida tus pasos y acércate a escuchar en vez de ofrecer sacrificio de necios, que ni conciencia tienen de que hacen mal» (Ecles. 5: 1).
Bien haremos en prestar atención a estas palabras: «Debería enseñarse al niño a considerar sagrados la hora y el lugar de oración y los cultos públicos, porque Dios está en ellos. Y al manifestar reverencia en la actitud y conducta, el sentimiento que lo inspire se profundizará» (La educación, p. 237). «En medio de truenos y relámpagos Dios proclamó su ley a oídos de la vasta multitud. Rodeó la ocasión cuando dio la ley de una grandiosidad impresionante. Quería que el pueblo comprendiera el carácter exaltado de sus mandamientos. La gente debía aprender que todo lo relacionado con su servicio debería considerarse con la mayor reverencia» (Cada día con Dios, 16 de agosto). «La reverencia [...] es una gracia que debe cultivarse con cuidado. A todo niño se lo debe enseñar a manifestar verdadera reverencia hacia Dios» (Profetas y reyes, p. 178). Finalmente, debemos recordar que Dios recompensará a los que respeten y honren su nombre. También debemos grabar en nuestra mente que Dios castigará a los que deshonren su carácter. Lo dijo con claridad: «Yo, el Señor, no tendré por inocente a quien se atreva a pronunciar mi nombre a la ligera» (Exo. 20: 7). El respeto por el nombre de Dios, que es su carácter, implica una gran responsabilidad. Pero solo aprenderemos a reverenciarlo y respetarlo si comprendemos su infinita grandeza. Día de recuerdos
Acuérdate del sábado, para consagrarlo. Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al Señor tu Dios (Éxodo 20; 8-10).
ESTE MANDAMIENTO NOS HACE RETROCEDER hasta la creación del mundo. Empieza con la palabra «acuérdate». Para acordarnos tenemos que hacer memoria de la creación de nuestro planeta. Después de crear nuestro mundo y todo lo que hay en él, el registro bíblico dice que Dios hizo algo excepcional: «Al llegar el séptimo día, Dios descansó porque había terminado la obra que había emprendido. El Señor bendijo el séptimo día, y lo santificó, porque en ese día descansó de toda su obra creadora» (Gen. 2: 2, 3). Es interesante que después de crear todas las cosas materiales, Dios procedió a crear algo que no es material, pero que es parte de la creación divina. Este pasaje nos dice que Dios creó el sábado. Al hacerlo, hizo otro tipo de creación, ya que el sábado es una creación en el tiempo, no en el espacio. Todas las cosas materiales son parte de la creación espacial de Dios. Pero la creación del sábado pertenece a otra
dimensión, la del tiempo.
Pero esta creación del sábado que, valga la expresión, “es un espacio de tiempo”, fue un hecho divino fuera de lo normal. Con este acto de creación, Dios estableció el ciclo semanal. Todos los otros parámetros del tiempo con los que el ser humano se relacionaría tendrían una explicación natural. El año es el resultado del movimiento de la Tierra alrededor del Sol. El mes lo es del movimiento de la Luna en torno de la Tierra (todos los pueblos de la antigüedad usaban meses lunares). El día viene del movimiento de la Tierra sobre su propio eje. Pero la semana de siete días no tiene ninguna explicación natural. No se pudo haber inventado por la observación de algún fenómeno natural. Es algo que Dios hizo en forma extraordinaria. No es ninguna maravilla que el Señor dijera siglos después, «acuérdate». Que Dios te bendiga,
Junio, 12 2010 4 Comentarios » | Escrito en Uncategorized Categorias
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