Soy maestra,
Una de esas que la rectora Piedad Santos de la Escuela Normal Superior de Bucaramanga considera Gran maestra, de las que ha invitado año tras año para participar en el premio Compartir.
He producido entre otras cosas cinco libros entre pedagógicos, literarios y crónicas, algunos de ellos con premios y reconocimientos nacionales e internacionales. Trabajo siempre en el marco de un proyecto que me permite cada año hacer una nueva creación, como un espectáculo pedagógico en el que participa la comunidad educativa, incluyendo la familia. Para ello los estudiantes trabajan en el colegio todas las horas requeridas; pero en la casa continúan consultando, investigando, creando, ensayando una y otra vez para el espectáculo final. Me dicen todos los días que soy supremamente creativa y lúdica, por eso mis estudiantes se divierten en clase y al final obtengo de ellos grandes creaciones que me superan y me sorprenden.
Quiero contarles que tuve una niñez muy feliz, subida en los árboles, mojándome bajo la lluvia, caminar descalza, untada, embadurnada y hasta sucia y también pude olerme, sentirme, explorarme y explorar a otros. Afortunadamente tuve el tiempo de hacerlo.
Mi escuela era humilde, no existía la tecnología, ni había tantas asignaturas ni tantos estudiantes, recuerdo que cuando llovía no había clase en el colegio como lo dice la canción “Nido de amor” que interpreta Rafael Orozco, nos daban dos meses de vacaciones en diciembre, la semana santa, un mes en mitad de año; también se festejaba la fiesta del pueblo y en vez de ir a clases nos dedicábamos a ayudar a preparar conservas, dulces, comidas, a bailar, asistir a misas, procesiones y a contar cuentos y celebrar en familia.
Reconozco que soy una maestra que pierdo mucho tiempo mirando el cielo, el mar, las montañas y la nada y es así como empiezan a aparecer los sueños, las ideas, las creaciones que nunca terminan, pues son parte de mí como lo es cada miembro de mi cuerpo. En ello invierto mañanas, tardes, noches, madrugadas, domingos y festivos.
Reconozco que soy una maestra que hago perder el tiempo a mis estudiantes en tonterías, pues los logros los adquirimos bailando, soñando…algunas veces nos acostamos boca arriba entre los árboles y en ocasiones en que terminamos temprano alguna actividad chismeamos la vida, dormimos, jugamos o salimos a ver pajaritos.
Algunos me dicen que estoy loca, pues saludamos, abrazamos, besamos, bailamos y luego conversamos con el libro que vamos a leer. ¡Pero en fin! Me gusta perder el tiempo.
Yo, la maestra que baila, la que se embelesa, la que se sorprende, la loca, la que viste de colores y que algunas veces va a trabajar en abarcas campesinas al cole, tengo hoy un diagnóstico de fibromialgia, ansiedad y depresión ocasionado por el ambiente laboral propuesto por el sistema educativo actual (remitida a medicina laboral).
Tengo muchas preguntas que me están doliendo y quizá mi cura sean la respuesta.
¿ Por qué 40 estudiantes que no caben en el aula, si pueden ser 35?.
¿Por qué vivimos en condiciones de hacinamiento en el aula, si la ley dice que debe existir un metro cuadrado entre cada estudiante?.
¿Por qué no puedo tener una calamidad doméstica?
¿Por qué tengo que pagar remplazo para asistir a convocatorias del las secretarías o ministerio de educación, o cuando asisto a congresos para dejar en alto el nombre de mi institución educativa?
¿Por qué prefiero ir a trabajar enferma al colegio en vez de recibir con tranquilidad una incapacidad médica?
¿Por qué siento remordimiento y culpa cuando por alguna causa no puedo estar en el colegio?
¿Por qué tengo que tener miedo cuando hay un trancón y tengo riesgo de llegar con retardo al colegio?
¿Por qué no me dicen nada cuando me quedo a trabajar en el colegio después de mi jornada laboral para solucionar problemas escolares, apoyar proyectos o porque se me requiere y cuando me tomo unos minutos de mi hora libre para llegar me llaman la atención inmediatamente?
¿Por qué debo ser más obediente que creativa?
¿Por qué es tan malo que dentro de nuestras actividades pedagógicas como maestros se abra un espacio para jugar, competir, sudar, reír. Acaso no es eso lo que se propone para los estudiantes con el proyecto VEM?.
¿Por qué no puedo reclamar mis derechos laborales, si la institución educativa también es un espacio político y democrático?.
¿Por qué es perder tiempo los análisis, evaluaciones, retroalimentaciones, socializaciones de proyectos y planeamientos del año escolar, si es justamente allí donde está el crecimiento institucional. Acaso se puede esto hacer con estudiantes?.
¿Por qué no puedo recuperar a los estudiantes que lo necesitan y dedicarme a ellos, cosa que no podría hacer si están todos, pues como no deben nada, interfieren en la armonía y concentración de los demás.
¿Porqué no puedo entregar notas dentro de la jornada escolar, si es provechoso que estudiantes, padres, madres y maestros se encuentren para conversar ampliamente, un momento que debería ser tomarse la jornada entera y no dos horas que nos agotan?.
¿Por qué me humillan a cada rato diciendo que no trabajo las horas suficientes, si tengo a mi cargo 400 estudiantes a quienes debo preparar clases diariamente, escuchar, leer, evaluar, corregir, recuperar, entregar informes atenderles sus problemáticas dentro del horario y fuera de él en facebook, página Weeb y correo electrónico; También documentarme permanentemente, participar en proyectos y crearlos?
Si en este país no se dignifica a la profesión de maestro en salarios ni prestigio, en comparación con otras profesiones y estados ¿Por qué duele tanto remplazar una actividad pedagógica por una lúdica para enaltecer nuestra labor de maestras y maestros de parte de quien le nazca?
¿En dónde se hace un ejercicio vital y real el modelo pedagógico humanista que se plantea para la educación?
Las normas son importantes para el equilibrio de toda sociedad. Pero es de tontos seguirlas ciegamente, pues pensarlas y analizarlas nos permite saber si su aplicación ocasiona daño o beneficio a los seres humanos. Transgredirlas permite detener cualquier situación que ponga en peligro la sociedad y transformarlas permite la evolución de las sociedades y del universo.
Atentamente,
Zaira Isabel Benavides Benavides Docente Lengua Castellana. Escuela Normal Superior de Bucaramanga