El día 20 de Noviembre se ha conmemorado el Día
Universal de los Derechos de la Infancia, instituido por la ONU el año
1989. He espigado algunos datos sobre la infancia que han aparecido
durante los últimos días en los medios de comunicación y creo que es
imprescindible que todo el mundo los conozca. La gravedad de estos datos
tendría que propiciar que todos los días fuesen noticias de primera
página, pero habitualmente se silencian y salen muy pocas veces a la
luz, siempre medio escondidas para no crear mala conciencia a nadie.
Naciones
Unidas cifra en 6.000 la cantidad de menores de cinco años que mueren
cada día en el planeta Tierra. La cifra, si añadimos otras causas de
muerte igualmente evitables, se eleva a 19.000. Casi siete millones de
menores de cinco años mueren cada año por causas evitables. Es una cifra
estremecedora.
Hago un inciso para recordar que las personas de
cualquier edad que mueren diariamente por causas evitables se eleva,
según Naciones Unidas, a cien mil. Un total anual de treinta y seis
millones y medio que,para hacernos una idea, es casi el 80% de la
población del Estado español. Y la cifra destinada a cooperación
internacional ha disminuido un 70% en los últimos años, lo que aún
agrava más el problema del hambre y demás causas de muerte evitables .
En
Cataluña hay más de cincuenta mil menores que no pueden tomar una
comida con carne o pescado cada dos días y el 28% de los menores de 16
años están en riesgo de pobreza. Hasta hace poco tiempo, con las becas
de comedor, los hijos de familias que viven en la pobreza, podían comer
en la escuela y hacer una comida normal al día. Ahora van mal nutridos y
tienen mayor posibilidad de caer en enfermedades que pueden marcarles
para toda la vida.
Estos datos nos dicen, por si aún no habíamos
caído en la cuenta, que este mundo en que vivimos no funciona bien ; o
quizás sería mejor decir que va muy mal.
A nivel de Cataluña, y
también del Estado, de tiempo para acá llueven los recortes que afectan a
aspectos tan fundamentales como la enseñanza y la sanidad; el paro
crece imparablemente y cada vez afecta a más personas (en un millón de
hogares españoles no hay ningún miembro que tenga empleo) y las
prestaciones para quienes no tienen ingresos también disminuyen y sitúan
cada vez a más personas en un estado de pobreza extrema. También hay
una amenaza constante de recorte de las pensiones de los jubilados. Y
hay que tener en cuenta que de estas pensiones muchas veces también
viven , o malviven, los hijos y nietos de los perceptores.
Entretanto, vemos cómo se dedican miles de millones
de euros a ayudar a los bancos que pasan dificultades, pero no se toman
medidas verdaderamente serias para detener los desahucios. Y vemos que
las únicas partidas de los Presupuestos Generales del Estado que subirán
el año próximo, son las destinadas al ejército y a la Iglesia católica.
En
este sistema neocapitalista nefasto, el interés del capital pasa
inexorablemente, casi siempre, por delante de las necesidades de las
personas. Es un sistema cada vez más deshumanizado. Y tenemos la
sensación de que los políticos, en muchos aspectos, tienen las manos
atadas y tienen que seguir al dictado de lo que llamamos “mercados”, que
en gran parte es especulación pura y dura.
Acabamos de vivir la
campaña para las elecciones al Parlamento de Catalunya. Cuando se
publique este artículo ya sabremos el resultado. Ahora, todavía en plena
campaña, las perspectivas no son nada halagüeñas. Muchos partidos y
coaliciones se manifiestan en contra de los recortes y dicen que
trabajarán para restablecer las condiciones anteriores. Pero no nos
dicen cómo ni cuando piensan que, si realmente lo intentan, podrán
hacerlo.
Es preciso que, ahora, una vez pasadas las elecciones,
exijamos a los gobernantes que vuelvan a las políticas sociales
anteriores y que prioricen el bienestar de la ciudadanía que se basa en
cuatro puntos prioritarios:
-Tener una vivienda digna.
-Tener cubiertas las necesidades sanitarias básicas.
-Recibir una enseñanza de calidad y al alcance de todos los ciudadanos, naturales del país o recién llegados.
-Tener cubiertas las necesidades alimentarias con un mínimo de calidad.
Y
si los gobernantes no lo hacen, tenemos que encontrar alguna forma de
presionarles a través de los partidos de la oposición, o bien establecer
sistemas de participación ciudadana que permitan hacer oír la voz del
pueblo, inmigrantes incluidos, en el estamento político que gobierne el
país.
He empezado hablando de la infancia y termino con los
problemas de la ciudadanía en general. Lo hago porque me parece que la
situación de los menores depende siempre de la situación familiar y que
si muchos menores no van bien alimentados, no será nunca por culpa de
sus padres que, a buen seguro, aún deben de estar peor.