Cuando se sueña en grande, lo imposible se hace posible. Los
inmensos objetivos que uno se propone alcanzar, exigen al máximo nuestras
capacidades; nos dan la oportunidad de descubrir hasta donde somos capaces de llegar como
individuos y como colectividad.
¿Por qué aspirar sólo a objetivos intermedios? ¿Por qué
vivir con sueños mutilados por nosotros mismos? ¿Por qué limitarnos a alcanzar sólo lo mínimo
necesario, sólo clasificar, sólo
aprobar, sólo terminar un evento “decorosamente”?.
¿Por qué no soñamos siempre, en cada jornada, en cada emprendimiento, en inicio
de una etapa de nuestras vidas, en cada nacimiento, con alcanzar la máxima
gloria?
Está implícito que si pretendemos monetizar cada acto nuestro,
nunca llegaremos a desarrollar nuestras cualidades individuales.
Estos hombres (y otros pocos) nos enseñan a explorar y
explotar al máximo nuestras cualidades,
muchas veces escondidas por complejos incubados en siglos de sometimiento
cultural que han dejado en estado de coma o tal vez muerta nuestra autoestima.
Nos muestran que el camino hacia el éxito,
hacia la cúspide, es la férrea disciplina, el esfuerzo máximo y sobrehumano, además del
inmenso deseo de superación.
Éxito que se traduce
en un valor intangible, el más grande que ser alguno pueda experimentar: la satisfacción
de ver realizado un sueño, el del deber cumplido y de ver hasta dónde llega su propia
capacidad y lo beneficioso que puede ser su esfuerzo para la sociedad.
Mi admiración y agradecimiento a estos valientes: “Chavo” Salvatierra
y a “Waltico” Nosiglia, por los éxitos alcanzados y por haber aumentado nuestra
autoestima colectiva.
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Publicado por Eligio Copari Jimenez para
Lucubracion, meditación, reflexion y crónicas el 1/17/2015 10:12:00 a. m.