Como los ojos cansados de un niño de diez años, el reloj de la
catedral mueve infinitamente sus manecillas, contando los segundos que
le quedan al día, a la semana, al año, a la muerte.
Hoy hace once años le rezamos a dios por ser domingo, mordemos
palabras que se deshacen al salir del cuerpo, y al despertar en la
misma cama, nos levantamos y caminamos por el mismo piso, nos miramos
en el mismo espejo, sentimos el mismo sabor de la misma pasta dental,
bebemos el mismo café, en la misma taza negra, disolviéndolo antes con
la misma cuchara, en la misma mesa, nos despedimos de las mismas
gentes, la misma gente de siempre...
Muy bueno este UNO, me hace pensar en mi eterna taza negra que me
acompaña desde el ´97 y eso porque es de un concierto, y no se que
haría si se rompiese, quizá ocupar otra negra como mi suerte; la misma
cuchara si, porque soy hiper especial, el sabor de la pasta dental
mmmm, la cambio cada vez que se termina y eso por recomendación del
DOC
...contando los segundos que
le quedan al día, a la semana, al año, a la muerte.
Este fragmento lo vivo hoy día
creo que faltan otros para terminarlo, pero va bien y recomendable...