El diario de un perro

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Oscar...

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Aug 29, 2007, 12:39:09 AM8/29/07
to La cafetera
Hace tiempo había recibido este correo, pero nunca me dolió como hoy...
está wow... chequenlo y traten bien a sus mascotas...

Saludos
Orsachiotto di spugna
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El Diario de un Perro no es sobre mi mascota; sin embargo si es la
vida de muchos perros desafortunados que fueron comprados en un
momento de capricho o sin pensar, por dueños irresponsables que no se
interesan en su mascota, ni se tientan el corazón en hechar a un
animal a la calle. Tal vez no se han puesto a pensar todo lo que
pasará ese pobre animalito.

Este cuento es lo que esos perros nos platicarían en realidad, si
pudieran hablar. Está dedicado a ellos, tratando de sensibilizar a sus
dueños.

1ª. Semana. Hoy cumplí una semana de nacido...¡qué alegría haber
llegado a este mundo!.

1er. Mes. Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.

2 Meses. Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy inquieta, y con
sus ojos me dijo adiós, esperando que mi nueva familia humana me
cuidara tan bien como ella.

4 Meses. He crecido rápido; todo me llama la atención, hay varios
niños en la casa que para mi son mis hermanitos. Somos muy inquietos,
ellos me jalan la cola y yo los muerdo jugando.

5 Meses. Hoy me regañaron. Mi ama se molestó porque me hice pipí
adentro de la casa; pero nunca me han enseñado dónde debo hacerlo.
Además duermo en la recámara ¡ya no me aguantaba!.

8 Meses. Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar; me siento tan
seguro, tan protegido. Creo que mi familia humana me quiere y me
consiente mucho. Cuando están comiendo me convidan. El patio es para
mi sólito y me doy vuelo escarbando como mis antepasados los lobos,
cuando esconden su comida. Nunca me educan ha de estar bien todo lo
que hago.

12 Meses. Hoy cumplí un año. Soy un perro adulto. Mis amos dicen que
crecí mucho más de lo que ellos pensaban, que orgullosos se deben de
sentir de mí.

13 Meses. Que mal me sentí hoy. Mi hermanito me quitó la pelota. Yo
nunca le agarro sus juguetes. Así que se la quité. Pero mis mandíbulas
se han hecho muy fuertes, así que lo lastimé sin querer. Después del
susto, me encadenaron, casi sin poderme mover, al rayo del sol. Dicen
que van a tenerme en observación y que soy ingrato. No entiendo nada
de lo que pasa.

15 Meses. Ya nada es igual...vivo en la azotea. Me siento muy
solo...mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo
hambre y sed. Cuando llueve no tengo un techo que me cobije.

16 Meses. Hoy me bajaron de la azotea. De seguro mi familia me
perdonó. Yo me puse tan contento, que daba saltos de gusto. Mi rabo
parecía reguilete. Encima de eso, me van a llevar con ellos de paseo.
Nos enfilamos hacia la carretera y de repente se pararon. Abrieron la
puerta y yo me bajé feliz creyendo que haríamos nuestro día de campo.
No comprendo por qué cerraron la puerta y se fueron.

¡Oigan esperen!, ladre...se olvidan de mí. Corrí detrás del coche con
todas mis fuerzas. Mi angustia crecía al darme cuenta que casi me
desvanecía y ellos no se detenían: Me habían abandonado.

17 Meses. He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me
siento y estoy perdido. En mi sendero hay gente de buen corazón que me
ve con tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco con mi mirada
y desde el fondo de mi alma. Yo quisiera que me adoptaran y sería leal
como ninguno. Pero sólo dicen pobre perrito, se ha de haber perdido.

18 Meses. El otro día pasé por una escuela y vi muchos niños y
jovencitos con mis hermanitos. Me acerqué, y un grupo de ellos,
riéndose, me lanzó una lluvia de piedras -a ver quién tenia mejor
tino.- Una de esas piedras me lastimó un ojo y desde entonces ya no
veo con él.

19 Meses. Parece mentira, cuando estaba más bonito se compadecían más
de mí. Ya estoy muy flaco; mi aspecto ha cambiado. Perdí mi ojo y la
gente más bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una
pequeña sombra.

20 Meses. Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de cruzar una calle por
donde pasan muchos coches, uno me arrolló. Según yo estaba en un lugar
seguro llamado cuneta, pero nunca olvidaré la mirada de satisfacción
del conductor, que hasta se ladeó con tal de centrarme. Ojalá me
hubiera matado, pero sólo me dislocó la cadera. El dolor es terrible,
mis patas traseras no me responden y con dificultades me arrastré
hacia un poco de hierba a la ladera del camino.

Tengo 10 días bajo el sol, la lluvia, el frío, sin comer. Ya no me
puedo mover. El dolor es insoportable. Me siento muy mal; quedé en un
lugar húmedo y parece que hasta mi pelo se está cayendo. Alguna gente
pasa y ni me ve; otras dicen: No te acerques.

Ya casi estoy inconsciente; pero alguna fuerza extraña me hizo abrir
los ojos. La dulzura de su voz me hizo reaccionar. Pobre perrito, mira
cómo te han dejado, decía...junto con ella venía un señor con bata
blanca, empezó a tocarme y dijo: Lo siento señora, este perro ya no
tiene remedio, es mejor que deje de sufrir. A la gentil dama se le
salieron las lagrimas y asintió. Como pude, moví mi rabo y la miré
agradeciéndole me ayudará a descansar. Sólo sentí el piquete de la
inyección y me dormí para siempre pensando por qué tuve qué nacer si
nadie me quería.

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