CARTA ABIERTA A LA ARGENTINA, enviada por email al PJ, UCR y Coalición Cívica (22 de enero de 2011)

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Jan 22, 2011, 6:40:21 PM1/22/11
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CARTA ABIERTA A LA ARGENTINA, enviada por email al PJ, UCR y Coalición
Cívica (22 de enero de 2011)

Título: La industria de Phobos y Deimos, la política de Pólemos y
Eros.

Hay un futuro próximo, que se asoma, tétrico, donde la vida en el
Planeta Tierra se asemeja a un montón de gusanos viviendo de un
cadáver.

Debemos encarar los problemas a medida que nos envía el futuro; pues
no buscar respuestas, es lo mismo que evitar la responsabilidad del
sexo con el aborto. Absortos en la confusión, nos olvidamos de
nuestras verdaderas capacidades, mientras en el presente no queda
claro que és lo que pasa. Enorme es la “Verdad”, duradera su eficacia.

El sistema de orden cósmico se transfiere diariamente a la Tierra,
establecido y confiado en nuestras decisiones individuales, y
colectivas. Todo lo que hacemos, cada acción, cada movimiento, cada
decreto, está justificado según los términos de lo acertado, y lo
errado; conveniencia de lo que nos hace bien, o hace daño. Ese es
nuestro contrato, referencia con la que evaluar nuestras vidas y
explicar nuestras experiencias. Esto vale para todos, como los hechos
naturales, la oscilación de los cuerpos celestes, los fenómenos de la
naturaleza, o lo que aún no tiene explicación. No es una exageración
decir que todo lo que hacemos, está conectado con “Todo” y con
“Todos”; de ahí la meticulosa repetición de acontecimientos míticos;
la combinación de la mediocridad y la vulgaridad, es el ritual de la
ignorancia; la combinación de la verdad y la inteligencia, es el
ritual de la consciencia. En este dualismo se basa el poder de la
bendita coincidencia.

El Gobierno de Coincidir es la época más feliz y pura, se sitúa en el
distante abismo del tiempo, mucho antes de estar dispuestos a aceptar
la realidad como realista. Aún ignoramos ese tiempo remoto, su
importancia reside en el presente y siempre tendrá algo que ver con la
estrellas, y más en especial, con el país cósmico de los espíritus y
las almas.

La firmeza en la creencia de la existencia real de un tiempo nuevo, es
lo que hace interesante este preciso momento. Necesáriamente, teníamos
que saber la precesión de la rueda de la vida, evolucionamos, o
volvemos a ser simios.

Para evolucionar tenemos que reconocer que somos poderosos más allá de
la matéria, y la energía. La empresa humana atestigua algo más
grandioso y desarrollado, que una momentánea erupción de poder
creativo posterior a mucha destrucción. Todas las pruebas sugieren un
proyecto grandioso de congelar el tiempo, mientras, hoy podemos ser
los que contaremos con la verdad, por primera vez, con ningún interés
de fama, sino, de éxito rotundo, definitivo.

Argentina posee todos los sentimientos religiosos, y todas las
expresiones técnicas y artísticas, orígenes de mejores épocas, pero
nuestra fuente siempre es el “quilombo”, inspiración de lo absurdo,
sugestión de que nuestra religión interna es la locura, estar
chiflados, creados en la Edad del Colifato. Al borde de al Borda. La
Era de Oro se materializa en la capacidad posmoderna de rechazar al
mismo oro; el brillo dorado es nuestro hemisfério masculino, positivo,
eléctrico; junto al brillo plateado, hemisfério femenino, negativo,
magnético. Nuestra bandera, es su fiel reflejo, entre el cielo y el
agua, la profundidad de lo interno, y el abismo de lo eterno, como el
Tao que surge en oposición al Confucianismo, la filosofía china del
Yin (receptivo y oscuro = contracción, tierra) y el Yang (expansivo y
luminoso = expansión, cielo), equilibrio inestable entre dos términos
contrarios, que se necesitan mutuamente y en la que cada uno de ellos
ya alberga el germen del otro; principios polares complementarios.
Quien mejor que nosotros a decidirnos a buscar los objetivos de
frente, y también dando un rodeo; pertrecharse de amor antes de
afrontar la más dura batalla.

Cálculos rudimentários de una mera observación cándida de la realidad,
ilustra las hazañas ejemplares de nuestras capacidades que poseemos en
otros planos. Argentina no estará desarrollada como Europa o
Norteamérica, pero tenemos contacto directo con el recuerdo de mentes
brillantes, lo que nos permite respirar las leyes, y los principios
que premonizan nuestra naturaleza sumamante notable. Siempre estuvimos
abiertos a los extranjeros, y los que simplemente nos visitan,
descubren mística que expulsa estas tierras tan australes, que
acarician el preciado continente blanco. Aún tenemos el olor de sus
antiguos visitantes, como mis abuelos, y bisabuelos, el olor de los
incas, guaraníes y los onas, mapuches, querandíes, quilmes, y se huele
hasta a Dios, Buddha, Cristo y Mahoma.

Somos inigualables en la ciencia de la persuasión, impartimos
rebeldía, sin ocultar las ganas de que nada ni nadie nos imponga
mando. Nuestro secreto es que no ignoramos lo que otros ignoran,
revelamos a Occidente como Occidente se comporta. Ahora, es momento de
mostrarles como deben comportarse; somos una sociedad estresada que
desborda sufrimiento, luchas internas, desconfianzas y arrebatos de
fúria, cada uno que se muere, o se lastíma, o llora de dolor y
padecimiento, es una derrota.

Si todos estamos de acuerdo que el ejemplo es de los sábios,
encontremos a los sábios, y enseñemos, primero a los que quieren
dividir; el método del cálculo es simple, por cada uno que cambia de
los que dividen, diez indecisos descubren el camino y se despiertan.
Simplemente, yo podría vivir de la burla, y las conversaciones
triviales, pero me parece claro que muchos no han conocido a la
“verdad”, presumiblemente los considero indignos, hasta que divulguen
sapiencia, iluminación, altos niveles de cultura sana, no los mismos
instintos primitivos de siempre, populares, que generan dificultad
desde tiempos antiguos. La mente es sofisticada, sólo aprende de los
mistérios.

Estoy convencido que muchos eruditos posmodernos leen bien a la
realidad, deberíamos en conjunto revisar nuestros juicios respecto de
nuestras huellas, la banalidad es la más ligera prueba de que nuestro
método social no es realmente lindo, atractivo y/o bonito. No hay
complejidad, y es inútil buscar secretos de los planes macabros, la
evidencia es contundente, la realidad es óbvia, nos enfrentamos con la
barrera que divide los “expertos” de los que entienden con todos los
sentidos el mensaje de la decadencia; no creen inconveniente
ilusionarse, han descubierto que son precisamente los hechos más
insignificantes los que determinan los resultados de un trabajo largo
e importante.

El desarrollo económico de pocos depende de los factores primordiales,
o sea, la marginación y la pobreza; con la falta de mejores
condiciones sobrevino la decadencia, la cultura de la sobrevivencia, y
el rechazo a la originalidad de los ancestrales modos de intercambio.

Sobran en el mundo hormigueros humanos condenados al olvido. La
competencia se convirtió en la llave del dominio, el empobrecimiento
implacable de la tierra, y de nuestra inteligencia. Aquí no vemos un
súbito esplendor y una súbita caída, sino que vemos un proceso
paulatino, de convenios entre unos pocos miles de idiotas, que
convierten al Planeta en un gigante cementério, de millones de muertos
a cambio de un puñado de monedas, espejos y vidrios de colores, que
brillan como el relámpago de la muerte, la idolatría.

Hoy somos testigos de bosques arrasados, culturas exterminadas,
oligarquías ciegas, plantaciones químicas, sociedades desdichadas,
productos fugaces, regiones codiciadas, desgracias y sacrificios,
cueros, carne, leche y lana, genética deformada; sin embargo, no
escapamos a la jaula del subdesarrollado. El paisaje confirma que
caminamos en sentido equivocado, el suelo y el cielo descubren sus
grietas, producto del consumo forzado. Trabajamos en el sentido
contrário a la purgación de las debilidades. Las hazañas de las
conquistas, no son ninguna hazaña, en realidad, son la financiación de
intereses ocultos; resultaron en negocios, en resumidas cuentas. Las
empresas que exploran, instalan y refinan, importan y exportan, lo
hacen al servicio de algún barón o monarca. Obtienen utilidades a
costa de la ignorancia, mientras se apoderan de títulos territoriales,
multiplican sus ingresos. Cultivan esclavos a gran escala, para que en
sus flamantes dominios les atiendan un ejército de sirvientes,
ciegamente orgullosos de su capacidad técnica y organizativa, los
pobres miserables de la hotelería 5 estrellas.

Saben que cuando por fin sean expulsados de sus posesiones, se
sentarán las bases de un mundo más sano, levantado con ingenio.

Sobran almas invictas, estas poseen la formidable magnitud de la
rebeldía, brillan más que la plata y el oro juntos; preciptándose
siempre donde hay crisis, se arrastran penosamente, de siglo en siglo,
evitando cualquier crisis definitiva. Su voluntad proviene de un motor
avasallador, que brota vigor exuberante; están hechos de rocas
estériles y bosques tropicales, llenos de vida, se reservan
exclusivamente como guerreros puros, su vínculo directo es con la
fauna y la flora, sacrificando siempre su suerte.

La abundancia y prosperidad, como de costumbre, son simétricas a la
miséria y el sufrimiento. La falta de ahorro y previsión, es un estado
crónico de idiotez, proporcionada por la escacez de inteligencia. La
carne de los poderosos, es dura y sin sabor, vigencia de su frialdad y
mal gusto. Deberían comer tierra fertilizada con agrotóxicos, pues
están anémicos de consciencia; gozan en no asumir que han convertido
nuestro hogar en un gigantesco campo de concentración. Padecemos hoy
la herencia del monocultivo cerebral del hemisfério izquierdo, que
brota interés materialista, posesivo, estúpido.

El mundo se ha dividio en dos mitades, una mitad que lucha por la
subsistencia, y la otra que corre histéricamente detrás de la
felicidad efímera, ambas mitades en concordancia con la fé artificial,
o sea, la esperanza promocionada con la mentira. Existe también un
puñado de selectos, que acumulan fortunas, esos que definitivamente,
no sirven para nada, que se creen dueños de grandes ingenios
estratégicos; hipócritas, se dan el lujo del desperdicio, manteniendo
improductivo al espíritu, a su vez, también a la inteligencia.

El corazón y la mente se han convertido en zonas áridas,
equivocadamente, en desiertos de vacío; el sol rajante quema la
vegetación escasa, fertilización de la idiotez y la esperanza
mediocre. El hambre periódico se ha instalado, ahora es crónico, el
sistema del cual dependemos está reduciendo este planeta Tierra a un
paisaje lunar.

El hambre endémico no es diversión para ningún ser vivo, pues donde
más opulenta es la opulencia, más miserable resulta la realidad en
contradicciones. La miséria no es elegida por la naturaleza, es
elegida por los mismísimos individuos que lo niegan todo, con
vocabulário irónico, sarcástico. El futuro remoto se ha convertido en
el mísero presente, nuestra libertad se ha convertido en nuestra
esclavitud; el costo de la vida es más alto que la libertad. Donde hay
lujo, sobra hipocresía; demostración que sigue en vigencia el paraíso
de las minorías, la debilidad de los débiles, la sobrevivencia de la
mayoría marginada.

Prostitución infantil, jornadas de trabajo de sol a sol, condiciones
indignas, jornales infames, capataces opresivos, prisiones privadas,
corporaciones psicópatas, asesinatos a sueldo, precios crecientes,
responsables libres, progreso berreta, modernización desmedida,
industrialización alienante, sueldos devastados, devoración de
ecosistemas, y una expansión que expandió el hambre, que no mejoró
nada con su impulso. La eterna industria de Phobos y Deimos, la
política de Pólemos y Eros.

Los países desarrollados, negligentes, incorporan productos de los
países subdesarrollados al mercado mundial, a sabiendas de que
quedarán condenados a la esclavitud de esos latifundios, buscan
provocar estrés en el suelo a expensas de tierras exhaustas. Es el
modo más simple de irradiar maldiciones, desocupación y pobreza,
dependencia.

Una sociedad nueva, surge a partir de un intenso proceso de
diversificación, no económico, sino de intercambio humanitário, de
hermandad. La división internacional del trabajo sigue estructurada
por la obra de los idiotas, mediocres, vulgares, débiles, corruptos;
los que crecen a causa del desarrollo mundial del capitalismo (los
reverendos ciegos, hechos de la oscuridad).

La sociedad mundial, dominada vertical y horizontalmente por la clase
más baja de individuos, no tendrá mejor suerte que la devastación de
los densos bosques, el apetito voraz de consumo, y el afán de un
apogeo resultado de una política de ley numérica, y otra vez, efímera.
Rápidamente descubrimos que los suelos se están agotando, que para
alimentar estamos destruyendo, y que producimos desigualdades a costa
de la competencia; imperdonable pecado de los peleles.

Ya la miséria y la desesperación se propagó a todos los rinconces, el
mundo se convirtió en un vertedero de esclavos, producto de un sistema
que se retoba/rebela al no querer bañarse, lavarse, promíscuo,
decadente, súcio, antihigiénico, vanidoso. De este sistema zarpan cada
vez más barcos cargados de dolor y muerte, mientras llegan cada vez
menos los cargados con felicidad y vida. La guerra sólo derrama ríos
de sangre, que a la larga, paraliza a todo un planeta en cenizas. La
producción de inteligencia es floreciente, parecida a un cementério de
escombros de matéria gris. Los idiotas idiotizan, y aún a cambio,
pretenden gigantescas indemnizaciones; deberían caer presos los
generales del capitalismo, caudillos de los ejércitos de esclavos que
son exterminados, que sufren la piedra económica aplastante sobre las
espaldas, matéria fecal de las leyes humanas, políticas, competitivas
y monetárias.

Las sucesivas expediciones militares, los baños de sangre, abruman
porque consumen deuda externa, vida; este sistema no se recuperará
jamás, su auge se convirtió en su caída. En este sistema, la desgracia
ajena, es el alimento de sus fundadas ventajas.

Hoy es comprehensible conocer la razón de por que existen los
conglomerados millonários edificados en tierras robadas a los pobres.
La realidad es un espácio sin tiempo, de bofetada pegajosa, que
avanza, como las gotas gordas del sudor, implacables, que hacen daño.
Buenos Aires es un cachetazo de asfalto, de aire recalentado y
chaparrones de ácido ruidoso que proviene de sus micros destartalados,
las motos de mierda y los bocinazos que atropellan los oídos; se
presenta esquiva a la verdad, atrincherada en su locura. Me queda la
sensación de que todo es una mentira, tal vez la Argentina que imagino
no existe, tal vez vivo en un universo tórrido al margen del mundo,
siempre inexacto. Hay mitos que conquistaron la imaginación del mundo
entero, poderosos y malignos; infelizmente, a esta región llegan miles
de personas buscando un sueño, con tan pocos dueños es difícil
convencerse que no haya sitio para todos.

La raíz de la destrucción es la avaricia, la ignorancia; pareciera que
nadie está preocupado por si el Planeta sobrevivirá a las
contradicciones del clima corrosivo, del sistema capitalista, tóxico,
consumista; al menos yo siento el cosquilleo del cambio, del peor o el
más sagrado, me pica la encrucijada. Hay un áurea legendária que
parece susurrar sufrimientos centenários, pero también descubrimientos
mágicos; el presente se muestra turbio, engañoso y lúgubre, y a su vez
revela una escencia hermafrodita. Gime histérico el soberano de las
tinieblas. Su belleza, cuando te asombra, no produce más que engaño,
es semejante a un demonio travestido de Ángel; así es el Ego
capitalista, que impuso el exterminio que avanzó impune, y más impune
con el viento en popa de la legalidad de la tortura, y la masacre.
Fíjense, hoy llegamos aquí, donde todos nosotros somos mudos y todos
aquellos que gobiernan están sordos. Ved ahora cuánto estudio y cuánto
trabajo será necesário para que los mudos hablen, y esos sordos oigan.

Los sordos fabrican la pólvora, buscan imponerse al fuego del corazón
y a los ideales sanos. Los pobres de hoy poseen una facilidad para
morir que contrasta con una vejez imposible, todos caímos en las
tinieblas del paganismo, un camino para muchos, sin retorno; es tiempo
encima del tiempo, donde la novedad urbana se traduce en miséria,
donde las sociedades, cada una natural de su lugar, ha entrado en el
juego de los espejismos circulares, roen su raíz con la sabia podrida
de la civilización occidental, la pobreza animada por susurros y
risas, sufriendo la nostalgia de una unidad perdida; la
despreocupación ingenua y la encantadora satisfacción animal, que
reúne sentimientos diversos, la expresión más verídica de la miséria y
la decadencia humana.

Con la pérdida de buenas costumbres, casi nadie se interesa por las
tradiciones sanas, las poblaciones fueron despojadas de sus verdaderas
creencias, de su espontaneidad y visión positiva del mundo, en lugar
de todo eso, se introdujo una concepción de la vida inspirada en la
culpa, el moralismo inmovilizador que se traduce en el fanatismo de la
perversión, que ciega. La humanidad vive en un templo cerrado, donde
los individuos pasan a repetir los errores, como si fueran muñecos
mecánicos sin gracia y desarticulados.

Hoy, hablo casi susurrando. Con un hilo de voz que emerge de mi
garganta como lava entorpecida, como seda atenuada. No tengo fuerzas
para levantarme a diário, prefiero morir si fuese necesário, pero
matar, nunca (aunque tuve muchas ganas en tiempos pasados). En mis
correos, públicos, presento una visión completa y total, del lado
perverso del funcionamiento del capital, pues me gusta más trabajar en
la prevención que con la medicina curativa. Es triste darse cuenta que
somos una tribu disfrazándonos de lo que nunca fuímos, aderezándonos
con lo que no somos. La calle está llena de miradas que fulminan,
siento odio e indignación en sus ojos, en el aire que respiramos, la
flecha de la frustración acumulada de décadas de cruces, impuestos al
boludo, se percibe a través de la mirada eléctrica, de los latigazos
metafóricos que todavía escuecen en las espaldas del pueblo. El
capitalista sigue el farragoso y corrupto camino del capital, su
objetivo es integrar a los esclavos sin tener en cuenta sus própios
deseos, buscan que estén absortos en el universo paralelo de una
pequeña televisión que habla en sus chozas, de cartón, madera, unos
pocos ladrillos y chapa. Los políticos siguen cargados de promesas,
miradas perdidas y los chistes fáciles sobre el micrófono. Intento
aquí sugerir que bajen un poco la música banal, que aflojen un cachito
con tanta idiotez, y apenas recibo miradas frías, de desconcierto. En
fin, nada cambia.

Estoy en poder de la noche, dentro de una hipnosis de cemento que
tiembla como una luna llena sobre el agua. Rezo para mi interior,
negando a Dios por un momento, “púdranse, malditos idiotas!”
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