Hola Néstor:, hola todos
Acabo de hablar con su mujer Fabiola (Es una mujer bella, unos 20 años más
joven y que lo amaba fuertemente; tuvo un hijo con él: Nahuel). La enfermedad
comenzó entre Noviembre y Diciembre, por éso te cruzaste en el umbral, entre su
vida y muerte. Fabiola me habló bastante –o sea lo necesitaba: no hubo
velatorio, de acuerdo a su deseo y filosofía-. El cáncer de páncreas es muy
rápido; no hay quimioterapia posible. También, muy doloroso, impiadosamente
doloroso.
Sabemos que no somos inmortales, pero lo deseamos serlo, entre otras
motivaciones, es para poder disfrutar de prójimos como Mario Rabey, a quienes
obviamente también queremos representarlos inmortales, ya sea porque por
egoísmo, observamos su muerte como un dato del que el próximo podemos ser
nosotros.
Mario Rabey era un hombre extraordinario o lo que se dice un fuera de
serie. Era marcadamente diferente y singular; poseía un gran talento
y una peculiar mirada que tomaba nota de todo lo que lo rodeaba o
tocaba en suerte vivir . Por eso, me duele que no sea inmortal, porque me
perdí de conocerlo y penetrar en su mundo, en las zonas del misterio –que
algunos creyentes dejan esquizofrénicamente a Dios, pero que yo creo
necesario ser heroico como Ulises o al menos como Marco Polo para atreverse a
cruzar –; me duele haber desaprovechado el tiempo propio biológico
–nuestra máxima riqueza-, y no hacerme lugar para ir a su casa a comer un asado
preparado por él, al cual invitaba a pesar de padecer una enfermedad que el
denominaba aristocrática: la gota. Allí debía haber estado, pero estúpido
por ese otro tiempo, el impuesto por el sistema y nuestra tendencia a la
pereza intelectual, que nos entre-tiene y que hoy aumenta su fuerza
asesina, multiplicando virtualmente en los medios de comunicación, la masa
de la realidad por la aceleración de los hechos, y nos conduce al
sinsentido y a la alienación extrema,
Mi banalidad me impidió aprovechar y ser profundo amigo de Mario,
cuando todo él era una provocación a la vida y a la historia que abarca
desde nuestra adolescencia en los sesenta -en el Colegio Nacional- hasta
las últimos acontecimientos históricos, como la movilización por la ley de
medios de comunicación, del cual fue protagonista.
Con Mario por ejemplo se perdió un testigo y protagonista singular de esa
adolescencia en el Colegio donde se expresaba un espíritu de época, con las
utopías del desarrollismo industrial o las de la revolución cubana, o los
procesos de liberación nacional caso Argelia, o la rebelión afroamericana, el
cuestionamiento a los “valores democráticos, occidentales y cristianos”, la
revolución cultural en Occidente,tan intensa, el rock, los Beatles
–introducidos en Argentina, entre otros por Pedro Pujol- o los heavy
metal , la lucha por la libertad sexual y afectiva, la llamada revolución sexual
y las relaciones “prematrimoniales” –que en Buenos Aires vanguardizan las tomas
en las facultades, en el cincuenta y ocho ,por la laica- el
preservativo, las polleras por sobre las rodillas o las minifaldas o el
hot pants – los primeros telos en buenos aires-, la Reforma Universitaria
que significo en el Colegio, la enseñanza mixta y el gabinete de orientación
siscopedagógica –entre otras- también la primera vuelta olímpica –una
rebelión de derecha, de un colegio machista y mitrista, que tiro por las
escaleras al hijo de Risieri Frondizi-. No menos conmovedor culturalmente,
fue el cambio del relato de la realidad transmitida virtualmente o
dramatizada por el cine de tantísimos directores geniales que encontraban
un inusual público porteño –entre ellos los jóvenes estudiantes del CNBA como
Rabey- en el Lorraine o en el Arte, o por el teatro
independiente argentino, con la aparición de excepcionales dramaturgos, o
simbolizadas por las masivas ediciones que producía Eudeba –tenía kioscos en el
centro porteño- de libros de ficción de autores argentinos, con tapas ilustradas
por obras de arte- ; por la ebullición verbal y semiótica que se
proyectaba por la Corrientes de las librerías, y las tertulias en los
cafés de La Paz o el Politeama, o en las manifestaciones artísticas por la calle
Florida, o la Galería del Este entre otras.
Ese espíritu de época se reflejaba en nuestro Colegio, a través de una
minoría intensa que tenía a Mario Rabey, uno de sus mas caracterizados
participantes y quizás hoy el más agudo analista de los que la
conformaron. Había una diversidad de agrupaciones estudiantiles, desde una
autóctona –Praxis- que por cierto atrajo rápidamente a Mario Rabey –un anti
ortodoxo- , a la existencia de minorías como la “izquierda sionista socialista”
y a dos grandes grupos : La Juventud Católica y la FJC, que entre las dos
llegaron a tener adeptos, que totalizaban casi el 50 por ciento de la promoción
–más de cien- . También en la conformación de las agrupaciones del
CNBA, operó además del impacto de la revolución cubana, el cisma
entre China y la URSS, con sus consecuencias en la fragmentación de la FJC y el
cuestionamiento a la ortodoxia de la Meca soviética , o sea se empieza a
buscar lo nuevo por fuera de esa Meca, ya sea en la revolución china o en
la cuban. Por otra parte, el espíritu de época lo representa lEl Concilio Vaticano II convocado
por el papa Juan XXIII, quien lo anunció el 25 de enero de 1959,
dentro del marco de la llamada coexistencia pacífica declarada
entre Estados Unidos y la ex URSS, que a su vez derivó en los
debates entre jóvenes “marxistas” (FJC) y católicos coordinados por el padre
Mujica en la Iglesia San Ignacio –1965- , que fue un anticipo del
proceso de formación del movimiento de sacerdotes del tercer mundo, del impacto
de ese concilio en América Latina – de las ideas de cristianismo y revolución de
Camilo Torres- y que se reflejarían en el documento de Medellín
(1968). En ese contexto, y después del Golpe de Estado de 1966, en que algunos
sufrimos la noche de los Bastones Largos en la Manzana de las Luces, comenzaba a
gestarse Montoneros, aunque todavía no tenía forma definitiva, y ya la JEC y la
FJC, teníamos acciones concertadas, por ejemplo, el acto en repudio al asesinato
del estudiante católico Santiago Pampillón, víctima de la represión policial en
Córdoba, por el mes de septiembre de ese año, que se realizó en el tercer
piso del Colegio, turno tarde, tercer recreo. Tenía que hablar uno de cada
fuerza, ninguno se atrevió porque el que hablaba era automáticamente expulsado:
entonces hablé yo. Inmediatamente me expulsaron, pero Firmenich en
solidaridad logró parar toda la promoción y se evitó así mi expulsión, aunque me
impusieron una sanción hasta el límite de amonestaciones. Pero eso es
historia aparte. Lo trascendente es lo trascendente de la historia y vida como
estudiantes en el CNBA –y no las banalidades que se cuentan en las tradicionales
cenas de egresados, donde se suele contar “heroicidades” como haber encerrado al
profesor de Higiene, que nos intentaba introducir a la educación sexual-.
Me refiero a hechos significativos que poblaron el espacio de los actuales
claustros del Colegio y que pueden tocar a su fin cuando muere alguien de
tanta lucidez y tanta brillantez como Mario Rabey, porque por
esa capacidad iluminadora, podía maravillarnos al aclarar como un día entre las
noches y oscuridades, esos hechos considerados basura de la
historia o hechos sobre los que no se habla porque su tratamiento resultan
ser temas molestos a la memoria, como ocurre entre nosotros, la
promoción 66, que no hablamos de lo sustancioso del pasado en el CNBA,
sometidos por la dimensión de la tragedia del genocidio político, que a
partir de nuestro egreso, comenzó a generar los tiempos de La Otra
Juvenilia, así llamada por Santiago Garaño y Werner
Pertot, cuando ser joven era ser peligroso, y el
terror y la oscuridad y el secuestro de más de un centenar de ex alumnos
convirtieron al Colegio de la patria, en un lugar simbólico del terrorismo de
Estado. Justamente si hablamos sin ataduras sobre estos sucesos
históricos, no sólo trágicos, sino de aquellos que alentaban el optimismo, la
alegría por vivir, si hablamos de capacidad para despertar y avivar el
debate: Mario Rabey era un maldito Mosquito, más que picante,
urticante.
Pensando en los valores y en la riqueza espiritual de Mario Rabey,
confieso que fui un gil y sigo gil. Ahora que no esta vivo, producido el
insondable abismo de la muerte, desde esa distancia añoro y comienzo a
darme cuenta de lo que me perdí de hablar con él. Ahora: ¿con quién cómo
él voy a hablar del pasado en común en el Colegio, con una mirada crítica y
mordaz, que deculaba las cosas y hechos que socialmente se ocultan, para evitar
la confrontación en nombre de una pomposa y supuestamente ecuménica idea de
reconciliación y paz, cuando toda memoria o historia es conflictiva, porque unos
más, otros menos, todos nos queremos ver lindos y buenos , en particular los
privilegiados sociales con guita que dominan la historia relatada.
Ha muerto Mario, y ahora me siento como todo viejo, que va perdiendo con quien
hablar de lo del ayer que vivimos intensamente y que se nos hace cada vez más
presente.
Insisto me duele que Mario Rabey no sea inmortal. Me quedó
pendiente meterme y reconocerlo en esas zonas de misterio o del no
conocimiento que el otro posee, y que denomino otredad. Pero me
quedó pendiente porque yo quede prendido como el Quijote por los libros de la
caballería en decadencia , al mundo idealizado como socialismo
real, por lo cual - obsesionado en la idea del “Hombre nuevo” y reprimido
por una moral castradora- padecí de una visión dogmática,
distorsionada y fóbica a transportarme por los espacios
desconocidos . Esta concepción del mundo bipolar, de lo bueno y lo
malo, tuvo consecuencias hasta hoy en mi desarrollo como persona y como
artista. Entre ellas, las de no esforzarme en frecuentar a
Mario, como un acto más de toda una larga serie de equívocos y
traiciones e hijoputeces que cometí y que por su cantidad pueden
integrar el libro guinness of world records, y ser demostrativo de
un comportamiento narcisista clásico de artista e intelectual ,
motorizado por una discutida trascendencia a través de la obra –suerte también
de vana negociación con la muerte, como si fuera esta una entidad académica- , y
sin que yo haya observado que en verdad esos actos constituyen una
demostración de boludismo pues funcionan como oportunidades que ponen a prueba
nuestra condición humana y hasta son un test de inteligencia. Lo digo
desde la edad de la redención, cuando mi conciencia tiene su ennoblecedora
señora que es la vergüenza.
De modo que o por pereza, o porque estaba “ocupado” en hacer cuadros
o en la “trascendencia” y por boludismo, todo junto, me perdí de
preguntarle sobre su visión y testimonio de los sucesos compartidos y también
adentrarme en su elecciones culturales y vocacionales, y sobre las vicisitudes
biográficas. En síntesis, a meterme por asombro y reconocimiento,en el tipo
sensacionalmente distinto que era Rabey. Era distinto hasta en
su figura –una llama ciertamente -llamativamente extraña. Pelo rojo,
tez pecosa, ojos claros y dispuestos a leer en los rostros de los
otros, y a extender una sonrisa un tanto irónica hasta el pliego de sus
labios.
Además venía de una familia de origen judío - ligada al PC, su
hermana Laura, una destacada abogada y militante comunista, actuaba en la Liga
de los Derechos Humanos- , cuando escoge ser peronista y
antropólogo –después de cursar unos meses en la Facultad de Derecho-
. O sea un maldito doblemente, de la familia de los aguafiestas, de los
que desafían los parámetros, y que no casualmente es una figura clave del
movimiento contracultural de los años sesenta.
Desde ahora en más, atraído por la impactante biografía suya que se
puede leer en Internet , quiero meterme a leer sus textos y publicaciones y
espero contar con el apoyo de bibliográfico que puede dar Pedro Pujol, nuestro
ex compañero de promoción, tan talentoso y creador, además tengo guardados sus
correos de la sesenta. Los invito también hacerlo y comenzar a reconocerlo como
un fenómeno y como ya dije un fuera de serie. De algún modo, es una
actitud reparadora ante lo irreparable de su muerte, y para mí es la oportunidad
que me tiende su Mano de Mandioca, para indagar ese pasado ya lejano de nuestro
paso por el Colegio, en los años sesenta.
Saludos fraternales a todos.
Sent: Monday, January 27, 2014 11:26 PM
Subject: Re: : Soy Aníbal Cedrón: A CELEBRAR EL AÑO NUEVO. No nos
detengamos. Festejemos que loa antropófagos se condenan sólos.
Qué lo parió. Lo único que pude averiguar es que su fcbk paró el 5 de
diciembre. Lo habré cruzado unos días antes. Iba en su Renault por Corrientes y
yo cruzaba por Medrano buscando el subte. Quedamos en hablar y lo dejé para
estos días...
En fin.
un abrazote
Néstor