Siempre he dicho y sostengo, que no tiene sentido ir a la iglesia cada semana, diezmar, ofrendar, orar y ayunar fielmente, si no estamos dispuestos a cambiar para bien, si somos de esos que dicen "yo soy así y ya". Porque la vida cristiana no se trata de religiosidad, si así fuera, los fariseos serían el ejemplo por excelencia, y no los antagonistas.
Dios quiere que vayamos a la iglesia y hagamos todas estas cosas que hacen los cristianos, pero sin olvidar lo más importante que es el amor, pero a Dios y luego al prójimo. Dios quiere que seamos respuesta al necesitado y luz al confundido a través de nuestra buena conducta, no motivada por el miedo al infierno sino por amor sincero.