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enviado por Marcelo Santa María, de Encuentros ChileTe invito a un viaje imaginario, al comienzo quizá no sepas donde vamos, como sucede en muchas de nuestras aventuras… Mientras lees esto puedes comenzar a imaginar que eres la joven Zhang Jun, que como su madre y su abuela y sus amigas, pasa los días junto al río Yangtzé, en las llanuras de China. Entre abril y junio su quehacer principal es sembrar arroz. Puedes imaginarte caminando en medio de esas plantaciones mirando de reojo el cielo azul y las verdes montañas que sostienen el canto de los pájaros.
Ahora eres el dueño del camión que recoge la producción de arroz del campo de Zhang Jun e imagina como das las instrucciones a otros hombres para ensacar el arroz y subirlo a la parte de atrás. Viajas por caminos de tierra hasta llegar al asfalto y entrar en una fábrica llena de personas… ahora te conviertes en un trabajador portuario de algún puerto de China y ves en tus manos la información de los contenedores que partirán con otro de los cientos de cargamentos de arroz que hacen de China su principal productor. Puedes sentir los granos de arroz mezclándose con la carne mientras los masticas. Tienes menos de una hora para almorzar porque trabajas en Chiquicamata, la mina de cobre más grande el planeta, en Chile. Eres un minero y ves a tu alrededor cientos de compañeros que, como tú, disfrutan su almuerzo antes de seguir con la extracción del metal que luego de fundirse se transformará en el conductor eléctrico por excelencia. Ahora, salta con tu mente a una escuela rural de la India. Eres profesora primaria en una aldea de la región de Andhra Pradesh, una de las principales en el cultivo del algodón, del que la India es tercer productor mundial. Cada día te empeñas en que esos niños y niñas de grandes ojos oscuros aprendan a leer. Sabes que sólo si terminan el colegio podrán aspirar a algún puesto en las productoras de algodón y elevar el nivel de vida de sus familias que trabajan en los campos cultivándolo por unas pocas rupias. Imagina: Es verano en las oficinas de Microsoft en Silicon Valley, en California, EEUU, y llegas contenta a trabajar porque acabas de comprarte una psicodélica falda de algodón que hace juego con tus sandalias y tus ojos azules. Eres una diseñadora de software de alto nivel que desarrolla mejoras para la siguiente versión de Windows, como lo vienes haciendo desde hace 10 años. “Nada mejor que poca fibra sintética para los días de calor”, piensas mientras enciendes tu computador.
Tu viaje continúa en alguna de las oficinas de gerencia de algún campo petrolero del Medio Oriente… Eres secretaria ejecutiva y por la ventana puedes ver las enormes tuberías, los humos y los cientos de trabajadores que hormiguean de un lado a otro. Mientras traspasas llamados a tu jefe en diferentes idiomas, piensas en tu hijo pequeño esperándote en casa y recuerdas que debes pasar al supermercado porque queda poca leche. Llenas el estanque de tu automóvil y emprendes rumbo a la distribuidora de computadores más grande de tu ciudad. Te entregarán una nueva lista de grandes clientes para ir ofrecerles el último modelo de PC. Eres uno más de una veintena de vendedores de hardware y manejas tu automóvil cerca de 6 horas al día. Un estanque de gasolina, te dura una semana. Podría seguir invitándote a recorrer todos los lugares y a todas las personas involucradas en que ahora estés leyendo esto en la pantalla de tu computador…pero estaríamos varios años. Sin exagerar, millones de vidas humanas están conectadas de una u otra manera a cada hecho cotidiano que realizas. La pantalla de tu PC proviene de la manufactura de decenas de materias primas, siglos de conocimiento científico, diseñadores de programas, cables de cobre para la electricidad, empresas constructoras que instalan postes donde van los cables, personas que preparan el alimento de esos trabajadores, otras que cultivan los materiales de su ropa y, antes, otros que les han entregado educación. Un sistema de transporte que te permite estar donde estás ahora, gente que controla el tránsito. Si usas lentes, sin duda debes sumar doctores, auxiliares, tiendas de anteojos… Millones de vidas que no conoces, están presentes en cada pequeño detalle de nuestra existencia… ¿Cuán asombroso te parece? ¿Cómo te imaginas la interconexión del sistema en el que habitamos? ¿Qué tipo de agradecimiento te surge al pensar en tantos esfuerzos individuales que confluyen en tu bienestar?
… A veces me detengo a imaginar la multitud que sostiene mi vivir, observo sus rostros y puedo contemplar la fuerza de vida contenida en sus trabajos por el planeta y caigo en la cuenta de que estoy recibiendo esa energía. Cuando de verdad logro contemplar que somos uno… me dan deseos de dar las gracias. Y vienen a mi mente las palabras de su excelencia el Dalai Lama: “…Debemos reconocer que nuestra fortuna depende realmente de la cooperación y la contribución de los demás. Todos y cada uno de los aspectos de nuestro actual bienestar son debidos a un duro trabajo por parte de otros. Si miramos a nuestro alrededor y vemos los edificios en los que vivimos, las carreteras por las que viajamos, las ropas que llevamos y los alimentos que comemos, tenemos que reconocer que todo ello nos ha sido provisto por otros. Nada de eso existiría si no fuera por la amabilidad de tanta gente a la que ni siquiera conocemos. Contemplar el mundo desde esta perspectiva hace que crezca nuestro aprecio hacia los otros, y con él la empatía y la intimidad con ellos.”
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Publicado por Kaleidoskopios para
Kaleidoskopios el 12/26/2006 05:44:00 PM