CONSTANCIA EN EL APOSTOLADO
I.
Los Apóstoles han marchado de Jerusalén a Galilea, como les había indicado el
Señor (Mateo 28, 7). Han vuelto a su antigua profesión, la que tenían cuando el
Señor los llamó, junto al lago. Jesús resucitado va en busca de los suyos para
fortalecerlos en la fe y en su amistad, y para seguir explicándoles la Gran Misión que les espera. Los
discípulos no acaban de reconocerle cuando les indica de lejos: Echad la red a
la derecha de la barca, y encontraréis. Juan confirma la certeza interior de
Pedro. Inclinándose hacia él, le dijo: ¡Es el Señor! Pedro salta como un
resorte. No espera que las barcas llenas con una pesca abundante, lleguen a la
orilla. El amor de Juan distinguió inmediatamente al Señor en la orilla: ¡Es el
Señor! “El amor, el amor lo ve de lejos”. El drama de un cristiano comienza
cuando no ve a Cristo en su vida; cuando por la tibieza, el pecado o la
soberbia se nublan el horizonte; cuando se hacen las cosas como si no estuviera
Jesús junto a nosotros, como si no hubiera resucitado.
II. “¿Porqué contó el Señor tantos pescadores entre sus Apóstoles? ¿Qué
cualidad vio en ellos Nuestro Señor? Una paciencia inquebrantable. Han
trabajado toda la noche y no han pescado nada; muchas horas de espera, en las
que la luz gris de la aurora les traería un premio, y no lo ha habido”. No sabemos cómo ni cuándo, pero todo
esfuerzo apostólico da su fruto, aunque en muchas ocasiones nosotros no le
veamos. El Señor nos pide la paciente espera de los pescadores. Ser constantes en el apostolado personal,
no abandonarlo jamás, no dejar a nadie por imposible. La paciencia es parte
principal de la fortaleza y nos lleva a saber esperar cuando así lo requiera la
situación, a poner los medios humanos y sobrenaturales, a recomenzar muchas
veces, a contar con nuestros defectos y con los de las personas que queremos
llevar a Dios.
III. Jesús llamó a los Apóstoles conociendo sus defectos. Confía en ellos y los forma con paciencia; cuenta con el tiempo para hacerlos idóneos para la misión que han de desempeñar. Encontraremos resistencias, consecuencia del pecado original o de los pecados personales. A nosotros nos toca ser buenos canales por los que llega la gracia del Señor, facilitar la acción del Espíritu Santo en nuestros amigos, parientes y conocidos. Si el Señor no se cansa de dar su ayuda a todos, ¿cómo nos vamos a desalentar nosotros que somos simples instrumentos? El Señor era Amigo de sus discípulos. Nosotros pidamos a Santa María que nos ayude a imitar a Jesús para llevar a Él a nuestros amigos.