Primer Capítulo del Libro Compartiendo Recuperación a través de Jugadores Anónimos

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RICARDO GASTELO

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Oct 16, 2014, 10:21:12 AM10/16/14
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From: migu...@hotmail.com
Subject: FW: Primer Capítulo del Libro Compartiendo Recuperación a través de Jugadores Anónimos
Date: Tue, 23 Sep 2014 14:18:35 +0200

¿ Podrías mandarme todos los capítulos del Libro Azul ? Compartiendo Recuperaxción
 
Felices 24 Horas






Compartiendo Recuperación

a través de

Jugadores Anónimos

 

DEDICATORIA

 

Este libro está dedicado a aquellos miembros que vinieron antes que nosotros y a aquellos que vendrán después.

 

RECONOCIMIENTO

La Confraternidad de Jugadores Anónimos desea dar gracias al Comité que contribuyó con su tiempo, esfuerzo y guías en hacer una realidad este libro.

 

PREFACIO

El juego patológico (compulsivo) es una enfermedad destructiva, peligrosa y potencialmente mortal. Sin embargo, este problema devastador es tratable y Jugadores Anónimos (JA) ha sido y es la modalidad de tratamiento más eficaz para el jugador patológico. Este libro presenta los principios y guías de JA que han sido usados por miles de personas que han sido exitosamente tratadas.

La falta de un profundo conocimiento acerca de JA es la razón  primordial para cualquier malentendido acerca de sus propósitos, métodos y actividades. Simplemente esta es una confraternidad voluntaria de jugadores compulsivos reunidos con el solo propósito de ayudarse a sí mismos y a otros a parar de jugar. Este es un Programa de 12 Pasos que proporcionan un marco de esperanza, estructura y amistad para aquellos que han vivido el Programa y lo han adaptado exitosamente a la vida.

Este libro describe las rutas en el camino hacia esta exitosa adaptación a una vida sin juego. Este camino puede ser suave o rocoso pero en cualquier caso, nunca es un viaje sin dolor mientras se recupera.

JA es efectiva porque:

(a) Socava la negación, proyección y racionalización.

(b) Identifica las serias implicaciones del juego.

(c) Exige honestidad y responsabilidad.

(d) Identifica y corrige defectos de carácter.

(e) Regala afecto, preocupación personal y apoyo.

(f)  Desarrolla sustitutos para el vacío dejado por el cese del juego.

(g) No tiene prejuicios.

Mientras más entiende una persona a Jugadores Anónimos, más la respeta y admira por sus principios, realizaciones, efectividad y por las vidas que ha salvado.                   

           

                                                           Robert L. Custer, M.D.

                                                               Mayo de 1983


 

INTRODUCCION

 

Los editores creen que a través de los dispositivos de la ficción dramática usted ganará una mayor conciencia del dolor emocional y físico sufrido por los jugadores compulsivos y un mayor reconocimiento por el apoyo y el aliento -necesarios para su recuperación- que los miembros de Jugadores Anónimos comparten con otros. Esto se puede observar en el capítulo II

 

También verá que el Capítulo VIII, el mayor capítulo del libro, está compuesto por muchas páginas de recuerdos personales aportados voluntariamente por los miembros de la Comunidad y el Apéndice "I" consiste en un importante fragmento de la biografía de Jim W., el fundador de Jugadores Anónimos.

 

Por lo tanto, es evidente que una parte considerable de este libro está dedicado a recuerdos personales y biografías de los jugadores compulsivos diciendo cómo iniciaron el camino de la recuperación a través de la Comunidad.

 

Nuestro énfasis en las historias personales de recuperación es necesario a fin de presentar correctamente la opinión de nuestros miembros que, como conductistas pragmáticos, están más preocupados con el proceso de recuperación del juego de compulsivo, que con las razones por las cuales se convirtieron en jugadores compulsivos.

En consecuencia, este libro no es un libro de texto sobre psicología,  teorías de la compulsión o sistemas de tratamiento, ni tampoco es una polémica contra el juego recreativo. Se ha organizado en un orden particular en beneficio de aquellos que desean leerlo desde el principio. Sin embargo, cada capítulo tiene su fuerza interna y usted puede escoger para leer capítulos o secciones del libro al azar.

 

Si usted es un miembro de la familia o un amigo cercano de un jugador compulsivo puede elegir primero leer el Capítulo VI. Si desea saber más acerca de las instituciones de tratamiento vaya al Capítulo VII, los interesados en el sistema terapéutico utilizado por Jugadores Anónimos lean primero al capítulo III.


En cuanto a las historias personales, son las experiencias emocionales compartidas que mantienen unidos a los miembros de la Comunidad y proporcionan la inspiración para este libro. No hay comprensión del sufrimiento y la degradación sin esperanzas experimentadas por los jugadores compulsivos, o de su notable recuperación a través del estímulo y la dirección de Jugadores Anónimos, no pueden ser verdaderamente comprendidos sin leer el capítulo VIII


El proceso de recuperación para los miembros de Jugadores Anónimos es más que un dominio personal sobre el deseo compulsivo de jugar. La continua recuperación para cada miembro de la Comunidad se caracteriza por el deseo de ayudar a otros jugadores compulsivos. Esta es la razón por la cual la Comunidad pone un alto valor en lo que se llama "El trabajo de Paso Doce", que se explica en el capítulo V, pero a las que se hacen muchas referencias en otros lugares en el texto.

 

 

CAPITULO I

 

COMPULSION Y JUEGO COMPULSIVO

 

El tratamiento más exitoso para el trastorno psicológico del juego compulsivo es proporcionado por la Confraternidad de Jugadores Anónimos.

El tema de este libro es como Jugadores Anónimos tiene éxito donde otras formas de tratamiento han tenido menos éxito. Pero para entender la filosofía y la terapia de Jugadores Anónimos es necesario saber más sobre el comportamiento compulsivo y el juego compulsivo en particular.

Jugar, para el jugador compulsivo, es definido por la Confraternidad de Jugadores Anónimos como cualquier apuesta o participación en apuesta, para sí mismo o para otros, sea por dinero o no, no importa lo pequeña o insignificante que sea, donde el resultado sea incierto o dependa del azar o la habilidad, constituye jugar.

El juego compulsivo, muy simplemente, es el juego que está fuera del control de las emociones del jugador.

Probablemente no hay ninguna persona que no haya jugado alguna vez en su vida. La mayoría de las personas son capaces de controlar la frecuencia de su juego de acuerdo a sus ingresos, el disfrute que reciben y la adecuación de la situación social en el que el juego pueda tener lugar. Esto no es así para el jugador compulsivo o patológico. Al contrario que el jugador social o el jugador profesional, el jugador patológico no puede parar,  su interés se centra únicamente en la próxima apuesta.

 

EL JUEGO ES UNA ENFERMEDAD EMOCIONAL

 

Para estas personas afectadas, el juego es una enfermedad emocional, debido a que la necesidad de jugar es incontrolable. El jugador compulsivo  apuesta incluso cuando no es la respuesta apropiada a una situación social o personal, y apostará con la misma facilidad para celebrar el nacimiento de un niño,  como para olvidar la muerte de un ser querido.

La necesidad de apostar domina el pensamiento y la energía del jugador compulsivo. Es tanta la energía que es gastada por la personalidad compulsiva en la planificación de cómo, cuándo y dónde apostar que con el tiempo el disfrute se desvanece y es reemplazado por la ansiedad sobre la capacidad de obtener dinero para el siguiente juego, y para pagar las deudas.

Suponiendo que la propensión a jugar compulsivamente ha estado allí, para empezar, es posible que un solo incidente empuje a una persona sobre los límites del juego compulsivo. Este incidente podría ser la muerte de un pariente cercano o un amigo, un matrimonio o un cambio de puestos de trabajo. Una vez que el jugador ha cedido a la tentación de apostar, la compulsión a seguir se vuelve más fuerte que cualquier deseo de parar. La vida para el jugador patológico se vuelve ingobernable. El jugador patológico pierde el control y, eventualmente, puede llegar a  estar convencido de que es imposible abstenerse de jugar, lo que a su vez se convierte en una excusa más para continuar jugando.

Aquellos que juegan compulsivamente por lo general sienten que no tienen otra opción para llevar a cabo sus acciones. Los jugadores compulsivos se sienten obligados a jugar, y aunque saben que el juego es perjudicial, son impotentes para parar.

Esta impotencia, sin embargo, no debe ser considerada "debilidad moral". Hasta la "Edad de la Psicología" (cuyos inicios se ajustan más o menos a la generación de psicólogos experimentales que precedieron a Freud), a los que jugaban o bebían en exceso se les consideraba "débiles", sus hábitos eran llamados vicios y se creía que a los habitués les faltaba "la fuerza de carácter suficiente para resistir la tentación."

Aunque no todo el comportamiento humano es al azar o habitual, ni son todas las acciones humanas premeditadas o concientemente deliberadas.  Cada uno de nosotros parece ser una mezcla única de los potenciales biológicos y psicológicos descubiertos a través de nuestras propias biografías personales y sociales. Este descubrimiento hace que sea imposible escribir acerca de cualquier aspecto de la motivación y la necesidad humana en términos que sean suficientemente generales como para aplicarse a todo el mundo. Estos intentos casi siempre conducen a declaraciones superficiales e incluso fatuas que fácilmente pueden ser científicamente invalidadas.

Por lo tanto, este libro tratará de evitar el uso de las generalizaciones sobre el comportamiento humano al azar, y donde las generalidades son inevitables, es importante para el lector, mantener un sentido de la proporción entre las generalidades de las declaraciones y la "singularidad" de cada individuo.

Esto es particularmente cierto en una discusión sobre las causas del juego compulsivo en oposición a la modificación de la conducta o el tratamiento de esta patología. Como se verá a medida que exploremos más adelante en este libro, Jugadores Anónimos ha descubierto una ironía animal - que la modificación del comportamiento o la terapia pueden ser generalizadas o estandarizadas inclusive para un trastorno del comportamiento que se origina en situaciones muy complejas que son únicas para cada individuo. Esta estandarización del tratamiento es posible en parte porque los jugadores compulsivos comparten suficientes características psicológicas para el desarrollo de un perfil compuesto de la personalidad, distinguiéndolos del público no jugador y los jugadores sociales.

El jugador social no tiene ninguna dificultad en reconocer las opciones, para apostar o no apostar, y el resultado de este reconocimiento es raramente doloroso. Sin embargo el jugador patológico no tiene tal objetividad. Incluso la realización del daño que la persona patológica se hace a él o a los demás, es secundaria a la imperiosa compulsión de jugar.

El jugador compulsivo vive en un perpetuo estado de tensión, incapaz de relajarse durante cualquier periodo de tiempo debido a la obsesiva necesidad de hacer apuestas y de recaudar dinero para jugar o pagar deudas de juego. Mientras que el juego puede ser estresante, estar lejos de el puede ser aún peor. Además, el jugador compulsivo no puede soportar el estrés y las presiones de la vida diaria, las circunstancias de la vida parecen estar llenas de tensión. Este ciclo de comportamiento se vuelve más y más destructivo. A pesar de que existen alternativas, el jugador compulsivo no tiene la perspectiva de verlas o el control para elegir un patrón de comportamiento saludable.

Otro elemento de la personalidad de juego compulsivo es la incapacidad para manejar la responsabilidad; cualquiera de las responsabilidades y obligaciones de la adultez, como los que vienen con un trabajo, el matrimonio o los niños pueden provocar una respuesta de juego compulsivo en estos individuos. La personalidad compulsiva no sabe hacer frente adecuadamente a la responsabilidad, aparta la mirada de ella, prefiriendo en su lugar refugiarse dentro del mundo irreal del juego patológico.

 

Teorías de la Conducta Compulsiva.

 

Comportamiento compulsivo se describe como un fuerte impulso irracional para llevar a cabo algún acto en particular. Aunque este comportamiento puede ser una acción de “una sola vez”, por lo general es repetitivo. Este comportamiento  puede tomar una variedad de formas: el juego, la bebida, la limpieza excesiva, ir a la iglesia, el trabajo y otras. La mayoría de los analistas, aunque no estén de acuerdo sobre lo que causa un comportamiento compulsivo, están de acuerdo en que cada individuo es compulsivo en algún grado. Pero debemos tener cuidado de recordar que todo "hábito" no es necesariamente irracional.

Hay muchas teorías de la personalidad y enfoques a lo que se llama "comportamiento", y más concretamente, al complejo compulsión. Todas las escuelas de terapia se han creado en torno a las teorías de los grandes filósofos-psicólogos Sigmund Freud, Alfred Adler, Carl Jung y otros. Muchas de estas escuelas o sistemas de terapia han influido en el tratamiento de los jugadores compulsivos y deberíamos saber algo acerca de los conceptos de la personalidad que representan a fin de comprender mejor el problema del juego compulsivo y la terapia desarrollada por Jugadores Anónimos.

Sigmund Freud creía que la compulsividad tenía sus raíces al menos parcialmente, en el principio del placer, que se diferencia del principio de la realidad. El principio del placer, según Freud, gobierna el comportamiento inmaduro. Por ejemplo, un niño requiere el placer de la gratificación instantánea, que exige desde un punto de vista egoísta. El niño en maduración, sin embargo, se da cuenta de la realidad del mundo exterior y aprende a adaptar el deseo de auto-satisfacción a las demandas de la sociedad. El individuo maduro, según Freud, es el que ha integrado el principio del placer con el principio de la realidad. Por el contrario, la incapacidad de integrar estos dos principios tiene como resultados el comportamiento inmaduro y la continua necesidad de llevar a cabo actos de auto-gratificación. Freud observó que los actos compulsivos a menudo se derivan de este deseo de la persona de satisfacer el placer infantil que busca.

Franz Alexander vinculó la obsesión con la compulsión y formó una nueva teoría de la neurosis obsesivo-compulsiva. Una obsesión es un sentimiento persistente, una idea o una influencia que domina el pensamiento o acción de una persona, y de la cual la persona no puede escapar. Las obsesiones a menudo tienden a ser antisociales por naturaleza, tales como el deseo de matar, tener relaciones incestuosas o perjudicarse a sí mismo. Alexander postula que debido a que estas acciones no son aceptables para la sociedad, el individuo obsesivo les reprime en su subconsciente.

A pesar de que estos deseos están enterrados, aún consiguen motivar el comportamiento consciente del individuo. El resultado es que las obsesiones son actuadas en una conducta compulsiva, a menudo en actos exagerada de un comportamiento socialmente aceptable. Pero como la compulsión es un subterfugio, de acuerdo con Alexander, puede figurar en el comportamiento de la persona obsesiva en cualquier número de formas, desde incontrolados actos antisociales al conformismo rígido.

Otra teoría de la neurosis obsesiva fue desarrollada por Alfred Adler, que cree que todas las neurosis se basan en el intento de liberarse de sentimientos de inferioridad por su sustitución por sentimientos de  superioridad. Según Adler, la persona compulsiva está motivada por la "idea de la compulsión", una creencia que es el activador o la motivación para llevar a cabo la  compulsión, y nunca está ausente de las acciones del individuo.

La persona compulsiva logra sentimientos de superioridad mediante la sustitución de la voluntad de los demás con la suya. Este tipo de persona está motivada para obedecer sólo la compulsión, que se convierte en algo sagrado e irresistible, y conduce a la sensación de ser todopoderoso y en control.

Adler también señaló que a pesar de que la compulsión puede aparecer en cualquier tipo de comportamiento, todas las compulsiones producen preocupación y tormento. Por otra parte, cualquier intento de suprimir la compulsión produce ansiedad severa. Finalmente, dijo, todas las compulsiones degeneran en alcoholismo o drogadicción, o se conectan con ellos.

Adler identificó varias características comunes a las personalidades de los individuos compulsivos, tales como: una actitud de ser inaccesible, sobre la base de sentimientos de poco amor por la humanidad, pocos amigos, la sensación de estar abrumados por la influencia de la familia, una visión pesimista basada en los sentimientos de inferioridad y, por último, la hostilidad hacia las demandas de la sociedad. De hecho, Adler señaló que las compulsiones existen en gran parte para eximir a la persona de llevar a cabo las tareas habituales impuestas por la sociedad.

Aunque el individuo está algunas veces consciente de su compulsión, este es raramente el caso, de acuerdo a las observaciones de Adler. Y aun cuando esta conciencia exista, Adler descubrió que lejos de tener un efecto curativo, el reconocimiento del individuo de su propia compulsión tiende a dar a la aflicción un reinado cada vez más libre. Para el jugador, esto bien puede equivaler a la justificación mencionada de la impotencia, donde las personas afectadas reconocen que están enfermas y, al mismo tiempo deciden que nada puede hacerse al respecto.

Adler también señaló que un segundo hijo, una niña única en una familia de niños y un único varón en una familia de niñas tenían más probabilidades de convertirse en personalidades compulsivas que otros. Sea cual sea la posición del individuo en la estructura familiar, concluyó, la persona compulsiva desperdicia una gran cantidad de tiempo más que el normalmente dedicado al desempeño de las tareas necesarias.

Carl Jung, un contemporáneo de Freud, Adler y Alexander, también contribuyó a la teoría de la neurosis compulsiva. Jung creía que una de las causas de la compulsión es la incapacidad del individuo para poner freno moral sobre sí mismo, síntomas compulsivos, por ejemplo, la necesidad a cometer actos irracionales, son un grito de ayuda.

Más recientemente, otra teoría de la neurosis obsesiva proviene de Frederick S. Perls, uno de los principales defensores de la escuela Gestalt de análisis. Perls considera que la compulsividad se deriva de la conducta de retroflexión, cuando el individuo hace a sí mismo lo que inicialmente trató de hacer los demás o con los objetos. En la raíz de este comportamiento está el reconocimiento de la persona de que no puede cambiar la sociedad o hacer que se ajuste a sus exigencias. En lugar de aceptar este estado de cosas o tratar de trabajar de forma constructiva hacia el cambio positivo, el individuo compulsivo se sustituye a sí mismo en lugar de al mundo exterior, como el objetivo de su "reforma".

Perls considera que todos somos de alguna manera compulsivos. Él llama a la compulsividad el excepcional síntoma "neurótico" de nuestra época. No es sorprendente, observa que las personalidades compulsivas logran muy poco, pasando la mayor parte de su tiempo en la ejecución de lo planeado. Desafortunadamente, las personas compulsivas están atrapadas en sus patrones de comportamiento porque no tienen la oportunidad de crecer por la culminación exitosa y la asimilación de sus tareas. Su enfoque a la solución de problemas es dejado sin efecto por las actitudes fijas y arcaicas.

Cabe señalar que la Asociación Americana de Psiquiatría recientemente ha eliminado el término "neurosis" de la revisión de su manual de diagnóstico oficial. En ninguna parte del manual aparecen ahora las palabras "neurótico" o "neurosis".

Según el Dr. Robert L. Spitzer, quien fue presidente del grupo de trabajo para revisar el manual de diagnóstico de la Asociación, el término "neurosis" se refería originalmente a un trastorno neurológico. Más tarde, tomó otro significado y el término finalmente llegó a ser definido "más por lo que no es que por lo que es". Fue debido a esta falta de definición clara que el término fue abandonado.

Muchos psiquiatras creen que la eliminación del concepto de "neurosis" ha sido la decisión más importante de la profesión psiquiátrica desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

 

El Conductismo:

Una teoría pragmática de la terapia.

 

El conductismo es el nombre de la teoría psicológica más reciente que ha logrado el respaldo profesional suficiente para ser un gran "escuela" de pensamiento. Los conductistas no están relacionados principalmente con lo que motiva a una persona a actuar de una manera particular. Los conductistas se centran más en la conducta objetiva, observable. Su objetivo es modificar la forma en que una persona actúa de manera que, independientemente de la causa del desajuste psicológico, la persona aprende a operar con éxito a su alrededor. En los términos más generales, el método conductista es reforzar positivamente, o recompensar, el comportamiento productivo y reforzar negativamente, o castigar, el comportamiento destructivo.

El objetivo de cambiar el comportamiento más que de hacer frente a o cambiar las teorías de estructura psicológica, es la base de Alcohólicos Anónimos, la primera terapia de apoyo importante establecida para hacer frente a una conducta compulsiva. Los fundadores de Alcohólicos Anónimos fueron conductistas instintivos. De hecho, Jugadores Anónimos y otras confraternidades "Anónimas", como Comedores Compulsivos Anónimos, están modeladas directamente después de Alcohólicos Anónimos. Estos grupos de apoyo han sido consistentemente más exitosos con sus terapias que lo que lo han sido la mayoría de los planteamientos teóricos de otros a los cambios en el comportamiento de los individuos afectados por problemas de comportamiento compulsivo de la personalidad.

En resumen, podemos ver que, si bien hay muchas teorías de compulsión, no puede ser rotundamente declarado que toda persona que tiene un hábito compulsivo antisocial o antipersonal está necesariamente haciéndolo debido a la ansiedad, los celos, la ira, culpa, vergüenza, frustración o cualquier la emoción de este tipo. Si bien cada uno de los maestros psicólogos que hemos citado ha desarrollado su propio conjunto de suposiciones, todo lo que podemos concluir (particularmente antes de entender al individuo y de que el individuo se entienda a sí mismo) es que el comportamiento compulsivo es casi siempre perjudicial para los mejores intereses y la felicidad de la persona.

Por supuesto, el foco de nuestro interés aquí está en los jugadores compulsivos, en particular, sus características y las terapias utilizadas para restaurarlos a formas de vida más sana. Con el fin de comprender mejor el comportamiento y las necesidades de las personas que juegan compulsivamente, es útil saber más acerca de sus características como grupo sociológico.

 

La Sociología del Juego Compulsivo.

 

Un estudio nacional realizado por el Centro de Investigación de Encuestas de la Universidad de Michigan en 1975 estimó que había entre 1,1 y 3,3 millones de jugadores compulsivos en los Estados Unidos. En el  Departamento Federal de Salud Pública el gráfico puso aún más altos números, la estimación de que alrededor de que nueve millones de estadounidenses son jugadores compulsivos. Esta discrepancia puede explicarse por las definiciones contradictorias acerca de qué constituye el comportamiento de juego compulsivo y también por las técnicas de encuestas estadísticas diferentes. Sin embargo, ambas fuentes coinciden en que el número de jugadores compulsivos está creciendo, según el Departamento de Salud Pública con una proyección de la tasa de crecimiento en alrededor de un diez por ciento anualmente.

Normalmente, los jugadores compulsivos tienden a ser hombres, pero cada vez más mujeres están apareciendo en los resultados de investigación. El Dr. Robert L. Custer, MD, director del programa de la Administración de Veteranos de EE.UU. en el comportamiento adictivo y el investigador principal en el estudio de juego patológico, estima que las mujeres actualmente representan cerca del 20% de los jugadores compulsivos en EE.UU. El Dr. Custer cree que la proporción de las mujeres ludópatas seguirá aumentando debido a que la capacidad de las mujeres para ganar y pedir dinero prestado también está en aumento. Según Custer, el dinero es la "droga" del jugador patológico. Dado que el acceso de la mujer con el dinero y el crédito crece, también lo hace el de probabilidad de que se conviertan en adictas.

Otras razones citadas para el aumento del juego compulsivo en las mujeres son los mayores niveles de libertad e igualdad que las mujeres americanas han logrado recientemente. Las mujeres son ahora admitidas libremente en las instalaciones de los juegos de azar y aceptadas no sólo como compañeras de los hombres, sino como participantes independientes por derecho propio. Las mujeres han desarrollado un mayor interés en los deportes competitivos y profesionales, casi todos los cuales han tenido algún tipo de asociación con las apuestas. Estimuladas en parte por el Título IX de la Ley de Derechos Civiles, que ordenó a las escuelas secundarias y universidades proporcionar financiación equitativa para los deportes femeninos, el interés de las mujeres por el deporte como espectadoras y participantes ha alcanzado niveles sin precedentes y sigue creciendo rápidamente.

Cabe señalar que las mujeres siempre han sido tan susceptibles como los hombres a un comportamiento compulsivo. Antiguamente restringidas por las normas sociales a compulsiones como, comer en exceso, la limpieza en exceso, y la bebida, las mujeres son ahora libres para disfrutar de su necesidad patológica de jugar.

Desde la fundación de la nación, los estadounidenses han sido objeto de presiones sociales, políticas y económicas para apostar. Como señala el Dr. Custer, los Estados Unidos siempre ha sido una sociedad de juego. Las trece colonias americanas originales fueron financiadas en gran parte por las loterías, así como las universidades de Harvard, Yale, Princeton, Brown, Dartmouth y Columbia. Tanto George Washington y Thomas Jefferson defendido con firmeza el uso de las loterías para recaudar fondos públicos. Esta inclinación histórica para apoyar las operaciones estatales y federales mediante el juego de azar fue, en parte heredada de Gran Bretaña, una nación que siempre ha alentado a sus ciudadanos a apostar en todo, desde las elecciones políticas a los eventos deportivos. El juego es promovido en casi cada uno de los Estados Unidos, algunos estados tienen juegos de casino, loterías y casi todos han tenido carreras de caballos o perros por muchos años. Además, muchas comunidades permiten a los grupos religiosos celebrar los juegos de bingo y "Las Noches de Las Vegas", tanto para recaudar dinero como para proporcionar una fuente de entretenimiento para sus miembros. Menos de diez estados no tienen ninguna forma de juego legalizado. El juego es también una parte integral de los negocios de los viajes y del entretenimiento en Estados Unidos. Líneas aéreas, líneas de autobuses y hoteles regularmente anuncian ofertas, como una semana en Las Vegas, un fin de semana en Atlantic City o un día en las carreras. La mayoría de las líneas de cruceros de lujo también ofrecen el atractivo de los juegos de azar a bordo. Y, en efecto, un número países y territorios del Caribe y de América Latina, como Puerto Rico, Aruba y Bahamas, promueven atractivos paquetes de sus juegos de azar y compiten fuertemente por el dólar estadounidense de los jugadores viajeros.

Mientras que las seducciones a las apuestas son muchas y diversas, las carreras de caballos merecen una nota especial. Las carreras de caballos, el deporte más íntimamente vinculado con el juego, gozan de la mayor asistencia a cualquier deporte de espectadores en los Estados Unidos, atrayendo a más de cincuenta millones de espectadores cada año. Sin embargo, según una encuesta realizada por Louis Harris para la corporación Perrier, las pistas de carreras tienden a atraer a los mismos aficionados una y otra vez. Sólo alrededor del 4% de la población adulta asisten las carreras de caballos en un año determinado. Esto comparado, por ejemplo, con el béisbol, que aunque más pequeño en la asistencia en general, atrae el 16% de la población total de adultos en el transcurso de un año. Aparte de la obvia publicidad y recursos de promoción, el deseo de jugar se ve reforzado de maneras mucho más sutiles. El periódico diario, por ejemplo, trae las listas de cotizaciones del mercado de valores, números de la lotería, así como las líneas de apuestas de béisbol, fútbol y otros eventos deportivos. Las probabilidades y consejos secretos sobre carreras de caballos y perros también se incluyen regularmente. Libros sobre la manera al ganar en el Blackjack, escoger los caballos, vencer las probabilidades, etc., llegan un amplio número de lectores. Además, hay un acceso generalizado a los juegos de azar en encuentros privados, como el póquer semanal o los juegos de Mah Jong. Dichos refuerzos no necesitan más flagrantes, o menos convincentes, que una amistosa invitación.

Además de los juegos de azar legales, el juego ilegal es común en los Estados Unidos. La mayoría de las formas de juego legalizado también son realizadas ilegalmente, tales como rifas ilegales, juegos de números, apuestas e incluso casinos ilegales. Si bien es imposible determinar con exactitud el número de participantes en estas actividades, es evidente que el juego ilegal prospera gracias al patrocinio de una amplia subcultura de juegos azar.

La imagen del jugador, como se promueve en la literatura clásica y en los medios de comunicación popular, es fuertemente atractiva para muchas personas. Gran parte de la imagen transmitida es fuertemente masculina, con el jugador representado como glamoroso y rico, obteniendo el respeto de los hombres y el deseo de las mujeres. Incluso el jugador que pierde es retratado con frecuencia como alguien en busca de un agri-dulce ideal romántico, como un hombre que toma riesgos y tienta al destino, sin importar las consecuencias.

Hay casi tantos lugares en los que los juegos de azar son idealizados, como hay gustos personales. El barco fluvial del Missisipí, el elegante casino, el salón del oeste, la carrera del campeonato. Estos y otros valores exóticos ofrecen áreas de juego de fantasía para la mente del jugador compulsivo. Sus fantasías no son afectadas por la horrible realidad a la que conduce el juego patológico invariablemente.

 

Las Presiones Para Jugar.

 

Claramente, en los Estados Unidos, las presiones sociales para apostar son intensas y están aumentando con cada año que pasa. Existan o no, estas presiones se representan como ofertas específicas, sugerencias sutiles o las invitaciones a soñar despierto, que pueden tener un efecto devastador en las personas que son jugadores patológicos. Como el Dr. Custer lo define, el juego compulsivo es un trastorno en el que hay "un aumento progresivo de la preocupación y el deseo de jugar". Esto da como resultado el juego excesivo, que inflige daños graves a la persona del jugador, a su familia y a su vida profesional. Según el Dr. Custer, el jugador compulsivo se caracteriza por una dependencia emocional en el juego, por la pérdida del autocontrol y discapacidad del funcionamiento normal.

La necesidad de escapar hacia los juegos de azar conduce inevitablemente a la creación de un mundo de fantasía, generalmente incluyendo un elaborado sistema de racionalizaciones que apoyan la necesidad de apostar. Estas excusas pueden ser fabricadas cuando surge la necesidad, trasladando la culpa a otra persona u organismo, el aplazamiento de las medidas correctivas para un momento más propicio, etc.

Las racionalizaciones también pueden encajar en esquemas más grandes y fantasías cuidadosamente diseñadas para mantener la sensación de bienestar. El supuesto operativo para la mayoría de estas estructuras de fantasía es que el juego finalmente valdrá la pena, mejorando la calidad de vida para el jugador y sus seres queridos. En su imaginación el jugador compulsivo considera este triunfo como la reivindicación por los fracasos del pasado.

Gran parte del tiempo del jugador patológico se gasta en fantasear sobre las grandes cosas que se lograrán cuando la "gran victoria" venga, a través de los viajes, el glamour, la compañía sexual, y-o el respeto.

Pero la "gran victoria" rara vez llega, y si lo hace, el dinero es utilizado para más juego, con la esperanza de un triunfo aún mayor. Eventualmente, las ganancias se pierden. A medida las deudas aumentan, también lo hace la desesperación con la que juega el individuo para hacer que las fantasías se hagan realidad. El Dr. Custer observa que a medida que la desesperación y la frustración aumentan, irónicamente, la habilidad del individuo en el juego disminuye. Aunque incluso las decepciones más profundas son inevitables, los sueños siguen adelante, porque sin ellos la vida del jugador compulsivo sería intolerable.

El jugador compulsivo es una persona inmadura que quiere tener todas las cosas buenas de la vida sin hacer ningún esfuerzo concertado para obtenerlas. El jugador compulsivo siente una fuerte necesidad de ser atendido, sin haber aceptado totalmente el hecho de que hay un punto pasado el cual, ya no se puede depender de otros, como los padres, para apoyarse. Encontrarse a sí mismo fuera del nido y en el mundo de los adultos puede provocar ansia patológica como el resultado del resentimiento hacia esta dura realidad.

Buscando un refugio de las responsabilidades de la adultez, el individuo se vuelve hacia el juego como un medio de escape. Aunque en un principio quizás no sea más que un pasatiempo, el deseo de jugar y apostar pronto se convierte en abrumador. La fuerza de voluntad sola no es rival para este. A menudo el jugador compulsivo expresa el deseo sincero de dejar de jugar, y puede de hecho hacerlo por un período de tiempo. Inevitablemente, sin embargo, los períodos de abstinencia son seguidos por atracones de juego espectaculares. Con un sentido de recuperar el tiempo perdido el ciclo se vuelve más intenso y frecuente.

 

El juego compulsivo es una enfermedad progresiva.

 

A medida que la compulsión se acelera, el jugador es a menudo forzado a un patrón de mentir, engañar y robar para mantenerse "en acción". Las apuestas necesitan dinero, y finalmente, los fondos del jugador desaparecen. La obtención de dinero se vuelve de tan suma importancia, que requiere a menudo tales acciones tortuosas como escribir cheques malos, robar dinero de la cuenta de ahorros de un niño, hacer trampas en una cuenta de gastos, o malversación de fondos. A menudo estas acciones son racionalizadas por una promesa sincera de rectificar el acto inmoral o ilegal. Con frecuencia, sin embargo, los jugadores compulsivos son atrapados en sus crímenes, y pasan tiempo en prisión.

En última instancia, para ser rehabilitado, el jugador compulsivo tiene que optar por salir de este patrón destructivo. Darse cuenta de que esa opción existe, es el Primer Paso, sin embargo, una verdadera recuperación toma mucho más tiempo y esfuerzo.

Se plantea la cuestión de a dónde ir en busca de ayuda, a un clérigo, un médico, un terapeuta o un amigo. Si bien la elección de cualquiera de estos consejeros representa un paso afirmativo, es lamentable que las posibilidades de rehabilitación a través de cualquiera de ellos sean escasas. Uno a uno, estos análisis, por sí mismos, tienen un historial muy pobre para ayudar a los jugadores compulsivos.

Lo que funciona bien es la terapia de apoyo, eso es lo que la Comunidad de Jugadores Anónimos ofrece. Este grupo acepta como miembro a cualquier persona que expresa el deseo de dejar de jugar. Muchos miles de jugadores compulsivos han sido rehabilitados a través de Jugadores Anónimos, y es el medio más exitoso y eficaz hacia la recuperación que existe.







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