¿Quién mató a Alfaro?

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Dr. Ronald Alvarado

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Jan 24, 2012, 11:50:08 AM1/24/12
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¿Quién  mató  a Alfaro?
Al Libertador ecuatoriano General Eloy Alfaro Delgado, lo mataron una alianza macabra de autoridades del gobierno, medios de comunicación oficialistas, ultraconservadores y terratenientes, liberales traidores y la actitud pasiva de Monseñor Federico González Suarez, que con su intervención pudo haber evitado el trágico suceso, por lo que la cúpula de la Iglesia Católica ecuatoriana debería pedir perdón por la muerte de Alfaro y sus generales.
Lo mataron aquellos que encabezados por el Dr. Carlos Freile Zaldumbide, se confabularon para derrocarlo el 11 de Agosto de 1911, cuando faltaban 19 días para concluir su mandato presidencial.
Lo mataron el Ministro de Guerra, General Francisco Navarro, que protagonizó en Guayaquil, el asesinato del General Pedro Montero, el 26 de Enero de 1912, constituyendo el anuncio de lo que ocurriría dos (2) días después con los mártires de la revolución Alfarista.
Lo mataron  la incitación del diario El Comercio del 11 de Enero de 1912. “Y no ha de ser pues, esta nueva traición de la Patria la que de prestigio ni en el pueblo ni en el ejército a un hombre execrable y aborrecible – sea, por el contrario, un poderoso estímulo para acabar de una vez para siempre con todos esos elementos nocivos para la República. Tal vez la justicia haya unido a Montero con Alfaro, para ejercer sobre ellos sus inexorables vindicaciones “.
Lo mataron el titular de diario La Prensa, del 11 de Enero de 1912, “LA VIBORA EN CASA. Esta es la víbora que tenemos entre nosotros, oh! Ecuatorianos, y a esta víbora es preciso triturarla “.
Lo mataron los editoriales del periódico  La Constitución del:10 de Enero de 1912. “Ayer lo decíamos y hoy reiteramos nuestra aseveración categórica: es imposible la vuelta del Alfarismo al Ecuador y si él viene será para que el pueblo de Quito haga con esa gente lo que el pueblo de Lima hizo con los Gutiérrez “.
13 de Enero de 1912. “Guayaquil reclama nuestra inmediata presencia: la afrenta de la que ha sido víctima merece lavarse con sangre. Al miembro corrompido hay que cauterizarle es la hora que se inicie la regeneración de la República, eliminando al elemento desleal y traidor y dando preponderancia a la lealtad y al patriotismo”.
23 de Enero de 1912. “Es seguro que el gobierno no olvidará esta advertencia del simple instinto de conservación. En toda nación civilizada, a los grandes criminales se los excluye de la convivencia social y se profesa hasta como axioma de derecho penal moderno, el de la eliminación de los incorregibles”.
Lo mataron el encargado del poder, Carlos Freile Zaldumbide, según el telegrama dirigido desde Quito a Guayaquil, el 23 de Enero de 1912, al General Leónidas Plaza Gutiérrez y publicado en los diarios  La Constitución, El Comercio y La Prensa.
 Los Sres. Ministros y yo hemos acordado que a esos presos se les remita a esta capital con las seguridades debidas y bajo responsabilidad de algún Jefe de prestigio, pues la Nación entera reclama al gobierno el inmediato castigo de los que sin ningún motivo han ensangrentado la República solo por satisfacer sus mezquinas y bastardas ambiciones ... En este momento todo el pueblo de Quito, congregado bajo las ventanas de mi casa solicita a gritos que a los presos se les traslade a esta capital para su juzgamiento .
Lo mataron el telegrama que varios jefes y oficiales del ejército enviaron el 24 de Enero de 1912, al encargado del Poder Ejecutivo.  De estricto acuerdo con la voluntad nacional y las leyes militares, perentoriamente pedimos a usted, Sr. Presidente, que los incalificable  Eloy Alfaro, Pedro J. Montero, Flavio Alfaro, Ulpiano Páez y demás principales cómplices sean pasados por las armas como traidores, sus bienes confiscados a favor de las viudas y huérfanos de los defensores de la constitución y en consecuencia sus nombres borrados del escalafón militar .
Lo mataron el General Leónidas Plaza Gutiérrez, que nada hizo para evitar el traslado a Quito de Alfaro y sus generales y viajó a Manabí para desde lejos enterarse de los macabros acontecimientos del 28 de Enero de 1912.
Lo mataron la cúpula de la iglesia católica, cuyo jerarca Monseñor Federico González  Suárez, contempló sigilosamente desde los ventanales de la casa Arzobispal de Quito, el arrastre de los patriotas liberales.
EL INDULTO
Siete años después el Congreso aprobó indulto general a los procesados. Puso el ejecútese al decreto ley, el Presidente de la República, Dr. Alfredo Baquerizo Moreno. Así consta en el Registro Oficial No. 942 del 13 de Noviembre de 1919.
*En el Registro Oficial No. 942 del 13 de Noviembre de 1919, consta el ejecútese del Presidente de la República Dr. Alfredo Baquerizo Moreno, al decreto aprobado por el Congreso por el cual “se concede indulto general a los procesados por los acontecimientos del 28 de Enero de 1912 y a todos los demás que, por razón de los mismos hechos, pudieron estar en análogo caso; mas no a los agentes de la Fuerza Pública ni a los demás empleados o funcionarios de cualquier orden de jerarquía que, debiendo impedir la ejecución de las infracciones, hubieren omitido el cumplimiento de su deber o participación de ellos de cualquier modo *.
EL JUICIO
El juicio penal por el asesinato de Alfaro y sus patriotas acompañantes, hecho ocurrido en Quito el 28 de Enero de 1912, se prolongó hasta Febrero de 1932. La Corte Superior de Justicia de Quito encontró “al parecer indicios de responsabilidad “al no haberse dictado órdenes preventivas para evitar los sucesos y desestimó la existencia de asociación para cometer el acto de lesa patria “y “por no existir prueba al respecto “. Luego de más de dos décadas del sainete jurídico, se afirmo que  “el crimen es constante, pero  los sindicados  no son autores ni cómplices por la irresponsabilidad de las multitudes”’
El 28 de Enero de 1912, ejercía el mando ejecutivo el Dr. Carlos Freile Zaldumbide, Ministro del Interior, Dr. Octavio Díaz y Ministro de Guerra y Marina el Dr. J. Federico Intriago.
El proceso tuvo alrededor de 1.000 páginas, estuvo signado con el No. 117-12 y se sustanció alrededor de veinte años aplicando como paradoja del destino, la Constitución, Código Penal y de Enjuiciamiento Penal, leyes que precisamente fueron promulgadas por el propio Alfaro en 1906.
Luego de larga tramitación procesal no se condenó a nadie debido a que la sentencia en que se aplicó una pena por profanación de cadáveres, no llegó a aplicarse en virtud de la apelación planteada que nunca llego a resolverse y por lo tanto no pudo ser ejecutoriada.
Luis Patricio Villacis Cantos

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