Programas o códigos maliciosos
Los programas o códigos maliciosos (malware) creados para causar algún tipo de daño a los sistemas informáticos se les conoce genéricamente como "virus". Sin embargo, existen varios tipos de virus, con características propias, que actúan de distinta forma. Así, el término virus engloba tres tipos de amenazas diferentes: virus, gusanos y troyanos.
Gusanos
Al contrario que los virus, los gusanos son un 'código malicioso' que se limita a realizar copias de sí mismo y no necesita infectar otros archivos para multiplicarse. Por tanto no está creado para infectar y destruir equipos, pero es capaz de consumir recursos de redes y sistemas hasta saturarlos. Los gusanos son los virus más abundantes y normalmente se difunden mediante el correo electrónico (empleando la libreta de direcciones para propagarse).
Virus
Se trata de programas informáticos capaces de multiplicarse infectando otros archivos. Llegan al ordenador de formas muy diversas -fundamentalmente a través de los archivos adjuntos del correo electrónico- y pueden permanecer ocultos en el sistema hasta el momento de activarse. Los hay malos y peores, dependiendo de las órdenes dadas por su programador: pueden ocasionar sólo pequeñas molestias pero también incapacitar completa y definitivamente un ordenador.
Troyanos
Los caballos de Troya o troyanos son programas que se introducen en el ordenador por diversos medios, se instalan de forma permanente y tratan de tomar el control del sistema afectado. Se les llama así porque su forma de actuar recuerda a la treta empleada por los griegos para conquistar Troya: llegan a través de un programa aparentemente inofensivo que al ejecutarse instala el troyano. Aunque no suelen ser virus destructivos, pueden capturar datos personales y enviarlos al atacante o abrir brechas de seguridad para que éste pueda tomar el control de la máquina de forma remota (a los que realizan esta acción se les conoce específicamente como backdoor o 'puerta trasera').
Los troyanos son también muy abundantes, aunque tienen la virtud de pasar desapercibidos para el usuario. Son capaces de llevar a cabo distintos tipos de acciones, por lo que a su vez se les puede clasificar como destructivos, parecidos al resto de virus, backdoors, keylogger (registran las teclas pulsadas por el usuario para que el atacante obtenga información) o fake (muestran falsos mensajes de error con el objetivo de capturar nombres de usuario y contraseñas).