
Hoy “el cholo Payet”, el “loco David” o el “negro Ampilio” son los nuevos personajes de la farándula limeña. ¿Y de donde han salido? ¿De un pabellón de Lurigancho? ¿De los Barracones del Callao? ¿Del “Fuerte Apache” entre Magdalena y San Miguel?
¡NO ! Son vecinos de La Planicie, en La Molina, viajan a EEUU cuando quieren (ergo, tienen visa de múltiples entradas), tienen empresas, estudiaron en colegios costosos y universidades también costosas (al menos los dos primeros) .
Lo que confirma – además de que esos barrios, colegios y universidades no forman elites a pesar de lo que sus inversionistas quieran creer – que la violencia no está asociada a la pobreza. Combatir la violencia en la sociedad exige entonces, antes que medidas efectistas pero inefectivas (jugar con estadios vacíos, por ejemplo) o asistencialistas (subsidiar a los pobres sin ayudarlos a que tengan empleos dignos y buen remunerados que los liberen de la pobreza), medidas que ataquen el centro del mal.
Y el centro de la violencia es el olvido del valor de la vida humana, de la vida del otro, del distinto, del que no pertenece a mi tribu, mi equipo, mi barra, del que no es “gente como uno”. Despreciar a los otros es la causa de las violencias, individuales o estructurales, que cobran vidas, como las de Oyarce en el estadio o de los niños intoxicados – por descuidos – de Cajamarca o de José Luis Vilcapoma, que perdió la vida el miércoles en Miraflores (Lima) porque no se tomaron medidas de seguridad en la construcción en la que trabajaban.
Por el contrario, educar para el respeto de los demás, especialmente de los más vulnerables es el antídoto definitivo a situaciones como las mencionadas. He ahí el reto principal para nuestra celebración del Bicentenario. El respeto y la valoración de los otros, además de vacunar contra las violencias de todo tipo es la llave para desterrar la pobreza en sus facetas humillantes y por lo tanto, es la palanca para la generación de riqueza cuidando la Naturaleza (esa gran “otra” que nos rodea) y nuestras ciudades.
Evidentemente, revolucionar la educación, de niños, jóvenes y adultos, cambiando su eje de la instrucción cognitiva a la formación de virtudes sociales como el respeto, la contención de la ira, la solidaridad con los que sufren, la resiliencia colaborativa, es mucho más difícil que medidas simplistas; pero será lo más efectivo.
He ahí otra pista de acción para el camino hacia nuestro Bicentenario, que los ciudadanos y ciudadanas peruanas tenemos que construir.
Pier Paolo Marzo R.
Constructores Perú – Ciudadanos al Bicentenario
¿Y si se aumenta el impuesto selectivo al consumo a las entradas más costosas de los espectáculos públicos deportivos y no deportivos? Dados los hábitos y la capacidad adquisitiva de los consumidores de dichos bienes, un aumento no afectaría la demanda y 1) permitiría al menos financiar los ingentes despliegues policiales que estos espectáculos demandan, distrayendo efectivos del resto de la seguridad ciudadana y 2) quizá ayude a disminuir el ingente consumo de alcohol de alto precio en los palcos.
De otro lado, el ingreso a la farándula limeña de personajes como "el cholo Payet", el "loco David" o el "negro Ampilio", nos recuerdan una vez más que el pandillaje, el vandalismo y la delincuencia no tienen NADA que ver con la pobreza, como NADA tienen que ver con la pobreza esos desadaptados, por más que sus apodos puedan evocar a los Barracones por parte de algún despistado.Por ende, la disminución de la violencia tiene que ir por un camino distinto del del crecimiento económico. Tiene que ver más con políticas culturales y familiares, que ensalcen ciertas formas de vida buena y faciliten que se inculquen en los espacios formativos masivos. Más bien, mientras dure el crecimiento económico, la recaudación debería priorizar solventar el costo de formar niños, niñas y jóvenes interviniendo entornos familiares y barriales que no contribuyen a virtudes como la contención de la ira, la solidaridad con los que sufren, la resiliencia colaborativa y otras que en su conjunto son la mejor vacuna contra las violencias de cualquier tipo.He ahí otra pista de acción para el Bicentenario.Pier Paolo Marzo R.El 3 de septiembre de 2011 13:07, <ppcons...@gmail.com> escribió:
Estimados y estimadas conciudadanas:Les dejo un balance a mi parecer, equilibrado, del primer mes del nuevo gobierno nacional, en perspectiva de la historia reciente. Asimismo, anexo el texto completo de la carta del ahora jefe de DEVIDA, que leída completa explica tanto su postura como el escándalo mediático desatado con la lectura de fragmentos.Una curiosidad: la misma batería de medios y periodistas, así como congresistas opositores que han salido en defensa cerrada de la fracasada política de la embajada USA y sus operadores nacionales pidiendo la cabeza de Soberón, es la que está asumiendo la ofensiva para entregarle la PUCP al Opus Dei. Para mí, no es coincidencia: tras perder la batalla política principal, la ultraderecha política quiere ganar posiciones claves para la reconquista posterior del espacio político perdido. Y la cultura y la seguridad internacional (el narcotráfico es un problema de ese tipo) son ámbitos centrales para ello.Alegrémonos de estar viviendo en medio de una guerra histórica, que como la de la independencia de hace 200 años, será larga. Y sigamos preparándonos para estar listos en las batallas decisivas de los años venideros.Que les vaya bien,Pier Paolo Marzo R.P.D. A los ciudadanos constructores del Bicentenario, les pido que retransmitan a quiénes no acceden a este medio. Muchas graciasPeor que en julio, pero mejor que en diciembre
Gerardo Saravia
Diciembre.
Si pudiéramos observar la tasa de expectativa ciudadana en el último mes del año pasado, encontraríamos algo parecido a la caída de la Bolsa de Valores. Los candidatos que estaban en la balota generaban a lo mucho tranquilidad, pero cero entusiasmos. Más allá de simpatizar o discrepar con alguno de los que en ese entonces estaban en la disputa —Alejandro Toledo, Luis Castañeda y más abajo Keiko Fujimori—, lo real es que ninguno de ellos representaba la ansiedad de cambio que normalmente se gesta en una parte de la sociedad cada cinco años.
La sociedad peruana (sobre todo la limeña) estaba muy persuadida de lo bien que íbamos económicamente (a pesar de la ostensible desaprobación política del presidente García), y de lo mal que nos podía ir si se producían cambios en la política económica. Por ello la opción que mejor se proyectaba era aquélla que mantuviese el ritmo económico, pero sin duda más tranqui. Tampoco es que gustasen mucho las altisonancias del anterior mandatario, tal como mostraban sus picos de desaprobación.
En ese contexto, Alejandro Toledo y Luis Castañeda bien podían encajar dentro de los niveles de expectación de los peruanos. Además, el sector que exigía cambios radicales y al cual, hasta ese entonces, el Partido Nacionalista había acompañado, se encontraba desmoralizado, pues su candidato, Ollanta Humala, parecía tener un ancla en los zapatos. No despegaba con nada. Ya lo habían dicho los sabios analistas con una sonrisa de canto a canto: solo se es outsider una vez, pues.
Alejandro Toledo creyó que su primer lugar era agradecimiento, respaldo, ganas de remember de su anterior gestión. Que la tribuna gritaba eufórica por un repiticuá. Tremendo equívoco. Olvidó que la constante de su gobierno fue el alto índice de desaprobación que lo llevó a batirse en la frontera de la revocatoria. Que quien finalmente lo absolvió en la historia fue la gestión de su predecesor. Que los actos de corrupción en su gobierno fueron pirañadas en comparación con los ocurridos con el que llegó después. Que sus promesas incumplidas pasaron desapercibidas frente al travestismo ideológico de Alan García. Que su relación con el gran capital y los sectores más conservadores no llegó al concubinato de la era aprista. En resumen: un gobierno como el de García pero en grado tranqui. Pero la tranquilidad no alcanza para virar en entusiasmo. Al menos no en una sociedad tan desigual como la nuestra.
Todo bien mientras las elecciones eran lejanas. Pero conforme se acercaba el día definitorio, las ansias de cambio iban creciendo en una población que no se resignaba a repetir los menús de años atrás. Y ese cambio llegó de izquierda a derecha. Tanto Ollanta Humala como Pedro Pablo Kuczynski fueron capitalizando las ganas y las disconformidades de los votantes.
Alejandro Toledo creyó que su primer lugar era agradecimiento, respaldo, ganas de remember de su anterior gestión. Que la tribuna gritaba eufórica por un repiticuá. Tremendo equívoco.
Julio.
Los acontecimientos se sucedieron de manera inesperada. Una vez, hace muchos años, un ex presidente en campaña decía “los últimos serán los primeros” y la gente se reía, pues iba disputando los últimos lugares. Más de treinta años después, la historia se repitió. Ollanta Humala, que no despegaba nadita en las últimas semanas, proyectó un crecimiento vertiginoso; tanto, que ganó en primera y en segunda.
De pronto, el malo de la película, el mal menor, el peor es nada, en fin, la suma de todos los miedos, empezó a despertar una singular atracción. No solo en el 30% que apostó por él en la primera vuelta, sino también en el grueso de votantes que votaron por el ex militar solo para que no salga elegida Keiko Fujimori.
Así, la tasa de expectativas en julio pasado arrojaba los siguientes signos: la esperanza de contar con un presidente absolutamente comprometido con la lucha contra la corrupción, y que hiciera de la transparencia su principal bandera. Un presidente comprometido, también, con la defensa de los derechos humanos, y en contra de cualquier tipo de impunidad. Un presidente abocado al cumplimiento de sus promesas electorales. Un presidente con una visión económica más democrática, incapaz de transar con los grandes poderes económicos. Un presidente respetuoso de nuestras diferencias culturales y del ambiente.
Humala se convirtió de esa manera en el protagonista de su propia profecía. Las expectativas señaladas no nacían en balde sino que eran la encarnación de un discurso construido a lo largo de su corta, pero agitada, carrera política.
Septiembre.
No tardamos en regresar a la realidad, como si estuviéramos regidos por un aguafiestoso destino. Una serie de nombramientos cuestionables nos hicieron ver que las promesas de gran transformación poco a poco se iban a ir disipando.
Dichos nombramientos, más allá de que le puedan gustar o disgustar a un sector, van en contra de las líneas fundamentales de sus promesas.
El ministro Miguel Castilla es, seguro, un excelente tecnócrata, pero no es muy coherente poner como Ministro de Economía a alguien que fue viceministro de un régimen al que te pasaste criticando durante los cinco años, específicamente en materia económica, ¿no? Si Ollanta Humala emergió a la política revelándose contra el régimen de Alberto Fujimori e hizo de su principal capital político el deslinde contra el fujimontesinismo, ¿tiene sentido haber nombrado como asesor en el sector de Defensa a Adrián Villafuerte, una persona tan cercana a ese régimen?
Si la lucha contra la corrupción ha sido su principal bandera de batalla y fue su partido quien más investigó desde el Parlamento el escándalo de los “petroaudios”, ¿por qué entonces nombró como su asesor jurídico a Roy Gates, quien fuera el abogado del principal protagonista en ese caso?
Las respuestas a estas interrogantes descansan bajo siete llaves de misterio. Ningún miembro de su entorno cercano ha logrado ensayar una réplica más o menos convincente. Prefieren no hablar del tema y refugiarse en argucias jurídicas del tipo “ninguno de los nombrados está acusado de nada”. La misma retórica que hemos escuchado durante tantos años. ¿Acaso (poniendo un ejemplo extremo) no se decía que Vladimiro Montesinos no estaba involucrado en ningún delito cuando se le increpaba a Alberto Fujimori por qué tenía como asesor principal a un abogado de narcotraficantes?
Pero no obstante los sinsabores que dejan estos prematuros pasos, sería erróneo descalificar al régimen. Así como hemos enumerado una serie de hechos dudosos y decepcionantes para lo que se esperaba en julio, luego de su elección, existen otros que resultan originales en nuestra historia y que permiten pensar que la brizna de esperanza que nos alborotó días atrás tenía finalmente fundamento.
Resulta extraño, por ejemplo, ver en tantas fotos juntos al presidente de la CGTP y al Ministro de Trabajo. O al máximo dirigente del SUTEP declarando que ha tenido reuniones con la Ministra de Educación y que ha sido informado, con antelación, de los anuncios hechos por el Premier, los cuales respalda.
Como en un chasquear de dedos, los sectores más conservadores aparecen arrinconados. Ya nadie discute las bondades de la aprobada Ley de Consulta. Hace solo algunas semanas una propaganda absurda y desatinada invadía la televisión: que no se les ocurra ponerle más impuestos a las mineras, pues nuestra sólida economía se viene abajo, con la huida en masa de las inversiones.
Pues el impuesto a las sobreganancias salió y tampoco ya nadie lo discute. Solo un Mauricio Mulder salió, ya no vociferando, sino haciendo pucheros, reclamando: ¿Por qué con nosotros lo empresarios no se portaron así?
Así también resulta insólito en nuestra historia observar a un presidente tan empeñado en cumplir con sus promesas electorales. Eso es algo que no veíamos desde… disculpen no hay registro disponible en décadas.
Por otro lado, tenemos un estilo presidencial bastante distinto del anterior. Lejos de aprovecharse de los escándalos que se van descubriendo del gobierno de García, el nuevo Presidente parece optar por una performance tipo Nescafé: se toma la pausa y deja que las cosas marchen a paso firme pero sin estridencias.
Ollanta Humala no ha salido a denunciar desaforadamente los delitos del gobierno anterior usando los voluminosos informes dejados por Contraloría o por las Comisiones de Transferencia. Vemos a un Presidente que, para bien del país, ha ido madurando con el encargo público. Qué diferencia con el García éste que durante sus dos primeros meses no hizo más que hablar del ex presidente Alejandro Toledo. Todo ello revela que soplan nuevos tiempos. Pero no hay nada definitivo.
No tenemos las mismas esperanzas que en julio, es cierto, pero estamos mejor que en diciembre 2010, y mejor que hace muchos años. Y eso es ya bastante. Lo que siga también depende de nosotros.
Prohibido dormirse.
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"En la vida no hay soluciones, sino fuerzas en marcha. Es preciso crearlas, y las soluciones vienen". Antoine De Saint-Exupéry
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"En la vida no hay soluciones, sino fuerzas en marcha. Es preciso crearlas, y las soluciones vienen". Antoine De Saint-Exupéry
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