A lo largo de una fecunda vida,
nos contaron hace ya un tiempo, la filósofa María Zambrano ofreció una de las definiciones más íntimas y certeras de ser humano: somos “soledades en convivencia” marcadas por un permanente sentimiento de zozobra e inquietud, y que intentan, a cada paso,
no sucumbir al miedo y a la angustia ante lo desconocido. Toda biografía es un viaje, un tránsito, un peregrinaje. En uno de sus escritos más compendiosos, ‘Hacia un saber sobre el alma’, defendía que la vocación es aquello que no se puede dejar de hacer incluso
cuando se ha querido dejar de hacer. La vocación como impulso irreprimible, la vocación como motor incandescente de pensamiento y acción.