Cada vez más, el gremio teatrero se perfuma con el incienso de su gran aportación al mundo, del enorme significado de su oficio, como si no fueran simples comparsas de la sociedad del espectáculo. Este diálogo cuya mayor virtud es su poca duración ya estaba
en el tema hace medio siglo y ahora retorna sin tener en cuenta que nos pilla fatigados de banal ombliguismo.