Don Miguel hizo una apología patriótica de este símbolo universal de rebeldía ante el invasor. Esta producción exalta si cabe heroísmo y sacrificio en una puesta en escena muy tradicional con romanos y pastorcillos (numantinos) que parecen sacados de los belenes
tradicionales. Destaca por encima de todo su texto versificado y su trama épica en un montaje espectacular de los que no abundan.